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27 enero 2016

LIBERACION SOCIAL Y NACIONAL por C.Arenas

* Extraido de RESISTENCIA Y REVOLUCION, rec. de articulos de M.P. (Arenas) 1977-1983


Peña no puede ver con muy buenos ojos que la clase obrera luche al mismo tiempo contra el capitalismo y por los derechos nacionales; no puede entender, desde las posiciones nacionalistas que ocupa, que el proletariado revolucionario, al librar una guerra de clases esté, al mismo tiempo, librando una guerra por la liberación de su patria de toda opresión y explotación. Por eso ha querido descubrir un "principio" especial, peculiar, en esa "simultaneidad" social y nacional que adopta la lucha de clases en España. Esta "peculiaridad" sirve a su propósito de establecer una separación tajante dentro del movimiento obrero revolucionario entre los que, segun él, vienen li brando una "guerra de clases" y los que libran una "guerra de liberación nacional".
Esta contraposición no puede ser más absurda, y equivale a negar el hecho claro, evidente para todo aquel que no cierre los ojos, de que tanto el Partido como los GRAPO vienen sosteniendo la reivindicación del derecho a la autodeterminación de las nacionalidades oprimidas por el Estado español como uno de los puntos esenciales de su programa. Lo que sí es absolutamente cierto es que nosotros no defendemos la consigna de la independencia de esas nacionalidades, y eso por la sencilla razón de que tal consigna no es aplicable a nuestras condiciones, sino que responde más bien a los países coloniales y a una etapa de la revolución democrático-burguesa. Esto no quiere decir que nos vayamos a oponer a la separación en el caso hipotético de que los pueblos de esas nacionalidades así lo decidiesen. Precisamente -y esto lo hemos explicado ya muchas veces- el derecho a la autodeterminación implica tanto una cosa como la otra; o sea, la separación para formar un Estado aparte, o la unidad en pie de absoluta igualdad con las otras nacionalidades en un Estado federado.
No es misión de la clase obrera decidir, por sí misma y ahora, cuál de estas dos posibles soluciones será la mejor. Eso va a depender de muchas cosas, y, en todo caso, serán los pueblos, y sólo ellos, quienes lo decidan. Nuestro deber en estos momentos consiste en hacer una defensa consecuente de ese derecho que tienen todos los pueblos a decidir su propio destino, a no permitir que sigan siendo explotados y oprimidos por "nuestra" burguesía; pero también a hacer todo lo que esté de nuestra parte para impedir que el lugar del Estado de nuestra burguesía sea ocupado por otro igualmente explotador y opresor para la clase obrera. Porque, si bien es verdad que en España no existe una auténtica burguesía nacional, no se puede descartar la posibilidad de que, ante una fuerte resistencia de las masas populares, la burguesía llegue a un acuerdo para establecer una independencia formal, pero que de hecho mantenga intactos los antiguos lazos de dependencia política y económica y de manera que queden garantizadas las relaciones de explotación (el caso de Irlanda respecto a Inglaterra, y de las posiciones del IRA -en el que sin lugar a dudas se inspira ETA- es muy ilustrativo de lo que decimos).
Nuestro deber internacionalista más cercano, o que más directamente nos afecta, consiste en ayudar al proletariado de esas naciones a liberarse también -y liberarse al mismo tiempo que nosotros- de la explotación a que su "propia" burguesía trata de someterle. Esto es tanto más necesario por cuanto existen unos lazos comunes y unos intereses que se han ido anudando a través de la historia y, sobre todo, un enemigo común inmediato al que combatir; un enemigo común que se halla en todas partes y que viene actuando también de manera unificada en contra de la clase obrera.
No tener en cuenta todo esto sólo puede debilitar nuestra lucha y contribuir al mantenimiento de la actual situación que es, en definitiva, lo que queremos y necesitamos cambiar desde su misma raíz. El mismo hecho de que las mal llamadas burguesías "nacionales" estén colaborando activamente con el Estado en la represión del movimiento obrero y popular y no escatimen esfuerzos para descalificarlo, debería hacer pensar a Peña acerca del futuro que espera a la lucha de ETA, lucha que, por lo demás, está jalonada, como es bien sabido, de continuas escisiones obreristas en sus filas debidas, todas ellas, a idénticos motivos.
Ejemplos de guerras de liberación nacional podríamos citar muchos; también son numerosos los de guerras civiles. Pero no se podrá encontrar ni uno solo en toda la historia donde se haya producido esa "simultaneidad" de que nos habla Peña. La razón de ello estriba en lo que acabamos de decir: para que se dé un movimiento de liberación nacional es imprescindible que exista una burguesía nacional o una situación de clara agresión extranjera. Pero en ausencia de uno u otro de esos factores, el movimiento nacional tiene que supeditarse, inevitable y necesariamente, al movimiento social de la clase más avanzada (la clase obrera), única que, por su posición y por su peso específico en la sociedad, puede y está realmente interesada en resolver este problema; y lo hará en España, qué duda cabe, sólo que no como pretende Peña, sino con arreglo a sus propios intereses inmediatos y a más largo plazo. En este sentido podríamos poner también algún ejemplo donde la guerra revolucionaria ha adoptado este doble carácter, pero sin que la cuestión nacional primara o hiciese retroceder a un segundo plano la cuestión social (como a fuerza de querer ser "original" desea Peña que suceda en España).

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