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11 febrero 2016

Origenes de la izquierda vasca, El socialismo.(i)

   En un artículo publicado en la revista Germinal, el 16 de julio de 1897, Ramiro de Maeztu decía que Bilbao, el Bilbao moderno, era la Meca del socialismo español. Maeztu estaba en lo cierto bastaba ver los resultados electorales o el número de afiliados a las agrupaciones socialistas o, mejor aún, la capacidad de organización y movilización que evidenciaban los socialistas del País Vasco, para concluir que Bilbao y las zonas mineras (Gallarta, San Salvador del Valle, Ortuella, Musques, etcétera) y fabril (Zorroza, Sestao, Baracaldo) enclavados en su ría constituían una de las regiones del país donde la influencia del Partido Socialista Obrero Español( Un PSOE que pedia consejos a Engels) era mayor. En mayo de 1890, los socialistas habían protagonizado uno de los conflictos laborales más enconados y duros que se habían conocido hasta entonces en España: más de 30.000 trabajadores pararon entre el 13 y el 18 de mayo, en demanda de mejoras en las condiciones de trabajo de los mineros y como protesta por la detención del Comité socialista de La Arboleda. En las elecciones municipales de 1891, las primeras celebradas por sufragio universal masculino, cuatro socialistas (Facundo Perezagua, Manuel Orte, Luciano Carretero y Dionisio Ibáñez) salieron elegidos en Bilbao y otro más, Facundo Alonso, en La Arboleda: eran los primeros representantes que el PSOE enviaba a las instituciones públicas españolas. En 1895, Perezagua triunfaba de nuevo en Bilbao y en 1897 —en las elecciones locales que sirvieron de pretexto al artículo de Maeztu comentado al principio—, lo hacían otros tres militantes del PSOE:

Felipe Carretero, Toribio Pascual y Felipe Merodio. Al año siguiente, en las elecciones generales a Cortes, Pablo Iglesias, el fundador y líder del partido rebasaba en Bilbao el 22 por 100 del electorado bilbaíno, porcentaje inalcanzable para el PSOE fuera de Vizcaya y que a punto estuvo de valerle el escaño (algo que, recuérdese, el PSOE no lograría hasta 1910).

Maeztu, hay que insistir, llevaba razón. Y es que era hasta cierto punto lógico que el socialismo penetrara en la ría de Bilbao. El socialismo fue la expresión de la organización política y sindical de los trabajadores industriales de Vizcaya: fue la respuesta de los trabajadores al formidable proceso de industrialización acelerada, desordenada y caótica que Bizkaia experimentó desde la década de 1880. Como escribió Unamuno en un artículo que publicó en El Liberal de Bilbao el día 1 de enero de 1924: «... el Bilbao de las fábricas, el industrial, trajo con la plutocracia —la de los nuevos condes siderúrgicos— la agitación obrera, el socialismo proletario».
Resultado de imagen de facundo perezaguaAhora bien, parece obligado plantear aquí una primera cuestión histórica importante. ¿Por qué socialismo y no alguna otra ideología obrerista, anarquismo, por ejemplo, como en Barcelona? Porque quede clara una puntualización necesaria. Inevitable fue, sin duda, como bien percibió Unamuno, el surgimiento de problemas propios de toda sociedad industrial: la polarización social y la conflictividad laboral, que tan acusadas serían en Vizcaya —y en mucho menor grado en Gipúzcoa— desde 1890. Pero no fue inevitable que ello se tradujera, como ocurrió, en una, hegemonía casi indiscutible del PSOE y de los sindicatos socialistas (indiscutible, al menos, hasta la aparición de la central sindical nacionalista Solidaridad de Trabajadores Vascos, creada en 1911). A ese triunfo del socialismo contribuyeron, sin duda, distintos factores: la estructura industrial vizcaína, la naturaleza del trabajo minero y fabril, las peculiaridades de una masa laboral con fuertes porcentajes de inmigrantes (en Vizcaya, pero no en Eibar, otro de los bastiones del socialismo vasco), etcétera. Pero parece necesario subrayar lo que fue verdaderamente determinante. Y lo determinante fue la capacidad y voluntad de la primera generación de dirigentes socialistas (Perezagua, Carretero, Alonso, Merodío, Eduardo Várela, Fermín Zugazagoitia, Cenón Ruiz, José Beascoechea, Guillermo Torrijos, José Aldaco, José Solano y un largo etcétera), su actividad sindical, tanto o más que la política, y ciertas circunstancias históricas —como, por ejemplo, la huelga de 1890 ya mencionada— que se combinaron para dar a los socialistas la dirección del movimiento obrero vasco y crear así una tradición que identificaba a los ojos de miles de trabajadores de la región, acción laboral con partido socialista.

    En suma, el socialismo fue el catalizador de la conciencia de clase de los trabajadores de Bizcaia (foco de irradiación del socialismo a Eibar, San Sebastián, Tolosa, Irún y otras localidades guipuzcoanas); desarrolló una labor de dignificación de la condición de los trabajadores, hecho particularmente relevante en el caso de los inmigrantes a las mina s y fábricas de la ría bilbaína; acabó cristalizando en una especie de subcultura política fuertemente enraizada en la mentalidad y en los valores de una parte muy elevada de la población industrial de Euskadi, que mantuvo su lealtad al socialismo a pesar de todas las circunstancias políticas y sociales que la región experimentaría en los últimos cien años de su historia.



Realidad del socialismo en el País Vasco
Aunque los primeros trabajos de captación y propaganda los realizara José Solano, un modesto obrero autónomo, zapatero de profesión, la primera fecha clave en la historia del socialismo vasco fue abril de 1885, momento de la llegada a Bilbao, a instancias de Solano, de Facundo Perezagua (1860-1935), toledano de nacimiento, metalúrgico, afiliado al PSOE desde su creación en 1879. Y lo fue porque la personalidad de Perezagua, un hombre austero, inflexible, enérgico, indomable —sería encarcelado en incontables ocasiones— marcaría decisivamente la trayectoria del PSOE en Vizcaya. De su capacidad organizativa fueron prueba la creación de. las primeras agrupaciones socialistas: el 11 de julio de 1886 se constituyó la Agrupación Socialista de Bilbao; en diciembre de 1887, la de Ortuella, en la zona minera, donde Perezagua contó con la colaboración de otros dos extraordinarios hombres de acción: Eduardo Varela, un librero ambulante, y Facundo Alonso, vendedor de telas y quincalla. En marzo de 1900, se constituyó la Federación Socialista de Vizcaya, integrada por diez Agrupaciones locales —Bilbao, La Arboleda, Ortuella, Las Carreras, Sestao, Deusto, Gallarta, Eran-dio, Begoña y Musques—, con 820 afiliados y una geografía reveladora: la ría y las zonas minera y fabril. En agosto de 1897, se crearon las Agrupaciones de Eibar y San Sebastián; por entonces, debió crearse también la de Vitoria; en 1901, se constituyó la de Irún y al año siguiente, la de Tolosa.
El socialismo tenía ya una infraestructura regional mínima que desde entonces no haría sino crecer. A ello había que añadir, además, las organizaciones sindicales, aunque el grado de afiliación efectiva a las mismas fue inferior a la influencia real que ejercieron. Con alguna excepción, los sindicatos modernos no aparecieron hasta la década de 1910: el Sindicato Obrero Metalúrgico de Vizcaya se creó en junio de 1914, el Sindicato Minero en 1917 (aunque, previamente; existía desde 1903 una Federación de Obreros Mineros de Vizcaya); el Sindicato Obrero Papelero Vasconavarro (con sede en Tolosa) en 1912, etcétera. En agosto de 1923, se constituyó formalmente la Unión General de Trabajadores (UGT) de Vizcaya, como organización que venía a federar a los numerosos sindicatos y sociedades obreras socialistas existentes en la provincia desde finales del siglo xix. En resumen, la escasa veintena de afiliados que Perezagua pudo reunir al fundar la Agrupación Socialista de Bilbao en 1886 se habían convertido en 1932 —año de celebración del XIII Congreso del PSOE— en 1663 (2.002 si se incluye Navarra), integrados en 30 agrupaciones locales (39 con Navarra), de ellas una en Alava, diez en Guipúzcoa y diecinueve en Vizcaya. Desde octubre de 1894, el socialismo vasco —vagamente federado desde principios de los años diez en una Federación Socialista Vasco-Navarra, aunque haya que poner muy en duda su vertebración orgánica— disponía de un semanario influyente, La Lucha de Clases, de Bilbao, dirigido sucesivamente por hombres importantes de la organización (Valentín Hernández Aldaeta, Aldaco, Alvaro Ortiz, Tomás Meabe, Isidro Acebedo, Julián Zugazagoitia, Emilio Beni, Indalecio Prieto, José Gorostiza, entre otros), a los que se añadirían ocasional e irregularmente, Adelante, de Eibar, La Voz del Trabajo, de San Sebastián, y otros. Todavía más: los socialistas bilbaínos disponían de una plataforma tan eficaz como el diario pro-republicano El Liberal, el periódico más leído en el País Vasco antes de 1936, que Prieto, el líder socialista, acabaría adquiriendo en 1933. La UGT llegó en los años treinta a una cifra de afiliación cercana a los 50.000 afiliados (de ellos, 35.000 en Vizcaya y 12.000 en Guipúzcoa), cifra que podía suponer en torno al 25-30 por 100 de la masa de trabajadores industriales, lo que marcaba el punto máximo de la influencia ugetista y revelaba la preponderancia de los sindicatos socialistas en la región (indiscutible en Vizcaya, contestada por STV en Guipúzcoa).
Amilibia, prosovietico como todo el PSOE 



Otro tanto podría decirse electoralmente. Los 775 votos logrados en Bilbao en las elecciones locales de 1891 (o los 437 que lograra Pablo Iglesias en las generales en el mismo año y en el mismo distrito) fueron sólo el principio. En 1901, con una docena de concejales —un tercio del total—, la minoría socialista, se configuraba como la segunda fuerza del Ayuntamiento de Bilbao. En 1903 los socialistas entraban en los ayuntamientos de San Sebastián y Eibar (antes lo habían hecho en distintas localidades de la ría bilbaína). En 1920, el PSOE irrumpía en numerosos ayuntamientos vascos y lograba la alcaldía en Bilbao (Rufino Laiseca) y mayorías absolutas en Eibar, Gallarta y La Arboleda. En 1911, había logrado un escaño en la Diputación de Vizcaya (Prieto), que recuperaría en 1919 (Laiseca). En 1918, Prieto resultaba elegido diputado a Cortes por Bilbao, siendo reelegido en 1919, 1920 y 1923. Las elecciones de 12 de abril de 1931 confirmaron la fuerza electoral del socialismo vasco: 87 concejales en Vizcaya, 22 en Guipúzcoa, siete en Alava (y 16 en Navarra). Eibar, cuyo Ayuntamiento se componía de diez socialistas, siete republicanos y un nacionalista, fue la primera localidad en proclamar la II República. En los años en que duró ésta, 1931-1936, el voto socialista osciló entre un número próximo al 12 por 100 —en Navarra en 1933— y un máximo cercano al 30 por 100 en la circunscripción de Bilbao, aunque el voto en los enclaves «rojos» (Bilbao capital, Baracaldo, Sestao, Portugalete, San Salvador del Valle, Ortuella, Eibar, Irún) superaba ampliamente dicha cota. En cualquier caso, de los dieciséis diputados que la izquierda logró en las elecciones de 1931, 1933 y 1936 en Alava, Guipúzcoa y Vizcaya, siete fueron socialistas: Prieto, elegido por Bilbao en los tres años citados; Luis Araquistáin, por Bilbao, en 1931; Enrique de Francisco, por Guipúzcoa, en el mismo año; Julián Zugazagoitia, por Bilbao, en 1936; Miguel Amilibia(que termino en la HB de los ochenta), por Guipúzcoa, también en 1936. Los 69.194 votos que Prieto obtuvo en Bilbao en febrero de 1936 —dentro del Frente Popular— supusieron el techo del apoyo popular a un candidato socialista antes de la guerra civil. Los socialistas participaron con tres carteras en el primer gobierno vasco forxiado en la historia, el presidido por José Antonio de Aguirre a partir del 7 de octubre de 1936: Juan de los Toyos, en Trabajo, Santiago Aznar en Industria, y Juan Gracia, en Asuntos Sociales.

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