06 marzo 2016

La Internacional en España. Las relaciones entre el Comité Ejecutivo de la IC y la dirección de su sección española

El esquema  de la IC no permitía nada más que cierta «soberanía limitada» a sus secciones nacionales. Por otra parte, era lógico que un partido centralizado, bolchevizado, lo exigiera; no hay que ver en ello una relación de dominación, de «terror ideológico» por parte del CE de la Internacional hacia el partido español. Sin embargo, algunos de los problemas surgirán cuando en Madrid no se estuviera totalmente de acuerdo con algunas de las bases prácticas de esta estructura.
  
En general, el profundo entusiasmo y la admiración de todo el partido —además de las exigencias estatuarias, es decir, disciplina—evitaba roces entre ambas instancias. De todas formas, es necesario explicar cuáles fueron los mecanismos de relación práctica entre los dirigentes de la Internacional y los españoles. Por un lado, la estrategia de la IC —y de sus secciones nacionales— era elaborada por el CE de la Internacional, pero también el análisis de la situación mundial —realizado por los «teóricos» de la IC— servía para que los dirigentes españoles lo expusieran literalmente en el preámbulo de cualquier resolución. La dirección española y, en alguna ocasión, los delegados de la Internacional en España, tenían en su mesa los análisis del XI, XII o XIII plenos del CE de la IC para recoger las premisas escritas y redactarlas en los párrafos previos a los comentarios estrictamente españoles .(1)
Recibir la estrategia y la táctica dictadas por la IC podía revestir diferentes formas: la lectura de las resoluciones de los plenos y congresos de la IC(2) ; la lectura de los artículos de la prensa extranjera que hablaban de España(3), y la observación con detenimiento de las críticas de los mismos articulistas sobre los errores de los dirigentes españoles (4); pero la forma más concreta y directa consistía en los informes, observaciones orales o escritas y en los telegramas de la Internacional enviados a la dirección española. Por ejemplo, durante 1931, Manuilski hizo extensas referencias sobre España y los dirigentes españoles, en sus célebres discurso y carta, de mayo y octubre. Después de la visita de mayo de 1931 a Moscú de varios dirigentes españoles, y tras recibir las oportunas instrucciones, la dirección española redactó una circular para todo el partido, donde figuraban los análisis y consignas emanadas de esa visita (5).
Después de una reunión importante del BP o cualquiera de las del CC, era frecuente que una delegación española se dirigiera a Moscú para informar al CE de la Internacional. Tras esa reunión, donde se «discutía» entre las partes el comportamiento del partido y la política a seguir en los siguientes meses, la IC emitía un informe y redactaba una carta que era norma de conducta política de la sección española. El ejemplo más claro lo encontramos en el informe de julio de 1934, que «recomendaba» el ingreso en las Alianzas Obreras, ciertos cambios en la política de las nacionalidades y otras cuestiones —sindical, campesinos— con sus oportunas consignas Por último, otra forma de comunicación consistía en el envío de telegramas; no conocemos su existencia hasta 1934, pero sin duda debió ser más corriente y generalizado que las dos ocasiones de las que disponemos documentación. Los telegramas, uno sobre un folleto de Edeya, cerca de las Alianzas Obreras y otro sobre los contactos con la Unió Socialista de Catalunya en 1935, establecían la relación más típicamente unilateral de todas las existentes entre el CE de la Internacional y la dirección española . Antes de difundirse cualquier resolución de un congreso o conferencia nacional del partido, debía ser aprobada por el CE de la IC. Esto ocurrió, por ejemplo, con el III Congreso( a finales de l929(6).
Durante 1931 hubo algunas ocasiones en que la estrategia de la IC parecía que no coincidía con la expuesta por algunos de los dirigentes españoles; discrepancias que no se reflejaron en las actas de las reuniones del CE(7) , José Bullejos, a pesar de indicarnos que existían las discrepancias, explica que en última instancia la dirección española hacía lo que ordenaba el CE de la Internacional.
En todo el período republicano no hubo cambios sustanciales en la composición de la dirección nacional, con la excepción del IV Congreso y de la crisis de octubre de 1932; en ese sentido, ¿quién propuso a José Díaz para la secretaría general del partido? Está dato que no fue la dirección española; todos los indicios apuntan a la IC. Pero de lo que sí tenemos pruebas es de que quien expulsaba a los dirigentes era la propia Internacional.
En el proceso de expulsión de Bullejos intervino directamente la delegación internacional, como lo había hecho antes y lo hará posteriormente. La única fuente que nos permite conocer algunos de los delegados de la IC en España son las memorias de uno de ellos: el suizo Humbert-Droz, que menciona los siguientes nombres: Rabaté, francés (1930-31); Pedro Geroe, húngaro (1930); Edgar Woog, suizo (1930); Stoeker, alemán (1931-32); Duclós, francés (1931); Purman, polaco (1931); Pierre, ruso (1931); Codovilla (Medina), argentino (1932-36)(9). En 1931 llegaron a coincidir cinco delegados al mismo tiempo: Humbert-Droz, Duclos, Rabaté, Stirner Woog y Pierre. Humbert-Droz consideraba su misión en España como una suerte de exilio(10) , en el que debía hacerlo todo, al estar la mayoría de la dirección española en la cárcel; él redactó el programa para las no celebradas elecciones legislativas de abril de 1931, también redactaba los artículos de Heraldo Obrero y preparaba el tema de la constitución del CNR de la CNT. Cada delegado enviaba sus informes a Moscú, detallando su actividad; desgraciadamente estos son todavía inaccesibles, salvo en el caso de Humbert-Droz.
Durante 1931 los delegados de la IC insistían en criticar a la dirección española por no discutir en las reuniones el carácter del viraje que la IC quería dar al partido, para que se convirtiera en una organización bolchevique y actuara como tal. La dirección española y la delegación se acusaban mutuamente, aunque los delegados intervenían directamente en los asuntos de la organización como si se tratara de los dirigentes del partida. Stoeker quería siempre celebrar reuniones interminables para discutir el viraje, y, según Bullejos, los dirigentes le pusieron el sobrenombre de «camarada discuta»(11) . Pero con la expulsión de Bullejos y de tres dirigentes más y la autocrítica de otros muchos, la delegación ganó una batalla que de otro modo hubiera significado la validez de la autonomía de un grupo dirigente frente a la Internacional. Después de resolverse dicha crisis no hubo más problemas de esta índole con la delegación, a pesar de que durante los años que siguieron Medina (Codovilla) actuó libremente, contando siempre con la participación de José Díaz. Se debió comprender que era inútil enfrentarse con la dirección internacional del partido, máxime cuando aquélla tenía vías de comunicación personales con Moscú. En las actas de las reuniones del BP durante 1933 podemos observar el creciente papel protagonista del delegado argentino (12) Codovilla debía ser el hombre que sin apartarse de lo acordado en los estatutos de la Internacional vigilaba la aplicación justa de la política de la IC en España. Pero, a pesar de no existir los enfrentamientos de antaño, sí hubo momentos de discrepancias. No hay muchos testimonios, pero Jesús Hernández nos cuenta en sus memorias la polémica que surgió en febrero de 1936 entre Stepanov, Codovila y él mismo, sobre el carácter de la revolución que debía perseguirse (13).
Los miembros del partido siempre hicieron una defensa acérrima de la IC. El ejemplo más característico es el de la respuesta de los jóvenes comunistas a las críticas que las Juventudes Socialistas hacían de la IC, afirmando que el CE de ésta señalaba las directrices a sus secciones nacionales. Un dirigente de la UJC no dudó en contestar señalando que:
Hemos de aclarar en primer lugar que no se dirige desde Moscú en el sentido que vosotros lo planteáis. Y en segundo lugar que en Moscú seguramente hay camaradas que conocen los problemas de la revolución española mejor que nosotros mismos (14).
La cuestión de que en Moscú, lejos de discutir y proponer, se daban «recomendaciones» quedaba bien reflejada en los estatutos de la IC y en diversos momentos de la política del partido (CNR de la CNT, Alianzas Obreras, etc.).
Además de primar la disciplina organizativa y jerárquica en la práctica de las actitudes comunistas, para hacer triunfar la eficacia sobre la participación y la democracia, entre los propios comunistas se utilizaba un lenguaje típicamente militar que se creó en el partido bolchevique a partir de la fase de «comunismo de guerra»(15) .
   El PC era la «sección» nacional de tal o cual país, constituía el destacamento de la revolución, el ejército del proletariado; sus dirigentes eran el «Estado Mayor» del partido, que elaboraba la «táctica» y la «estrategia» política —las «armas» para dirigir la revolución—, para actuar en el «frente» sindical, político, etc. Para el partido, la clase obrera era la «reserva» de este ejército y realizaba «campañas» de agitación y «reclutamiento» para ganar prosélitos. Una terminología militar que no se quedaba en el simple código lingüístico o en la forma de escribir, sino —como afirma A. Kriegel— en una forma bolchevique de «pensar» y actuar(16).

    No se puede entender la extrema rigidez de la organización comunista, la eficacia, la primacía de la organización sobre el militante, etc., sin esos códigos militares que desempeñaban el papel de la credibilidad ante las masas, de la eficacia ante la clase obrera y de permanencia fiel en los objetivos que se trazaron desde el principio.(17)
Junto a la terminología militar, pueden establecerse los orígenes del vocabulario organizativo comunista en España. Son términos como «célula», «radio», «agit-prop.», etc. La bolchevización tardía del PCE significó la introducción de parte de este vocabulario a comienzos de la década de los treinta. Así, «Buró» Político se introdujo a finales de 1931 y se generalizó en la primera mitad del año siguiente. Buró procede de la palabra rusa que se escribe de la misma forma. Con «Agit-prop» sucede lo mismo, ya que no son las abreviaturas de un término español, sino ruso, y con «Radio» ocurre algo similar, al proceder del término ruso «ralon», que es un galicismo o por lo menos un latinismo. La palabra «célula», sin embargo, procede del término francés «cellule» —celda de cárcel—, y se adoptó al ser un término que designaba una de las tres acepciones de la palabra rusa «iatcheika», que quiere decir núcleo, alvéolo o célula(18).

(1) Ver, por ejemplo, la resolución de febrero de 1933 (Mundo Obrero, 3-II1933), o el «XIII Pleno del CE de la IC. Nuestra tarea histórica: la toma de poder», La Bandera Roja, núm. 6, 3•a semana de enero de 1934.
(2) Sobre las directrices para España del XI y XII Plenos del C.E. de la IC, ver: Les Partis Communistes et la crise du capitalisme», en La Correspondonce Internationale, núm. 51, 11-VI-1931, p. 683, y Mundo Obrero, «Resoluciones del XII Pleno del CE de la IC (IV)», núm. 6, 6-XII-1932.
(3) Por ejemplo, «La vague de graves en Espagne» (Pravda), en La Correspondance Internationale, núm. 73, 12-VIII-1931, p. 889, donde se refiere a la República en estos términos: «... ressemble 1 une dictature militaire exactement comme un oeuf á un autre oeuf.»
(4) Por ejemplo, los artículos de Garlandi en L'Internationale Communiste, núm. 6 y 16-17, de 20 de febrero y 1 de junio de 1930; en Stepanov-Chavaroche, en La Correspondencia Internacional, de marzo de 1933, y los célebres discursos y cartas de Manuilski en 1931...
(5)El Secretariado del PCE, «Circular a todas las federaciones, Radios y células del partido», s. f. (AHPCE R-V).
(6) Informe de la IC sin fecha ni título. La única referencia temporal posible es entre la reunión del CC de principios de julio de 1934 y la carta de la dirección a Vicente Arroyo de 7-VIII-1934 (CAIPCE R-X). Otro informe surgió tras la visita de Manuel Hurtado a Moscú en junio de 1933. Acta de la reunión del Buró Político de 6-IX-1933, 12 págs. (AHPCE R-VI).
(7) Ver capítulos 7 y 9 de la 2.a parte de libro cruz.
Comité Ejecutivo del PCE, «Al Comité Regional de Andalucía», 3-U1930, p. 1 (AHPCE R-IV).
(8)J Bullejos además habla de las pésimas relaciones con los delegados y el CE español en 1931 y 1932 (La Comintern en España..., p. 159).
(9) También estuvieron el búlgaro Stepanov y el alemán Neumann.
(10) Humbert-Droz, Memories. De Lenine i Staline. Dix ans an service di L'Internationale Communiste. 1921-1931, p. 403.
(11) Bullejos, op. cit., p. 152. Una prueba de las discusiones está en el acta de la reunión del 24 de julio de 1931, 3 págs. (AHPCE R-V).
(12) Ya en la de 14 de diciembre de 1932, Medina hacía el resumen de todo lo tratado, delimitando aciertos y errores en las intervenciones de los reunidos.
(13) Además de las intervenciones siempre «ortodoxas» de Medina en las reuniones de la dirección, contamos con el testimonio de J. A. Balbontín informando de sus problemas con el delegado, dándonos a conocer un poco mejor su forma de actuar (La España de mi experiencia, pp. 274-81).
(14) Jesús Hernández, Yo fui un ministro de Stalin, México, 1953, p. 15.
(15) Actas de las reuniones celebradas por las representaciones de la Juventud Socialista y Comunista los días 1 y 3 de noviembre de 1934, 7 y 8 págs., respectivamente (AHPCE R-IX).
(16) Annie Kriegel, Los comunistas franceses, p. 254.
(17)Un ejemplo de terminología militar, aunque ya en 1937, muy característico por estar lleno de estas expresiones, es La necesidad imprescindible del PCE, . f., Valencia, 20 págs. (BNM), un folleto que describía lo que debía ser un partido comunista.
(18) A. Kriegel, op. cit., pp. 87-8. La influencia francesa en el partido fue notable. Desde la no traducción española de rayon, viraje: la confusion entre CNT y CGT, hasta la no utilizacion de la ñ en los documentos en castellano, dividido al uso de maquinas de escribir francesas. 

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