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15 mayo 2016

LENIN sobre el falso izquierdismo de las teorias sexuales

-Se me ha comunicado que los problemas sexuales son también el objeto favorito del estudio de vuestras organizaciones de jóvenes. Nunca faltan informadores sobre este tema. Eso es particularmente escandaloso, particularmente peligroso para el movimiento de jóvenes. 

Estos temas pueden fácilmente contribuir a excitar, a estimular la vida sexual de ciertos individuos, a destruir la salud y las fuerzas de la juventud. Debéis luchar también contra éste fenómeno. Resulta que el movimiento de jóvenes y el de las mujeres tienen numerosos puntos en común. Nuestras camaradas comunistas mujeres deben hacer allá por donde vayan, en unión con los jóvenes, un trabajo sistemático. Eso tendrá como efecto elevarlos,
transportarlos del mundo de la maternidad individual al de la maternidad social. Es importante contribuir a todo despertar de la vida social y de la actividad en el caso de la mujer, para permitirle elevarse por encima de la mentalidad estricta, pequeño-burguesa, individualista de su vida doméstica y familiar.
“En nuestro caso también, una gran parte de la juventud trabaja asiduamente revisando la
concepción burguesa de la “moral” en los problemas sexuales. Y es, debo decirlo, la élite de nuestra juventud, la que realmente promete mucho. Como usted acaba de señalar, en el ambiente consecutivo a la guerra y al comienzo de la revolución los viejos valores ideológicos se derrumban, perdiendo la fuerza que los mantenía. Los nuevos valores solo se cristalizan lentamente, por medio de la lucha.

“Las concepciones sobre las relaciones entre hombres y mujeres se trastornan, como también ocurre con los sentimientos y las ideas. Se delimita de nuevo los derechos del individuo y los de la colectividad, y, a partir de ahí, los deberes del individuo. Eso es un proceso lento y normalmente doloroso de decadencia y nacimiento. Lo mismo ocurre en los dominios de las relaciones sexuales, en el matrimonio y la familia. La decadencia, la putrefacción, el lodo del matrimonio burgués con sus dificultades de ruptura,
con la libertad para el marido y la esclavitud para la mujer, la mentira infame de la moral sexual y de las relaciones sexuales rellenan a los mejores hombres de un sentimiento de repugnancia profundo.
“El yugo que las leyes del estado burgués hacen pesar sobre el matrimonio y la familia agrava aún más el dolor y vuelve más agudos los conflictos. Es el yugo de la inviolabilidad, de la propiedad privada, que sanciona la venalidad, la bajeza, la perrería, a lo que vienen a unirse la mentira de los convencionalismos de la sociedad burguesa, el “como se debe”. La gente se rebela contra estas deformaciones de la naturaleza. Y en la época en la que se derrumban los Estados poderosos, en la que desaparecen las viejas formas de dominación, en las que perece todo un mundo social, los sentimientos del individuo aislado se modifican rápidamente.

“La sed ardiente de placeres variados adquiere fácilmente una fuerza irresistible. Las formas del matrimonio y las relaciones entre los sexos, en el sentido burgués, no satisfacen más. Una revolución se aproxima en este campo, la cual concuerda con la revolución proletaria. Se concibe que toda esta madeja, extraordinariamente embrollada de cuestiones, preocupe profundamente tanto a las mujeres como a los jóvenes. Los unos y los otros sufren particularmente esta confusión en torno a las relaciones sexuales. La
juventud protesta contra este estado de cosas con la fogosidad propia de su edad. Eso es comprensible. No habría nada más falso que predicar a la juventud el ascetismo monástico y la santidad de la suciedad burguesa. No es bueno, a mi entender, que los problemas sexuales, en estos años se conviertan en la preocupación principal de los jóvenes. Las consecuencias son a veces fatales.

“En su nueva actitud concerniente a las cuestiones de la vida sexual, la juventud no está prestando atención a la teoría. Muchos califican su posición de “revolucionaria” o de “comunista”. Creen sinceramente que es así. Yo soy demasiado viejo para que me lo impongan. A pesar de que yo no soy nada más que un apagado asceta, esta nueva vida sexual de la juventud, y a veces también la de los adultos, me parece con frecuencia completamente burguesa, como uno de los múltiples aspectos de un mismo burdel burgués. Todo eso no tiene nada que ver con la “libertad del amor” tal y como nosotros, comunistas, la concebimos.

 Usted conoce sin duda la famosa teoría según la cual, en la sociedad comunista, satisfacer sus instintos sexuales y su necesidad de amor es tan simple y tan insignificante como tragarse un vaso de agua. Esta teoría del “vaso de agua” ha hecho que nuestra juventud esté rabiosa, literalmente rabiosa.
“Para muchos chicos y chicas jóvenes, esta teoría se ha vuelto fatal. Sus partidarios afirman que es una teoría marxista. Gracias por este marxismo por medio del que todos los fenómenos y todas las modificaciones que intervienen en la superestructura ideológica de la sociedad se deducen inmediatamente, en línea recta y sin reserva alguna, únicamente desde la base económica. La cosa no es tan simple como parece. Un tal Friedrich Engels, hace ya tiempo que estableció esta verdad del materialismo histórico.
“Considero la famosa teoría del “vaso de agua” como no marxista y antisocial para más colmo. En la vida sexual se manifiesta no sólo lo que nosotros tenemos por naturaleza, sino también aquello que nos aporta la cultura, se trate de cosas superiores o inferiores.
“Engels, en su Origen de la familia, demuestra lo importante que es que el amor se desarrolle y se afine. Las relaciones entre los sexos no son simplemente la expresión del juego de la economía social y de la necesidad física, disociada en pensamiento por medio de un análisis psicológico.
“La tendencia de llevar directamente a la base económica de la sociedad la modificación de estas relaciones fuera de su relación con toda ideología no sería del marxismo, sino del racionalismo. Cierto es, la sed debe ser saciada. Pero un hombre normal, en condiciones normales igualmente, ¿se pondría boca abajo en la calle para beber en un charco de agua sucia? ¿O de un vaso cuyos bordes hayan sido manchados por decenas de labios distintos? Lo más importante es el aspecto social. En efecto, beber agua es un asunto personal. Pero en el amor, hay dos interesados y luego llega un tercero, un nuevo ser. Es aquí
donde se esconde el interés social, que nace del deber hacia la colectividad. Siendo comunista, yo no siento ninguna simpatía por la teoría del “vaso de agua” por mucho que lleve la etiqueta del “amor liberado”.
Por lo demás, no es nueva, esta teoría comunista. Usted se acordará, supongo, que había sido “predicada” en literatura hacia la mitad del siglo pasado como la “emancipación del corazón”. Para la práctica burguesa, se convirtió en la emancipación de la carne. Entonces se predicaba con más talento que hoy. En cuanto a la práctica, no puedo juzgar.

“Yo no pretendo con mi crítica predicar el ascetismo. Estoy muy lejos de ello. El comunismo debe traer no el ascetismo sino la felicidad de vivir y el bienestar, debidos a su vez a la plenitud del amor. En mi opinión, el exceso que se observa hoy día en la vida sexual no trae ni la felicidad de vivir ni el reconfort; muy al contrario, los disminuye. Ahora bien, durante la revolución, eso no sirve para nada”.
“Lo que le falta precisamente a la juventud es la alegría de vivir y el bienestar.
“Deporte, gimnasia, natación, excursiones, todo tipo de ejercicios físicos, intereses morales varios, estudios, análisis, investigaciones, el todo aplicado simultáneamente, todo eso da a la juventud mucho más que las relaciones y las discusiones sin fin sobre las cuestiones sexuales y sobre la manera de “disfrutar de la vida” según la expresión corriente.
“Alma sana en cuerpo sano”. Ni monje ni Don Juan, ni tampoco filistino alemán como término medio. Usted conoce bien a su joven camarada Huz. Es un joven perfecto, muy dotado, pero me temo que de él no saldrá nada bueno. Se excita y se echa de una aventura amorosa a otra. Eso no vale para nada en la lucha política, ni para la revolución. No pondría la mano en el fuego en cuanto a la seguridad y la firmeza en la lucha por las mujeres cuya novela personal se entrelaza con la política ni por los hombres que corren tras cada falda y se dejan engatusar por la primera mujer joven que viene. No, ¡eso no va con la revolución!

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