17 mayo 2016

los “gobiernos progresistas” no van más. PCMLE

Maduro ganó las elecciones en Venezuela de manera clara, en abril de 2013; en diciembre de 2015 la derecha coaligada en un solo frente y con el activo apoyo del imperialismo ganó, de manera contundente, la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional. Todo en medio de la agudización de la crisis económica, del auge de la inseguridad y del destape de la corrupción.
 Correa fue reelecto en 2013 y obtuvo con el 52% de los votos el 70% de la Asamblea Nacional, después de un año, en las elecciones locales perdió de manera contundente; las movilizaciones populares de 2015 lo obligaron a retroceder en sus designios de ser candidato en 2017, se va a su casa.
 En Argentina Isabel Fernández no tuvo la capacidad de triunfar con su candidato en las elecciones de 2015, venció la derecha exhibiendo las banderas del cambio.
 Evo Morales ganó la reelección por tercera ocasión con más del 60% de los votos, en poco tiempo fue vencido en las elecciones seccionales y, acaba de ser derrotado en el referéndum con el que pretendía una nueva reelección.
Dilma Rousseff en 2014 ganó la reelección presidencial por escaso margen de votos, hoy asediada por las denuncias de corrupción y por la crisis económica cuenta con una aceptación menor al 10%; enfrenta grandes movilizaciones en las calles exigiendo su renuncia.

 La política revolucionaria frente al fracaso de los “gobiernos progresistas”

 En todos los países de América Latina las masas trabajadoras y la juventud se expresan en las calles demandando sus derechos, castigo para la corrupción, en varios sitios exigen la salida de los gobiernos. Desde México hasta la Argentina la clase obrera, la juventud, los campesinos enfrentan las políticas antipopulares de los gobiernos y los patronos, se oponen a la criminalización de la lucha social, exigen la satisfacción de sus necesidades, reclaman por nuevos derechos y conquistas. En Guatemala los trabajadores, los pueblos, la juventud, los sectores democráticos y progresistas, las fuerzas de izquierda, en grandes movilizaciones, desde las calles y las carreteras echaron al gobierno corrupto e inepto y aunque no conquistaron el poder, ganaron en experiencia, alcanzaron ampliar la democracia y restablecer las libertades. Entre los patriotas y demócratas, entre los izquierdistas se desarrolla un importante debate acerca de cómo enfrentar la nueva situación, el declive de los “gobiernos progresistas” y su eventual desaparición del escenario político. Se plantea que dado que se trata de gobiernos burgueses, pro imperialistas, antidemocráticos, autoritarios, represivos y corruptos cuya salida reclaman las masas trabajadoras es necesario conformar un gran frente que los derrote en las elecciones, ese frente integraría a todos los opositores, al movimiento sindical, a los pueblos y nacionalidades indígenas, a la juventud, a todas las fuerzas de izquierda, y además incluiría a sectores y representantes de la oposición burguesa que está activa en todos los países. Otra cuestión que se esgrime se refiere a que la derrota de esos gobiernos significaría un retorno al pasado neoliberal, se anularían las medidas sociales democráticas que han impulsado esos gobiernos, se produciría un retroceso histórico; por tanto, luchar desde las posiciones de los trabajadores y de la izquierda contra las políticas de esos gobiernos es hacerle el juego a la derecha, al imperialismo, se alimentaría la “restauración conservadora”.

 Este discurso reconoce el fracaso de estos procesos reformistas pero señala que el retorno al neoliberalismo es mucho más grave; en realidad aboga por el mal menor, por el pragmatismo político. De otro lado se expresa que los trabajadores, los sectores democráticos, los izquierdistas y revolucionarios deben colocarse a la cabeza de la insatisfacción popular, incorporarse al combate político contra esos representantes del capital y el imperialismo que desde el poder proclaman el “socialismo del siglo XXI”, la revolución y desarrollan una política represiva, de criminalización de la lucha social. Los marxista leninistas del Ecuador estamos dando respuesta a estas cuestiones en los hechos, enarbolamos las banderas de la revolución, el poder popular y el socialismo; y, en la cotidianidad nos colocamos a la cabeza de inconformidad popular coreando el grito de las masas “¡fuera Correa fuera!” Al tiempo que señalamos la existencia en América Latina de problemas comunes, de situaciones parecidas, establecemos con claridad que la situación se expresa de manera específica en cada uno de los países. No se puede generalizar el análisis y menos establecer recetas.

 Los revolucionarios somos conscientes que una de las enseñanzas del marxismo leninismo es, desde las posiciones de la clase obrera y los pueblos, “el análisis concreto de la situación concreta”. La lucha de clases no se desarrolla de acuerdo a la voluntad de los caudillos En todos los países donde existen los “gobiernos progresistas” se desarrolla, en distinto nivel, la lucha del pueblo, de los trabajadores y la juventud en defensa de sus intereses y derechos; esas movilizaciones rebasan las reivindicaciones inmediatas, se extienden a responsabilizar al gobierno de las políticas antipopulares, de la agudización de la crisis, de la corrupción y demandan su salida; se viene construyendo un camino independiente que tiene en cuenta los intereses inmediatos y los estratégicos de la clase obrera, la lucha por derrocar el gobierno de los patronos. Como señalamos antes, las condiciones en las que se desarrolla el movimiento obrero y popular son diferenciadas, enfrentan situaciones particulares y exigen respuestas concretas que nos corresponde asumir a los revolucionarios proletarios, a los patriotas y demócratas, a izquierdistas, a los luchadores sociales. En Argentina, el gobierno reformista de Cristina Fernández se esforzó por apuntalar lo que denominó “capitalismo racional”, privilegió el extractivismo y el retorno a la agricultura de exportación, la “sojización de la economía”, criminalizó la lucha social, existen más de 6.000 luchadores sociales enjuiciados,criminalizados por sabotaje y terrorismo. Envuelto en la corrupción y en la crisis desarmó algunas de las medidas de beneficio de las masas. Enfrentó a lo largo de su gestión importantes movilizaciones obreras y campesinas, de la juventud, a la mayor parte de organizaciones y partidos políticos de izquierda. Fue a las elecciones con el repudio mayoritario de los argentinos y las perdió. El kirchnerismo fue derrotado en las elecciones por representantes de la derecha neoliberal que proclamaron el cambio y obtuvieron el apoyo de las clases y capas medias, pero también de importantes contingentes de la clase obrera de la ciudad y el campo. La gran mayoría de organizaciones y partidos políticos de izquierda construyeron alternativas electorales independientes y o llamaron a anular el voto en las elecciones, no suscribieron la tesis del mal menor. Los resultados fueron la implantación de un nuevo gobierno de la gran burguesía, de los monopolios imperialistas.

Los trabajadores, la juventud, las izquierdas consecuentes están a la cabeza de un nuevo proceso de la lucha de las masas por sus intereses y derechos, por la democracia y la libertad, por la independencia del país. Para ellos la lucha continúa, enfrentaron en el pasado inmediato un gobierno reformista, se oponen ahora a otro gobierno burgués que no se proclama reformista, que impulsa políticas de reajustes al más puro estilo neoliberal, como el tarifazo pero que, a pesar de eso, no se atreve a desmontar todos los derechos de los trabajadores. En Venezuela la situación social y política sufre cambios de contenido y de forma. El chavismo agotó su discurso “socialista”, fue incapaz de enfrentar los problemas de las masas trabajadoras y del país; derrochó ingentes recursos provenientes de la renta petrolera y no pudo resolver el desarrollo autónomo de la producción agropecuaria e industrial, no sólo que continuó la vieja práctica de la oligarquía venezolana de comprar afuera en vez de producir, sino que la acentuó. Las importantes realizaciones en beneficio de la salud, de la educación, de la vivienda, la elevación de los salarios no fueron suficientes para satisfacer las necesidades básicas de alimentación, la salud y subsistencia. El aumento de la burocracia enmascaró el desempleo pero no lo resolvió. El costo de la vida crece desmesuradamente como consecuencia de la escasez y la especulación, de la inflación, de las alzas de los pasajes, etc. La condena del chavismo al aprovechamiento de los dineros públicos por parte de los antiguos gobiernos se anuló con expresiones desbordantes de corrupción en los más altos niveles del régimen bolivariano. Los niveles de la criminalidad crecieron y hacen del país un campus donde cunde la inseguridad y el temor. El gobierno de Maduro se defiende de los ataques de la derecha y la reacción, calificándolos como una “guerra económica”, como una conspiración del imperialismo y la reacción que ciertamente existe, pero que no explica y menos justifica la incapacidad del gobierno. Enfrenta los reclamos de los trabajadores que exigen respuesta a sus necesidades de alimentos y de implementos indispensables para la vida, como las medicinas y los útiles de aseo, a la inseguridad, y no puede resolver esas demandas. Estas circunstancias están agravadas con la agudización de la crisis económica, con la contracción de la economía (–7%), la inflación superior al 180%, la devaluación del Bolívar. Desde hace varios años la burguesía y la reacción venezolanas vienen aprovechando estas circunstancias para reclamar desde las calles la salida del gobierno; siempre lo hicieron pero ahora tienen logros importantes, capitalizan el descontento de las masas, de las capas y clases medias y de los trabajadores y van ganando terreno. En las últimas elecciones legislativas, el 6 – D de 2015 los bolivarianos sufrieron una grave derrota, la oposición ganó los dos tercios de la Asamblea Nacional y cuentan desde allí con una tribuna para demandar la salida de Maduro utilizando los medios institucionales y la lucha callejera. Los revolucionarios proletarios de Venezuela, los izquierdistas y demás revolucionarios que no perdieron el rumbo con el camino reformista del chavismo tienen la responsabilidad histórica de disputar en todos los terrenos la adhesión de las masas a la revolución y el socialismo. Es una dura tarea, cuesta arriba, pero obligatoria; no se puede dejar el campo libre a la derecha y al imperialismo, así como no se debe exculpar al régimen de sus responsabilidades. El camino independiente, en estos momentos, no pasa por defender el régimen de Maduro[ En un trabajo anterior sobre las elecciones del 6–D decíamos que fue correcto en ese proceso apoyar, desde posiciones críticas, a Maduro; en esas circunstancias era una política revolucionaria, justa y oportuna. Ahora a pocos meses, cuando los acontecimientos se desarrollan rápidamente, los valoramos en distinto sentido. ], tiene que tener en cuenta los intereses inmediatos de los trabajadores y la juventud, tiene que plantearse, en las condiciones concretas, una propuesta de avanzada, de izquierda, revolucionaria que rebase la proclama de la revolución y el socialismo y proponga una salida concreta a la crisis: la conformación de un polo revolucionario, medidas reivindicativas y políticas, la acción popular demandando sus reivindicaciones, la conformación de un gobierno popular nacido de las organizaciones comunales, por ejemplo.

En Brasil fue y es más evidente el carácter socialdemócrata, reformista del Partido del Trabajo, PT, de Lula y Rousseff. Emergieron como alternativa a los dictadores, a la derecha reaccionaria y pro imperialista, al neoliberalismo aunque para ganar las elecciones forjaron alianzas con partidos identificados claramente con la derecha. Inicialmente respondieron a las expectativas generadas. Gracias a la bonanza económica, pudieron aplicar medidas en beneficio de los trabajadores, los campesinos, los pobres de las ciudades. Siempre, sin embargo, preservaron los intereses de los grandes banqueros y empresarios y se beneficiaron de su apoyo. El desarrollo económico del país, el puesto de séptima economía mundial, el Gran Brasil catapultó a la gran burguesía, a los monopolios imperialistas que expoliaban los recursos naturales y la mano de obra de los brasileños. El gobierno y las clases dominantes enfrentaron la crisis económica de 2008 y ahora la de 2014 con medidas de ajuste que pagan los trabajadores y el pueblo, con la elevación de los impuestos, la disminución del presupuesto social. El desempleo volvió a crecer, igual que la pobreza. En 2014 se produjeron grandes movilizaciones de la juventud en oposición a la elevación de los pasajes, en contra los gastos suntuarios para la celebración del campeonato mundial de futbol y las olimpiadas. Millones de jóvenes se expresaron en las calles y dirigieron sus demandas al gobierno. En la actualidad, cuando se agudiza la crisis económica, cuando se enfrenta el peor desempeño en varias décadas, cuando la desocupación y el costo de la vida crecen diariamente, cuando se han hecho públicos actos de corrupción que involucran a las más altas esferas del gobierno, al propio Lula y a Dilma se expresan de forma intensa las contradicciones inter burguesas, se reclama la destitución de la Presidenta, se fracturan las alianzas con los partidos cogobernantes. Es evidente que la crisis económica se transformó en una profunda crisis política. Se producen grandes movilizaciones, millones de seres que reclaman la salida del gobierno; se expresan en esas manifestaciones buena parte de las capas medias, pero también, apreciables sectores de los trabajadores y la juventud. Simultáneamente se vuelcan a las calles, en menores proporciones, segmentos sociales que respaldan al PT, que se oponen al “golpe”. Los revolucionarios proletarios de Brasil disciernen adecuadamente que las políticas del PT, las medidas de ajuste que se proponen para conjurar la crisis son similares a los planteos de la oposición burguesa. Se trata de dos caras de las mismas políticas del gran capital. Está claro que la profundización de la crisis económica agudiza la crisis política, desnuda a los grupos de poder, conmueve a toda la sociedad. En este escenario los comunistas revolucionarios deben esforzarse, junto con las otras formaciones de revolucionarios y de izquierda por definir un rumbo cierto, una alternativa independiente de uno y otro sector de los dominantes, un camino que una a los trabajadores en la lucha por sus derechos y contra los impactos de la crisis, que señale una salida política en beneficio de los intereses populares y nacionales. Se trata en definitiva de construir, junto con otras fuerzas sociales y políticas un caudal que exprese la oposición popular.

 En el Ecuador como lo hemos venido afirmado se agotó el proyecto reformista de Correa, se está produciendo un desgaste sostenido del gobierno y se enfrenta un proceso de elecciones generales, en las cuales, se prevé la derrota del régimen. Estos hechos son resultado del fracaso del reformismo para enfrentar y resolver los problemas del pueblo y el país; de la naturaleza capitalista del gobierno, de su desenmascaramiento como expresión de las clases dominantes. La inmensa mayoría del movimiento obrero y popular, los pueblos y nacionalidades indígenas, la juventud se vienen expresando su inconformidad con la situación, el repudio al gobierno de manera sostenida. La oposición burguesa está reanimada pero continúa desarticulada; pretende disputar la inconformidad de las masas levantando, en lo fundamental, las mismas banderas de la oposición popular pero acusando al gobierno de socialista, de izquierdista, vociferando el fracaso de Correa como expresión de las propuestas revolucionarias. El año pasado pudo por unos días tomar las calles y demandar la misma consigna de los trabajadores y la izquierda, “¡Fuera Correa, fuera!”. Las fuerzas populares y de izquierda supieron retomar la iniciativa y abanderar en las calles la oposición al correísmo. En el ámbito electoral el correísmo está disminuido, lo más probable es su derrota en los próximos comicios. La oposición burguesa, sus diversas facciones, no han podido unificarse, ni siquiera articularse, apuestan a pasar a la segunda vuelta electoral y capitalizar el voto de los anti correístas. Desde los movimientos sociales, desde las organizaciones sindicales y populares, desde el movimiento indígena y los partidos y organizaciones de izquierda se trabaja por la conformación de un proyecto político electoral democrático y de izquierda que contando con el núcleo del Colectivo de Organizaciones Populares integre a los sectores democráticos y progresistas, a los patriotas, a las izquierdas, a los revolucionarios. Las perspectivas anuncian la derrota del correísmo y la eventualidad del triunfo de las posiciones democráticas y de izquierda, no es inevitable el triunfo de una de las expresiones de la oposición burguesa que pretenden suceder a Correa.

Algunas conclusiones para el debate

 Cómo podemos ver las circunstancias de la lucha social y política, de las contiendas electorales tienen similitudes de fondo y de forma, pero también tienen diferencias que deben ser tenidas en cuenta. La política de los revolucionarios debe trazarse para las condiciones concretas, para la coyuntura, pero debe también apuntar a los objetivos estratégicos; en estos momentos, a la tarea de acumular fuerzas. Las condiciones políticas, la correlación de fuerzas, la movilidad social están en desarrollo en todos los países de América Latina, de manera principal en aquellos que dirigen los “gobiernos progresistas”.
 1.- Buena parte de los sectores trabajadores y de la juventud que participan en las calles en oposición a los “gobiernos progresistas” se colocan detrás de las banderas de la oposición burguesa, de los partidos políticos tradicionales, de viejas y nuevas figuras de la burguesía que buscan sucederlos en el gobierno, denunciándolos como comunistas, cómo expresiones de izquierda. Es una situación real, concreta, que debe ser tomada en cuenta. Las ideas reaccionarias inciden en la subjetividad de apreciables sectores de los pueblos, generan la confusión ideológica y facilitan el apoyo a las propuestas derechistas. Todo esto debido a que los “gobiernos progresistas” han venido desarrollando un discurso demagógico, cobijado por el “socialismo del siglo XXI”, por las banderas de la “revolución”.
 2.- La profusa campaña propagandística, utilizando los recursos del Estado, respecto de la marcha de la conspiración derechista, de la injerencia del imperialismo norteamericano, de la CIA, el “golpe blando”, la “restauración conservadora”, el retorno al pasado, la eliminación de las conquistas y logros sociales de los pobres, el retorno del neoliberalismo, alimenta la confusión en las fuerzas del movimiento obrero y popular.
 3.- La inconformidad de las masas trabajadoras frente a los regímenes reformistas es una respuesta al autoritarismo y la violación de los derechos humanos, a la criminalización de la lucha social, a la corrupción, al desempleo, a los privilegios; no es de ninguna manera, en la gran mayoría de los casos, una adhesión a las políticas anticomunistas.
 4.- Las limitaciones del movimiento sindical, de las organizaciones y partidos políticos de izquierda para organizar y desarrollar un polo social y político independiente que batalle por los intereses populares y nacionales, que haga frente a los gobiernos reformistas, que los denuncie y combate como expresiones de los patronos y el capital, de la corrupción y la represión; y, simultáneamente deslinde posiciones con los partidos políticos de la burguesía que están en la oposición desde los intereses de clase que representan; son cuestiones a superar de manera urgente.
 5.- Los “progresistas” y los tradicionalistas, los que están en el gobierno y los que están fuera de él, representan los mismos intereses de clase, las prebendas y privilegios de los banqueros y empresarios; son distintas caras de la clase de los capitalistas, diferentes facetas de la dependencia, expresiones de la derecha. Esto quiere decir que la confrontación entre estos sectores de las clases dominantes son una manifestación de las contradicciones inter burguesas.
 6.- Demagógicamente, cada sector de los capitalistas, cada uno de los partidos políticos burgueses proclama la democracia, la libertad, la soberanía nacional, la defensa de los intereses de los trabajadores y los pueblos; se declaran abanderados del progreso social y material del país, proponen el cambio; ese discurso busca ganar la adhesión de las masas trabajadoras en las calles y en las urnas. 7.- En referencia a la crisis económica cada facción propone enfrentarla descargándola sobre las espaldas del pueblo trabajador y la juventud, señalan el ajuste como necesario para recuperar la economía y reemprender la marcha, difieren solamente en la magnitud y en gradualidad del ajuste. No pueden, no lo van hacer, reconocer que buscan preservar el poder o conquistarlo en beneficio de sus intereses de grupo.
 8.- Estas circunstancias obligan a los izquierdistas y revolucionarios, a los comunistas a dejar de lado las tesis incorrectas de que enfrentar a los gobiernos reformistas es hacerle el juego a la derecha, al imperialismo; plantean urgentemente la política de encabezar el descontento, la rabia y la lucha de las masas por sus intereses y derechos; el direccionamiento de esos combates contra los responsables políticos, los gobiernos de turno, sean reformistas o reaccionarios. La política de que es preferible un régimen reformista a un gobierno reaccionario es expresión del oportunismo político.
 9.- Debe tenerse en cuenta que los derechos políticos y sociales alcanzados en la gestión de los “gobiernos progresistas” no son resultado de su naturaleza patriótica y democrática, son la respuesta que estaban obligados a dar para canalizar el apoyo popular, para la construcción de una base social que los apoyó en varios procesos electorales; son consecuencia, esencialmente, de la propia lucha de los trabajadores y los pueblos desarrollada por décadas, de la exigencia de las masas del cumplimiento de las ofertas electorales que les permitieron acceder al voto de la mayor parte del movimiento popular que estaba en las calles; responden a las concepciones ideológicas y políticas reformistas; es decir, no son expresiones de la talla “revolucionaria” de los caudillos de esos procesos, no son fruto del carácter izquierdista de los gobernantes.
 10.- Las tesis de los “gobiernos progresistas”, de los ideólogos y apologistas de esos procesos, autoproclamados de izquierda respecto de que la caída de esos regímenes sería un retroceso histórico, un retorno al pasado neoliberal, el desmantelamiento de las conquistas sociales y democráticas de los trabajadores y los pueblos no tienen asidero, no corresponden a la realidad. En los hechos, buena parte de esos logros han sido y están siendo desmantelados desde los propios gobiernos progresistas: se recortan los derechos de organización huelga, se criminaliza la lucha social, se afectan las pensiones de los jubilados, se proponen de nuevo la flexibilización laboral, se suben las tarifas de transporte, el precio de los combustibles, del agua y de la energía eléctrica, se vuelven a imponer las cuotas de los padres de familia de las escuelas públicas, se elevan los impuestos, etc.
 11.- La dialéctica nos enseña y la vida lo confirma, el desarrollo social, el progreso material no se produce por ciclos, se desarrolla en espiral, esto quiere decir que nunca se vuelve al punto de partida, al pasado que se dejó atrás; y, de otro lado, los trabajadores y los sindicalistas, las formaciones de izquierda y los comunistas seguiremos luchando no sólo para mantener esos logros sino para avanzar, para acrecentarlos, por avanzar en el proceso de acumular fuerzas revolucionarias.
12.- La política del mal menor, de que es preferible un gobierno reformista a una propuesta reaccionaria, conduce a escoger entre los patronos quienes van a dirigir el país en los próximos años, es esencialmente, una propuesta pragmática.
13.- La lucha de los trabajadores, de la juventud contra los proyectos reformistas va a contribuir a su desenmascaramiento, a su desgaste y eventualmente a su caída y, probablemente a su remplazo a través de las elecciones por formaciones políticas derechistas, abiertamente pro imperialistas; que, a pesar de su naturaleza no están en condiciones de anular todos los avances democráticos, están obligados a respetarlos, en buena medida. Sin embargo esa perspectiva no es inevitable si los trabajadores, los pueblos y las izquierdas jugamos oportunamente, con iniciativa y audacia nuestras responsabilidades.
 14.- Cuando afirmamos la justeza de construir un proyecto independiente de los trabajadores y los pueblos, de la izquierda para el enfrentamiento a los gobiernos reformistas afirmamos nuestra adhesión al marxismo leninismo. Señalamos su necesidad y la iniciativa política para desarrollarlos teniendo en cuenta las condiciones concretas.
 Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador Ecuador,
marzo de 2016

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que hace tiempo no da mas es la política traidora, pro imperialista, sectaria y demagógica del "PCEMLE", cabeza de la agrupación hoxha-troskista de Quito, implicado en golpe de Estado fascista contra Correa. Ellos cayeron antes que Lula y Dilma, pero Correa se mantiene muy bien para desesperación de Obama y este partiducho troskista

Anónimo dijo...

¿Web basada en el Estalinismo?

¿Y por qué publican propaganda trotkista, sin siquiera una advertencia?

Anónimo dijo...

Que tonto eres revisionista, si el PCMLE es Stalino-hoxhaista y no esa mierda eclectica que defendes del socialismo venezolano que ya demostro lo que es. escasez,miseria y delincuencia cada vez en mayor grado.

Anónimo dijo...

La pobreza de tus argumentos para defender esa banda reaccionaria del "PCMLE" te hace inventar que defendemos la experiencia chavista que no es socialista. ¿Donde has visto que la defendemos? ¿A que ingenuo pretendes engañar? Pero ahora hablamos de esa secta criminal inventada por la CIA al servicio de la contrarrevolucion como Bandera Roja de Venezuela a cuya mierda de CIOPML perteneció por cierto.

Anónimo dijo...

El Gobierno del Ecuador no solo acudirá al Fondo Monetario Internacional para obtener recursos económicos, también venderá algunas empresas o bancos estatales y abrirá otras para la inversión extranjera. No llamaría la atención si al cabo de algún tiempo el país conoce que estas dos medidas están mutuamente condicionadas; es conocido que el FMI no entrega dinero si no se aplican medidas como las que ahora plantea el Gobierno: privatizadoras.

El pretexto es la necesidad de recursos para hacer frente a las secuelas del terremoto, excusa planteada también para incrementar el IVA del 12% al 14%; el verdadero motivo es la grave crisis que afecta al país que, aún siendo por demás visible la gravedad del asunto, el Gobierno intenta minimizarla. Es que reconocerla implica aceptar que la política económica en su conjunto ha fracasado, y no se debe solamente a la baja en el precio del barril del petróleo. Hace un año, para obtener recursos –así mismo- a través de una política impositiva se fijaron las salvaguardias arancelarias que elevaron el precio de varios productos, y ahora se extiende la medida durante un años más. La “creatividad” del Gobierno no va más allá que castigar con impuestos.

Privatizar las empresas estatales es otra forma de hacer pagar la crisis económica a los trabajadores, pues, son entidades creadas con recursos del Estado, es decir, con la plata del pueblo. Ni de lejos el Gobierno se atreve a plantear medidas que busquen encarar los problemas afectando las chequeras de los poderosos grupos económicos extranjeros y criollos, como lo han planteado varias organizaciones populares, a través de la nacionalización de las telefónicas o el cobro inmediato a los grandes evasores de impuestos.

Ahora el correísmo va por la línea privatizadora, aplicando recetas de un organismo que –en un momento, y con razón- Correa dijo que era causante de la debacle mundial y nacional. Ahora nos quiere hacer creer que el FMI es un gran samaritano y que para reactivar la economía se debe entregar al capital privado las empresas del Estado.

Anónimo dijo...

Ya vemos que no te gusta el "correismo" como tú dices como era de esperar, y porqué no defiendes un poco tu secta hoxhaista-ciática del "PCMLE" golpista y reaccionaria?

Anónimo dijo...

algun argumento y no rebuznos sectarios??