Buscar este blog

04 mayo 2016

Mentiras y calumnias de la historiografía burguesa-revisionista de Mao Zedong y el revisionismo chino sobre Stalin; Equipo de Bitácora (M-L), 2014

(Enlaces de DESCARGA del texto en PDF pinchando en la imagen izquierda)

En esta introducción vamos a dejar claro varias cuestiones:

1) La deriva histórica del revisionismo chino.

Resulta necesario explicar la deriva histórica del revisionismo chino brevemente hasta mediados de los 70 para que el lector pueda entender las declaraciones de Mao Zedong recopiladas en este documento.

Desde su llegada al Partido Comunista de China, Mao Zedong ya había trazado un camino autónomo de teorías revisionistas. Aún así hay que poner de preaviso al lector de que este partido desde sus inicios tuvo unos desarrollos vacilantes y oportunistas, y de hecho jamás llegaría a convertirse en un partido genuinamente bolchevique, no sin razón Stalin decía en 1927 que no existía un verdadero partido comunista en China. La figura de Mao Zedong que lo comandó desde 1935 tampoco ayudó a paliar este hecho, sino que más bien recuperaría las desviaciones de sus predecesores en el cargo del Secretariado General, y de hecho formularía otros conceptos revisionistas nuevos, que tampoco eran tan «nuevos».

Se hizo especial énfasis en el campesinado –como habían hecho otras fracciones del partido anteriormente– como clase revolucionaria y dirigente de la revolución en el país –relegando a la clase obrera a un papel secundario en el proceso–, esto tendría varias consecuencias: llevó a una escasa influencia en los sindicatos obreros y a un abandono casi total de la ciudad bajo teorías de que las «ciudades eran el bastión de la reacción» y que por ello la revolución debía ser a través de que «el campo cercase a las ciudades».

Por otro lado bajo estos lineamientos donde no se confiaba en la clase obrera y su teoría marxista-leninista de partido, se siguió acrecentando la vieja desviación de recurrir al reclutamiento masivo y sin distinción, y a la permisión de múltiples fracciones y luchas de líneas, por lo que por todo esto el partido chino siguió siendo fuertemente criticado por la Komintern, ya que su dirección seguía evidenciando una heterodoxia extrema.

Poco después surgió la teoría de la «nueva democracia» teorizada por Mao Zedong: dónde se apostaba por la unión con la burguesía nacional a toda costa –tanto en el periodo de lucha contra el imperialismo japonés como después para la construcción del socialismo–, se consideraba a la burguesía nacional china como parte del «pueblo» y se pedía en los programas del partido que se le estimulara económicamente por no haberse podido desarrollar por culpa del imperialismo extranjero, presentándose esta propiedad privada nacional como beneficiosa para el pueblo chino, además se le reservaba a las clases explotadoras nacionales su cuota de poder política y el respeto a sus asociaciones. Desde 1935 a 1949 que el Partido Comunista de China toma el poder, los esquemas del partido serían la estimulación de las clases explotadoras tanto de la cuidad como del campo en los territorios liberados por el partido, algo que tampoco cambiaria una vez tomado el poder. Advertía que la entre la etapa antiimperialista-antifeudal, y la etapa socialista mediaría muchísimo tiempo, intentando establecer una «muralla china» entre ellas. Esto sin duda era una reminiscencia de los esquemas de la II Internacional que expresaba que en un país atrasado, sin un libre y amplio desarrollo del capitalismo, no se podía transitar al socialismo y se temía que la revolución en la etapa antiimperialista- antifeudal pereciera si la burguesía nacional se asustaba, a esto se le debe sumar la demanda de los revisionistas chinos de inversiones de capital extranjero –sobre todo de capital estadounidense– como único medio posible para levantar la industria china. Todo esto quedó tipificado en el informe original de Mao Zedong presentado al VIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1945 llamado: «La lucha por una nueva China» –que fue reeditado para sus Obras Escogidas llamándose ahora: «Sobre el gobierno de coalición» y eliminando estas tesis–. En realidad estas eran unas ideas políticas muy viejas contra las que Lenin combatió en muchos de sus documentos, tesis de la II Internacional contra las cuales la Komintern también lucharía. Durante la Segunda Guerra Mundial Mao Zedong se destacaría por errores de derecha e izquierda: como querer reservar sus tropas y no luchar ante los japonés esperando al fin de la contienda para tomar el poder frente al Kuomintang, tendencia a romper el frente antijaponés en luchas estériles, confiar en jefes nacionalistas que traicionarían la causa, promover la idea de que Estados Unidos no deseaba la guerra civil en China ni apoyar al Kuomintang o firmar pactos ultrajante con el Kuomintang que cedían territorio y desarmaban al ejército del partido como las negociaciones de Chungching o también llamado Acuerdo del 10 de octubre de 1945, un pacto similar y que trajo las mismas consecuencias negativas que para los comunistas griegos el Pacto de Varkiza de ese mismo año: dar alas a la reacción y el comienzo de una guerra civil. Por muchas de estas acciones fue criticado de nuevo por la Komintern hasta su disolución de 1943.

En ese mismo VIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1945 se adelantó una tesis internacional muy curiosa: tras el colapso del Eje en la Segunda Guerra Mundial el Partido Comunista de China empezaría a cuadrar teorías como la de que la resolución de los problemas internacionales en adelante se haría mediante conferencias entre grandes potencias –donde incluían a China– que supondría según ellos un nuevo esquema internacional que pasaría a garantizar el fin de las guerras y conflictos entre países socialistas y capitalistas. Y si analizamos en profundidad el informe original de Mao Zedong al VIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1945, podemos apreciar la repetición de las tesis browderistas y titoistas, y algunas anticipaciones de lo que Nikita Jruschov establecería como política oficial once años después; fue también en este congreso en el que dejó de regir oficialmente el marxismo-leninismo –en los estatutos del partido–, siendo suplantado por el denominado «Pensamiento Mao Zedong». También es en esta época en que se crea la teoría de las «zonas intermedias», teoría predecesora de la teoría de los «tres mundos» que rompe con el esquema marxista-leninista de la existencia de dos mundos, el de los países socialistas y el de los países capitalistas, siendo una teoría imperialista con miras a que China domine el mundo.

A consecuencia del paralelismo en las ideas, quién se pasaría años antes, durante y después de su expulsión del Partido Comunista de los Estados Unidos escribiendo libros sobre la genialidad de Mao Zedong en su lucha contra el «dogmatismo soviético» sería Earl Browder. Cuando se denunció internacionalmente el revisionismo de Earl Browder en 1945, el Partido Comunista de China y Mao Zedong, simplemente se sumaron a la corriente de denuncia, al igual que hicieron convenientemente muchos otros partidos y figuras que luego también se destaparían abiertamente como oportunistas, que no les importaba para nada la lucha contra el revisionismo –finalmente también el revisionismo chino dejaría de denunciar el browderismo–. Durante la Iº Conferencia de la Kominform de 1947, se criticarían muchos de los conceptos de Togliatti y Thorez, quienes habían promovido ciertas teorías browderistas o parecidas como eran: igualar el papel de Gran Bretaña o Estados Unidos al de la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial y olvidar el carácter de clase de cada uno, pretender que la reconstrucción económica de los países liberados del fascismo tras la guerra dependiese no de las propias fuerzas de estos países sino de los créditos estadounidense, etc. El Partido Comunista de China no participó en la Kominform, pero se percató que no se iba a permitir la difusión de este tipo de teorías en el campo socialista y se cubrió de no publicar al exterior este tipo de teorías que ellos tanto procesaban.

A la llegada de la lucha contra el revisionismo yugoslavo de Tito en la IIº Conferencia de la Kominform en 1948, donde también se criticarían muchas de las desviaciones que los chinos habían cometido o estaban cometiendo como eran: las desviaciones nacionalistas protegiendo a las clases explotadoras nacionales y la creencia de la posibilidad de un «tránsito pacífico al socialismo», la falta de democracia interna y los métodos militares y burocráticos, permitir que el partido viva en un estado vegetativo sin celebrar sus plenos y congresos, tomar al campesinado como clase dirigente del país, y un largo etc. El Partido Comunista de China volvería a sumarse a la ola de denunciar lo evidente para no levantar sospechas, aunque como veremos en el documento, según la visión de Mao Zedong, sólo hizo esto a condición de tranquilizar a Stalin y al resto de comunistas que sospechaban de que escondía su verdadero cariz. En la IIIº Conferencia de la Kominform de 1949 no se dio tregua a la lucha contra las desviaciones y se denunciarían revisionismos como el gomułkismo en Polonia que abogaba por desviaciones similares a las del titoismo.

Hasta 1950 la dirigencia china intentaría lograr su sueño de conseguir una gran inversión de capital estadounidense y el restablecimiento comercial y diplomático con los países imperialistas occidentales, pero obstáculos como la época del macarthismo, la denuncia de los distintos revisionismos en el campo socialista y la propia situación internacional con la Guerra de Corea, impidieron realizar este sueño temporalmente –que se retomarían a inicios de los años 70–. Estos pensamientos de los revisionistas chinos, si bien eran presentadas de forma encubierta –quizás por ver lo que ya le había ocurrido al revisionismo estadounidense, francés, italiano, yugoslavo, polaco y otros, al exponerse precipitadamente– no dejaron de tener su gran peso en el partido. Además, ya por aquel entonces, como decíamos, Earl Browder –expulsado por su desviacionismo de su partido– y muchos otros diplomáticos y periodistas extranjeros como John Service o Edgar Snow advertirían al mundo en los años 40, de las «ventajas» que Estado Unidos y otros países capitalistas podían obtener de acercarse a este tipo de «comunistas no dogmáticos».

A la muerte de Iósif Stalin en 1953, el revisionismo chino cerraría una gran amistad con el revisionismo soviético y yugoslavo debido a las tesis antistalinistas del XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética de 1956 que eliminaba los pilares que impedían potenciar y oficializar las teorías propias de los revisionistas chinos, eso incluía hacer una crítica, ahora abierta, de la política de Stalin y de la Komintern respecto a China. Las políticas revisionistas al interior se hicieron notar de modo mucho mayor a partir de entonces entre las que destacan: creer que «la burguesía nacional es parte del pueblo y tratarla acorde a los métodos de las contradicciones no antagónicas en el seno del pueblo», la teoría en la cultura de las «cien flores y cien escuelas de pensamiento», el «multipartidismo en el socialismo», «tomar el campo como eje de la economía», «mayor descentralización y uso de la ley del valor», la tesis sobre que el capitalismo de Estado de las empresas mixtas es una propiedad de tipo «socialista», la tendencia a la infravaloración del partido, agrandar la figura del líder y la no celebración de sus plenos y congresos, o la «famosa teoría de los tres mundos». Como vemos son desviaciones que ya arrastraban de etapas anteriores, y muchas de ellas copias de otros revisionismos ya denunciados en el campo socialista en años anteriores. Es por tanto normal que para el establecimiento paulatino en los años anteriores a 1953 de estas teorías, como para el establecimiento oficial de estas teorías a partir de 1953, Mao Zedong y sus consortes tuvieran que luchar tanto en privado como en público contra la teoría marxista-leninista que en esos años se veía representada en Stalin, no podía ser otra forma, no se podía establecer estas teorías sin romper con el legado de Stalin.

No es casualidad que mientras el revisionismo chino en el exterior se aliaba y rehabilitaba a los revisionismos que le ayudaban, en la política interior ajustaba cuentas a los marxistas-leninistas: en 1954 se purgaría a Kao Kang, a nuestro juicio el único resorte marxista-leninista visible dentro del Partido Comunista de China, que calificó las políticas de Mao Zedong como «bujarinistas», y a quién el propio Mao Zedong, y otras muchas fuentes, declararían que era sin duda el hombre de confianza de Stalin dentro del partido chino. Ya sin careta alguna los chinos establecieron como oficiales estas teorías socialdemócratas, anarco-sindicalistas, bujarinistas, titoistas, browderistas, jruschovistas, etc. que las presentaban como mérito de Mao Zedong; aunque como denunciaría Kao Kang, Mao Zedong ni siquiera tenía el mérito de haberlas creado.

Como expresábamos, para entonces, el revisionismo chino se reconcilió con todo tipo de revisionismo quedando todos los problemas en que era culpa de «Stalin y la Kominform», Mao Zedong, una vez más, siguió los pasos de Nikita Jruschov en el tema yugoslavo reconciliándose con el titoismo. También, haciendo caso a Tito y Jruschov, empezó a hablar bien y dar la bienvenida a los nuevos cuadros como János Kádar, o Władysław Gomułka que relevaban a los viejos «stalinistas» en los diferentes partidos. Mao Zedong, sin duda, estaba poniéndole difícil la competición a Jruschov en cuanto a ver quién se coronaba como nuevo rey del mundo revisionista. Mao Zedong trasladó su odio a Stalin y el desprecio por sus obras y apoyó la nueva línea de Nikita Jruschov y la línea del XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética de 1956, esto incluía un apoyo formal y público a la purga y golpe de Estado de Jruschov y consortes contra los marxista-leninistas agrupados en torno a Mólotov durante 1957, quienes reaccionando tarde, habían destituido a Jruschov, hasta que éste retomo su cargo por la fuerza. Pero la pugna por ver quién se hacía con el liderazgo del mundo revisionista hizo surgir pronto las divergencias. Si bien a veces se oponía al revisionismo soviético de Jruschov por cuestiones nacionalistas como disputas territoriales o cuestiones armamento, otras veces, cuando los marxista-leninistas albaneses criticaban a los revisionistas soviéticos por razones de principio, los chinos intentaban aminorar la polémica en nombre de la «unidad». Ejemplo reseñable es que a la caída de Nikita Jruschov en 1964 y el advenimiento de Leonid Brézhnev, los revisionistas chinos intentaran reconciliarse una vez más con el revisionismo soviético, cuando era sabido que no eran sino la cara de la misma moneda.

Los revisionistas chinos viendo que no podían dominar el campo revisionista bien atado por los revisionistas soviéticos, viraron de estrategia a mediados de los años 60 e inicios de los 70 intentando aliarse con cualquiera que tuviera diferencias con los revisionistas soviéticos, para ello se acercó al revisionismo yugoslavo y a otros revisionismos de entonces –como el revisionismo eurocomunista, el revisionismo rumano o el revisionismo polaco–, y los utilizaba para luchar contra el revisionismo soviético aprovechando las conocidas riñas entre los revisionismos. Esta alianza de los chinos no sólo era obvia y profundamente antimarxista, sino que además la complementaba con una alianza con el imperialismo estadounidense y todos sus regímenes, a los que apoyaba en la palestra internacional: fuera Israel, España, Congo, Chile, Pakistán, etc. No les importaba tampoco dar soporte a cualquier revisionista con divergencias con el revisionismo soviético fuera Nicolae Ceaușescu o Santiago Carrillo. Tampoco les importaba que esa ayuda incluso fuera en detrimento de movimientos revolucionarios en sus respectivos países. Todo les valía para validar la presunta «lucha antirevisionista» que decían llevar contra el revisionismo soviético de Jruschov y luego de Brézhnev, y fue en base a esa pretendida «lucha antirevisionista» que los revisionistas chinos expandieron su influencia en el panorama mundial, pero el descaro de su apoyo a regímenes reaccionarios proestadounidenses, el apoyo a cualquier partido revisionista con diferencias con los revisionistas soviéticos, la crítica a los revisionistas soviéticos desde posiciones chovinistas y antimarxistas y su desprecio por los movimientos revolucionarios antiimperialistas de cada país, pronto quitaron la máscara a este revisionismo, aunque cuando esto sucedió, cuando tal fraude se desmontó, el maoísmo ya había conseguido influenciar enormemente a distintos movimientos, sobre todo de liberación nacional y sobre todo a los que operaban en Asia. Esto era normal debido a su contenido altamente ecléctico y su teoría pequeño burguesa y tercermundista. Así sucedió que muchos revisionismos como el camboyano, el vietnamita, el nepalí o el coreano se fijaron en este particular revisionismo para armar su músculo teórico sobre todo en sus inicios. Y si bien son hijos del revisionismo maoísta, conviene estudiar sus casos por separado, porque cada uno guarda especial sorpresa. Poco a poco el revisionismo chino convirtió a China en un país socialimperialista con la ayuda del imperialismo estadounidense y actuó no solo de bombero de la revolución a nivel regional sino a escala mundial, los herederos de Mao Zedong siguen utilizando su músculo teórico para justificar su régimen actual.

En los desarrollos de 1935 a 1976 el caos ideológico en el Partido Comunista de China puede verse reflejado en la lucha entre facciones dentro del partido, algo típicamente socialdemócrata. Esta lucha de facciones, en las cuales Mao Zedong se elevaba por encima de las fracciones y siempre apoyaba a una corriente por un tiempo para luego apoyar a otra y condenar la anterior, puede verse en la línea de su partido y en sus máximos gerifaltes: unos días Liu Shao-chi era oficialmente el sucesor de Mao Zedong, otro día Lin Piao, otro día era Deng Xiaoping, otro día era Hua Kuo-feng, etc., e incluso a veces se permitían el lujo antimarxista de oficializar en los estatutos del partido esta sucesión, como hacían los revisionistas yugoslavos con la famosa presidencia «vitalicia» de Tito.

Como observamos, la posición de Mao y el revisionismo chino no ha sido firme en ninguna cuestión de peso, algo muy clásico en todos los oportunismos, pues no es sino la táctica oportunista de cambiar de posición según convenga:
«Trotski jamás ha tenido una opinión firme en un solo problema serio del marxismo, siempre «se ha metido por la rendija» de tales o cuales divergencias, pasándose de un bando a otro». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)

Así era –y es– el revisionismo chino de ecléctico e inestable, y sobre todo Mao Zedong cuya política era como la de Trotski: la política de un malabarista político, de un oportunista: «hoy que vive Stalin, hablo bien de Stalin e incluso cito alguna obra suya, mañana a su muerte digo que no me llevaba bien con él ni me gustaban sus obras; condeno en los 40 a Tito, en los 50 alabo a Tito, mañana en los 60 le llamo agente del imperialismo, y en los 70 me reconcilio con él. Hoy proclamo que los Estados Unidos son el mayor enemigo de la humanidad jamás conocido, mañana digo que es un imperio en decadencia que sólo desea el status quo, y que necesitamos de su alianza para combatir al socialimperialismo soviético la única superpotencia peligrosa para los pueblos y la mayor amenaza que jamás ha conocido la humanidad, ergo puedo aliarme con los Estados Unidos y sus aliados para combatir a los revisionistas soviéticos, por lo que no tengo vergüenza en reconocer al régimen de Franco, y pedir que se fortalezca la Comunidad Económica Europea metiendo a España para que no caiga en la órbita del revisionismo soviético, o dar créditos al fascismo de Pinochet en Chile. Un día proclamo que Stalin es el mejor amigo de China, que sin la ayuda de la Unión Soviética no podía haber sido posible la revolución china, otro día digo que es un chovinista en el trato hacia nosotros, que nos dio malos consejos sobre la revolución china e incluso que nos prohibió hacer la revolución». El maoísmo cuando más se desarrollaba más se desmontaba así mismo, pues su desarrollo suponía ir perdiendo credibilidad debido a que se desgarraba en su camino oportunidad entre sus propias contradicciones.

2) La dificultad de la localización de los textos del revisionismo chino y sus distintas versiones.

Téngase en cuenta que los revisionistas chinos sólo publicaron en 1951 las obras de Mao Zedong en vida hasta el tomo IV, que cubre sus obras de 1926 hasta 1949. Pero las citas que a continuación citaremos en este documento corresponden al tomo V, publicado en 1977, que cubre el periodo de 1949 a 1957, este tomo fue publicado bajo mandato de Deng Xiaoping y Hua Kuo-feng, aunque por ciertas recopilaciones ya se conocían partes de estas obras. No es casualidad que esta dupla, Deng-Hua, publicara en 1977 el V volumen de las Obras Escogidas de Mao Zedong; pues lo hicieron a sabiendas de que su contenido les era altamente beneficioso en cuanto a justificar sus derivas presentes y futuras:

«El V volumen de las Obras Escogidas de Mao Zedong es un registro victorioso y una recapitulación científica de las grandes luchas llevadas en todos los campos por nuestro partido bajo el liderazgo del Presidente Mao Zedong en los ocho primeros años después de la fundación de la República Popular de China. (...) En 1969 el Presidente Mao Zedong delegó en los camaradas Chou En-lai y Kang Sheng para realizar la compilación del V volumen de sus Obras Escogidas». (Hua Kuo-feng; Continuar la revolución bajo la dictadura del proletariado hasta el final; un estudio del V volumen de las «Obras Escogidas» de Mao Zedong, 6 de mayo, 1977)

El resto de citas recogidas de nuestro documento han sido extraídas de documentos no oficiales publicados tanto durante vida de Mao como a su muerte, algunos dentro de China otros fuera de ella. Esto quiere decir, que: (1) muchas de las obras son las mismas que luego vendrían en su Tomo V de Obras Escogidas, sólo que las que aquí publicamos son las originales, muchas de ellas publicadas en Occidente y sin los «retoques» que se les harían en 1977; (2) otras veces fueron las mismas obras que aparecerían en su Tomo V de las Obras Escogidas publicado en 1977 pero en su versión publicada en los 60 en China durante la época de la «revolución cultural»; (3) otras forman parte de las desclasificaciones recientes del gobierno chino, estadounidense, etc., de hecho cada día se pueden ver en internet más recopilaciones de escritos de Mao Zedong que cubren el periodo de sus años más «jruschovistas», en ellas se pueden observar declaraciones que nos dejan perplejos por el abierto lenguaje antistalinista que utiliza.

3) El ocultamiento premeditado de muchos de los documentos del revisionismo chino.

Es arduamente conocido que el revisionismo chino tiende a manipular sus obras para cubrir sus vergüenzas. Uno de los casos más conocidos es el informe al VIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1945 de Mao Zedong, llamado: «La lucha por la nueva China», con posterioridad reeditado y censurado en sus partes más browderistas con motivo de su inclusión en el tomo IV de Obras Escogidas, en que fue titulado: «Sobre el gobierno de coalición». Otro punto sería la obra «Resoluciones sobre algunas cuestiones de la historia del partido»:

«La dirección del Partido Comunista de China y Mao Zedong en particular también adoptó una actitud desdeñosa y denigrante hacia la Komintern y su política, sobre todo sobre la cuestión nacional y colonial. Hasta la muerte de Iósif Stalin, el Partido Comunista de China, Mao Zedong y el resto de sus partidarios, por razones de oportunismo político, no se habían pronunciado públicamente en contra la Komintern y contra Stalin, sino, en los escritos de Mao Zedong en las diversas decisiones del Partido Comunista de China anteriores a la muerte de Stalin; o bien la Komintern era completamente ignorada o bien indirectamente se achacaban todas las derrotadas de la revolución china a la Komintern. Un documento típico en este sentido es la obra titulada: «Resoluciones sobre algunas cuestiones de la historia del partido» de 20 de abril de 1945, correspondiente a la VIIº Sesión Ampliada del Comité Central del Partido Comunista de China tras su VIº Congreso de 1945. En el espíritu del Pensamiento Mao Zedong, esta obra ofrece una visión en conjunto sobre el desarrollo general de la revolución china, sobre la historia del Partido Comunista de China, en particular en los años que siguieron tras la derrota de la revolución en 1925-1927, hasta la usurpación de la dirección del Partido Comunista de China por Mao Zedong y su grupo en 1935. Aunque no se pronuncia allí abiertamente contra la Komintern y Iósif Stalin, esta obra comprende una crítica indirecta contra ellos y los acusa de ser responsables de todas las derrotas de la revolución china. Mao Zedong y su camarilla calificaron la línea de la Komintern de dogmática, y las orientaciones marxista-leninistas de la Komintern de «clichés extranjeros». (Shyqri Ballvora; La importancia histórica de la Komintern en la denuncia y exposición de los revisionistas y su papel y lugar en la historia, 1984)

Este tipo de cambios, censura y reediciones en sus obras fue algo reconocido por los revisionistas chinos en la introducción de las Obras Escogidas de Mao Zedong:

«El autor ha revisado todos los artículos, ha hecho algunos cambios de lenguaje y, en casos aislados, adiciones y modificaciones al texto». (Preámbulo a las Obras Escogidas de Mao Zedong)

Pero por supuesto esto no dudaría, esta pose de fidelidad a Stalin, al marxismo-leninismo, dejando las críticas en formas indirectas o en pequeños círculos, duraría solo hasta la muerte del líder soviético:

«La dirección china repitió abiertamente y sin ningún temor después de la muerte de Iósif Stalin las críticas que había formulado en un lenguaje enmascarado e indirecto contra la Komintern y Stalin antes de 1953. Pronunciándose sobre todo contra Stalin, Mao Zedong y su grupo pretendían no sólo rebajar la obra de Iósif Stalin y legitimar la afirmación del Pensamiento Mao Zedong, sino también realzar artificialmente la autoridad de Mao Zedong como un dirigente de estatura mundial, que jamás habría cometido errores y que siempre habría tenido razón». (Shyqri Ballvora; La importancia histórica de la Komintern en la denuncia y exposición de los revisionistas y su papel y lugar en la historia, 1984)

Este ocultamiento apropósito de los sentimientos de Mao hacía Stalin lo comprobaremos en la presente obra con los testimonios escrito del líder revisionista chino a la muerte de Stalin.

4) Las suspicacias de Stalin sobre la naturaleza de Mao.

No es casualidad por tanto, que los marxista-leninistas soviéticos, y en especial Stalin, tuvieran, como el propio Mao Zedong confesara innumerables veces, la sospecha de que Mao Zedong no era más que un farsante antimarxista.

Stalin estuvo preocupado también por algunas actitudes que detectó en Mao:

a) Una de ellas era el seguidismo, lo que era una clara muestra de oportunismo político. Contestando a la directiva de Mao Zedong al Partido Comunista de China del 4 de julio de 1949 donde se sometían sin reservas a todo lo que dispusiese el Partido Comunista de la Unión Soviética, Stalin dijo reprendiendo a los líderes chinos:

«La delegación china declara que el Partido Comunista de China se someterá a las decisiones del Partido Comunista de la Unión Soviética. Para nosotros, esto nos parece extraño. El partido de un Estado sometiéndose al partido de otro Estado. Ello nunca ha sucedido y es impermisible. Es cierto, que ambos partidos deben someterse primero ante sus respectivos pueblos, y que a partir de esto deben consultar el uno con el otro sobre ciertas cuestiones, ayudarse el uno al otro, y en la dificultad unirse ambos. Entonces la reunión del Politburó con sus participantes sirve como una de las formas de asociación entre nuestros partidos. Y esto tiene que ser así.

Estamos muy agradecidos por tal honor, pero algunas ideas no son aceptables y queremos señalarlas. Esto es un consejo de amigo. Esto es así solo en palabras sino en hechos también. Podemos darles consejos, pero no podemos dar órdenes ya que estamos insuficientemente informados acerca de la situación en China, ni siquiera podemos compararnos con ustedes en el conocimiento de todos los matices de la situación, pero, sobre todo, no podemos dar órdenes porque los asuntos de China, deben resolverse totalmente por parte de ustedes. No podemos resolverlos por ustedes.

Ustedes tienen que entender la importancia de su posición y que la misión que han tomado sobre sus espaldas tiene un significado sin igual en la historia. Y esto no pretende ser un cumplido. Esto solo sirve para demostrar lo grande que es su responsabilidad y la importancia histórica de su misión.

El intercambio de opiniones entre nuestros dos partidos es esencial, pero a nuestro juicio no debe ser interpretado como órdenes. Los partidos comunistas de otros países pueden rechazar nuestras sugerencias. También nosotros podemos rechazar las sugerencias de los partidos comunistas de otros países». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Obras Completas, Tomo 18; De la conversación con la delegación del Comité Central del Partido Comunista de China en Moscú, 11 de julio 1949)

Esta cita de Stalin rompe con el mito que años después Mao promovería sobre: 1) Que Stalin había impuesto en los partidos comunistas de todo el mundo un cuadro general en el cual la base era satisfacer las opiniones chovinistas de Stalin, no albergando independencia alguna los distintos partidos comunistas de la línea «stalinista» de Moscú, y causando un descontento en los mismos partidos y países por tal régimen y; 2) Que Stalin no dejaba expresarse a los miembros de los partidos comunistas, y que sus representantes en su presencia solo debían limitarse escuchar los designios y deseos del «gran tirano», a diferencia de la «era Jruschov» donde todos discutían libremente en paz y armonía –nótese el extremo oportunismo y la ironía de la tesis–:

b) Otra de las causas de suspicacia de Stalin sobre Mao era el excesivo énfasis respecto a las particularidades nacionales, olvidando las leyes generales de la construcción del socialismo:

«Usted habla de «chinificación del socialismo». No existe de esa naturaleza. No existe el socialismo inglés, francés, alemán, italiano, ruso, como no existe el socialismo chino. Otra cosa es, que en la construcción del socialismo, es necesario tener en cuenta las características específicas de un determinado país. El socialismo es una ciencia, y necesariamente tiene como toda ciencia, ciertas leyes generales, y uno solo necesita ignorar tales leyes para que la construcción del socialismo esté destinada al fracaso.

¿Cuáles son las leyes generales de la construcción del socialismo?

1) Ante todo es la dictadura proletaria del Estado de los obreros y campesinos, una forma particular de la unión de estas clases bajo la dirección obligatoria de la clase más revolucionaria de la historia, la clase del proletariado. Solo esta clase es capaz de construir el socialismo y suprimir resistencia de los explotadores y la pequeña burguesía.

2) Propiedad socializada de los principales instrumentos y medios de producción. Expropiación de todas las grandes fábricas y su gestión por el Estado.

3) Nacionalización de todos los bancos capitalistas, la fusión de todos ellos en un único banco estatal y la regulación estricta de su funcionamiento por el Estado.

4) La conducta científica y planificada de la economía nacional desde un único centro. Uso obligatorio del siguiente principio en la construcción del socialismo: de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo, distribución del buen material dependiendo de la calidad y de la cantidad de trabajo de cada persona.

5) Dominación obligatoria de la ideología marxista-leninista.

6) Creación de las fuerzas armadas que permitan la defensa de los logros de la revolución y siempre recordar que cualquier revolución no vale nada sino es capaz de defenderse a sí misma.

7) Represión de contrarrevolucionarios y agentes extranjeros.

Estas, resumidamente, son las principales leyes del socialismo como ciencia, lo que requiere que nos relacionemos frente a ellos tratándolas como tales. Si usted entiende todo esto con la construcción del socialismo en China la cosa irá bien. Si usted no lo entiende va a hacer mucho daño al movimiento comunista internacional. Por lo que yo sé, en el Partido Comunista de China hay una capa delgada de proletarios y los sentimientos nacionalistas son muy fuertes y si no llevan a cabo estas políticas de clase genuinamente marxista-leninistas y no llevan a cabo la lucha contra el nacionalismo burgués, los nacionalistas los estrangularan. Entonces no solo se dará por terminada la construcción socialista, sino que China puede que se convierta en un peligroso juguete en manos de los imperialistas estadounidenses». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Obras Completas, Tomo 18, Anotaciones en la obra «De la conversación con la delegación del Comité Central del PCCh en Moscú el 11 de julio 1949», conversación entre Stalin y Mao Zedong, 1949)

Como era normal pues:

«Stalin no consideró a Mao Zedong como un verdadero marxista y siempre sospechó que la revolución china podría mutar «en otra cosa», o sea en algo antimarxista y antisoviético». (Sergeĭ Nikolaevich Goncharov; Socios inciertos: Stalin, Mao Zedong y la guerra de Corea, 1993)

Otro ejemplo de otra fuente sobre esta desconfianza de Stalin sobre Mao Zedong:

«Stalin también alegó tener dudas sobre en qué medida los chinos eran realmente comunistas. Se refirió a ellos como «rábanos comunistas»; rojos por fuera pero blancos por dentro». (Alvin Z. Rubinstein; La política exterior soviética desde la Segunda Guerra Mundial, 1985)

Con razón el propio Earl Browder declararía, que las únicas figuras que habían logrado distanciarse con éxito de la ortodoxia del marxismo-leninismo –que él como buen anticomunista llamaba «influencia de Moscú»–, eran Tito y Mao Zedong:

«Yo sabía que no podía mantener ese liderazgo en la lucha abierta contra la influencia de Moscú. Sólo dos líderes comunistas de la historia han logrado hacer esto: Tito y Mao Zedong». (Earl Browder; ¿Cómo Stalin arruinó el Partido Comunista de los Estados Unidos?: Entrevista en Harper's Magazine, 1960)

5) El contenido de las críticas del revisionismo chino sobre Stalin.

Como veremos Mao y el resto de revisionistas chinos insisten en los «errores de Stalin» pero en ningún caso llega a poner ejemplo concretos de esos errores, que corresponde a una vieja estrategia revisionista que trata de ir minando la imagen de una figura con el fin de sustituirla en breve. Y cuando rara vez Mao se atreve a señalar el error concreto, alguien versado en el marxismo-leninismo o incluso simplemente con conocimientos sobre la historia de la Unión Soviética puede refutar tales acusaciones sin mucho esfuerzo.

Esta recopilación de citas en este documento viene pues a demostrar –lo ya demostrado en otros documentos– que Mao Zedong jamás ha sido un defensor de la obra de Stalin, al menos no más que otras figuras revisionistas que se han valido de ciertas figuras marxista-leninistas para ganarse automáticamente apoyos en momentos históricos determinados. En el caso específico de Mao Zedong intentaba persuadir a los seguidores de que era un fiel discípulo de Stalin, y después de su muerte seguía alegando que él «reivindicaba» a esta figura mientras no dejaba de «rectificar» sus «errores» y se declaraba por encima de él, una táctica revisionista muy desgastada para denigrar a figuras marxista-leninistas e imponerse sobre ellas.

6) Refutando algunas de las críticas de Mao sobre Stalin en las que pueda dudar el lector.

Volviendo al contenido del documento. Con las siguientes citas y críticas de Mao Zedong sobre Stalin del documento repasaremos las que más dudas puedan causar al lector, pero desde luego no merecen ser refutadas una a una, ya que son clichés de la historiografía burguesa-revisionista, no solo sacados del arsenal usado por Nikita Jruschov en su XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética de 1956, sino por todo tipo de enemigos del socialismo:

a) Las acusaciones sobre Stalin, sus errores según Mao Zedong y Nikita Jruschov: era que, entre otras «lindeces», era un tirano que mandaba a arrestar y matar a la gente si le llevaban la contraria, no preparó bien la guerra contra Alemania, mantenía al pueblo en la miseria por su manía de desarrollar desproporcionadamente la industria, mantenía tendencias chovinistas hacía otros países y partidos, daba malos consejos internacionales, causaba malestar entre los otros pueblos, violaba el centralismo democrático, la legalidad socialista, etc. Acusaciones sin más fundamento que su palabra, mera propaganda vaya. Otras directamente son invenciones al más puro estilo trotskista como que Stalin ¡jamás trató las contradicciones en la sociedad socialista o que en 1936 oficializó «la abolición de las clases» y dio por «suspendida la lucha de clases»! Este pérfido método de distorsión de la imagen es muy viejo en política:

«¡Trotski obsequioso, enemigo peligroso! En ninguna parte, si no es en «conversaciones particulares» –es decir, sencillamente en chismes, de los que siempre vive Trotski–, ha podido encontrar pruebas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)

¿Qué cabe comentar del mito de que Stalin «prohibió» hacer la revolución a los comunistas chinos? Se amplía el paralelismo con las calumnias titoistas y trotskistas sobre China. ¿Si hiciéramos caso hasta el último chisme, invención y descripción de Mao Zedong o Nikita Jruschov sobre Stalin; qué presunto defensor del marxismo-leninismo podría defender a una figura como Stalin? Pero sobre todo debemos reflexionar. ¿Qué presunto «stalinista» hablaría así del propio Stalin sino un pseudostalinista como Nikita Jruschov, Tito o Gheorghiu-Dej?

b) Las que no son acusaciones, las que pretenden ser una corrección de la teoría marxista de Stalin, Mao Zedong demuestra que patina en su obra revisionista y se muestra al mundo como un oportunista que se viste de comunista: vender los medios de producción a las colectividades, aplicar la ley del valor para pasar al comunismo, tratar a la burguesía nacional como «pueblo», bajo las contradicciones no antagónicas del pueblo y tratarla mediante métodos pacíficos, promover el «multipartidismo en el socialismo», usar el conocido método crítica por Stalin en su polémica contra los comunistas polacos de los años 20 del «método suave» contra los oportunistas en el partido, que les permitía residir en el partido y mantener sus cargos, etc.

c) En general, los juicios de Mao, y del resto de revisionistas chinos, sobre Stalin, hablan de Stalin como un mal constructor del socialismo, se puede afirmar que sólo un fanático maoísta sin instrucción ideológica que se nutre de misticismos rancios como el «Libro rojo de Mao Zedong» puede creer tal cantidad de necedades. Pero quién haya leído las obras oficiales y no oficiales de Stalin se mofara sin duda de tales afirmaciones. Obras de Stalin como: «En torno a las cuestiones agrarias en la Unión Soviética» (1928), «Sobre la desviación derechista en el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética» (1929), «Informe al XVIIº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética» (1934), «Sobre el proyecto de constitución de la Unión Soviética» (1936), «Entrevista al camarada Stalin por Roy Howard» (1936), «Por una formación bolchevique; informe al Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética» (1937), «Materialismo dialéctico y materialismo histórico» (1938), «Informe al XVIIIº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética» (1939), «Problemas económicos del socialismo en la Unión Soviética» (1952), «El marxismo y los problemas de la lingüística» (1952), y un largo etc. son la síntesis marxista-leninista sobre las leyes de la construcción socialista, las características de la sociedad socialista, y la preparación del terreno para el tránsito a la sociedad comunista.

d) Por último, como en toda la historia del revisionismo de Mao Zedong, encontramos contradicciones inherentes a su pobre pensamiento: unas veces se acusa a Stalin de olvidarse de la lucha de clases en el socialismo desde 1936 y pecar de derechista, otras de haberse propasado en la lucha de clases desde 1936, acusándolo de agravar las contradicciones como un izquierdista. Tonterías varias del autor dónde no se pone de acuerdo ni con sus propias quejas. Hasta las acusaciones más banales son estúpidas, y la forma en que se decoran son tan torpes que ni el más bobo las podría creer, por ejemplo que: «Stalin decía que ya no tenía validez su ciencia militar y no había para que leer los trabajos de Clausewitz». Este tipo de presentaciones de Stalin como un subjetivista que arrastra a los demás a evitar evaluar la ciencia militar, no sólo rebaja la evaluación de su figura hasta un nivel de calumnia y crítica amarillista, sino que deja en evidencia que no se puede tomar en serio las críticas de Mao Zedong a Stalin. ¿Y cuál era la posición real de Stalin al respecto?:

«¿Debemos nosotros criticar esencialmente la doctrina militar de Clausewitz? Sí, debemos. Nosotros estamos obligados desde el punto de vista de los intereses de nuestra causa y desde el punto de vista de la ciencia militar de nuestro tiempo, a hacer la crítica no solo de Clausewitz, sino también de Moltke, Schlieffen, Ludendorff, Keitel y otros representantes de la ideología militar en Alemania. En los últimos treinta años, Alemania impuso al mundo por dos veces una guerra sangrienta y ambas veces resulto vencida. ¿Es esto casual? Naturalmente, no lo es. ¿No significa esto que no sólo Alemania en su conjunto, sino también su ideología militar no resistió la prueba? En lo que se refiere en particular a Clausewitz, él, claro está, ha envejecido como autoridad militar. Clausewitz fue, en suma, un representante del periodo manufacturero de la guerra. Pero ahora estamos en el período de la guerra de maquinarias. (...) No es posible avanzar e impulsar a la ciencia hacia adelante sin someter a un análisis crítico las tesis y opiniones envejecidas de los especialistas reconocidos. Esto no sólo se refiere a especialistas en asuntos militares, sino también a los clásicos del marxismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Carta de respuesta a Razin, 23 de febrero, 1946)

He ahí que desaparece con esta cita, el supuesto doctrinarismo, metafísica y subjetivismo que Mao Zedong intenta adjudicarle a Stalin. Es gracioso ver, como veremos en todo el documento, retomando los argumentos del ucraniano Nikita Jruschov, como Mao acusa a Stalin de inflar su propio ego azuzando publicaciones que inflaron el culto a la personalidad. ¿Y cuál era la posición real de Stalin?:

«Estoy absolutamente en contra de la publicación de las «Historias de la niñez de Stalin». El libro abunda en una masa de inexactitudes de hecho, de alteraciones, de exageraciones y de alabanzas inmerecidas. (...) Pero lo importante reside en el hecho de que el libro muestra una tendencia a grabar en las mentes de los niños soviéticos –y de la gente en general– el culto a la personalidad de los líderes, de los héroes infalibles. Esto es peligroso y perjudicial. La teoría de los héroes y la «multitud» no es bolchevique, sino una teoría socialrevolucionaria». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Carta sobre las publicaciones para niños dirigida al Comité Central del Komsomol, 16 de febrero, 1938)

***

Con todo esto, se puede afirmar con total seguridad que:

«Sin denunciar y refutar el pensamiento Mao Zedong, sin combatir y erradicar toda influencia suya en el movimiento revolucionario, no se puede hablar seriamente de lucha contra el revisionismo chino ni contra el revisionismo moderno en general, no puede consolidarse y desarrollarse debidamente el movimiento marxista-leninista ni puede hacerse avanzar con éxito la causa de la revolución». (Enver Hoxha; Informe al VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1981)

Pero sin más, vayamos al meollo de la cuestión. Si alguien tiene más dudas en torno a esto recomendamos la documentación que hay en nuestro espacio sobre el revisionismo chino.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Stalin renunció al Comunismo,profesando una posición altamente Nacionalista,aplicadora de políticas ultrareaccionarias.El OPUS DEI todavía canta hoy uno de los grandes éxitos del "curita " Stalin.Mao fue demasiado complaciente con Stalin. Después de tres años de la critica de Jruschov contra Stalin,Enver Hoxha recició a Jruschov como si de un héroe se tratara. La OTAN unos años mas tarde satisfará los anhelos Nacionalistas de Hoxha.Su verdadera ideología el nacionalismo consumido por el Estado burocrático.