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01 junio 2016

ANV: NACIONALISMO VASCO LIBERAL DE1930:

Hasta la tardía fecha de 1930 no surge en el País Vasco un nacionalismo de carácter liberal y laico. Con anterioridad cabe mencionar a algunos precursores, como los intentos fallidos de Ulacia y Sarasqueta en 1910-12 o el caso del Partido Nacional Vasco de Baracaldo en 1923, de efímera existencia; pero no pasan de ser meras anécdotas históricas, sin base social suficiente o sin tiempo para cuajar.
A lo largo de las tres primeras décadas del XX, el nacionalismo vasco sigue sustentándose en las bases doctrinales fijadas por su fundador, Sabino de Arana; por encima de su división orgánica en dos ramas (Comunión y Aberri),  persiste una unidad de doctrina, el sabianismo o aranismo, concretado políticamente en el lema J.E.L., Dios y Ley Vieja, confesionalidad católica y reintegración foral.
Las consecuencias de ello son importantes y de largo alcance:
1ª La construcción de la nacionalidad vasca en base a la raza, con la consiguiente exclusión de la llamada «comunidad nacionalista» de la mayor parte de la clase obrera —inmigrantes— y otros sectores sociales del País.
2ª La orientación del nacionalismo por una vía política de derechas, identificada con catolicismo y tradicionalismo y opuesta al liberalismo y al socialismo.
Una concepción nacional distinta no tiene lugar hasta el nacimiento de Acción Nacionalista Vasca (A.N.V.) en 1930.

 A la caída de la Dictadura de Primo de Rivera (28-1-1930), las bases nacionalistas, sobre todo los jóvenes, eran, conscientes de la necesidad de superar la división organízativa y unificarse de nuevo en un único partido,para hacer frente a la nueva coyuntura política. La reorganización del nacionalismo vasco fue su principal labor durante 1930.
El proceso unificador de las dos ramas nacionalistas, Comunión y Aberri, se puso en marcha en febrero de ese año y no culminó hasta  la Asamblea de Vergara de 16 de noviembre, de la que surgió el nuevo Partido Nacionalista Vasco (P.N.V.). La lentitud del proceso se debió a que no todos los nacionalistas estaban de acuerdo sobre las bases de unión estrategia y la estrategia política a seguir por el nuevo partido.
En efecto, si los aberrianos, dirigidos por Eli Gallastegui, Ceferino Jemein y Manu Eguileor, eran unánimes en defender la doctrina sabiniana y en negar la posibilidad de evolución del P.N.V., los comunionistas se hallaban divididos en dos sectores: el «tradicional» de «Kizkitza», Zabala, Aguirre y Leizaola, que mantenía la vigencia del lema J.E.L., y el «reformista» de Ortueta, Urrengoechea y los Arana (José Ignacio ,y José Domingo), que creía necesario revisar los valores e incorporarse al movimiento político general ante las perspectivas de cambio de Régimen español.

A lo largo del año, dentro del nacionalismo vasco se desarrolló la lucha entre dos estrategias opuestas:
1ª Por un lado, las negociaciones oficiales de unión Comunión-Aberri llegaron a un acuerdo inicial el 29 de abril en base a la doctrina sabiniana, pero mantuvieron varias divergencias (la principal principal, sobre el control de la Prensa nacionalista), lo cual retrasó su fusión hasta la Asamblea de Vergara.
2ª Por otro, la tentativa de los reformistas de la Comunión de modernizar el nacionalismo y adaptarlo a la nueva realidad política, se plasmó en el plebiscito del diario "Euzkadi" y acabó en la fundación de Acción.

Por tanto, A.N.V. nació por iniciativa de un sector de la Comunion que, aprovechando su fuerte implantación en la Prensa nacionalista de Bilbao (Ortueta, presidente del Consejo de Administración de "La Tarde" J. I. Arana, ídem de «Euzkadi»; J. D. Arana, consejero de éste), promovió en el verano del 30 un plebiscito-encuesta, tendente a pulsar la opinión de las bases nacionalistas sobre la necesidad de «revisión de valores» en el nacionalismo, de dotarle de una nueva organización, de celebrar «Asamblea de amplio significado» y de designar un Comité provisional de veinte miembros (cinco por cada región vasca), encargado de la preparación de la asamblea de reunificación y la elaboración de una ponencia política a presentar en ella (cf. «Euzkadi», 15-VI-1930).

 Pese a que la casi totalidad de las respuestas al plebiscito fueron favorables a sus planteamientos y pese a que el Comité de los veinte aprobó por mayoría una ponencia con un programa nacionalista amplio y sin J.E.L. (publicado en «Euzkadi» el 28 de octubre), los reformistas fracasaron politicamente en las Asambleas de la Comunión que precedieron a la de  Vergara, donde ni siquiera se discutió su ponencia, por lo cual no les quedo más solución que fundar otro partido nacionalista: Acción Vasca.


 Los promotores de Acción tuvieron un buen ejemplo político a seguir en el catalanismo de izquierdas, representado por Acció Catalana, de Nicolau d'Olwer, y Acció Republicana de Catalunya, de Antonio Rovira Virgili (el pensamiento federalista de este último influyó en el citado J. I. Arana). Estos grupos les inspiraron, a más de su mismo nombre de «Acción», tanto sus principios programáticos (nacionalismo, liberalismo, democracia, república) como sus criterios de actuación política (colaboración con todas las fuerzas que respetasen esos ideales).

 Un fuerte impulso político les vino dado a los nacionalistas liberales por los llamamientos lanzados por los republicanos vascos (Echevarrieta, Madariaga, Aldasoro) y, sobre todo, por Prieto, de cara a la constitución de un «bloque antidinástico vascongado», en el que tuviesen cabida los nacionalistas, con el doble objetivo de alcanzar la República para España y la Autonomía para Euskadi. Sin duda, el Pacto de San Sebastián (17-VIII-1930), del que estuvieron ausentes los nacionalistas vascos, sirvió de aldabonazo a los nacionalistas disidentes para acelerar sus proyectos políticos reformistas y liberales.
 Además, hemos constatado la existencia entre el Bloque republicano-socialista y estos nacionalistas, de unos «puentes» de acercamiento en 1930: así, el semanario bilbaino Frente —que tiró diez números en el otoño de ese año—, portavoz del Bloque en el País Vasco, que apoyó y dio cabida en sus páginas a las nuevas ideas nacionalistas, y, especialmente, los artículos políticos de Ulacia y Sarasqueta (en «El Liberal», de Bilbao, y «La Voz de Guipúzcoa», de San Sebastián), viejos nacionalistas y republicanos, que coincidieron en criticar el nacionalismo clerical y reaccionario y propugnar la creación de un partido nacionalista laico y republicano, dispuesto a aliarse con las izquierdas españolas en su lucha por la República, única vía para la autonomía vasca.


En la misma Asamblea de Vergara (16-XI-1930), que reunificó el P.N.V. sobre la base del lema tradicional J.E.L., los disconformes con ello hicieron pública su intención de formar otro grupo, siguiendo las ideas manifestadas en el plebiscito de «Euzkadi» y recogidas en la ponencia mayoritaria del Comité de los veinte.
Acción Nacionalista Vasca nació como partido en noviembre de 1930, en Bilbao, fruto de unas reuniones celebradas en el periódico «La Tarde», donde sus promotores elaboraron su programa fundacional y nombraron un Comité provisional de once miembros —los primeros firmantes del Manifiesto de San Andrés—, cuyos nombres, cargos públicos y procedencia política ofrecemos a continuación:

Anacleto de Ortueta Ex-diputado a Cortes Comunión Nacionalista
Luis de Urrengoechea Ex-diputado provincial Comunion Nacionalista
José Ignacio de Arana Ex-diputado provincial Comunión Nacionalista
José Domingo de Arana Juventud Vasca de Bilbao y Comunión Nacionalista
Julián de Arríen Ex-diputado provincial Comunión Nacionalista
José Ramón de Basterra Juventud Vasca de Bilbao y Comunión Nacionalista
(secretario del Comité)
José Manuel de Ispizua Ex-diputado provincial Comunión Naionalista.
Claudio Ibáñez de Aldecoa Ex-diputado provincial Comunión Nacionalista
Antonio Villanueva Juventud Vasca de Baracaldo
Marcos de Ayo Llona Solidaridad de ObrerosVascos
José M. de Belausteguigoitia Juventud Vasca de Bilbao y Partido Nacionalista

¿Cuáles fueron los sectores nacionalistas que proporcionaron los principales fundadores de A.N.V. y qué aportó cada uno de ellos al patrimonio político inicial de esta nueva organización? En primer lugar, destacamos cuatro fundamentales, a saber:
1. Comunión Nacionalista Vasca (sector reformista):
 Es el núcleo más importante, ya que de él partió la iniciativa de la cual —a través del plebiscito y la ponencia citados— nacería Acción. Además, le aportó la mayoría de sus dirigentes iniciales (como puede verse en el cuadro anterior) y la ideología política que calificó su nacionalismo en 1930: liberal y aconfesional. Dentro de este sector, sobresalen Urrengoechea,los dos Arana y Ortuéta. Estos eran pequeño-burgueses católicos y liberales moderados, pero dispuestos a actualizar la doctrina nacionalista, prescindiendo del lema sabiniano, y su política de alianzas.

2. Juventud Vasca de Baracaldo: Esta organización atípica dentro del nacionalismo vasco —antitesis de la Juventud Vasca de Bilbao—, que poco antes de la Dictadura se separó de Aberri y fundó el Partido Nacional Vasco de Baracaldo, contribuyó en segundo lugar a A.N.V. con la aportación de su base obrera —en parte inmigrante— y varios principios básicos de su ideario: laicismo, preocupación por la cuestión social, condena del racismo vasco (anti-maketismo), carácter unitario de la futura Euskadi. Sus dirigentes más destacados en 1930 eran Villanueva y Salcedo.

3,0 Comité Pro-Resurgimiento Vasco: Este organismo —ignorado hasta ahora por los historiadores— lanzó en el verano del 30, en Bayona, un manifiesto titulado «El nacionalismo vasco y el resurgimiento nacional», en el cual se abogaba por la libertad de conciencia y la alianza con catalanistas, galleguistas y el Bloque antidinástico para traer a España la República federal y a Euskadi una «Autonomía amplísima».


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