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22 julio 2016

Así funciona el feminismo radical

 


Siempre abordamos la cuestión de la desigualdad desde el punto de vista de la clase obrera y del socialismo, nunca desde otro punto de vista. Una cosa es que las trabajadoras expresen su preocupación por los problemas a los que se enfrentan debido a su sexo (desigualdad salarial, el trabajo en el hogar, los problemas del cuidado de los hijos, el acoso sexual y la violencia contra la mujer) y luchar contra estos problemas, y otra cosa muy distinta es cuando las tendencias burguesas y pequeño burguesas intentan explotar los problemas de las mujeres para librar una guerra entre los sexos. La preocupación natural de las trabajadoras es la desigualdad que padecen y luchan contra ella. Este debe ser el punto de partida en la lucha para cambiar la sociedad en líneas socialistas, el feminismo burgués y pequeño burgués trata la cuestión de la mujer de una forma aislada y busca la solución dentro de los confines del sistema capitalista. Esto invariablemente conduce a conclusiones reaccionarias. (1)
El feminismo clásico apareció como la rama política que reivindicaba la necesaria lucha de las mujeres por la justicia social sin llegar a estar nunca definido claramente como ideología. Es en la segunda mitad del siglo XX cuando surge en Occidente el Estado social y democrático de derecho en el cual se alcanzó la igualdad social y jurídica  que el feminismo clásico reclamaba para la mujer. El derecho al voto, la independencia económica o la igualdad laboral formal se volvieron una realidad gracias al feminismo al que aún le quedaban problemas materiales relacionados con la desigualdad salarial, el trabajo en el hogar, los problemas del cuidado de los hijos, el acoso sexual y la violencia doméstica. Sin embargo desde los años 70 e influenciadas por las ideologías sesentayochistas y con el manifiesto SCUM a la cabeza grupos de mujeres deciden extrapolar la causa femenina a todos y cada uno de los aspectos de la sociedad. Sustentado en la vaga teoría del heteropatriarcado desde su nacimiento el feminismo radical no busca la igualdad entre sexos, aunque esté continuamente sosteniendo lo contrario, si no la hegemonía femenina y una continua guerra de sexos.
No es un secreto que lo que conocemos como movimiento feminista ha sufrido una fuerte crisis por la pérdida de legitimidad de sus reivindicaciones a pesar de tener más simpatizantes que nunca. El feminismo radical que impregna hoy en día todos los espacios de la opinión pública progresista, los movimientos sociales y los partidos políticos lejos de pretender ser un movimiento de liberación es un movimiento que victimiza constantemente a la mujer. Las manipulaciones de la realidad por parte de los portadores del feminismo de “tercera ola” están causando el efecto contrario en la búsqueda de la igualdad creando un continuo estado de alerta y crispación con la extensión de los conceptos de acoso y agresión sexual hasta niveles irracionales. A cada sexo se le atribuye una carga moral que se concreta en dos papeles: el varón opresor y la mujer oprimida por el simple hecho de haber nacido como tal. La carga tiene como consecuencia un perpetuo estado de miedo y rencor en las mujeres en su vida diaria así como el sentimiento de culpabilidad e impotencia en los hombres.
Quien se haya movido por los movimientos sociales de nuestro país o siga la actividad de los partidos liberales de izquierda (PSOE-PODEMOS-IU) habrá empezado a vislumbrar la abierta guerra de sexos hacia la que nos está llevando el pensamiento liberal de izquierdas, olla de cocción de todas las ideologías identitarias de consumo que tanto le gustan al capital. Desde la prensa, las redes sociales, y la política liberal de izquierda se nos bombardea a diario con la idea de que el fundamentalismo intolerante es el mayor lastre de nuestra época. La politización de las distintas formas de vida (homosexualismo, feminismo, etnicismo, nacionalismo, veganismo, teorías sexuales, capacitismo…) despolitiza  la economía con el resultado de que el proceso del capital siga intacto. El sistema, lejos de rechazar las formas de vida alternativas a la “oficial” (heteropatriarcado y chorradas varias),  no solo las tolera si no que las promueve en cuanto empieza a surgir una parcela de consumo que pueda satisfacer a esos grupos identitarios autodeclarados oprimidos en torno a cuestiones idealistas. La justicia social hacia los grupos con el estatus de víctima únicamente encuentra solución en la conformación de una sociedad que proteja a través la discriminación positiva a todo aquel que se declare como minoría oprimida mientras la mayoría trabajadora es silenciada, ridiculizada y declarada como intolerante. ¿Y cómo se consigue que la izquierda comunista, que debería analizar la realidad desde un punto de vista materialista acepte tales postulados? Basta con que haya un lobby, un mercado, una burguesía interesada, un par de rebeldes útiles y barnizarlos como progresistas.
En líneas generales es así como funciona el feminismo radical. Como en tantos otros aspectos los comunistas españoles nos hemos dejado comer por teorías y actitudes propias de la burguesía para el beneficio capitalista y nuestra propia degeneración y degradación. En cuanto se nos ponen víctimas por delante, da igual en que esté basada su opresión, renunciamos a la ideología, la dialéctica, el materialismo, la lógica y todo aquello que hace superiores a los marxistas.  Muy poco marxista es aquel que no considera el trabajo como única opresión objetiva material y se dedica a reforzar ideologías que autojustifican modos de vida de la clase media y que además de ser caóticas, sectarias e irracionales frenan, como buena ideología pequeñoburguesa, los objetivos revolucionarios del momento.
El propio cuestionamiento del mundo desde una perspectiva histórica, filosófica o sociológica se ve relegado a un segundo plano cuando aparece la teoría feminista a la cual se le otorga carta blanca para todo. Todo está bien, todo es respetable, hay bajar los hombros y decir a todo que sí. Una perspectiva psicológica del mundo donde el hombre por el hecho de serlo es malo, violento y portador de una serie de connotaciones negativas por las cuales la mujer debe ser protegida. La negación del propio hembrismo imperante es lo que lo justifica, negando que sea la mujer la que puede ser portadora de una serie de cualidades negativas destinadas al hombre.
El feminismo radical incluso se atreve a segregar por sexos los problemas de la sociedad llegando a acusar al género masculino de ser el causante de la mayoría de las injusticias sociales. Mientras en nuestro país existen cinco millones de parados, un 15% de niños bajo el umbral de la pobreza y un continuo retroceso de los derechos sociales los medios de comunicación y redes sociales están abarrotados de artículos sobre los micromachismos, los comentarios sexistas de un político, las opresiones en el lenguaje, patriarcado, sexualidad… En definitiva una sociedad  que se preocupa más por los piropos que por el hambre donde los que rechazamos estas formas de distracción del drama social real que estamos sufriendo en nuestro país tenemos que estar preparados a ser ridiculizados, psicoanalizados y atacados por las hordas de defensores de lo políticamente correcto que no dudan en alzar la voz contra toda injusticia que no sea la de clase.
Indudablemente el liberalismo ha ganado la partida ideológica pues no son otros que los grupos de izquierda los que no vacilan a la hora de impulsar continuamente las delirantes acciones del feminismo radical dejando en el último lugar de sus agendas los problemas de los trabajadores de su país.
El feminismo radical como todas las ideologías transversales es una ideología que se toma como mercancía que se puede comprar para conformarte una personalidad, canalizar frustraciones, provocar conflictos y autojustificar las propias acciones. Funciona de manera lúdica ya que no tiene otra razón que la de generar un constante conflicto basado en el sesgo subjetivo de la persona que lo porta. Por ello no combate ninguna injusticia concreta ni es la reacción a ninguna situación de desigualdad ya que no está fundado en ningún principio y su motor es el conflicto irracional e hiper-individualista con el mundo que le rodea.
Tristemente se podría afirmar que al feminismo radical no le importa lo más mínimo la violencia doméstica ya que necesita sustentarse en ella para su propia existencia. En los colectivos feministas de hoy en día se puede observar la alimentación al estado de enfrentamiento perpetuo que caracteriza al feminismo radical y la inexistencia de propuestas u objetivos claros. No se busca la igualdad de derechos si no la disputa en un constate enfado, crítica a todo, problemas hasta en lo más trivial y caza de brujas, todo ello sin una dirección concreta.
Como toda ideología de tribu urbana lo que busca el feminismo radical es al feminismo radical en sí: una personalidad, la pertenencia a un colectivo, la dopamina del conflicto y la constante posición de superioridad frente al hombre y el resto de ideologías. Es completamente comprensible el desenfrenado crecimiento de una ideología fundada en torno al principio del absoluto privilegio de quién forma parte de ella. El feminismo radical te permite delirar, someter y despreciar sin la necesidad de ser cuestionados por tus actos y contar siempre con el respaldo de todas las ideologías. Una inmunidad que es otorgada por una demagógica estrategia victimista y que goza de unos dogmas que paradójicamente nadie conoce con exactitud. Sus fieles e inquisidores seguidores tienen la libertad de juzgar subjetivamente todo lo que no corresponda con sus caprichos creyendo que se enfrentan de alguna manera a las injusticias cuando lo único que hacen es satisfacer a los lobbys económicos, el mundialismo y la barbarie individualista posmoderna.
Disfruten de la irracionalidad y la represión de lo políticamente correcto.
11/07/2016                                                                                                                             Arturo C. Fernández-Le Gal
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1 comentario:

Rafael dijo...

Egunon:
Os apoyo siempre.
Ante la pregunta que me hace mi hijo que porqué las feministas no dicen nada ante la violación de los derechos de las mujeres y gays en los países islámicos y sí en los países occidentales..., se me pone la mente en blanco y no sé qué contestarle.
Agur
Rafa