01 julio 2016

Marx fanatico del Quijote

Aunque hasta bien entrado el siglo XX no se han propuesto interpretaciones marxistas del Quijote solventes, lo cierto es que los orígenes del interés por la magna novela en el marxismo se remontan a su propio fundador. Sabemos que Cervantes era el novelista predilecto de Marx, junto con Balzac. Sabemos también que sentía una gran admiración por Cervantes y que tenía un profundo y detallado conocimiento del Quijote, así como de los tres grandes del teatro clásico español, Calderón, Lope de Vega y Tirso de Molina, de cuyas obras disponía en su biblioteca privada y que además leía en español. Es una pena que Marx no encontrase nunca tiempo para escribir siquiera unas páginas para exponernos su visión del magno libro cervantino, que, sin duda, teniendo en cuenta su extraordinario talento, su colosal erudición literaria y su buen conocimiento de la historia y cultura españolas, habrían sido, con seguridad, iluminadoras.
Será también por siempre lamentable que Anselmo Lorenzo, el padre del anarquismo español, en su célebre visita y estancia en la casa de Marx en Londres, con ocasión de la celebración de una conferencia de la Primera Internacional Socialista en 1872, se limite a informarnos de la fascinación de Marx por el Quijote y de que dedicó frases de admiración al ingenioso hidalgo manchego, pero sin darnos a conocer las ideas, ni siquiera mencionarlas, que Marx le expuso en el curso de la larga conversación nocturna que mantuvieron en español hablando de Cervantes y de la literatura española del Siglo de Oro (véase El proletariado militante. Memorias de un internacionalista, cap. 24). Nos informa también de que, al día siguiente, le leyó a la hija mayor de Marx, Jenny, para mejorar su español, el discurso de don Quijote a los cabreros sobre la edad de oro. ¿Fue una casualidad esta elección o quizás estaba relacionada con el coloquio nocturno entre Marx y Anselmo Lorenzo? ¿Quizá Marx había hecho una exégesis socialista de este discurso o la había sugerido el sindicalista anarquista español, de modo que ambos veían en las palabras de don Quijote un repudio de la propiedad privada y una apología del socialismo, aunque de un socialismo que ambos calificarían de utópico? Todo esto no es más que interrogantes especulativos, pero lo cierto es que algunos cervantistas marxistas del siglo XX verán en el discurso de la edad dorada una formulación anticipada de la idea del comunismo primitivo y en don Quijote, e incluso en Cervantes, sus paladines.
En la obra escrita de Marx, hay numerosas referencias a la novela cervantina, a su autor o a sus personajes principales, pero desgraciadamente de ellas no cabe inferir cuál era su concepción de la misma. Es en La ideología alemana (1845), una obra de juventud, en la que hace más uso de los personajes principales y de muchos episodios de la novela para satirizar las doctrinas filosóficas de Max Stirner expuestas en su El único y su propiedad (1844). Marx ridiculiza la tesis de Stirner del individuo único que desarrolla su libertad sin atenerse a más norma que la del más crudo egoísmo identificándolo con Sancho, lo que invita a sospechar que el Marx joven veía en el escudero un símbolo del egoísmo. De acuerdo con esto e invirtiendo las relaciones en el Quijote entre don Quijote y Sancho, en su sátira del pensamiento de Stirner, Sancho-Stirner pasa a ser un Quijote del egoísmo más vulgar y don Quijote su escudero, a quien a veces identifica con otro personaje de la época, Szeliga, cercano al círculo de Bruno Bauer; y las aventuras y peripecias de don Quijote se transforman en aventuras y peripecias de Sancho-Stirner. Pero más allá de este uso de material del Quijote como arma para mofarse de las concepciones de Stirner, particularmente de su apología del egoísmo, para lo que el personaje de Sancho le presta un buen servicio, es imposible extraer idea alguna seria sobre su interpretación de la novela.
En realidad, la única idea importante que Marx ha manifestado públicamente sobre el Quijote no se encuentra en su obra escrita, sino entre los recuerdos que su yerno, Paul Lafarque, nos ha dejado o legado sobre el pensamiento de Marx al respecto. Hablando de sus gustos literarios y luego de informarnos de que sus novelistas preferidos eran Cervantes y Balzac, nos transmite este testimonio, desgraciadamente muy escueto, acerca de la visión global que el filósofo alemán, en su madurez, tenía de la magna novela cervantina:
«Veía en Don Quijote la epopeya de la caballería agonizante, cuyas virtudes iban a convertirse, en el naciente mundo burgués, en un objeto de burla y de ridículo.» Marx-Engels, Sobre la literatura y el arte, ed. Calomino, 1946, pág. 213.
Sin embargo, si la exprimimos, de esta sola frase en que se condensa todo lo que sabemos de la idea de Marx sobre el Quijote, cabe extraer varias conclusiones del mayor interés. Lo primero que llama la atención es la profunda huella de Hegel que se advierte en ella. Como Hegel, también Marx nos presenta la novela no como una diatriba contra los libros de caballerías, sino como una sátira burlesca de la caballería como institución histórica dotada de una función social y política en el seno de una sociedad feudal. Como en Hegel, el Quijote viene a ser la recreación burlesca del conflicto entre la caballería medieval, de sus prácticas e ideales, con las instituciones y valores de la sociedad moderna, un conflicto que termina en la disolución de la misma como tal.
Percibimos sólo una pequeña diferencia entre ambos autores en este punto: mientras Hegel da una interpretación más política, en el sentido de que la institución caballeresca termina chocando con el Estado moderno, cuyas instituciones, tales como el ejército regular permanente, el aparato judicial y la policía convierten a ésta en algo superfluo y prescindible, en Marx se pone más énfasis en la dimensión social y quizás indirectamente económica de la sociedad moderna, caracterizada ahora como burguesa («el naciente mundo burgués»), cuyos nuevos valores son incompatibles con las virtudes de la antigua caballería feudal. Marx parece ver, pues, en don Quijote un símbolo del orden social feudal y una caricatura de la ideología y valores inherentes al mismo y en Cervantes el intérprete anticipado de la emergente sociedad burguesa.
Después de Marx, en la Rusia soviética los críticos marxistas, han tendido, siguiendo la estela abierta por Marx, a comprender éste como una diatriba contra el feudalismo y su ideología y en Cervantes un escritor revolucionario, capaz de presagiar el espíritu burgués de los nuevos tiempos. Pero los ensayos más relevantes de acercamiento al Quijote siguiendo una metodología inspirada en los principios del materialismo histórico marxista son los emprendidos por el historiador marxista francés Pierre Vilar y el cervantista mejicano Ludovico Osterc, quien ha realizado el más sistemático y detallado estudio de la novela cervantina hecho por un crítico desde la perspectiva del materialismo histórico.

1 comentario:

Anónimo dijo...

La novela de caballería ya estaba en decadencia en la época en que Cervantes escribió el Quijote,una parodia (y algo más)que supuso el descabello para ese género.