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21 agosto 2016

Críticos piden acabar con la “verticalidad” de Sortu

DONOSTIA. Eusko Ekintza, partido de la izquierda abertzale surgido hace casi cuatro años y crítico con la estrategia de Sortu, ha lanzado un nuevo recado a la dirección actual. En este caso, para proponer una unidad popular Herritar Batasuna, como lo denominan para dar un vuelco a la actual estructura "partidaria y vertical única" y reformular el andamiaje organizativo recuperando la "militancia activa" y no la "virtual, gaseosa y desideologizada tan de moda".
Este sector, formado por históricos militantes, afirma además que "cuanto más tiempo pase, más difícil será recuperar los militantes y cuadros que se han ido a casa hartos".
El modelo a implantar de cara al futuro para fortalecer los cuadros de la izquierda abertzale sería similar al de las CUP catalanas, formación que puede "ayudar mucho" en la "reformulación ideológica y práctica" de una formación que, a su juicio, necesitaría de una regeneración como agua de mayo.
Así lo apunta la corriente interna en su último manifiesto, titulado Herritar Batasunaren garaia da Es tiempo de la Herritar Batasuna-Unidad Popular, en el que expone sus postulados de cara no solo a mejorar la organización interna para zanjar la "cultura verticalista en que las decisiones se han ido tomando entre muy pocos" de la que Sortu vendría haciendo gala.
En continuación de las recomendaciones hechas públicas hace un año, y en las que expuso "una visión crítica de la deriva ideológica y política de una parte, supuestamente mayoritaria" de la izquierda abertzale, en esta ocasión Eusko Ekintza ofrece "propuestas prácticas" para enderezar el "rumbo errático y sin futuro".
La unidad popular es la clave de bóveda de su propuesta, que persigue "conseguir la activación de la masa crítica militante", de forma que se logre "una estrategia y tácticas consensuadas por todos hacia la independencia y el socialismo". En ese barco incluyen no solo a las personas y grupos que integran los partidos políticos, "sino también por sindicatos, movimientos estudiantiles, diversos grupos sociopolíticos y sectoriales", que podrían estar organizados en niveles locales, comarcales y nacionales.
"Verticalismo" Esa masa militante critica actuará "como grupo dirigente", así como que las decisiones de cada nivel se tomarán "en los órganos de dirección consensuados, asambleas y comités" de manera que la izquierda abertzale "se dote de una coordinación colegiada y autogestionada", pasando del "verticalismo a la autogestión".
Y es que otra de las críticas hechas ayer públicas alude precisamente a la estructura montada en torno al partido. "Algunos han aprovechado las ilegalizaciones para ir montando su estructura. Sin embargo, el hegemonismo se ha demostrado como el camino más corto para la pérdida de masa social y militante.
Y al final también para la pérdida de masa numérica tanto en movilizaciones como electoralmente", aseguran. Por ello, defienden que sus postulados suponen "una cultura diametralmente opuesta al partido único y jerárquico" para "recuperar la cultura del movimiento nacional de liberación". N.G.

13 agosto 2016

Guerra Garrido Raul - Lectura Insolita De El Capital

un industrial vasco es secuestrado por un grupo abertzale de ultraizquierda y para soportar su encierro dispone sólo de un libro: una versión resumida de `El capital` de Carlos Marx. Lectura insólita de El Capital relata el secuestro de un industrial vasco que debe leer la obra fundacional de Marx durante su cautiverio. La novela entrelaza el monólogo interior del protagonista con el lenguaje coloquial de las opiniones de la gente del pueblo que sirven para reconstruir la biografía del hombre secuestrado. De este modo, el libro refleja, desde la perspectiva de su autor, la situación política, económica y vital que imperaba en aquellos años 70 en el País Vasco.

Gustavo Bueno - Ensayos materialistas. (libre descarga)

Gustavo Bueno - Ensayos materialistas. 

Se trata de un libro programático. Porque el materialismo filosófico es principalmente una disciplina crítica que pide su desarrollo en los campos más diversos, aunque manteniendo una perspectiva unitaria. Pero no por ello su intención es la de bosquejar una «síntesis enciclopédica» de los conocimientos científicos en su estado actual de desarrollo. Los libros de «síntesis» –que tan importante papel desempeñan– constituyen un género literario que viene a ser, precisamente cuando se busca en ellos la «síntesis», la contrafigura del materialismo filosófico. En lugar de seguir el orden alfabético, y comenzar por la A, suelen comenzar por las galaxias, seguir por los ácidos nucleicos y terminar por la epopeya del hombre. Se trata, por tanto, de relatos míticos («Erase una vez...»), con material científico. El materialismo filosófico también se enfrenta con los temas propios de un libro de síntesis: galaxias, neutrinos y clases sociales. Pero su perspectiva es totalmente diferente, porque ahora se continúa una disciplina tradicional: la disciplina crítica filosófica. 
Precisamente en este libro, Gustavo Bueno se propone recuperar la Ontología tradicional, incluso la Teología, en la perspectiva del materialismo filosófico.





Sobre la lengua y la nación desmitificando a los etnocentristas por Javi Sharp(I)

El asunto de la identidad nacional vasca es como el Guadiana en su tramo inicial: de cuando en cuando desaparece (y aparece) pero sigue su curso aunque no esté a la vista.

Recientemente, quien más ha contribuído a que se hable de ello ha sido probablemente el mundo ciberetnoabertzale que repite arquetipos del pasado como si fueran la  ultima moda pero que no demuestran más que una ignorancia supina.

Reconocer que no es necesario ser nacionalista o abertzale para ser un vasco auténtico, para merecer la condición de vasco-a auténtico, no deja de ser una gran perogrullada.

Pero tampoco es cosa de ponerse a repicar las campanas por ello, aunque algunos nuevos conversos al abertzalismo radical(curioso siempre son de procedencia pequeño burguesa, universitarios que cambian de carrera, medicos, funcionarios, ninguno escayolista) sean ahora adalides del nacionalismo más etnico (como no tienen RH negativo sustituyen la etnia por la lengua) se hayan apuntado al carro de Txillardegi (Euskaldun fededun??)

Buena prueba de ello es el testimonio de un habitual de la IA, al comentar estas mismas cosas. Tras alegrarse de que por fin el PNV haya reconocido "lo que nunca admitió, que un comunista, un socialista, un marxista, un iconoclasta, un anarquista, un luterano, o un punki, pudieran ser auténticamente vascos se lamenta de que no haya ido más lejos el PNV, de, que no haya clarificado la pregunta más importante y diferenciadora: "¿es auténticamente vasco un nacionalista español? No sé si habrá advertido su autor lo inquietante de esa interrogación. Es más, casi se puede dar por seguro que no tiene voluntad tal vez de decir lo que dice. Pero lo cierto es que consigue desandar el camino andado al formular esa pregunta .. Pues, aparte de volver a distinguir entre vascos auténticos y los que no lo son, confirma que lo vasco no puede concebirse sin la necesidad de unas muletas, en este caso ideológicas, en otros lingüísticas, etc.

Otro testimonio que arroja algunas sombras sobre este asunto se encuentra en la declaración de la coordinadora de sacerdotes de Euskal Herria (Euskal Apaizen Koordinakundea Mintzo) publicada hace años, cuando se afirma del euskara que es un derecho y un deber "entre todos los vascos y los que con nosotros viven y trabajan". En dicho texto no se va más allá, no se define qué es lo uno y qué es lo otro, esto es, quiénes son vascos y quiénes no lo son pese al hecho de vivir y trabajar en Euskadi. Pero el mero hecho de trazar tal distinción a estas alturas, salvo que se refiera a los residentes ocasionales o salvo que se trate de un error involuntario en la transcripción del texto, ¿no es ya suficientemente ilustrativo e inquietante?

El PNV traza una definición sumamente problemática de quiénes son vascos: "todos aquellos que han optado por ser vascos, se hallan o desean integrarse en nuestro pueblo y lo conforman, identificándose con su ser y con su futuro" (pág. 39)
A la vista de tales testimonios, se impone por tanto una doble conclusión. Por un lado, que algo se está moviendo (y avanzando) en el terreno ,de las definiciones nacionalistas sobre la identidad vasca, tal vez porque se presiente que no encajan debidamente con la realidad. Por otra parte, que ese movimiento es bastante limitado todavía, amén de vacilante y contradictorio pues no acaba de arrojar suficiente luz sobre las preguntas cruciales: qué se entiende por lo vasco, quiénes conforman el pueblo vasco. Si ya no hace falta ser nacionalista para merecer la condición de vasco, ¿qué significa esa exigencia de "optar pór ser vasco”?; y ¿quién decide en qué consiste eso de "identificarse con su ser”?; y ¿quién otorga la condición de vascos a unas personas y se la retira a otras en virtud de que sólo ''viven y trabajan con nosotros" pero no son vascas por lo visto?

Hay demasiadas preguntas y encierran interrogantes demasiado inquietantes todavía como para que se menosprecien estas cosas. Cuando menos, a la vista está que es un asunto nada trasnochado y todavía muy controvertido esto de la identidad vasca. Y que tiene en la actualidad más miga de lo que parece a primera vista.

Mirando hacia atrás:

la historia como argumento

De tener en cuenta lo que nos dicen algunos con una rotundidad absoluta, el problema de la identidad vasca está ya resuelto desde hace muchos siglos; desde que los vascos tuvieron conciencia en tiempos remotos de poseer una lengua y un territorio lingüístico, razón por -la que se llamaron a sí mismos en su propia lengua precisamente -según nos dicen- el país del euskara, Euskal Herria, y los que tienen el euskara, euskaldunak.

La pega de esta afirmación (que está de moda desde los años de la transición postfranquista, especialmente en la izquierda abertzale) es que no está confirmada suficientemente, sino todo lo contrario, por los testimonios históricos que poseemos hasta la fecha. Al menos si vale para algo la investigación crítica de los científicos, lingüistas, filólogos, historiadores, antropólogos, arqueólogos ... que han examinado lo que puede decirse con rigor a este respecto (1).

Repasando nuestra historia, lo primero que llama la atención es que están de sobra afirmaciones tan rotundas sobre estas cosas, ya que no hay noticia documentada de la existencia de un nombre indiscutido e invariable, ni en euskara ni en romance, para designar a las gentes de este país vasco (y que fuera el equivalente de los términos vascos-vasco-vasca utilizados actualmente). 

Es más, la mayor parte de los nombres utilizados para designar a nuestros antepasados, proceden de fuera, de cómo les han visto y denominado otras gentes. Y, además de provenir del exterior, resaltan curiosamente lo que les distingue entre sí y no lo común a todos ellos (2).

Por contra, no está documentada la existencia de un nombre común mediante el cual se manifieste su autorreconocimiento, hasta que se extiende y acepta en época ya bastante reciente el término castellano o francés vasco/basque (3). Justamente por esta razón, fué Sabin Arana quien intentó cubrir la carencia en euskara de un término equivalente mediante la creación de los neologismos euzkotar (vasco) y Euzkadi (la colectividad de los vascos), a fines del siglo pasado.

La afirmación, por otra parte, de que Euskal Herria es "el nombre popular, histórico y nacional del País Vasco" (según reza el diccionario de Kintana) no tiene suficiente apoyo documental. Lo cual llama la atención poderosamennte, pues es bien raro que lo histórico y popular dejen una huella tan exigua.

Está comprobado que nuestros antepasados tuvieron una conciencia clara de poseer una peculiaridad lingüística, el euskara, distinta de todas las demás lenguas vecinas. Y está confirmada, asímismo, la conciencia de una cierta comunidad (lingüística) entre los hablantes del euskara. Prueba de ambas cosas es la existencia del término erdara y su derivado erdalduna, para designar a la lengua no vasca en general y a los que no hablaban el euskara, presentes en documentos medievales navarros.

Pero tan cierto como lo anterior es que los vascos de la época medieval y de la época moderna tuvieron igualmente una clara noción de la existencia de una diversidad lingüística en su seno.

Así, en la Navarra medieval y de los siglos posteriores hay una distinción clara entre los bascongados (hablantes del euskara) . y los romanzados (hablantes del romance navarro, primero, luego absorbido por el castellano), pero no consta que esa distinción lingüística acarrease el que unos u otros fueran menos navarros. Y lo mismo sucede Alava o en Vizcaya, donde también se distingue a los bascongados y a los  latinados sin que ello suponga prima (merma) alguna a su condición devizcainos o alaveses.

Por idéntica razón, el término Euskaldunak (o su equivalente durante mucho tiempo en romance, el término bascongado) tiene un contenido neutro, estrictamente lingüístico, y durante un montón de siglos carece expresamente de las connotaciones étnicas o políticas que algunos pretenden otorgarle (proyectando sus deseos actuales a las realidades de entonces) (4).

 Es cierto que hay algunos escritores de Iparralde que parten de la igualdad entre lo euskaldun y lo vasco, pero según Mitxelena son una excepción; y, además, cuando utilizan ese término, euskaldunak, no se ocupan más que de una parte, sólo del país que no comprendía Sayona, Anglet, etc., según matiza.

Mirando pues hacia atrás salta a la vista lo mucho que hace falta violentar la historia para que encaje dicha noción (me refiero a la autodefinición Iingüístico-territorial, Euskal Herria) en un pueblo real tan invertebrado y tan consciente de su diversidad lingüística como el pueblo vasco de antaño. Con la historia en la mano, ni se puede fundamentar esa noción en el sentido en que se pretende, ni tampoco es demostrable siquiera que la parte de los vascos que podían autoidentificarse como euskaldunes usaran el término Euskal Herria de una forma generalizada para designar su evidente comunidad lingüística.

Toda esta disgresión histórica viene a cuento de un asunto sólamente: poner en solfa algunas argumentaciones que acompañan a los términos Euskal Herria/euskadunak.

Un servidor no cuestiona ese juego de nombres. En absoluto. Entre otras muchas y contundentes razones, por un par de ellas. Primera, porque ambos términos encierran una verdad incuestionable: la vinculación de esta tierra y de sus habitantes con el euskara. Y segunda, porque Euskal Herria es un nombre universalmente aceptado por la población vasca en la actualidad (mientras hace noventa años competía con los términos Euskaria, Euzkadi, País VascoNavarro, etc.), junto al término Euskadi.

Es más, hoy en día puede decirse que tiene un sentido más amplio y más indeterminado que el estríctamente lingüístico. Es una forma de llamar al País Vasco que, si bien tiene un inicial contenido lingüístico -conocido para algunos y desconocido para otros-está adquiriendo un uso más aséptico, debido a una cierta difuminación de su acepción original (5).

Unicamente cuestiono, por consiguiente, la supuesta autoridad histórica que se pretende otorgarle al término Euskál Herria. Y lo hago, por otra parte, con la plena conciencia de que la argumentación con que se respalda y su verdadera motivación no pertenecen al campo de la historia. Tras la apariencia de una discusión de tipo histórico, lo que hay en realidad es una necesidad de acudir a la historia (y manipularla) para dirimir un problema político del presente.

Por eso conviene centrar la mirada en el problema político actual de la identidad nacional vasca. Pues, en definitiva, es la existencia de ese problema lo que ha motivado en algunos la necesidad de inventarse su historia particular del pueblo vasco. De manera que han acudido a la historia para dar más fuerza a la posición que ya tienen sobre el presente de la identidad vasca y sobre su futuro. 

NOTAS:

(1). Me apoyo especialmente en autores como Mañaricúa, Caro Baroja o Mitxelena, de los que no puede decirse que vean las cosas vascas con orejeras antivascas o españolizantes. Y especialmente en Mitxelena, que trató este asunto en un excelente artículo hace no mucho: Los vascos y su nombre (1984).

(2). Así, por ejemplo, los vascones, várdulos, caristios y autrigones de los textos latinos y griegos; los navarros, guipuzcoanos, alaveses y vizcaínos, de las crónicas medievales; la distinción de las tres provincias vascongadas que se pone de moda en siglos posteriores. E incluso mediante la generalización de un término particular, "vizcaíno", para designar a todo el pueblo vasco de un lado y otro del Pirineo, término que prevaleció durante mucho tiempo en la larga época moderna.

(3). Según indica Mitxelena, este término procede del latín, probablemente a través de la lengua occitana. Va extendiéndose en Euskadi de norte a sur. En los siglos XVI y XVII tenía un sentido restringido: el vasco de la sexta merindad navarra". Pero, posteriormente, se va extendiendo y se impone en todo el territorio para designar en francés o en castellano tanto el territorio, el País Vasco, como sus naturales, los vascos y vascas, y lo que les es propio, lo vascos, las cosas vascas.

(4). El historiador Andrés de Mañaricúa aporta un curioso testimonio personal acerca de la presencia contemporánea de tales distinciones "en el pueblo de habla vasca. Hace unos años llegué a tomar posesión de destino a un pueblo alavés situado en la frontera entonces de los dominios lingüísticos vasco y castellano. Me preguntaron, ¿es usted vascongado? Sabían que era vizcaíno; querían averiguar si sabía vascuence". En Alava, Guipuzcoa y Vizcaya a la luz de su historia",. pág. 25. Pero no deja de ser curioso que el mismo Mañaricúa, unas pocas páginas antes, suscriba -sin aportar nada que confirme tal afirmación- la idea aquí criticada de que los vascos ancestrales se autodenominaron en virtud de la lengua que hablaban: euskaldunak y Euskal Herria. También los historiadores tienen sus momentos de bajón profesional

(5). Esto ocurre con las denominaciones, universalmente aceptadas, de muchos pueblos, cuyo origen no sólo se va borrando con el tiempo sino que, a veces, ni siquiera se conoce, o es totalmente arbitrario como, por ejemplo, ocurre con los rusos. Hoy, nadie tiene en cuenta que inicialmente el término rusos designaba a unos rubios suecos "rhos": los remeros que pululaban por aquellas tierras eslavas. 

09 agosto 2016

Homenaje y recuerdo de Gustavo Bueno Martínez

Ayer murió el riojano con casi 92 años,el más importante filósofo español que quedaba vivo, justo un día después de enterrar a su mujer de 95 años (¿suicidio? últimamente defendió ese final de la vida como filósofo epicúreo, ahí lo dejo porque no tengo ninguna prueba). Iba a poner como título “Descanse en paz” pero como sé que era completamente ateo y que no le gustaba descansar en paz -siempre le gustaba argumentar y discutir, como buen filósofo- he tenido que cambiar el título del post,
Es muy difícil resumir su obra y su importancia en unas pocas líneas, sólo decir que fue uno de los pocos filósofos modernos, post Segunda Guerra Mundial, en construir un sistema filosófico, en su caso el “cierre categorial” que hablaba sobre las categorías de la Ciencia dentro de la filosofía actual.
Más conocido por sus últimos libros y apariciones en TV (por últimos me refiero de 1990 para acá) e internet (el hombre publicaba vídeos en el canal de youtube de su fundación, dando respuestas sobre historia y filosofía de más de una hora a CUALQUIER usuario, sin conocerle, que le dirigiera cualquier pregunta con un poco de sustancia) que suscitaron siempre polémica, desde hace mucho, en 1977 recibió una paliza de unos estudiantes maoístas por mantenerse Gustavo a favor de la URSS en la ruptura que se estaba produciendo entre China y la URSS por entonces, a principios de los 80 la extrema derecha le quemó un coche, etc.
Para el público en general es más conocido por sus polémicas en televisión, aquí dejo un resumen,que no le hace justicia a este enorme conocedor. Para ello ¡leed sus libros!


08 agosto 2016

¿Giro de Gustavo Bueno a la derecha?

Por Laso Prieto
Hace casi un año, publicamos en LA NUEVA ESPAÑA un artículo titulado «Burocratismo universitario», en el que criticábamos la torpeza con la que los órganos rectores de la Universidad de Oviedo despojaron al profesor Gustavo Bueno de su derecho a impartir clases en la Universidad ovetense. El filósofo asturiano permanece de plena actualidad, como lo demuestra el gran impacto que está causando su nuevo libro «España frente a Europa». Sin embargo, no todos los ciudadanos leen los libros y artículos del profesor Bueno con el debido rigor. Muchos se contentan con los titulares de la prensa –forzosamente esquemáticos por razones de espacio– o por informarse de oídas. La consecuencia es que se han generalizado muchas interpretaciones erróneas de sus tesis y opiniones. Así se ha comenzado a especular con un supuesto giro a la derecha de Gustavo Bueno. No existe tal giro ideológico-político. Quienes sostienen lo contrario se basan en una interpretación superficial, epidérmica, de sus potentes tesis y opiniones, cuando no en una tergiversación deliberada de las mismas. Antes de entrar a considerarlas, voy a detenerme en dos recientes actitudes suyas, muy significativas de sus auténticas posiciones de izquierda. De ambas puedo dar fe, ya que fui yo quien solicité su firma para dos manifiestos de izquierda. El primero era una enérgica condena de los bombardeos terroristas de la OTAN contra la actual Yugoslavia. El segundo constituía una convocatoria lanzada por un grupo de escritores de Madrid para que se rindiese un merecido homenaje a Julio Anguita. En ambos casos, Gustavo Bueno se sumó sin ninguna vacilación a los convocantes de tales manifiestos de la izquierda.
Valorando el marxismo, después incluso de la desintegración de la URSS, Gustavo Bueno sostiene que el núcleo fundamental del mismo –el materialismo histórico– constituye «el último baluarte de la racionalidad en nuestra época». Niega que, como mantiene el apologista del capitalismo Fukuyama, estemos en el final de la Historia y sostiene, de acuerdo con Marx, que en realidad estamos todavía en la Prehistoria de la Humanidad y que la verdadera historia comenzará cuando ésta la realice conscientemente.
Un tema que se ha tratado de explotar, para atribuir a Gustavo Bueno una supuesta derechización, ha sido la cesión del antiguo Sanatorio Miñor para sede de la Fundación Gustavo Bueno. Sin restar ningún mérito al interés que el alcalde de Oviedo, don Gabino de Lorenzo, puso en que se resolviese el problema de tal sede, el acuerdo de cesión ejecutado por el Ayuntamiento de Oviedo fue aprobado por unanimidad de sus tres grupos municipales. Es decir, por los grupos Popular, Socialista y de Izquierda Unida. Se ha reprochado al filósofo asturiano comparar al Alcalde con algunos mecenas del Renacimiento. Salvadas las naturales diferencias históricas, y personales, siempre es posible buscar analogías aunque éstas –es mi opinión– se revistan de una cierta fina ironía.
Quedan otras cuestiones, de indudable carga ideológica y política, en que se pretende basar el supuesto giro a la derecha de Gustavo Bueno y que afectan a temas relevantes como la pena de muerte, los derechos humanos, el origen imperial de la nación española, los nacionalismos disgregadores, etcétera. Uno de los temas más polémicos ha sido el de la pena de muerte. El concepto de «eutanasia procesal», del profesor Bueno, es profundamente filosófico y no ha sido comprendido por quienes se escandalizan de su tesis. En realidad, se trata de un suicidio asistido en beneficio de quienes habiendo cometido crímenes horrendos no pueden soportar seguir viviendo. Quienes, en tales casos, no adquieran esa conciencia deben ser recluidos de por vida. Es decir, que la pena de muerte o sería voluntaria o se sustituiría por un tratamiento psiquiátrico permanente.
El supuesto desprecio por los derechos humanos es, en Gustavo Bueno, una crítica a su ejercicio muy similar a la que en su día realizó Carlos Marx. Ambos filósofos consideran que, en las sociedades burguesas, los derechos humanos son poco efectivos por faltar las condiciones materiales para su realización. Mayor dificultad puede tener comprender la vinculación que, en el caso de España, Gustavo Bueno establece entre sus conceptos de nación e imperio: hay naciones artificiales –como Bélgica– y naciones donde un pasado histórico imperial las ha configurado como nación. Ese es el caso de España, con la particularidad de que el imperio español fue un «imperio generador», mientras que los imperios británico y holandés fueron imperios depredadores. Reconocer el peso de ese pasado imperial no supone renunciar a las posiciones de izquierda, lo mismo que quienes somos ateos coherentes. no dejamos de serlo por el hecho de que reconozcamos que culturalmente somos católicos. Nada, por lo tanto, que tenga que ver con el eslogan fascista de «Por el Imperio hacia Dios». La crítica de Gustavo Bueno a la actual Unión Europea es también de izquierdas. Desenmascara su carácter mercantil al servicio de Alemania y de la OTAN de Clinton. Su concepción de Europa, como biocenosis antropológica es coherente con su materialismo filosófico y coincide con el trabajo de Lenin «Los Estados Unidos de Europa».
La vehemencia y el apasionamiento con que Gustavo Bueno critica a los nacionalismos disgregadores no debe ocultar que lo hace desde una perspectiva jacobina de izquierdas que se inicia en la Revolución Francesa y que ha mantenido la izquierda española hasta las guerras coloniales marroquíes. Es también muy semejante a la definición de la guerra civil española que realizó el Partido Comunista de España al proclamarla como la «guerra nacional-revolucionaria del pueblo español contra el fascismo internacional».

06 agosto 2016

los carteles de la guerra civil del Libano

En un país en el que llegar a un consenso sobre cualquier cuestión, por trivial que sea, es una odisea imposible, los líderes de los principales partidos políticos libaneses han hecho historia con un acuerdo en el que se pone fin a una larga tradición en Líbano: los carteles políticos.
La utilización de los carteles políticos en Líbano se remonta hasta antes de la guerra civil, y alcanzó su apogeo durante la misma. Retratos de líderes heroicos, puños enfrentándose a las armas del enemigo, imágenes de los numerosos mártires y eslóganes coreados por las diferentes milicias poblaron las calles de Beirut durante el conflicto y supusieron una nueva forma de arte entre la destrucción y la muerte.
En árabe: “No pasarán, oh, cedros del Líbano” – OLP, 1969

Más que instrumentos de propaganda, los carteles marcaban el territorio controlado por las diferentes milicias, consolidando una identidad propia frente a un enemigo deshumanizado e inferior.
Hoy, pocos carteles quedan de aquellos años en las paredes de Beirut. En las diferentes ciudades libanesas llenan los muros los rostros de los mártires en las últimas guerras contra Israel, los muertos en los atentados recientes contra personalidades pro-sirias y eslóganes publicitarios que intentan imitar el arte desarrollado durante la guerra civil pero que no son sino una sombra de los carteles originales.
Esta es la historia de Líbano contada a través de sus carteles:
Frente Árabe de Liberación, 1975

En árabe:” [a la derecha] Esto es lo que los sionistas hicieron en Deir Yassin en 1948… y [a la izquierda] esto es lo que los bandidos de la Falange han hecho en Ain el-Remmaneh en 1975″. El cartel compara la masacre que tuvo lugar en Deir Yassin durante la guerra civil entre judíos y palestinos y la masacre del autbobús de Beirut que dio lugar al inicio de la guerra civil libanesa.
La guerra civil libanesa comenzó en un autobús el mediodía del 13 de abril de 1975. En respuesta a un tiroteo que había sucedido por la mañana aquel día entre fedayines palestinos y milicianos cristianos, miembros de la Falange Libanesa habían establecido controles de carretera en el barrio de Ain el-Remmaneh, en el este de Beirut. Al paso de un autobús lleno de refugiados palestinos, los falangistas abrieron fuego, matando a 27 personas e hiriendo a 19.
Oficialmente, la “masacre del autobús” marca el inicio de una guerra que duraría 15 años, en la que murieron 150.000 personas y cuyos efectos se pueden sentir aún en el espíritu de cualquier libanés. Beirut, igual que Líbano en su totalidad, se dividió en dos grandes bandos separados por una línea religiosa pero también ideológica: cristianos y musulmanes, anti-palestinos y pro-palestinos.
Fuerzas Libanesas, 1978

En árabe: “Vuestra estratagema ha sido descubierta y la justicia prevalecerá”. Un caballo de Troya permite entrar en Líbano al ejército sirio, traicionando la confianza de sus aliados cristianos.
En 1976, un año después del inicio de la guerra civil y con las milicias cristianas en una posición de desventaja frente a la alianza formada por musulmanes libaneses, palestinos y grupos de izquierdas, el presidente Suleiman Franjiyeh pidió la intervención militar del país vecino, Siria, que envió 20.000 soldados para proteger a los cristianos.
Para Siria era una oportunidad única de proteger las rutas de suministros desde el puerto de Beirut, al mismo tiempo que controlaba grandes extensiones de territorio libanés, ganaba terreno en la frontera norte de Israel y asestaba un duro golpe a las facciones musulmanas contrarias al régimen sirio con presencia en Líbano.
Sin embargo, como muestra el cartel, en 1978 las milicias cristianas se enfrentaron a sus antiguos aliados sirios en los barrios del este de Beirut. Tras 100 días de lucha, el ejército sirio fue expulsado de las zonas cristianas de la capital libanesa.
La guerra civil entraba en una nueva fase.
Organización por la Liberación de Palestina, 1981

En árabe: “Con el fusil…con el fusil liberamos Palestina”. El cartel hace referencia a un discurso de Yasser Arafat de 1974 en el que menciona el fusil y la rama de olivo como las dos opciones para lograr la paz en Palestina. Pocos años después, el fusil, cogido con ambas manos, había remplazado por completo a la rama de olivo. 
En marzo de 1978 y en respuesta a los continuos ataques de la Organización por la Liberación de Palestina (OLP) en territorio israelí, el ejército israelí lanzó una operación para acabar con las bases palestinas establecidas en el sur del Líbano.
En menos de una semana, el ejército israelí ocupó gran parte del territorio al sur del río Litani, forzando a los fedayines palestinos a huir hacia el norte. Con el fin de evitar futuros ataques sobre Israel, se creó una milicia armada cristiana, el “Ejército del Sur del Líbano” que operó hasta el año 2000 con el apoyo del ejecutivo israelí.
Fuerzas Nacionales Libanesas, 1983

En árabe: “Resistiremos”. Una persona vestida con atuendo árabe se enfrenta con su voz y con el puño en alto a los cañones marcados con la estrella de David, en referencia al ejército israelí.
En junio de 1982, y tras una serie de enfrentamientos entre milicias palestinas e israelíes, el ejército israelí volvió a invadir el sur del Líbano con el propósito de derrotar de forma definitiva a la OLP de Arafat. En 15 días, las tropas comandadas por Ariel Sharon se situaron en las afueras de Beirut, desde donde procedieron a bombardear las posiciones palestinas situadas en Beirut oeste.
En una posición desesperada y con la intención de salvar a sus fedayines de la derrota total, Arafat consiguió llegar a un acuerdo con las potencias occidentales por el que los milicianos palestinos serían evacuados de Beirut oeste hacia Túnez, mientras que una fuerza multinacional se establecería en la capital libanesa con el objetivo de proteger a los civiles. Las primeras tropas francesas llegaron a Beirut el 21 de agosto de 1982.
Fuerzas Libanesas

En árabe: “Nuestro Líbano te necesita”. Bashir Gemayel, líder de la Falange Libanesa imitando al tío Sam en un cartel para promover el reclutamiento de milicianos.
El 23 de agosto, Bashir Gemayel, líder de Fuerzas Libanesas y de la Falange Libanesa, se convirtió en presidente de Líbano en unas elecciones en las que fue el único candidato.
Aliado de Israel y de las potencias occidentales, Bashir era un símbolo y un ídolo para los cristianos libaneses, llegando a ejercer cierto magnetismo incluso entre sus enemigos.
El 14 de septiembre de 1982, Bashir Gemayel se reunió por última vez con sus compañeros de las Fuerzas Libanesas antes de jurar el cargo de presidente. Durante la reunión, una bomba colocada por un libanés perteneciente a las milicias pro-sirias acabó con la vida de la gran esperanza cristiana en Líbano.
El día siguiente, el ejército israelí, violando los acuerdos internacionales, entró en Beirut oeste. El 16 de septiembre, milicianos falangistas, con el apoyo de tropas israelíes, cometieron una masacre en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila en represalia por el asesinato de Bashir.
Hezbollah

En árabe: “La victoria es la aliada del pueblo que ve el martirio y la felicidad que conlleva”. Una flor roja con el emblema de Irán florece desde unas manos en señal de oración.
A finales de 1982, un nuevo actor entró en escena con un atentado suicida contra un edificio utilizado por el ejército israelí en la ciudad de Tiro, el primero de esta clase en Líbano del que se tiene constancia. Apenas unos meses después, otro ataque acababa con la vida de 63 personas en la embajada americana en Beirut. En octubre de 1983, sendos atentados suicidas destruyeron los cuarteles de las fuerzas norteamericana y francesa en la capital libanesa. Eran los inicios de Hezbollah en Líbano.
Con la retirada de las tropas multinacionales y la desintegración del ejército libanés, muchos de cuyos soldados eran chiíes que se unieron a las filas de Hezbollah, Líbano entró en una fase caótica de la guerra civil.
La lucha por el poder sustituyó a las alianzas que habían luchado juntas durante los 10 últimos años. Chiíes contra chiíes, suníes contra suníes y cristianos contra cristianos se disputaron las ruinas de un país que años atrás había sido el más próspero de Oriente Medio.
Partido Comunista Libanés, 1982

En árabe: “Unamos nuestros esfuerzos en la lucha por la independencia”. Un trabajador que sujeta herramientas para trabajar en el campo se confunde con la bandera libanesa.
Entre las numerosas milicias de la guerra civil se encontraba el Partido Comunista Libanés, que había participado activamente en el frente que agrupaba a los partidos musulmanes y de izquierdas durante el inicio del conflicto.
La emergencia de grupos islamistas en la guerra civil certificó el fin paulatino del Partido Comunista, que siguió combatiendo junto a dichos grupos a pesar de la incompatibilidad de sus ideologías y de ser víctima en numerosas ocasiones de ataques de fundamentalistas islámicos.
Idealistas en su visión del conflicto libanés, los milicianos del Partido Comunista llegaron a situarse como fuerza de interposición entre Amal y Hezbollah durante las luchas por controlar los campos de refugiados palestinos en Beirut entre 1984 y 1989. Una estrategia que llevó, en la práctica, al suicidio a cientos de combatientes comunistas y que firmó el fin del Partido como actor principal dentro de la política libanesa.
Fuerzas Libanesas, 1989

En árabe: “El día de la resistencia”. Samir Geagea, líder de la milicia cristiana Fuerzas Libanesas, imita a la Estatua de la Libertad sujetando una llama que simboliza la libertad y la resistencia contra el ejército sirio.
Con la guerra civil llegando a su fin, a principios de 1989 el presidente del país, el general Michel Aoun, hizo un llamamiento a la resistencia contra el ejército sirio, que seguía ocupando una gran parte del país. Durante los siguientes meses, el ejército libanés bombardeó las posiciones sirias, forzando a gran parte de la población de Beirut a huir de sus hogares.
Mientras los partidos políticos libaneses llegaban a un acuerdo de paz en Taif, Arabia Saudí, para poner fin a 15 años de guerra civil, Aoun rechazó la posibilidad de dimitir como presidente y continuó las hostilidades con el ejército sirio hasta que, finalmente, en 1991, se vio obligado a exiliarse a Francia.



En árabe: "Resistencia, resistencia hasta la libertad" - Amal
Amal

En árabe: “Resistencia, resistencia hasta la libertad”. La imagen representa un pasaje del Corán en el que se cuenta que, durante un ataque a la Kaaba, el lugar hacia donde rezan los musulmanes, una bandada de pájaros atacó con piedras a los invasores, derrotándoles. En este caso, los invasores son los soldados israelíes en el sur de Líbano.
Acabada la guerra, Israel seguía ocupando una gran franja de territorio en el sur del Líbano con el poyo de sus aliados cristianos del Ejército del Sur del Líbano. Durante los siguientes años, Hezbollah, apoyado por milicianos de Amal y, en menor medida, del Partido Comunista Libanés, lideró una guerra de guerrillas contra el ejército israelí hasta forzar su retirada del sur del país en mayo de 2.000.
La decisión de abandonar Líbano cogió desprevenida a las unidades del Ejército del Sur del Líbano, quienes sin el apoyo de sus aliados israelíes eran incapaces de mantener sus posiciones frente a los ataques de Hezbollah. La mayoría de los miembros del ESL huyeron a Israel y mientras que aquellos que se quedaron en Líbano fueron juzgados por traición en tribunales militares.
Aunque en los acuerdos de paz de Taif uno de los puntos tratados fue el desarme de todas las milicias presentes en el Líbano, Hezbollah había justificado la necesidad de guardar su armamento para continuar la lucha contra Israel, que ocupaba gran parte del sur del país.
En la actualidad, Hezbollah considera que el ejército israelí sigue ocupando una pequeña franja de terreno conocida como ‘las granjas de la Shebaa’, junto a los altos del Golán, por lo que rechaza el desarme. Oficialmente, es la única milicia que ha mantenido sus armas.



Foto: ANWAR AMRO/AFP/Getty Images

En árabe: “Por lo que hemos conseguido, por ti, allí estaremos”. El cartel hace referencia a las manifestaciones que tuvieron lugar en Beirut en protesta por el asesinato del antiguo primer ministro Rafiq Hariri (en la foto) en las que se acusaba a Siria de ser culpable del atentado.
El 14 de febrero de 2005 explotaba un camión bomba al paso del convoy del antiguo primer ministro libanés Rafiq Hariri. Fue el primer asesinato de una larga lista de objetivos entre los que se encontraban periodistas, políticos, y activistas críticos con la presencia de tropas sirias dentro de Líbano.
Su asesinato inició una serie de manifestaciones multitudinarias, conocidas como la Revolución de los Cedros que forzaron la dimisión del gobierno pro-sirio y la retirada de las últimas tropas sirias que, desde 1976 ocupaban parte de Líbano.
El Tribunal Especial del Líbano, que juzga el asesinato de Rafiq Hariri ha acusado a 4 miembros de Hezbollah de ser los responsables del atentado, aunque ninguno de ellos ha sido detenido.



Beirut, 2006 - Foto: HASSAN AMMAR/AFP/Getty Images
Beirut, 2006 – Foto: HASSAN AMMAR/AFP/Getty Images


Los carteles políticos mostrados en este artículo pertenecen al fondo documental de la Universidad Americana de Beirut, que se puede consultar en su página web y que constituyen un excelente testigo de la guerra civil en Líbano.

05 agosto 2016

Filipinas libera a 3 jefes comunistas para que participen en diálogo de paz

Manila, 5 ago (EFE).- La justicia filipina dejó hoy en libertad condicional por seis meses a tres jefes de la insurgencia comunista para que puedan participar en las conversaciones de paz que el Gobierno y el Frente Democrático Nacional de Filipinas (NDFP, sigla en inglés) retomarán en Oslo a finales de agosto.
El Tribunal Supremo de Filipinas indicó en su fallo que "la libertad bajo fianza quedará automáticamente cancelada una vez haya concluido su cometido o las negociaciones de paz" antes de los seis meses otorgados, según el diario local "Inquirer".
Los líderes comunistas puestos en libertad tras el pago de una fianza de 100.000 pesos (2.130 dólares o 1.912 euros) son Saturnino Ocampo, Randall Echanis y Vicente Ladlad.
Los equipos negociadores del Gobierno filipino y el NDFP, una plataforma que agrupo al proscrito Partido Comunista de Filipinas y otras organizaciones de izquierdas, se reunirán del 20 al 27 de agosto en Oslo.
Está previsto que ambas partes aborden la declaración de un alto el fuego, una amnistía para los presos comunistas, formas para acelerar el proceso de pas y que se confirmen los acuerdos previos.
Desde que Rodrigo Duterte ganó las elecciones presidenciales del 9 de mayo, el Ejecutivo y la rebelión comunista han acercado posturas para reanudar el diálogo roto desde 2013.
Una de las razones para que se rompiesen las negociaciones hace tres años fue la negativa del entonces presidente Benigno Aquino (2010-16) a excarcelar a negociadores comunistas.
Representantes de ambos bandos mantuvieron en junio en Oslo contactos exploratorios y acordaron volver a reunirse en el mismo lugar en agosto.
El 25 de julio, Duterte anunció un alto el fuego unilateral que canceló cinco días más tarde, tras un ataque el Nuevo Ejército del Pueblo (NEP), el brazo armado del Partido Comunista de Filipinas.
El Partido Comunista de Filipinas fue creado en 1968 como una organización política clandestina con el objetivo principal de derrocar al Gobierno.
El Nuevo Ejército del Pueblo nació ese mismo año y cuenta en la actualidad con unos 6.000 combatientes, aunque llegó a tener 26.000 efectivos durante la década de 1980.
A pesar del progresivo debilitamiento de la rebelión comunista, la guerrilla aún mantiene una importante influencia en zonas rurales del archipiélago y se financia a través de la extorsión a empresarios locales. EFE

04 agosto 2016

Los interrogantes de la Guerra Civil

¿La violencia fue el desencadenante de la sublevación militar?
graficoEntre las causas que se han aducido desde el bando franquista para explicar la sublevación militar del 18 de julio está la presunta situación de violencia durante la II República y especialmente tras el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, violencia que culminó con el asesinato de Calvo Sotelo. El libro Cifras cruentas. Las víctimas mortales de la violencia sociopolítica en la Segunda República española (1931-1936), del profesor Eduardo González Calleja, demuestra estadísticamente que el grado de violencia no fue tan alto como se proclamaba, que hubo muchas más víctimas durante el Bienio Negro (radical-cedista) que durante el Frente Popular y que buena parte de los fallecidos eran de izquierdas, lo que demuestra la contundencia de las fuerzas gubernamentales. Entre 1931 y el 18 de julio hubo 2.629 víctimas mortales (más de 1.400, en la revolución de octubre del 34). De ellas, 1.550 fueron causadas por las fuerzas del Estado, que sufrieron también 455 bajas (la mayoría guardias civiles y carabineros). En los casos en que se ha podido determinar la militancia política, el 90% pertenecían a la izquierda. En cuanto al supuesto anticlericalismo, hubo una quema de conventos en mayo de 1931, pero desde entonces hasta 1936 sólo dos religiosos resultaron muertos, si exceptuamos los 33 asesinados en Asturias en 1934. Desde febrero del 36 hasta el 18 de julio hubo 384 víctimas mortales (pero sólo una tercera parte de elementos derechistas). Y, de hecho, la mayor conflictividad social se vivía en el campo más que entre los obreros.
¿Cómo se preparó el golpe de Estado del 18 de julio?
Dice el historiador Julián Casanova que “la República intentó transformar demasiadas cosas a la vez: la tierra, la Iglesia, el ejército, la educación, las relaciones laborales. Suscitó grandes expectativas, que no pudo satisfacer, y se creó pronto muchos y poderosos enemigos”. Militares de extrema derecha empezaron a conspirar desde principios de 1936, dirigidos por los generales José Sanjurjo y Emilio Mola. Los monárquicos, encabezados por Pedro Sainz Rodríguez, hicieron gestiones con Mussolini para la compra de armamento, financiado por Juan March. Ángel Viñas ha detallado los “contratos romanos”, que a 1 de julio de 1936 facilitaban ya 6 aviones, 12.000 bombas y numeroso material bélico.
La tarde del 17 de julio, Franco se puso al frente de las guarniciones sublevadas en Marruecos. Los falangistas, los carlistas, la CEDA, la Iglesia y los monárquicos se pusieron de su lado. La Guerra Civil empezó como consecuencia de un golpe de Estado militar que no logró apoderarse del poder, por la propia división de las fuerzas armadas y por una resistencia importante de la República.
¿Cómo condicionó la ayuda exterior el resultado final?
A finales de agosto de 1936 Francia, Gran Bretaña, Italia, Alemania y la URSS habían suscrito el Acuerdo de No Intervención en España. Pero para entonces Hitler y Mussolini habían enviado ya aviones y armas a Franco (las pagó con créditos y ayudas de los grandes financieros y compañías). La Unión soviética lo hizo a partir de octubre y su ayuda fue pagada con las reservas de oro del Banco de España (510 toneladas de oro, que fueron trasladadas a Moscú). España se convirtió en un banco de pruebas militar. A la presencia de la Brigadas Internacionales (unos 35.000 voluntarios) se sumaron los militares profesionales, de Alemania (la Legión Cóndor sumó hasta 19.000 hombres) e Italia (78.000), por un lado, y de la URSS, por el otro, aunque con menos efectivos y material más anticuado. Un desequilibrio patente.
¿Franco prolongó innecesariamente la guerra?
Gabriel Cardona ( Historia militar de una guerra civil) y otros historiadores consideran que Franco cometió errores tácticos y estratégicos que prolongaron la guerra. Sin embargo, otros autores, como Paul Preston y Ángel Viñas, atribuyen algunas decisiones a la necesidad de consolidar su liderazgo entre el estamento militar, a su voluntad de castigar al ejército enemigo –aunque le supusiera perder soldados propios– y limpiar el territorio. La primera duda surge cuando el ejército procedente de África, tras conquistar en el verano del 36 dos capitales como Badajoz y San Sebastián, no siguió la marcha hacia Madrid. Franco ordenó al general José Enrique Varela que se desviara hacia Toledo para liberar a los resistentes del alcázar de Toledo, dirigidos por el coronel Moscardó. El retraso en el ataque a Madrid permitió a los republicanos reorganizar su defensa, recibir el apoyo de las Brigadas Internacionales y recibir las primeras ayudas de material soviético. Más difícil de explicar aún es por qué tras la caída de Lleida en abril de 1938 Franco impide al general Yagüe avanzar hacia Barcelona. Ricardo de la Cierva asegura que el propio Jefe del Estado le comentó que se temía que Francia invadiese Catalunya. Ángel Viñas ha explicado que el ministro de Defensa francés Léon Blum planteó a su Gobierno ayudar a la República pero no con una invasión sino con material de guerra y liquidar así la política de no intervención, “que tanto había perjudicado a la República”. Franco lo sabe a través de sus espías y aun así decide frenar el avance y dirigirse hacia Valencia.
¿Franco nos salvó de una revolución comunista?
El hispanista Hugh Thomas, pionero en el estudio riguroso de la Guerra Civil, regaló en 1968 a un joven historiador llamado Paul Preston el libro de Herbert R. Southworth El mito de la cruzada de Franco,con esta dedicatoria: “Por favor, sigue desmitificando”. Y a ello ha contribuido Preston con varios libros indispensables, entre ellos Franco. Caudillo de España, que explica las ambiciones de este general y demuestra, como lo ha hecho más recientemente Fernando Hernández Sánchez, que el “peligro comunista” era infundado. Ni el PCE tenía peso numérico ni la URSS, más pendiente de una alianza con Francia para frenar a Alemania, estaba interesada en una revolución en España.
Mil días que dejaron 600.000 muertos
Aunque al final de la contienda se habló de “un millón de muertos” –título de una popular novela de José María Gironella–, el número de víctimas mortales fue de unas 600.000. Recientes trabajos de Paul Preston ( El holocausto español), Santos Julià ( Víctimas de la guerra civil ) y Francisco Espinosa ( Violencia roja y azul. España, 1936-1959 ) hacen un resumen de distintos estudios para dar las cifras más aproximadas: Unos 300.000 soldados de ambos bandos murieron en el frente de batalla. Cerca de 200.000 personas fueron ejecutadas (los republicanos mataron a unas 50.000 –entre ellas 6.800 miembros del clero– y los nacionales a unos 130.000-140.000). Tras la finalización de la guerra, la represión franquista mató entre 20.000 y 50.000 republicanos. Los enfrentamientos con los maquis dejaron otros 2.500 muertos (2.173 guerrilleros y unos 300 miembros de las fuerzas armadas). Los bombardeos de la aviación franquista, italiana y alemana dejaron 11.000 muertos; los republicanos y soviéticos, 1.100 muertos. Y en esos tres años de guerra, la caída de la natalidad fue de 576.000 personas.