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04 agosto 2016

Los interrogantes de la Guerra Civil

¿La violencia fue el desencadenante de la sublevación militar?
graficoEntre las causas que se han aducido desde el bando franquista para explicar la sublevación militar del 18 de julio está la presunta situación de violencia durante la II República y especialmente tras el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, violencia que culminó con el asesinato de Calvo Sotelo. El libro Cifras cruentas. Las víctimas mortales de la violencia sociopolítica en la Segunda República española (1931-1936), del profesor Eduardo González Calleja, demuestra estadísticamente que el grado de violencia no fue tan alto como se proclamaba, que hubo muchas más víctimas durante el Bienio Negro (radical-cedista) que durante el Frente Popular y que buena parte de los fallecidos eran de izquierdas, lo que demuestra la contundencia de las fuerzas gubernamentales. Entre 1931 y el 18 de julio hubo 2.629 víctimas mortales (más de 1.400, en la revolución de octubre del 34). De ellas, 1.550 fueron causadas por las fuerzas del Estado, que sufrieron también 455 bajas (la mayoría guardias civiles y carabineros). En los casos en que se ha podido determinar la militancia política, el 90% pertenecían a la izquierda. En cuanto al supuesto anticlericalismo, hubo una quema de conventos en mayo de 1931, pero desde entonces hasta 1936 sólo dos religiosos resultaron muertos, si exceptuamos los 33 asesinados en Asturias en 1934. Desde febrero del 36 hasta el 18 de julio hubo 384 víctimas mortales (pero sólo una tercera parte de elementos derechistas). Y, de hecho, la mayor conflictividad social se vivía en el campo más que entre los obreros.
¿Cómo se preparó el golpe de Estado del 18 de julio?
Dice el historiador Julián Casanova que “la República intentó transformar demasiadas cosas a la vez: la tierra, la Iglesia, el ejército, la educación, las relaciones laborales. Suscitó grandes expectativas, que no pudo satisfacer, y se creó pronto muchos y poderosos enemigos”. Militares de extrema derecha empezaron a conspirar desde principios de 1936, dirigidos por los generales José Sanjurjo y Emilio Mola. Los monárquicos, encabezados por Pedro Sainz Rodríguez, hicieron gestiones con Mussolini para la compra de armamento, financiado por Juan March. Ángel Viñas ha detallado los “contratos romanos”, que a 1 de julio de 1936 facilitaban ya 6 aviones, 12.000 bombas y numeroso material bélico.
La tarde del 17 de julio, Franco se puso al frente de las guarniciones sublevadas en Marruecos. Los falangistas, los carlistas, la CEDA, la Iglesia y los monárquicos se pusieron de su lado. La Guerra Civil empezó como consecuencia de un golpe de Estado militar que no logró apoderarse del poder, por la propia división de las fuerzas armadas y por una resistencia importante de la República.
¿Cómo condicionó la ayuda exterior el resultado final?
A finales de agosto de 1936 Francia, Gran Bretaña, Italia, Alemania y la URSS habían suscrito el Acuerdo de No Intervención en España. Pero para entonces Hitler y Mussolini habían enviado ya aviones y armas a Franco (las pagó con créditos y ayudas de los grandes financieros y compañías). La Unión soviética lo hizo a partir de octubre y su ayuda fue pagada con las reservas de oro del Banco de España (510 toneladas de oro, que fueron trasladadas a Moscú). España se convirtió en un banco de pruebas militar. A la presencia de la Brigadas Internacionales (unos 35.000 voluntarios) se sumaron los militares profesionales, de Alemania (la Legión Cóndor sumó hasta 19.000 hombres) e Italia (78.000), por un lado, y de la URSS, por el otro, aunque con menos efectivos y material más anticuado. Un desequilibrio patente.
¿Franco prolongó innecesariamente la guerra?
Gabriel Cardona ( Historia militar de una guerra civil) y otros historiadores consideran que Franco cometió errores tácticos y estratégicos que prolongaron la guerra. Sin embargo, otros autores, como Paul Preston y Ángel Viñas, atribuyen algunas decisiones a la necesidad de consolidar su liderazgo entre el estamento militar, a su voluntad de castigar al ejército enemigo –aunque le supusiera perder soldados propios– y limpiar el territorio. La primera duda surge cuando el ejército procedente de África, tras conquistar en el verano del 36 dos capitales como Badajoz y San Sebastián, no siguió la marcha hacia Madrid. Franco ordenó al general José Enrique Varela que se desviara hacia Toledo para liberar a los resistentes del alcázar de Toledo, dirigidos por el coronel Moscardó. El retraso en el ataque a Madrid permitió a los republicanos reorganizar su defensa, recibir el apoyo de las Brigadas Internacionales y recibir las primeras ayudas de material soviético. Más difícil de explicar aún es por qué tras la caída de Lleida en abril de 1938 Franco impide al general Yagüe avanzar hacia Barcelona. Ricardo de la Cierva asegura que el propio Jefe del Estado le comentó que se temía que Francia invadiese Catalunya. Ángel Viñas ha explicado que el ministro de Defensa francés Léon Blum planteó a su Gobierno ayudar a la República pero no con una invasión sino con material de guerra y liquidar así la política de no intervención, “que tanto había perjudicado a la República”. Franco lo sabe a través de sus espías y aun así decide frenar el avance y dirigirse hacia Valencia.
¿Franco nos salvó de una revolución comunista?
El hispanista Hugh Thomas, pionero en el estudio riguroso de la Guerra Civil, regaló en 1968 a un joven historiador llamado Paul Preston el libro de Herbert R. Southworth El mito de la cruzada de Franco,con esta dedicatoria: “Por favor, sigue desmitificando”. Y a ello ha contribuido Preston con varios libros indispensables, entre ellos Franco. Caudillo de España, que explica las ambiciones de este general y demuestra, como lo ha hecho más recientemente Fernando Hernández Sánchez, que el “peligro comunista” era infundado. Ni el PCE tenía peso numérico ni la URSS, más pendiente de una alianza con Francia para frenar a Alemania, estaba interesada en una revolución en España.
Mil días que dejaron 600.000 muertos
Aunque al final de la contienda se habló de “un millón de muertos” –título de una popular novela de José María Gironella–, el número de víctimas mortales fue de unas 600.000. Recientes trabajos de Paul Preston ( El holocausto español), Santos Julià ( Víctimas de la guerra civil ) y Francisco Espinosa ( Violencia roja y azul. España, 1936-1959 ) hacen un resumen de distintos estudios para dar las cifras más aproximadas: Unos 300.000 soldados de ambos bandos murieron en el frente de batalla. Cerca de 200.000 personas fueron ejecutadas (los republicanos mataron a unas 50.000 –entre ellas 6.800 miembros del clero– y los nacionales a unos 130.000-140.000). Tras la finalización de la guerra, la represión franquista mató entre 20.000 y 50.000 republicanos. Los enfrentamientos con los maquis dejaron otros 2.500 muertos (2.173 guerrilleros y unos 300 miembros de las fuerzas armadas). Los bombardeos de la aviación franquista, italiana y alemana dejaron 11.000 muertos; los republicanos y soviéticos, 1.100 muertos. Y en esos tres años de guerra, la caída de la natalidad fue de 576.000 personas.

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