30 septiembre 2016

Gramsci

Antonio Gramsci (1891-1937). Estudió lingüística y filología en la universidad de Turín. Después de una precoz colaboración en la prensa socialista, funda la revista L'Ordine Nuovo que llega a constituir un hito en el nivel teórico del marxismo italiano. Con gran entusiasmo, y no menor rigor, Gramsci se esforzó porqueL'Ordine Nuovo aportase al pensamiento y a la «praxis» marxista la altura necesaria para que pudiesen alcanzar su plena efectividad revolucionaria. De hecho, su labor periodística constituyó un serio intento de reforma intelectual y moral, inspirado en el precedente idealista de B. Croce, para fundamentar en el marxismo una gran labor de esclarecimiento y crítica de los basamentos sociológicos de la cultura nacional italiana.
No menor importancia revistió su actividad como dirigente político, ya que se convirtió en el teórico y organizador de los «consejos de fábrica» que por entonces florecieron en Turín. Posteriormente, tras un período de intensa militancia en el movimiento socialista, Gramsci encabeza el núcleo fundacional del partido comunista italiano. Proclamado el fascismo, Gramsci es detenido, no obstante la inmunidad parlamentaria que gozaba como diputado, y condenado a veinte años de prisión. En tan difíciles condiciones redacta sus célebres Quaderni del carcere, que lo consagraron como autoridad teórica del movimiento obrero internacional.
Superada su etapa crociana inicial –pero con consecuencias enriquecedoras de su pensamiento que subsistirán en el conjunto de su obra– Gramsci percibe precozmente el marxismo como una auténtica ruptura de toda ilusión especulativa. Tal orientación podría ser sintetizada en la célebre fórmula gramsciana de que «todo es política». Empero, si en Gramsci, no obstante sus preocupaciones teóricas y el elevado nivel con que abordó las más complejas tareas intelectuales. la actividad del militante revolucionario ocupa un primer plano, no por ello incurre en un practicismo político estrecho. Por el contrario, como señala el profesor M. Sacristán, «toda la obra de Gramsci queda estructurada por la finalidad de determinar un renacimiento del marxismo y de elevar esta concepción filosófica, que por necesidades de la vida práctica se ha venido ‘vulgarizando’, a la altura que debe de alcanzar para la solución de las tareas más complejas que propone el actual desarrollo histórico; es decir, elevarlo a la creación de una cultura integral». Según Sacristán, «Gramsci cumplirá esta tarea, de acuerdo con la inspiración básica de Marx, no eliminando del marxismo el concepto central de práctica, sino proporcionando la más profunda concepción de ésta que se ha alcanzado en la literatura marxista. Por encima del accidental origen de la expresión, Gramsci es realmente el filósofo de la práctica»{1}.
Para Gramsci, la filosofía de la praxis no se daba todavía bajo una forma propiamente «filosófica», en el sentido de un sistema coherente y organizado. Surgió en forma de aforismos y criterios prácticos, debido a que su creador –Marx– no pudo elaborarla por haberse concentrado en otros problemas. Polemizando con B. Croce –que reducía el marxismo a una metodología histórica– Gramsci postulaba una premisa teórica: «la filosofía de la praxis está por elaborar; lo que no significa que no exista potencialmente, sino, por el contrario, que incumbe a los seguidores de Marx y Engels desarrollar lo que éstos han dejado en germen»{2}.
En consecuencia, Gramsci aporta su propia contribución. A la pregunta ¿Qué es la filosofía? responde negando la existencia de una «filosofía en general», para afirmar la de diversas filosofías, o concepciones del mundo, entre las que se debe de optar. Combatiendo las concepciones elitistas de la filosofía, Gramsci considera que ésta no debe reservarse exclusivamente a «filósofos profesionales» ya que en la medida que se trata de una actividad intelectual practicada generalmente «todos los hombres son filósofos».
El énfasis historicista de Gramsci hace adquirir a su pensamiento especificidad propia en el seno del marxismo. Como indica G. Bueno, «el materialismo histórico, bajo la influencia de Engels, habría experimentado constantemente una tendencia a desplazarse hacia el materialismo dialéctico (en el sentido naturalista); como compensación a ese desplazamiento podrían entenderse gran parte de las interpretaciones ‘voluntaristas’, ‘subjetivistas’ o ‘metafísicas’, consistentes en subrayar los momentos del ‘espíritu subjetivo’ y del ‘espíritu absoluto’ (marxismo cristiano, marxismo moral, &c.). Gramsci representaría la interpretación de esa vuelta al revés de Hegel –de Croce– en el sentido de desplazamiento del ‘centro de gravedad’ de la historia al lugar ontológico que, en el sistema hegeliano, se designa como ‘espíritu objetivo’».
Con ello la filosofía deja de ser un estéril manejo de conceptos para pasar a ser acción tanto como concepción.
La identificación filosofía-política-historia constituye el núcleo de la concepción gramsciana de la filosofía. Para Gramsci, en efecto, la política es el primer momento donde la filosofía se halla en la fase de simple y elemental afirmación. En consecuencia, la filosofía, concebida como «reflexión critica» es también política; es decir «acción permanente», y, en este sentido, su identificación con la política significa: realización concreta y necesaria de una teoría o de una concepción del mundo.
Sin embargo, Gramsci no se desentendió de las ciencias naturales ni de los problemas epistemológicos generales. Al igual que Lenin, profundizó en la problemática de la física contemporánea para fundamentar científicamente la noción de objetividad y así contribuir a resolver el arduo problema de la relación entre ciencia y filosofía. La misma finalidad persigue cuando se plantea el problema de la denominada «realidad del mundo externo», estudia la relación entre ciencia e instrumentos científicos, o profundiza en la elaboración del concepto de ciencia. «Lo que interesa a la ciencia no es tanto... la objetividad de lo real cuanto el hombre que elabora sus métodos... que rectifica constantemente sus instrumentos materiales... y lógicos –incluidos los matemáticos– lo que interesa es la cultura... la relación del hombre con la realidad por medio de la tecnología. Incluso en la ciencia buscar la realidad fuera de los hombres... (no es sino) una paradoja...»{3} Así trataba Gramsci de basar en sólidos fundamentos epistemológicos la Weltanschauung que haga del marxismo una auténtica filosofía.
No obstante, el esfuerzo teórico de Gramsci no constituía una pretensión asépticamente especulativa. Su precoz instinto político le hizo percibir que el cientificismo tras el que se ocultaban las posiciones revisionistas de los líderes de la II Internacional tenía no sólo raíces sociales objetivas, sino también fundamentos gnoseológicos de claro origen positivista. De ahí su triple lucha contra las impregnaciones que en el seno del marxismo habían alcanzado el positivismo, el determinismo económico y el reduccionismo sociologista. Sin por ello descuidar la necesidad de un «ajuste filosófico de cuentas» con el idealismo de Benedetto Croce, soporte ideológico fundamental de la burguesía italiana. Tal es el origen de la atención especial que dedicó al problema de las relaciones entre base (infraestructura) y superestructura, a la función del bloque histórico y a su interconexión con ambos planos de la formación histórica. Su exhaustiva investigación del papel de los intelectuales como «funcionarios de las superestructuras» y la distinción –ya clásica– entre «intelectual tradicional» e «intelectual orgánico», completa una faceta de la aportación teórica gramsciana de indudable trascendencia filosófica. Reviste también importancia su diferenciación entre «ideologías históricamente orgánicas» e «ideologías arbitrarias»; así como el conjunto de su amplio trabajo acerca de la crítica de la cultura.
Actualmente, asistimos a un movimiento mundial de revalorización del pensamiento filosófico y político de Gramsci. A ello contribuyen los congresos internacionales de estudios gramscianos –que periódicamente organiza el Instituto Gramsci–, la edición de sus obras en los más diversos idiomas, y el hecho de que existe general coincidencia en considerar que el análisis de Gramsci representa la única verdadera tentativa marxista de explicitar las modalidades del paso al socialismo en las condiciones del capitalismo avanzado. Ese es el origen de la vigencia del pensamiento de Gramsci. O, más precisamente, su creciente actualidad a medida que la problemática contemporánea se centra cada vez más en la temática que constituyó su preocupación fundamental.
Las obras de Gramsci han sido publicadas por Giulio Einaudi de Turín. Han aparecido ya Lettere dal carcere (1947), Il materialismo storico e la filosofia di Benedetto Croce (1948), Gli intellettuali e l´organizacione della cultura (1949), Note sul Machiavelli, sulla política e sullo stato moderno (1949), Letteratura e vita nazionale (1950), Passato e presente (1951), L'Ordine Nuovo (1954), Scritti giovanile (1958), Sotto la Mole (1960). Una edición crítica de las obras completas de Gramsci, realizada por un equipo del «Instituto Gramsci» dirigido por Valentino Gerratana aparecerá próximamente.
En castellano se han editado: Cultura y literatura, Barcelona 1967; Introducción a la filosofía de la praxis, Barcelona 1969; La política y el estado moderno, Barcelona 1971; Antología (selección y notas de M. Sacristán), Madrid 1974.
Sobre Gramsci: A. R. Buzi, La teoría política de Gramsci, Barcelona 1969; D. Grisoni-R. Maggiori, Leer a Gramsci, Madrid 1974; J. M. Laso Prieto, Introducción al pensamiento de Gramsci, Madrid 1973; F. Lombardi, Las ideas pedagógicas de Gramsci, Barcelona 1973; J. M. Piotte, El pensamiento político de Gramsci, Barcelona 1973.
Notas
{1} Cita transcrita en el prólogo de D. Grisoni-R. Maggiori, Leer a Gramsci, Madrid 1974, pág. 11.
{2} Ibídem, pág. 218.
{3} A. Gramsci, El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, Buenos Aires 1971, pág. 63.

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