03 septiembre 2016

Romance anti-moro de los mineros republicanos asturianos.

¡Los moros, madre, los moros;
vienen por las praderías;
los moros, los moros, madre,
dicen, madre, que asesinan!
¡Los moros, madre, los moros!
Guarda, madre, las gallinas;
guardemos, madre, el ganado;
que a Piñón de Juan de Arriba.
¡Malhaya quien trajo a Asturias
la Media Luna maldita!
Los moros, madre, los moros;
vienen por la Tenderina;
matan hombres, saltan muros,
los hogares desvalijan
y siegan niños y mozas
como si fueran espigas.
Madre, dame la escopeta.
—Non, neñín, que te asesinan.
Cuando cumplas los quince años,
ya saldrás de cacería.
—Igual que perros rabiosos
huyen, si el hombre de mina
les echa sobre el camino
cartuchos de dinamita.
Pero ladran los cañones,
como lobas escondidas,
Y, mientras ruedan las casas,
entre el incendio y la ruina,
Saltando igual que chacales,
vuelve a avanzar la morisma.
¿Cuántos años faltan, madre,
para ser hombre de mina?
—Por las fiestas de Santiago
cumples doce todavía.
—Pasan segando a los hombres
con la sangrienta gumía;
dicen que todos ser rojos
los que llevamos boina;
que a matar «pelayos» vienen,
aunque no tengan «fusila»;
y, con la sangre hasta el codo,
hunden el arma homicida.
¡Qué falta de otro Pelayo,
Capitán de la Santina,
ahora que van en las hondas
cartuchos de dinamita!
¡Mineros de Covadonga!,
con el corazón por mina:
será vuestra la montaña
le llevaron «La Cordera»
y a Venancio «La Morica».
Vienen igual que fantasmas,
saltando entre la neblina
reculan como raposas
y avanzan como las fuinas;
no dejan granero, madre,
ni honra por donde caminan.
Ya van pasando a cuchillo
todas las gentes vecinas;
grupos de mujeres, madre,
rematan en una esquina;
pasaron a bayoneta
también a Nolón de Elvira;
al viejo Pin y a la abuela
mataron en la cocina;
tres hijos que tenía Rosa,
los tres quedaron sin vida.
Mataron al «Mayorazu»,
matáronle la familia;
con las catorce cabezas
fueron haciendo una ristra
y las colgaron del hórreo,
como en las noches de «esbilla»
cuelgan el maíz del año
mozos de pala y boina.
Sin honra y sin moradores
dejan las casas vacías.
Dame la escopeta, madre.
—Non, neñín, que te asesinan.
Cuando cumplas los quince años,
ya saldrás de cacería.
—¿Volverán los moros, madre?
—Volverán desde Castilla;
¡que siempre ha habido traidores
por el mar de Andalucía!
¡Malhaya quien trajo a Asturias
la Media Luna maldita!
En la «cortada» de Rufo
roban cerdos y gallinas
y ¡arriba, arriba los brazos!
a siete vecinos gritan.
Les dicen, con los fusiles,
por señas:
—¡Pónganse en fila!
Y de tremendas descargas
a los siete hombres fusilan.
Llaman en casa de Celso,
llena de mozas floridas
y Celso muere a la puerta
de estrellas que hay allá arriba.
Hoy, mañana, no sé cuándo,
venceréis a la morisma.
¡Malhaya quien trajo a Asturias
la Media Luna maldita!
Los moros, madre, los moros;
ya suben por Villafría;
cercenan mano y sortija;
llevan la ropa de cama,
llevan las sábanas finas
y, si protesta la madre,
mueren la madre y la hija.
Mataron a Antón de Rosa
los dos hijos que tenía
y a la mujer la mataron
y él tiene el habla perdida
y anda tan mal de cerebro,
que no conoce a Rosina,
y cuando ella dice «Padre»,
él ni siquiera la mira.
Hay muertas muchas mujeres
sobre las tierras baldías,
que si hoy a vivir tornaran
tan pronto como va a abrirla.
Todas las mujeres, madre,
mientras claman de rodillas,
por vestir de labradoras,
mueren en la corraliza.
Llevan el pan de la artesa,
y, amigos de prendería,
si ven prendas en las manos,
y vieran la villanía
con que trataron sus honras,
de nuevo se matarían.
¡El Cristo de las Cadenas
sabe que entre la neblina
pasan con el pelo suelto
vergüenzas enloquecidas!
¡No debe ser asturiano
aunque naciera en Trevías,
no debe ser asturiano
quien trajo aquí a la morisma,
dirán, por siglos de siglos,
roncas de pena y de ira
junto a la Fuente del Prado,
las mozas de ViIlafría!
¡Malhaya quien trajo a Asturias
la Media Luna maldita!
Mi Revista, ilustración de actualidades, n.º 51-52,

Barcelona, 1 de noviembre de 1938

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