Buscar este blog

02 noviembre 2016

Presos de GRAPO: lucha y resistencia en Herrera de la Mancha (1979-1983) Eduardo Parra I


PCE (r) y de GRAPO en la prisión de Herrera de la Mancha, donde permanecieron internados desde diciembre de 1979 hasta noviembre de 1983. Un relato que ellos mismos construyeron en clave de lucha y resistencia frente al régimen de este centro penitenciario de máxima seguridad y el sistema carcelario en general, algo que ellos planteaban como algo complementario a sus acciones en la calle, en la que practicaban la lucha armada y el terrorismo. Su llegada estuvo relacionada con la fuga de la cárcel de Zamora, mientras que su presencia en el penal manchego acabó con la llegada de los reclusos de ETA a finales de 1983. Esta reflexión ha sido posible con el aporte documental de fuentes primarias y secundarias, las cuales podemos agrupar en cuatro tipos distintos: monografías y memorias, documentación judicial, fuentes orales y publicaciones periódicas. En primer lugar, hemos consultado la bibliografía sobre GRAPO y el PCE (r), escasa en comparación con otras organizaciones armadas como ETA. Algunos militantes como Juan García Martín3 han cumplido la labor de fijar el discurso de la organización. Este, reconstruye el decurso de este grupo con un tono apologético bastante evidente. También contamos con libros de periodistas como el de Rafael Gómez Parra,4 en el que se vislumbran ciertas simpatías, pero con un tono más crítico y riguroso. Otra obra de interés es la aportación que con enfoque criminológico realiza Horacio Roldán Barbero.5 En cuanto a las memorias colectivas o personales de presos de GRAPO, como Crónicas de Herrera de la Mancha6, Morir para sobrevivir7, Memoria Antifascista8 y El tazón de hierro9, se centran, especialmente los dos primeros, en la experiencia del encarcelamiento en la prisión de Herrera de la Mancha. En segundo lugar, hemos accedido a documentación del Sumario 22/79, en el que varios funcionarios de Herrera de la Mancha fueron procesados por malos tratos a presos en el verano de 1979. Aunque este caso atañe a presos sociales, contamos con documentación de la época de los presos del GRAPO en el libro de Manolo Revuelta, que sacó a la luz pública esta información.10 Por otra parte, hemos tenido acceso a testimonios orales a través de las entrevistas realizadas a José Balmón, encarcelado en Herrera de la Mancha entre 1981 y 1982 y responsable de organización del PCE (r), y a Carlos García Valdés, Director General de Instituciones Penitenciarias entre 1978 y 1979, quien sufrió en sus propias carnes un atentado fallido de GRAPO.

 Por último, hemos revisado fuentes hemerográficas de la época. En concreto, se han consultado cinco publicaciones diarias como son Egin, Lanza, El País, Diario 16 y ABC, que cubren un amplio espectro ideológico del periodo que tratamos.

 1. El origen del GRAPO 1.1. La OMLE y su conversión en el PCE (r) (1968-1975)

Para entender el origen de GRAPO debemos atender al desarrollo del Partido Comunista de España reconstituido, PCE (r), núcleo a partir del cual nacería. El contexto del nacimiento de este partido se sitúa en los años sesenta, cuando ya se había producido el desencuentro entre la URSS y China a consecuencia del revisionismo soviético. En España también se produjeron combates ideológicos en el campo del comunismo, que motivaron escisiones a la izquierda del PCE, como la ORT. En el caso del PCE (r), su predecesor fue la OMLE, Organización Marxista-Leninista de España, nacida en 1968 en Paris por inmigrantes españoles, orientada hacia la ortodoxia marxista-leninista y el maoísmo. Esta organización consideró la lucha armada como una posibilidad real y factible. Sin embargo, estaban poco implantados en España, en 1970 solo tenían pequeños grupos autónomos en Madrid, Cádiz y Vigo.11

En 1969 entró en la OMLE Manuel Pérez Martínez, Arenas, quien sería el principal responsable de la conversión de la organización en un partido. Contribuyó en la formulación teórica del grupo, abandonando la idea de que España era una colonia yanqui, algo muy en boga en los grupos «prochinos» de la época. Así pues, consideraba a España como un país con capitalismo avanzado en el que era necesaria una revolución socialista.12
 Tras la quinta reunión general de la OMLE en 1971, el poder pasó al interior, adoptando a su vez una estructura leninista, de centralismo democrático. Entre 1971 y 1973 se consolidaron al tiempo que se reforzaba el liderazgo de Arenas. Su objetivo era reconstruir el Partido Comunista original, que había sido disgregado por los revisionistas, para devolverlo a la ortodoxia marxista-leninista.13 En esos años estuvieron presentes en la lucha obrera, sobre todo en los sectores del metal y textil de Madrid. Planteaban su lucha autónomamente, sin atender a las convocatorias de CCOO, a los que tachaban de revisionistas, al igual que al PCE.14 En junio de 1973 tuvo lugar la primera Conferencia de la OMLE. En ella propusieron su programa de diez puntos entre los que se incluían ideas como la necesidad de un gobierno provisional democrático revolucionario, el deber de armar al pueblo, la liberación de presos políticos, el derecho de autodeterminación o la nacionalización de grandes propiedades. Estos objetivos se conseguirían, según ellos, gracias a una sólida alianza de la clase obrera y el campesinado.15 Tras esta Conferencia empezaron a expandirse poco a poco por el territorio nacional.
 En junio de 1975 dieron el paso definitivo para constituir el PCE (r), en el Congreso Fundacional de Torrelavega.16 En el Comité Central fueron elegidos Enrique Cerdán, Abelardo Collazo, Juan Carlos Delgado, Pio Moa y Manuel Pérez, Arenas, este último también Secretario General, quienes provenían preferentemente del mundo obrero y estudiantil.17 En este Congreso se incidió en el carácter marxista-leninista de la organización y la necesidad de reconstruir el Partido. Consideraban imprescindible una buena organización, así como el desenmascaramiento de falsos partidos obreros. El PCE (r), como otros partidos de la izquierda revolucionaria de este periodo, aspiraba a ser el partido comunista único y se creía el principal representante de la ortodoxia marxista-leninista, algo que hizo que su relación con el resto de partidos de similar ideología fuese, cuanto menos, complicada.18 De igual manera, en su análisis del contexto político declaraban que los problemas ya no se podían resolver por las urnas, sino que había que usar la fuerza revolucionaria.19 Por todo ello, el partido no entró en el juego electoral y no se presentó a las elecciones de 1977, al contrario que otros partidos en la órbita del comunismo revolucionario como PTE, ORT, MC y LCR quienes participaron en distintos frentes electorales, aunque sin obtener representación parlamentaria.

 1.2. Comienza la lucha armada, 1975-1976. En tiempos de la OMLE ya se había considerado la lucha armada como táctica. Entendían la violencia como la única medida posible para luchar contra el estado fascista, aunque eso sí, supeditada a las directrices del partido. Sin embargo, fueron una serie de circunstancias externas las que les llevaría a practicarla, como los fusilamientos del 27 de septiembre de 1975, últimos crímenes del estado franquista, en el que fueron ajusticiados tres presos del FRAP y dos de ETA político militar. Cuatro días más tarde, el 1 de octubre, asesinaban a cuatro agentes de la policía armada en respuesta, ante el estupor del Gobierno, que ese mismo día había convocado una manifestación multitudinaria en la Plaza de Oriente de Madrid. Aunque no fue su primer atentado, pues ya habían actuado en verano, ese día nacieron los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre, que tomarían su nombre de aquella acción. Este hecho fue, por tanto, el primer «evento catalítico» en la historia de GRAPO, siguiendo la terminología que usa Horacio Roldán, en su camino hacia la lucha armada. El autor equipara este hecho a otros como la muerte del estudiante Benno Ohnesorg en el caso de la Baader-Meinhof. La ideología férrea y el periodo convulso de la Transición hicieron que la violencia siguiese siendo utilizada,20 en especial en el año de 1979, donde acometieron 31 de las 85 muertes que se les atribuyen.21 En estas acciones armadas, sus objetivos prioritarios fueron miembros del gobierno y militares.22 En otro orden de cosas, hubo muchos recelos acerca del nacimiento de este grupo, en el que se pensaba que militaban elementos infiltrados de la policía y de sectores ultraderechistas o al que directamente se le acusaba de haber sido gestado por los servicios secretos.23 Las infiltraciones se dieron, pero al igual que en todas las organizaciones de este tipo. Pese a que la presencia de miembros como Pío Moa,24 que por su evolución posterior puedan hacernos pensar lo contrario, GRAPO era una organización de extrema izquierda, vinculado directamente al PCE(r). Ambos tenían una estructura abierta, ya que no era necesario militar en el partido para entrar en el grupo armado.25 También sobrevolaron sobre ellos acusaciones de fanatismo26, a consecuencia de sus atentados y de las huelgas de hambre a muerte que realizaron, tanto en 1981 como en 1989.

 La férrea disciplina que mantenían ayudó a que el Gobierno lo presentara como un grupo de fanáticos excesivamente ideologizados. Carlos García Valdés hace referencia a ello cuando habla del atentado fallido del que fue objeto por parte de GRAPO. «Cuando el atentado, fue en semana santa, al lunes siguiente fui al Congreso a seguir negociando la ley penitenciaria. El atentado fue en abril de 1979, no me acuerdo si el 7, un miércoles santo. Aniversario de Haddad, una cosa siniestra. Fíjese usted las palabras de Bandrés con ETA en Soria. «Carlos me alegro mucho que estés bien. No ha sido ETA. Si es ETA, te mata» No era nunca, ni siquiera con ETA fue un tema personal. Bien porque aún se les hace el traslado, tal vez por la cercanía de Soria, tal vez por el trato, tal vez porque se les permite sus galerías independientes cuando estaban en Basauri… El GRAPO era otra cosa, era una locura… disparatado todo.» 27 Pese a que esta idea haya perdurado en el tiempo, sería erróneo caracterizar a los militantes de GRAPO como fanáticos. Era un grupo muy ideologizado, sin duda, pero que actuaba según la lógica de su pensamiento político, en el cual la violencia era un arma tan válida como otra cualquiera, incluso hablando de terrorismo. Su uso de la vía armada se hace de una forma consciente e intencionada, lo cual incluso acrecienta la aversión hacia la agresión, pues se debe a la táctica y la reflexión y no a un impulso primario. Otro hecho que les motivó a continuar practicando la lucha armada fueron las muertes de los obreros en la huelga del 3 de marzo de 1976 en Vitoria, tras las cuales lanzaron la campaña de bombas del 18 de julio de 1976. Pensaron que la débil reacción del Gobierno significaba que este no estaba preparado para contrarrestarles, por lo realizaron acciones de más envergadura.28 Así, a finales de año pusieron en marcha la «Operación Cromo», consistente en los secuestros de Antonio María Oriol, Presidente del Consejo del Estado, el 11 de diciembre de 1976 y el del Teniente Emilio Villaescusa, Presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar el 24 de enero de 1977, mismo día de la matanza de los abogados de Atocha, en plena «semana negra de la Transición». Ambos rehenes serían liberados por la Policía el 11 de febrero de 1977.29

Otros acontecimientos les fueron reafirmando en la necesidad de contestar de forma violenta. Por ejemplo, la muerte de Agustín Rueda en la cárcel de Carabanchel en marzo de 1977, a la que respondieron con el atentado mortal a Jesús Haddad, Director General de Instituciones Penitenciarias.30 A consecuencia de esta serie de acciones, que tenían como objetivos a altos cargos del gobierno o militares, el Gobierno de la UCD se marcó la desaparición de GRAPO como el objetivo número uno. Esto afectó especialmente al PCE (r), que, si bien hasta entonces había sufrido la represión como otro grupo de ultraizquierda más, ahora se vio perjudicado en la confusión con los comandos armados. En octubre de 1977 caía la plana mayor del PCE (r) en la reunión plenaria del Comité Central por la acción de un infiltrado de la Policía. Sin embargo, no pudieron acusarles de gran cosa, aunque algunos como Arenas fueron condenados por asociación ilícita y propaganda ilegal. Con su detención pasaron por la DGS donde denunciaron torturas.31
 El cerco al GRAPO se acrecentó con la llegada del militar Antonio Ibáñez Freire al Ministerio de Interior en 1979. Este contó con la ayuda del célebre comisario Roberto Conesa y de Antonio González, Billy el Niño, otro conocido policía del tardofranquismo y la Transición, al que acompañaba una oscura fama como torturador. 32
 Pese a estas caídas, GRAPO demostró una impresionante capacidad para recuperarse. El Gobierno creyó muchas veces que esta organización había quedado aniquilada y estos resurgieron, aunque cada vez con menos fuerza. Tras el repunte de atentados y víctimas mortales de 1979, su actividad como grupo se dejaría sentir más en las cárceles que fuera de ellas. Todo esto era patente en el sentir de los militantes, que iban perdiendo su confianza en la dirección y se quedaban un poco aislados con respecto a la realidad: «Ahora lo veo. La organización se desmoronaba. Yo hacía más de un año que políticamente había perdido toda iniciativa. Los caminos de la realidad política y los de la organización hacia mucho que no se encontraban ningún punto común. Entonces ya se estaba de lleno inmerso en una dinámica que se haría más evidente con el tiempo. Éramos nada más que una mínima estructura, con unos intereses propios, enfrentados a unos cuerpos de seguridad del Estado. La sociedad quedaba al margen.»33

1.3. Presos de GRAPO en Soria y Zamora (1978-1979) A resultas de las sucesivas detenciones, la historia del PCE (r) y GRAPO se empezaba a escribir tras los muros de la prisión. Tras cortas estancias en Carabanchel y Burgos34, los presos fueron agrupados en la cárcel de Soria, mientras que las mujeres eran recluidas en Yeserías. En Soria estuvo la mayoría del colectivo entre enero y diciembre de 1978, aunque algunos ya llevaban allí desde las detenciones por la «Operación Cromo».35 El comienzo de los traslados de miembro de ETA político militar a la prisión soriana, así como un intento de fuga de los presos de GRAPO fueron los motivos para su traslado a Zamora.36 Una vez allí, pensaron en una fuga desde el primer momento. La cárcel castellana estaba construida a base de piedras, arena y cal, que además estaban erosionadas, con lo cual la excavación parecía fácil. Además, descubrieron que justo debajo de la escalera de la terraza había una cámara de aire de dos metros y que las puertas del interior eran de fácil apertura o destrucción.37 Lograr plena libertad de movimientos para excavar fue difícil debido al régimen al que estaban sometidos en Zamora. Por ello, se pusieron en huelga de hambre a los veinte días de su llegada. Dos de las primeras prerrogativas que consiguieron del director fueron la negativa a pasar los recuentos en formación y la concesión de materiales para instalar un taller de trabajos manuales, con lo que consiguieron los utensilios para poder excavar el túnel. Al conseguir estas mejoras abandonaron la huelga y comenzaron a trabajar. Ese túnel pasó inadvertido durante seis largos meses, incluso para la brigada de Roberto Conesa que visitó la cárcel en noviembre.  Los presos tuvieron un problema añadido a partir de octubre con la llegada de un nuevo director, Pedro Romero Macías, procedente de Basauri. Este estaba acostumbrado a lidiar con los presos de ETA y se sorprendió de los privilegios que tenían en la cárcel castellana. Ante el intento de imponer el régimen anterior a las mejoras, los presos de GRAPO desarrollaron una nueva huelga de hambre que paralizó un mes la construcción del túnel. Sin embargo, ante la proximidad de la fecha elegida para la fuga abandonaron la huelga para seguir con el plan previsto.39 Dentro de la prisión, los internos de GRAPO se organizaban en forma de comuna. Esta tuvo que decidir cuantos presos podrían fugarse sin levantar sospechas. Se resolvió que se marcharían cinco de sus líderes: Abelardo Collazo, Enrique Cerdán, Francisco Brotons, Juan Martín Luna y Fernando Hierro Chomón. El día elegido era la noche del 18 de diciembre de 1979. El resto debían disimular su ausencia en uno de los recuentos, que se realizaba en la sala común, por lo que los fugados tendrían así cuatro horas de margen desde las siete y media de la tarde hasta las once y media.40 Fue en ese momento cuando los funcionarios se dieron cuenta, pero cuando la dirección se puso en contacto con el Ministerio de Justicia era demasiado tarde.41
 Los presos no quisieron contar con ayuda exterior en la fuga, por miedo a posibles delaciones, por lo que tuvieron que marchar por sus propios medios a sus destinos. Brotons y Collazo caminaron en dirección a Galicia, mientras que Hierro y Cerdán fueron a Burgos. Cuenta Gómez Parra, que Martín Luna se quedó enganchado en el túnel, por lo que salió el último cuando ya no había rastro de sus compañeros. Vagó durante días e incluso estuvo a punto de morir congelado, hasta llegar a León donde pasó unos días durmiendo en unas obras.42 Los que peor lo pasaron fueron, no obstante, los que se quedaron en Zamora, atosigados por los funcionarios y que posteriormente serían trasladados a Puerto de Santa María y Herrera de la Mancha como castigo por la fuga de sus cinco compañeros. «Nos despertaron a las cuatro de la madrugada. Sonó un silbato y las puertas se abrieron. Entraron cuatro diluvios en cada celda y leyeron una lista. Al que estaba en ella le dieron quince segundos para que se vistiera, lo esposaron y se lo llevaron. A la mañana siguiente, por la ventana, hicimos recuento: faltaban veinte camaradas. Nos pusimos en huelga de hambre (…) Estuvimos en huelga diecinueve días. No llegaron telegramas. Los camaradas estaban en Herrera y el Puerto de Santa María. Nos recomendaban no continuar la huelga».43

 2. Vivir y morir en Herrera de la Mancha (diciembre 1979- noviembre 1983) 2.1 El traslado En la prensa de aquellos momentos se discutía acerca de la inseguridad de las cárceles españolas, pocos meses después de que hubiese sido aprobada la ley penitenciaria. Las críticas arreciaron en la prensa tras la fuga de los GRAPO de Zamora. «Se nos han dado pruebas repetidas de la escasa seguridad que los establecimientos penitenciarios tienen en este momento. Las cárceles españolas son inseguras por partida doble: por un lado, y testimonio irrebatible de ello lo constituye la fuga de los cinco miembros del GRAPO de la cárcel de Zamora, no son establecimientos que permitan a la sociedad conciliar tranquilamente su sueño, porque los reclusos (ocurrió antes en Barcelona y en otros establecimientos) escapan con una facilidad absolutamente pasmosa».44 Por su parte, el Ministro de Justicia, Iñigo Cavero, insistía en la necesidad de tener una cárcel especial para terroristas.45 Estas y otras manifestaciones estaban gestando la utilización de Herrera de la Mancha como prisión para miembros de organizaciones armadas, al estilo de otras centros europeos. Por ejemplo, la República Federal Alemana había internado en Stammheim a los presos de la Baader Meinhof, los del IRA se encontraban en Maze, así como los de Brigate Rosse eran destinados al penal sardo de Asinara.46
Enrique Galavís, Director General de Instituciones Penitenciarias tras la marcha de Carlos García Valdés, tomó buena nota de esa corriente de pensamiento. El día 26 de diciembre, solo ocho días después de la fuga, eran trasladados 22 presos de GRAPO desde Zamora. 13 de ellos irían a Herrera y 9 a Puerto de Santa María.47 Era la confirmación de la frase que se le atribuye de que «a los grapos habrá que meterles en cajones de cemento».48 Parece obvio que el traslado suponía un castigo por la fuga de Zamora. Sin embargo, no es descabellado pensar que posiblemente hubiesen sido trasladados con el tiempo a Herrera de la Mancha con el fin de estrechar el cerco a la organización armada. De hecho, una reacción tan rápida nos puede indicar que esa posibilidad ya era contemplada. La fuga, por tanto, podría haber acelerado los planes del Gobierno de convertir a Herrera en cárcel para presos de organizaciones armadas. El director de Herrera de la Mancha por aquel entonces, Santiago Martínez Motos, justificaba el traslado basándose en el artículo 10.3 de la Ley Penitenciaria, referente a la limitación de actividades en común y el mayor control de los reclusos. En principio se aducía que su traslado a Herrera sería temporal, hasta que desapareciesen las razones que motivaron su actitud en la prisión de origen, algo un tanto contradictorio porque venía motivado por una fuga. Igual que en el caso del traslado de los presos sociales en 1979, la mayoría de ellos los más combativos en sus prisiones de origen, Herrera volvía a funcionar como cárcel de castigo para «corregir» el comportamiento de los presos.49 Asimismo, iban a parar a la cárcel más moderna del Estado, justo después de que se hubiese destapado la realidad sobre sus métodos, tras la denuncia colectiva que llevó al banquillo de acusados a doce funcionarios de esta prisión por malos tratos. La prisión de máxima seguridad de Herrera de la Mancha había sido inaugurada en julio de 1979, situada en la localidad ciudad realeña de Manzanares, a pocos kilómetros del núcleo urbano, en la carretera que une dicha población con Argamasilla de Alba. Se realizó una enorme inversión para la época, 600 millones de pesetas, contaba con los más modernos sistemas de seguridad y una capacidad para 240 reclusos.50
 Inicialmente fue concebida como una cárcel de cumplimiento de ámbito provincial, dentro de la política del gobierno de Adolfo Suárez de adaptar la infraestructura penitenciaria a los nuevos tiempos.51 Sin embargo, las necesidades de la reforma penitenciaria llevaron a Herrera a convertirse en una cárcel de máxima seguridad donde mandar a los presos conflictivos de otras cárceles. Como señalaba García Valdés: «La reforma penitenciaria que estamos realizando no debe identificarse con este nuevo centro, sino que va destinada a esos reclusos que representan entre el 80 y el 90 por ciento, que merecen todo tipo de ayuda para su reinserción en la sociedad española».52 Los presos trasladados a Herrera eran la plana mayor del PCE (r) y de GRAPO. En cuanto al partido, se encontraban Manuel Pérez Martínez, Comandante Arenas, Secretario general del PCE (r) y Juan José Crespo Galende, responsable de propaganda. También llegaban tres de los inculpados por el atentado de Haddad: Juan José Muiños Formoso, Francisco Echeverría Pardo y Andrés Mencia Bartolomé. Por otro lado, estaban Manuel Gil Araujo, implicado en el secuestro de Oriol y Villaescusa y Joaquín Vieites, presunto autor del asesinato de un policía en el metro de Barcelona. El resto estaban acusados de atracos y lanzamiento de cócteles molotov: Juan José Díaz Fernández, Ángel Collazo Araujo, Manuel Casinelle Rodríguez, Joaquín Calero Arcones, Adolfo Caballero Carbonell y Luis Bermejo Villegas.53 Mientras tanto, a la prisión gaditana de Puerto de Santa María eran trasladados, entre otros, José María Sánchez Casas, al que se consideraba responsable de los comando de los GRAPO y José Balmón Castell, responsable de organización del PCE(r).54 Los presos interpretaron el traslado a Herrera como la llegada a una «cárcel de muerte»: «Desde un lugar de la Mancha, así comenzó Cervantes su Quijote estando preso en la cárcel de Sevilla. Y precisamente ese «lugar de la Mancha» fue el escogido por el gobierno español para instaurar su cárcel de la muerte, copiando un modelo ya diseñado y experimentado por el gobierno socialdemócrata alemán que llevó al suicidio a los principales dirigentes de la Fracción del Ejército Rojo Alemán».55
Como consecuencia de este traslado, el ayuntamiento de la ciudad de Manzanares, a 10 kilómetros de Herrera de la Mancha, reiteró la solicitud al Ministerio del Interior para que se crease una comisaría de Policía Nacional en la localidad, ante la inquietud que causaba en esta zona la presencia de este tipo de presos, considerados como peligrosos, aunque esa petición no llegó a concretarse.56

 2.2. El inicio de la resistencia
 Hemos entendido el paso de los presos de este colectivo por Herrera de la Mancha en clave de resistencia y de lucha, en consonancia con lo que para ellos significó la estancia en este centro. Por un lado, resistencia contra el sistema penitenciario, que se veía encarnado en la prisión manchega en uno de sus peores ejemplos; por otro, lucha contra las condiciones de esta prisión y, por ende, de todo el sistema penitenciario, así como contra el estado en clave ideológica. Para ello, llevaron a cabo un repertorio de acciones clásicas de los colectivos de presos políticos como la huelga de hambre. Este tipo de presos tiene una mayor facilidad que los presos comunes para resistir la prisionización, es decir, la adopción de una cultura carcelaria, motivada por el encarcelamiento. El hecho de estar todos juntos en la misma prisión y mantener una ideología común, hace más llevadera la estancia entre rejas y le da un sentido a la misma.57 Los incidentes en Herrera de la Mancha comenzaron nada más llegar de la conducción. Los presos denunciaron que los funcionarios los apalearon a su llegada y los llevaron directamente a aislamiento. «La llegada a Herrera fue ya impresionante. Nada más bajar nos encontramos con los antidisturbios en traje de campaña con sus cascos y porras. Junto a ellos un montón de funcionarios. ¡Dejar (sic) las cosas ahí! ¡Contra la pared con los dedos! ¡Las piernas abiertas! Después del cacheo pasas a la galería. Allí lo mismo. ¡Venga cerdos, en pelotas! ¡Las manos atrás! Y golpes y palos porque no sabes si desnudarte o poner las manos atrás y lo hacen así para desconcertarte. ¡Flexiones! ¡A ver que tienes en el culo! ¡Venga otra vez! Y risas y golpes. Luego te ponen un buzo y unas zapatillas y te mandan para una ducha fría. De allí a la celda. Te devuelven algo de ropa, el mínimo, y te leen la cartilla. «Mira aquí vas a estar tiempo así que si no haces lo que te digamos vas a salir loquísimo. Y si se te ocurre pegar a un funcionario o insultarle tú verás, pero es posible que te suicides. De todos modos, si lo que piensas es en suicidarte nos pides lo que quieras: cuchillos, tijeras, cerillas… a nosotros nos da igual. Estas en Herrera».58
El director de la prisión echaba la culpa a los presos asegurando que «en un principio los ataques fueron verbales, profiriendo insultos a los funcionarios y a miembros de los cuerpos de, seguridad, a quienes constantemente calificaban de mercenarios, fascistas y asesinos. Poco después se abalanzaron contra dos funcionarios, a quienes intentaron agredir».59
 Ante esto, los presos respondieron poniéndose en huelga de hambre desde el 29 de diciembre, algo a lo que le siguieron sus compañeros y compañeras de Puerto de Santa María y Yeserías respectivamente, en total 88 miembros de PCE(r) y GRAPO.60 Esta acción fue uno de los motivos de la visita de Martínez Motos a Madrid, a la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, a causa del ambiente tenso que se vivía en Herrera. Esto sucedía al mismo tiempo que se estaba recaudando el dinero para la que saliese adelante la querella por malos tratos a presos comunes. Sin embargo, la huelga no pasó a mayores, ya que tenemos noticia de que el 7 de enero ya se había abandonado.61 Los internos también protestaban por el duro régimen de Herrera de la Mancha, ya que estaban aislados en sus celdas unas 23 horas al día. Si echamos un vistazo a las actas de las juntas de régimen de la prisión en estos meses vemos como se les imponían constantemente días de aislamiento como castigo. Asimismo, tenían interceptada la correspondencia.62
 En ese momento había 16 presos de GRAPO, por lo que vemos que la presencia de este colectivo no era muy grande en un penal que tenía capacidad para 250 personas. Su número osciló entre los 15 y 40, mientras que el número de presos comunes era mucho más elevado, hasta llegar a 150.63 De todos modos, era un número representativo respecto a la totalidad de presos de GRAPO que era de unos 100 en todo el estado.64 Herrera de la Mancha jugaba el papel de cárcel de castigo para los presos del GRAPO. De hecho, los propios internos denunciaban que enfrentarse con los funcionarios en otras cárceles acababa con el traslado a la cárcel manzanareña.65 Asimismo, puede ser interpretada como una represalia contra la propia organización, una de las medidas de la política antiterrorista del gobierno español para desgastar la cohesión interna del grupo armado y del PCE (r). En verano de 1980 se produjo la visita de la Comisión Especial del Congreso a Herrera con motivo de la investigación del caso de malos tratos a presos sociales. Estaba formada por Leopoldo Torres, del PSOE, José Sabalete, UCD, Simón Sánchez Montero, PCE y Juan María Bandrés de Euskadiko Ezkerra. Estos visitaron a los presos de GRAPO, o más bien lo intentaron, puesto que los senadores fueron recibidos de forma fría, e incluso hubo algunos insultos hacia el comunista Simón Sánchez Montero, calificado como «traidor de la clase obrera» por los presos, ya que algunos lo conocían por su militancia en movimientos obreros.66 La situación en Herrera de la Mancha también afectaba a los abogados, como refleja el artículo publicado por Miguel Castells el 8 de agosto de 1980 en El País. El letrado vasco había viajado en esas fechas a Herrera para hablar con su defendido, Félix Novales. «Herrera de la Mancha incluye un sistema de medidas represivas sobre la comunicación de los presos políticos, y en bastantes casos, también de los sociales, con el abogado. La condición de esta cárcel es de una dureza extrema. No se podrá alegar el día de mañana que no lo hemos denunciado. Lo que sigue constituye un botón de muestra. Juzguen por él las posibilidades de defensa que puede tener en su interior los derechos humanos, a merced del régimen cerrado y sus funcionarios. (…)  Ya en el locutorio, dos o tres funcionarios asisten a la comunicación. No sé, con perdón, si va de testigos o de espías o de qué. Sí sé que no pierden sílaba. Que sus ojos permanecen clavados de comienzo a fin, escrutando el menor gesto, sobre defensor y defendido».67 2.3. La vida en una cárcel de máxima seguridad Podemos seguir el día a día de los presos de PCE (r) y GRAPO en Herrera gracias al libro Crónicas de Herrera de la Mancha, que ya hemos citado anteriormente, elaborado por los propios presos y que constituye una gran guía acerca de la trayectoria del colectivo en esta prisión. En él se mezclan los sucesos cotidianos en el penal manchego, con otros pasajes más literarios. Los presos estuvieron al principio aislados en celdas de castigo, como ya hemos comentado, en virtud del artículo 10 de la Ley General Penitenciaria. Solo podían salir al patio una hora cada día y lo hacían en solitario. Cuando pudieron estar en contacto, tras las huelgas que después contaremos, organizaron su vida en Herrera de acuerdo a su ideal de comuna. Se socializaban todos los alimentos y utensilios, así como se repartían labores como las de limpieza o de trabajos manuales. De igual modo, cuenta Francisco Brotons, que fueron construyendo su propia biblioteca y que organizaban asambleas en las que debatían sobre temas políticos.68 En ese tiempo incluso escribieron el libro Problemas filosóficos de las ciencias modernas69, donde abordan cuestiones tan variopintas como una crítica al revisionismo marxista de Mario Bunge o una revisión de la teoría de la relatividad. El régimen de la cárcel era muy estricto. Por ejemplo, cuando abrían la puerta de la celda, los presos tenían que permanecer en el fondo con las manos extendidas. Y si se abría el cangrejo, una especie de doble puerta, tenían que ponerse de espaldas con las manos atrás. En los recuentos también tenían que estar en el fondo de pie y mirando hacia la puerta, a la hora de comer recibían los platos en el suelo estando ellos en el fondo otra vez y tras ella no podían tener ni una cuchara ni un tenedor en la celda, así como el colchón tenían que meterlo en el armario durante el día. No podían hablar con nadie, ni siquiera cantar. Si no se cumplía las normas, «venían con las porras».70

No hay comentarios: