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31 enero 2017

Una vez más, clase y género

Por Sofía Ruiz
“La problemática multiculturalista da testimonio de la homogeneización sin precedentes del mundo contemporáneo. Es como si, dado que el horizonte de la imaginación social ya no nos permite considerar la idea de una eventual caída del capitalismo, la energía crítica hubiera encontrado una válvula de escape en la pelea por diferencias culturales que dejan intacta la homogeneidad básica del sistema capitalista mundial. Entonces, nuestras batallas giran sobre los derechos a las minorías étnicas, los gays y las lesbianas, los diferentes estilos de vida y otras cuestiones de ese tipo, mientras el capitalismo continúa su marcha triunfal.“. Slavoj Žižek, “Multiculturalismo o la lógica económica del capitalismo multinacional”.
En las últimas décadas del siglo XX, los Estudios Culturales, en su asociación con el post-estructuralismo francés y la French Theory, proporcionaron el sustrato teórico y metodológico para una adecuada recepción de las diferencias culturales, étnicas y de género, y con ello la aceptación y preeminencia de los valores multiculturales. Entre estos estudios culturales podemos encuadrar los estudios de la Mujer, posteriormente, estudios de Género.
La lucha por la liberación de la mujer, después de la segunda ola feminista, se aisló y se separo de los movimientos sociales, perdiendo la participación de la mujer trabajadora. Los sectores intelectuales de las clases medias tomaron la dirección de la lucha feminista y la transformaron en una lucha reformista cuyo objetivo era ampliar los espacios de la mujer en la democracia burguesa.
Muchos de los estudios de la Mujer elevaron el género, a una categoría social analítica que explica las desigualdades entre hombres y mujeres, poniendo el énfasis en la noción de multiplicidad de identidades.
Por ejemplo, M. Dolores Ramos dice en su estudio “Identidad de género, feminismo y movimientos sociales en España”: “Cada vez es más evidente que cuando surge un conflicto entre varias identidades, no es seguro que una de ellas predomine en todo momento sobre las demás, como han supuesto quienes creen en la prioridad de la identidad de clase”. Y añade la siguiente nota de Pérez Ledesma «Lo mismo que los proletarios, en la versión del socialismo decimonónico, no tenían patria, también puede ocurrir que en los conflictos religiosos, raciales, nacionalistas o de género las divisiones de clase pierdan toda relevancia para quienes se sientan integrados en una identidad colectiva basada en esos otros lazos de solidaridad»
Es decir, para estas corrientes, en cada individuo existen diferentes identidades o posiciones subjetivas y, por tanto, está inmerso en una multiplicidad de relaciones sociales: de producción, de raza, de etnia, de género, de sexo, etc. pero, estas identidades no pueden ser reducidas ni unidas unas a las otras, porque todas ellas se relacionan sin la existencia de una jerarquía; de esta manera las relaciones de producción están al mismo nivel que las de raza, sexo, género, etc.
Esta concepción pequeño burguesa surge en oposición a la visión de clase sobre el problema de la mujer, a la que considera, reduccionista y economicista; e iguala la identidad de clase con las identidades culturales.
Es evidente, que al hablar de la opresión de la mujer no solo se deben utilizar categorías económicas, porque en la opresión de la mujer existen también otro tipo de categorías (emocionales, psicológicas, culturales, ideológicas); pero es indudable que para enfrentarnos a la opresión que sufre la mujer tenemos que partir de las condiciones materiales de vida, que vienen dadas por el lugar que ocupamos en el modo de producción dominante que, a su vez, es el que determina, la superestructura cultural y por tanto los géneros, como una construcción cultural; una construcción de la burguesía, la clase ostentadora del poder; dado que, como decía Marx: “las ideologías dominantes son las de la clase dominante, porque ella y solamente ella posee los mecanismos para tornar dominante su ideología, su cultura”; y no de los hombres en general y muchos menos de los hombres de la clase obrera.
En la creación de los estereotipos de género, no fue la clase obrera la que determino que el rosa era para las mujeres y el azul para los varones, ni determino que las mujeres eran dulces y los hombres fuertes, ni conformo la institución familiar patriarcal en la que la mujer era ama de casa y se ocupaba de las tereas de reproducción, en el ámbito privado del hogar, negándole el acceso al salario, y, en la que los hombres realizaban tareas de producción, siendo los proveedores familiares a través de su trabajo asalariado; originando así una subordinación económica de la mujer respecto al hombre y una sumisión en la esfera sexual y afectiva.
Estos estereotipos de género fueron creados por la burguesía porque eran los más idóneos para la obtención del máximo beneficio en el modo de producción capitalista de ese momento. Cuando en los años 70 el capitalismo, sumido en una crisis de sobreproducción, adopta el modo de producción flexible necesita, para seguir obteniendo su tasa de ganancia, salarios más bajos, y se apoya fuertemente sobre el trabajo asalariado de las mujeres, puesto que requiere personas flexibles, sumisas, capaces de adaptarse a cambios rápidos, a los que se puede despedir fácilmente y que estén dispuestos a trabajar en horas irregulares.
Este cambio en la estructura económica, con la incorporación de la mujer al mundo del trabajo asalariado, conlleva cambios en los estereotipos de género de la etapa anterior y la construcción de un nuevo imaginario de género: la ideología patriarcal ha quedado fosilizada porque expresa y sintetiza separaciones simbólicas inmutables que no corresponden a la complejidad genérica de los sujetos. Se producen transformaciones en las relaciones sociales de parentesco y de alianza, en la paternidad y en la maternidad, así como en las relaciones filiales; se modifica el alcance del poder que unos ejercen sobre los otros en el marco de la institución familiar. La relación conyugal, tiende a no ser para toda la vida ni exclusiva; frente a la familia heterosexual surgen nuevas formas de organización social como las comunas, familias mono parentales…..
La división genérica del trabajo cambia. Ya no corresponde a la división sexual tradicional, que colocaba a las mujeres en la reproducción y a los hombres en la producción. Las mujeres ocupan nuevos espacios, tienen posiciones sociales, culturales y políticas prohibidas hasta entonces por tabúes de género, y porque correspondían a los hombres, en momentos pasados…, En definitiva se produce una re-significación ideológica y política de las mujeres y de lo femenino.
Por tanto es evidente que la construcción cultural de género, como cualquier construcción cultural, está sujeta, depende y es consecuencia del modo de producción que adopte el capitalismo en sus sucesivas etapas.
Las corrientes feministas de género sin clase, (realmente podríamos decir, alérgicas a la clase) que rechazan el marxismo por considerar sus análisis, en el tema de la mujer, economicista y reduccionista, Son, ellas, realmente REDUCCIONISTAS, ya que restringen el problema de la opresión de la mujer a una cuestión de género, ocultando los determinantes económicos que separan a los hombres y mujeres de las diferentes clases. Al no tener en cuenta la categoría clase, cualquier problema es una cuestión de género. Por ejemplo, en relación a la violencia, se centran en la violencia domestica (de género) y recaban de las Instituciones leyes para “acabar” con esta lacra, pero son ciegas a la violencia de clase que también mata a miles de mujeres trabajadoras como consecuencia de accidentes laborales y enfermedades producidas en el trabajo, no relacionadas con la salud reproductiva. Y en estos casos no recaban, con el mismo empeño, de las Instituciones leyes de seguridad y de prevención y tampoco luchan por que se cumplan las que existen y que con los recortes son papel mojado.
Durante los años noventa y finales de los 80 la teoría feminista perdió sus conexiones con el análisis de clase y la crítica al capitalismo. Nancy Fraser ha dicho, con cierta intención provocadora, que este feminismo se ha convertido hoy en la sirvienta del neoliberalismo, porque su posición beneficia al sistema capitalista.
De esta forma, Instituciones internacionales como la ONU son abanderadas de la “cuestión de la mujer” formalizándola como tema en su agenda. Los programas de la ONU a favor de la igualdad de género son profusamente conocidos y se basan en la premisa equivocada de que la igualdad entre hombres y mujeres se puede lograr con la erradicación de la estratificación de género, sin necesidad de modificar las desigualdades de clase. Así, la pequeña burguesía allana el camino para que el capitalismo continúe su marcha triunfal. Y, Desde luego, la opresión de la mujer seguirá en pie mientras las divisiones de clase que alimentan la desigualdad de género no sean eliminadas.
La clase obrera no es homogénea; en palabras de las feministas marxistas, tiene sexo, raza, nación; pero su diversidad, sus contradicciones internas, no son antagónicas. Por eso es imprescindible y urgente la plena integración de la lucha de la mujer en el marco de la lucha de clases con el fin de reforzar y rearmar a la clase obrera en su conjunto.

25 enero 2017

Otegi contento con su giro al centro se rie de la militancia borrega

El secretario general de SortuArnaldo Otegi, ha destacado sentirse orgulloso de cómo se ha llevado a cabo el proceso de refundación del partido, por haber culminado esta fase "con éxito y sin escisiones". Ha hecho estas declaraciones en la entrevista realizada en el programa 'Boulevard' de Radio Euskadi. También ha participado en el programa 'Egun on Euskadi' de ETB1.
Según ha destacado, por primera vez en la historia de la izquierda abertzale la militancia ha elegido a la dirección, en la fase que finalizó en el congreso celebrado el pasado sábado en Bilbao. Otegi ha reconocido que durante años se había mantenido una "inercia verticalista, que se ha roto ahora" y se ha mostrado satisfecho ante el resultado con un respaldo a la dirección de un 86% de los votos.
Sobre la relación con el estado español, Otegi defiende que "si los vascos no construyen un estado propio, no podrán acceder a políticas justas". El líder de la izquierda abertzale, apoya el proceso catalán y confía en que se constituya la república independiente catalana, pero advierte de que ese paso tendrá consecuencias económicas que pueden poner en riesgo el concierto económico.
Según Otegi, "si el estado español pierde la aportación catalana, no respetará el concierto económico vasco". Por ello, Euskadi debe lograr mayor soberanía, porque de lo contrario, cree que "el país se dirige al camino de la miseria y la dependencia".
Otegi augura grandes debates de país en los próximos años en torno a la fiscalidad, a EiTB y al modelo de país. Mantiene que la oferta hecha a PNV y Podemos sigue encima de la mesa. Y acerca de la Ponencia de Paz, cuya creación se vota este jueves en el Parlamento Vasco, el líder de la izquierda abertzale asegura que "no habrá cambios en el planteamiento de EH Bildu" y ha denunciado que hay quienes pretenden imponer un relato único.

23 enero 2017

La izquierda y la corrección política

https://radio1916.wordpress.com/2017/01/23/la-izquierda-y-la-correccion-politica/

Recopilación de artículos del portal digital http://www.vozpopuli.com de Javier Benegas y Juan  M. Blanco.
Contaba Camille Paglia un suceso que, aunque parezca extraído de una hilarante comedia televisiva, sucedió en la vida real. Fue en 1991, en la Universidad Estatal de Pensilvania. Una profesora de Cultura inglesa y Estudios de la Mujer se escandalizó por la presencia en el aula del retrato de Francisco de Goya: La maja desnuda. Profundamente indignada, protestó  airadamente porque la presencia de la pintura constituía “acoso sexual” e infringía las leyes federales orientadas a evitar la “hostilidad en los lugares de trabajo”.
La universidad le ofreció primero impartir sus clases en un aula distinta: dijo que no. Después mover el cuadro a un lugar menos visible del aula, incluso cubrirlo cuando ella impartiera sus clases. Tampoco, su postura era inflexible: las imágenes de mujeres desnudas no podían exhibirse, estuviera ella presente o no. Que la pintura fuera un hito de la historia del arte no disculpaba la ofensa de exhibir a una mujer desnuda.
Finalmente, se acordó una solución de compromiso que permitía a la universidad disimular una capitulación bochornosa: se trasladó el cuadro a una sala de usos generales… no sin antes colocar en la entrada un cartel advirtiendo la presencia del ofensivo cuadro; cualquier cosa con tal de salvaguardar a los espíritus sensibles. A pesar de lo rocambolesco del episodio, que mereció la sátira de cierta parte de la prensa, la respuesta del mundo académico fue increíblemente comprensiva con la profesora.
Fuera del mundo universitario, Anthony Browne fue censurado en 2002 por publicar un artículo en el que cuestionaba la causa del fuerte incremento del SIDA en Gran Bretaña. Según Browne, no se debía a la creciente promiscuidad de los jóvenes, tal como sostenían las autoridades, sino a la inmigración de países africanos donde la enfermedad tenía una elevada prevalencia. Pero el gobierno decidió ocultar este hecho porque poner el foco en los inmigrantes podía acarrear una acusación de racismo. Lamentablemente, cerrar los ojos ante la realidad impedía aplicar la política sanitaria correcta. Muchas personas podían morir pero, al menos, lo harían en silencio, sin importunar al gobierno.
España tampoco se libra de curiosos ejemplos como el de un profesor universitario que, ante la irrupción de un grupo de jabalíes correteando por el campus, bromeó con sus colegas en un chat privado proponiéndoles organizar unas jornadas de caza. El comentario se filtró y ciertas organizaciones estudiantiles exigieron que fuera sancionado por incitar a la violencia contra los animales.
Por último, qué decir del caso de Joan Higgins, de 75 años de edad, propietaria de una modesta tienda de animales que, según la nueva Ley de Bienestar Animal británica, resultó condenada a pagar una multa de 1.000 libras y a un arresto domiciliario de siete semanas por tener una cacatúa estresada y vender un pez de colores a un menor sin instruirle convenientemente sobre cómo cuidarlo.
Estos casos, y otros muchos, muestran que la sociedad occidental ha sido infectada por un terrible virus de puritanismo, intolerancia y censura. Una nueva ideología, la corrección política, se ha impuesto de forma silenciosa pero implacable. Pero ¿qué es exactamente y cuál es su objetivo?

Grupos frente a personas

La corrección política es una ideología que clasifica a la humanidad en colectivos bien diferenciados. Unos serían víctimas (“grupos débiles”) y, por tanto, buenos, siempre en posesión de la razón. Otros, por el contrario, verdugos, (“grupos fuertes”) y, por ello, malvados y mentirosos. Sin embargo, que un acto esté justificado, o no, no depende de su propia naturaleza, sino del colectivo al que pertenezca quien lo cometa. La corrección pretende eliminar cualquier expresión que pudiera ofender, aunque sea de forma no intencionada, a algún grupo calificado como débil… pero permite insultar y ofender a quien forma parte de los malos, de un grupo fuerte.
Resulta muy ilustrativa la experiencia de Star Parker, una activista americana de raza negra que, en su juventud, fue detenida por robar. Su tutor escolar, un profesor de raza blanca, lejos de reprenderla, la eximió: “no debes preocuparse, tú no eres más que una víctima del racismo”. Para la corrección política, los delincuentes son víctimas de la sociedad… si pertenecen a los llamados “grupos débiles”. Como era mujer, negra y pobre, Parker podía cometer cualquier tropelía: siempre estaría justificada.
Sin embargo, más adelante, Star comenzó a cuestionar estos argumentos. Entendió que el victimismo, la queja constante, la transferencia de la responsabilidad a otros creaban un círculo vicioso que debía romper. Así,  decidió abandonar las drogas y reconducir su vida siguiendo el consejo de otra persona: “deja de vivir de ayudas sociales, busca trabajo, esfuérzate y asume tu responsabilidad”. Al principio tuvo que aceptar empleos mal remunerados pero no desistió. Hoy es una figura destacada en la opinión americana, una activista que denuncia la corrección política, y el exceso de ayudas sociales, como principales problemas de la comunidad negra: muchos caen en la trampa de un entorno paternalista que les impide tomar las riendas de su vida.

Antidemocracia

La ideología de la corrección política es contraria a la racionalidad porque no define las verdades por la calidad de los argumentos, o por su objetividad, sino por criterios meramente subjetivos como el colectivo al que favorecen. Debe, para ello, establecer verdades incuestionables conectadas a la emoción, tabúes que no pueden romperse sin un castigo. Por no mencionar el criterio absolutamente arbitrario con el que divide a la sociedad en víctimas y verdugos, en grupos débiles y grupos fuertes.
Pero también es incompatible con la democracia, con la sociedad abierta, porque niega la libertad de pensamiento, expresión y debate, imponiendo un conjunto de prohibiciones, códigos y tabúes lingüísticos. Su excusa es que sólo prohíbe lo que pudiera resultar ofensivo para las “víctimas”. Pero la ofensa suele ser subjetiva, no se encuentra en el emisor sino en el receptor. Por ello, la frontera entre lo permitido y lo prohibido es arbitraria y, demasiadas veces, interesada.
Hay quienes frivolizan con el fenómeno de la corrección política, argumentando que advertir del peligro es exagerado: ¿cómo puede llamarse inquisición a algo que no ejecuta en la plaza pública? Y ¿qué hay de malo en evitar las agresiones verbales o ideológicas? Pero esta ideología no tiene nada que ver con la buena educación, con ese acertado consejo que nos daban nuestros mayores de ser respetuosos con los demás. De hecho, es antagónica al respeto porque anima a denigrar, a denostar, a linchar a quienes no se pliegan a sus dictados. Y, al mismo tiempo, muestra una exquisitez tan extrema y exagerada con otros, que prohíbe muchas expresiones que ni por asomo tienen ánimo de injuriar. ¿Acaso Goya tenía intención de ofender cuando pintó la Maja Desnuda?
No hay que tomar la corrección política como una broma o exageración sino como un verdadero peligro para la libertad, la igualdad ante la ley y la responsabilidad individual. Una corriente que desnaturaliza el lenguaje, impide el pensamiento crítico, transforma a muchos en neuróticos tiranos y genera problemas de convivencia donde no los hay. 

Fe, emociones y, sobre todo, dinero

La corrección política surgió en las universidades de Estados Unidos pero se extendió como mancha de aceite al resto de los países occidentales. En nuestro país, el secular vacío intelectual permitió que se contagiara con rapidez, sin apenas oposición. De hecho, hemos adaptado reglas “made in USA” a nuestro propio ideario, como los llamados “micromachismos”, evidente traslación del término de lengua inglesa microaggression ideado en la década de 1970 y que hacía referencia a las conductas racistas o sexistas extremadamente sutiles, casi siempre inconscientes.
En España, la expansión fue primero consentida y después alentada por las élites porque políticos y burócratas cayeron en la cuenta de que podían utilizarla en su favor. Clasificar a la sociedad en rebaños dificulta el control sobre los gobernantes. Además, políticos y partidos podían suplir su mala gestión y ganar notoriedad sumándose a las nuevas “causas sociales”, incluso llegando a ser sus ideólogos. Y por último, la súbita eclosión de “discriminaciones” justificaba una ingeniería social que, como es lógico, lleva aparejada más poder y más gasto. Claro que… una cosa es resolver problemas y otra muy distinta favorecer a unos cuantos grupos de activistas bien organizados. Con demasiada frecuencia, las nuevas medidas no sólo agravan los problemas sino que crean otros nuevos. Y la solución, cómo no, es la creación de más organismos, más observatorios, más burocracia, más presupuesto…
Sea de un modo u otro, en EEUU y en Europa se ha instaurado un nuevo puritanismo que se escandaliza con un inocente retrato dieciochesco, una suerte de religión laica, obligatoria, que no busca soluciones; sólo culpables y víctimas, que supedita las cualidades y la conciencia de cada persona a la pertenencia a un grupo. Pero juzgar a los individuos por el colectivo al que pertenecen, y no por sus hechos y cualidades personales, desemboca finalmente en aquello que la corrección política dice combatir: la injusta discriminación.

Miedos, traumas y realidad

Error sobre error, la ingeniería social no cambia la naturaleza humana, no puede erradicar la maldad, mucho menos construir un mundo feliz. Más bien suele conseguir lo contrario. De hecho, la corrección política, como herramienta de transformación social, se ha convertido en un factor determinante de la alarmante polarización política que hoy aflora en muchos países. Convierte a muchas personas en personajes dogmáticos, quejumbrosos y neuróticos, que en todas partes ven agresiones, conflictos, agravios contra su propio colectivo. A un martillo todo le parecen clavos.
Aun sin saberlo, podemos estar convirtiendo el mundo en un sufrido espejo de nuestros miedos y traumas personales. Quizá deberíamos tomar ejemplo de Star Parker, cuando decidió que su condición de mujer negra no iba a determinar su vida. Y recordar aquella frase que sintetiza el valor de la sociedad abierta: “Estoy en desacuerdo con tus ideas, pero defiendo tu sagrado derecho a expresarlas”.

La censura y la izquierda liberal

Es muy probable que usted, querido lector, pertenezca a una familia de clase media, con más o menos posibles, en la que, desde la más tierna infancia, sus padres, abuelos y familiares le educaron en una serie de convenciones morales, algunas de ellas bastante elementales tales como que no se debía abusar de los demás, que estaba mal pegar o pelearse, menos aún hacerlo con personas manifiestamente más débiles. Incluso, tal vez le enseñaran que la violencia de cualquier tipo, no sólo física, sino también verbal, contrariamente a lo que un crío pueda creer, no te colocaba por encima de los demás sino justo lo contrario: te degradaba.
Era difícil siendo muy joven asumir por completo esas enseñanzas, sobre todo en el colegio, sin el amparo de la familia, rodeado de desafiantes competidores, de locos bajitos que buscaban destacar sobre los demás, erigirse en líderes dominantes o, simplemente, colocarse los primeros en la cadena alimenticia de una selva infantil. En ocasiones se fracasaba porque resultaba imposible reprimir el insulto ante una provocación o no recurrir al uso de la fuerza cuando algún chaval te arreaba un mamporro durante una discusión. Sin embargo, los mayores insistían. Así, perseverando, madurabas y desarrollabas un mayor autocontrol. Ya de adulto, eras tú quien transmitías esas mismas convenciones a tus hijos, que a su vez tenían que asumirlas e intentar salir indemnes de sus infantiles selvas particulares.

Evolución social

Sin embargo, pese a esas convenciones nobles, aquellos eran tiempos diferentes. Tiempos en los que hacer chistes sobre maricas, negros, mujeres, discapacitados físicos o mentales no estaba mal visto. Se admitían porque nos hacían reír y se descontaba que su coste moral no recaía sobre nosotros sino que corría a cuenta de minorías testimoniales. La “ofensa” era inocua, en tanto que afectaba a grupos supuestamente residuales o que no manifestaban de forma contundente su indignación. Obviamente esta circunstancia no ennoblecía la costumbre. De hecho, antes de que aparecieran  grupos organizados que defendieran a las minorías, estas actitudes ya resultaban incómodas para quienes eran educados en contra del abuso, porque podían intuir cierta incoherencia entre esas elevadas convenciones transmitidas en el seno familiar y la trivialización del menosprecio, aunque fuera para pasar el rato. Así, aunque la actitud mayoritaria consistiera en mirar para otro lado, con el tiempo aquellas actitudes fueron cayendo en desuso.
Podríamos decir que el progreso social consiste en desarrollar reglas informales contrarias a cualquier práctica que atente o denigre a los demás. Unas reglas informales que tarde o temprano terminan convirtiéndose en reglas formales. Quizá no a la velocidad que muchos desean, pero la evolución se produce. Sin embargo, lo que hoy entendemos como corrección política (o políticamente correcto) es relativamente reciente. Un fenómeno no tanto surgido de forma espontánea, a través de reglas informales que dimanan de la sociedad, sino dirigido desde las instituciones a exigencia de organizaciones que, se supone, representan a grupos agraviados, discriminados o simplemente vituperados. Esta corrección política ha dado lugar no sólo a legislaciones polémicas, que, esgrimiendo la discriminación positiva, han chocado frontalmente contra el principio de igualdad ante la ley, sino al surgimiento de una policía del lenguaje. Incluso, en ocasiones, lo que puede parecer un avance, una evolución, puede ser un viaje al pasado, como sucede, por ejemplo, con el “novedoso” delito de odio, que es una puesta al día del delito por convicción ideado en la totalitaria y, se supone, desaparecida Unión Soviética.

La policía del lenguaje

Hoy, cualquiera con una mínima empatía sabe que no sólo la agresión física hace daño sino que también puede hacerlo la palabra. Por lo tanto, la corrección política, que afecta al uso del leguaje, ha progresado sin apenas resistencia, a una velocidad vertiginosa, demasiado vertiginosa como para no producir efectos adversos. Al fin y al cabo, ¿quién osará oponerse a prohibiciones que persiguen actitudes inmorales? Lamentablemente, las sociedades no son masas uniformes de millones de individuos, capaces todos de avanzar a igual velocidad en el complejo terreno de las convenciones. Hay quienes están encantados con que la progresión sea vertiginosa y quienes necesitan más tiempo para asumir situaciones completamente nuevas que, en no pocos casos, les obligan no ya a luchar contra la costumbre, el hábito, sino a girar 180 grados sobre sí mismos.
Hoy, cualquiera puede meterse en un buen lío por el simple hecho de tener un desliz y usar una expresión inconveniente, quizá anacrónica, aunque sólo sea una frase hecha dentro de una conversación mucho más amplia y, desde luego, sin intención de ofender. Peor aún, se puede sacar de contexto una expresión y que algún desdichado termine siendo linchado socialmente, sin que la turba atienda a razones. De hecho, resulta alarmante la facilidad con la que hoy se adjudican etiquetas como “intolerante”, “machista”, “racista”, “xenófobo”, “homófobo” a cualquiera que, no ya utilice expresiones incorrectas, sino manifieste su desacuerdo o disienta de determinadas iniciativas, leyes o medidas que supuestamente tienen como fin revertir algún tipo de discriminación.

Autocensura y silencio

Así, hemos llegado a un punto en el que cada vez son más las personas que prefieren autocensurarse, eludir la discusión, el debate o, simplemente, no manifestar su parecer ante el riesgo de ser señaladas con el dedo y que su reputación se vea comprometida. En vez de propiciar el acuerdo, el intercambio de ideas y pareceres, se incentiva el silencio, la falta de comunicación y el distanciamiento entre las personas.
Para que una sociedad evolucione de forma equilibrada es necesario un clima que favorezca el diálogo, donde las personas puedan expresar libremente sus preocupaciones, inquietudes, dudas y, por qué no, desacuerdos. Una sociedad sana tiene que poder debatir sobre cualquier asunto, abiertamente, sin tabúes, desde todas las perspectivas y dentro de un clima de confianza. Pero si la policía de la corrección política anda al acecho, atenta al menor indicio de disidencia, dispuesta a arrojar a la hoguera a cualquier sospechoso de herejía, ese clima es imposible. Así, lejos de lograr la integración, lo que se perpetúa es la exclusión. Si hay un síntoma de la crisis de la política es la incapacidad de los partidos para sumar, para ser realmente inclusivos. Muy al contrario, los políticos llevan demasiado tiempo jugando al peligroso juega de la polarización, a dividir a la sociedad en facciones, en grupos de intereses de los que se valen para alcanzar el poder. Y están determinados a perseverar en el error.
Como muestra, valga un botón. Tras la victoria de Trump, el partido Demócrata se plantea buscar un candidato que movilice el voto afroamericano y latino, porque ahí ha estado la clave del fracaso de Hillary Clinton. Pero lo que puede parecer un acierto en el corto plazo, es un error a largo plazo. En realidad, el fracaso no ha estado en no movilizar a minorías decisivas sino plantear la política como un juego de desequilibrios, en vez de como un gran proyecto, donde todos los ciudadanos, independientemente de su raza, sexo, religión o preferencias, estén y se sientan debidamente representados.

Hacia una sociedad infantilizada

En la genial novela de de Philip Roth, La mancha humana, la vida del decano universitario Coleman Silk se desmorona tras interesarse por dos estudiantes que han faltado a todas sus clases, “¿Conoce alguien a estos alumnos? ¿Tienen existencia sólida o se han desvanecido como negro humo?” pregunta en el aula. Desgraciadamente para Coleman, uno de los aludidos resulta ser afroamericano y, cuando llega a sus oídos la pregunta, la interpreta como un ataque racista. Aunque no había ánimo ofensivo en sus palabras, puesto que jamás había visto al estudiante, Silk es acusado de racista, cesado como decano y despedido. Sin otra universidad dispuesta a contratarlo, su economía familiar se deteriora rápidamente. Padece el rechazo de la comunidad, el repudio de amigos y conocidos y, en el colmo de la desdicha, su esposa sufre una apoplejía a causa del estrés y fallece.
Aunque el decano Silk sea un personaje de ficción, Philip Roth refleja las vivencias de infinidad de profesores norteamericanos censurados o expulsados de las universidades porque sus discursos, o siquiera sus apreciaciones, turbaban a un alumnado cada vez más sobreprotegido e infantilizado. Porque no se ajustaban a lo políticamente correcto.

¿Universidades o jardines de infancia?

Hace poco más de dos años, según realtó Judith Shulevitz, estudiantes de la Universidad de Brown organizaron un debate abierto sobre agresiones sexuales. Inmediatamente, otro grupo de alumnos, temeroso de que los intervinientes pudieran exponer ciertas ideas “negativas”, protestó ante la dirección argumentando que la universidad debía ser un “espacio seguro” donde nada avivara los traumas de las víctimas. Las autoridades académicas no cancelaron el acto, pero pusieron a disposición de los asistentes su propio “espacio seguro”: una sala contigua donde cualquiera pudiera acudir para recuperarse de algún punto de vista turbador, y, si se sentía con fuerzas, regresar al debate. La estancia estaba equipada con cuadernos para colorear, juegos de plastilina, cojines, música relajante, mantas, galletas, chuches, incluso un video en el que aparecían perritos jugando. También contaba con personal cualificado para atender posibles traumas. Cuando el evento finalizó, dos docenas de personas habían pasado por esta sala, una de las cuales explicó: “me sentía bombardeada por unos  puntos de vista que van en contra de mis creencias más íntimas”.
En otra ocasión, un profesor del Columbia College recomendó la visita a una interesante exposición de arte samurai japonés. Inmediatamente, uno de sus estudiantes protestó airadamente, tachando su sugerencia de políticamente incorrecta porque podía herir la sensibilidad de los alumnos chinos. Obviamente, la objeción era absurda; la invasión de China por el ejército imperial japonés había finalizado setenta años atrás. Sin embargo, para el estudiante el tiempo transcurrido era irrelevante. Siguiendo su lógica, el arte alemán ofendería en Francia, el francés en España por la invasión napoleónica, o el español en Flandes.
Otro caso llamativo es el del ex presidente de la Universidad de Harvard, el economista Larry Summers, que tuvo la desgraciada ocurrencia de defender teorías donde mostraba que el coeficiente de inteligencia de los hombres presenta una dispersión, una varianza mayor que el de las mujeres, planteando como hipótesis que este hecho podía influir en la asignación de puestos de trabajo en las escalas más altas y más bajas. Automáticamente fue acusado de machista y, tras una durísima campaña en su contra, Summers se vio obligado a dimitir en 2006.

Del oscurantismo a la ignorancia

El calvario de todos estos profesores ilustra la plaga de la corrección política, una moda que invade los campus universitarios del mundo desarrollado, constituyendo una asfixiante censura que, en no pocas ocasiones, provoca dramas absurdos perfectamente evitables. Lo peor, con todo, es que condena a la sociedad al oscurantismo, a la ignorancia. Al fin y al cabo, Summers sólo podría haberse ahorrado el calvario falseando las teorías, adaptándolas a la “realidad” de lo políticamente correcto o, sencillamente, renunciando a su exposición. Por su parte, el profesor de Columbia debería pensárselo dos veces antes de recomendar exposiciones de arte a sus alumnos puesto que todas, de alguna manera, herirán la sensibilidad de alguien. En cuanto a los estudiantes de la Universidad de Brown, para evitar sobresaltos tendrían que renunciar a organizar debates abiertos.
“La universidad no puede ser un ‘espacio seguro’. El que lo busque, que se vaya a casa y abrace a su osito de peluche”
El irresistible avance de la corrección política es una señal muy potente que nos advierte de la infantilización de la sociedad occidental, reflejada con pavorosa nitidez en su universidad, de donde precisamente proviene. Tanto despropósito llevó a Richard Dawkins, profesor de biología evolutiva de la Universidad de Cardiff a advertir a sus estudiantes, con indisimulada indignación: “La universidad no puede ser un ‘espacio seguro’. El que lo busque, que se vaya a casa, abrace a su osito de peluche y se ponga el chupete hasta que se encuentre listo para volver. Los estudiantes que se ofenden por escuchar opiniones contraria a las suyas, quizá no estén preparados para venir a la universidad”.
La corrección política es producto de ese pensamiento infantil que cree que el monstruo desaparecerá con solo cerrar los ojos. Pero la maduración personal consiste justo en lo contrario, en descubrir que el mundo no es siempre bello ni bueno, en la toma de conciencia de que el mal existe, en llegar a aceptar y encajar la contrariedad, el sufrimiento. Y, por supuesto, en aprender a rebatir los criterios opuestos. En su esfuerzo por hacer sentir a todos los estudiantes cómodos y seguros, a salvo de cualquier potencial shock, las universidades están sacrificando la credibilidad y el rigor del discurso intelectual, remplazando la lógica por la emoción y la razón por la ignorancia. En definitiva, están impidiendo que sus alumnos maduren.

La trampa del “espacio seguro”

Cuando se designa unos espacios universitarios como seguros, implícitamente se está marcando otros como inseguros y, por lo tanto, tarde o temprano habrá que “asegurarlos”, hasta que cualquier opinión desconcertante quede prohibida en todo el campus. Y, si esto es válido para la universidad, ¿por qué no trasladarlo a la sociedad en su conjunto? Así, la represión se extiende como mancha de aceite, prohibiendo palabras, términos, actitudes, estableciendo una siniestra policía del pensamiento.
Desde el punto de vista conceptual, la corrección política es incongruente, cae por su propio peso. Dado que no todo el mundo opina igual ni posee la misma sensibilidad, no es posible separar con rigor lo que es ofensivo de lo que no lo es, establecer una frontera objetiva entre lo políticamente correcto y lo incorrecto. Hay personas que no se ofenden nunca; otras, sin embargo, tienen la sensibilidad a flor de piel. La ofensa no está en el emisor sino en el receptor, Así, en la práctica, es la autoridad quien acaba dictaminando lo que es políticamente correcto y lo que no. Y lo hace, naturalmente, a favor del establishment y de los grupos de presión mejor organizados.
La corrección política es una forma de censura, un intento de suprimir cualquier oposición al sistema. Y es además ineficaz para afrontar las cuestiones que pretende resolver: la injusticia, la discriminación, la maldad. No es más que un recurso típico de mentes superficiales que, ante la dificultad de abordar los problemas, la fatiga que implica transformar el mundo, optan por cambiar simplemente las palabras, por sustituir el cambio real por el lingüístico.
Lo expresó de forma certera el defensor de los derechos civiles W. E. B. Du Bois en 1928. Tras ser recriminado por un joven exaltado por usar la palabra “negro”, Du Bois respondió: “Es un error juvenil confundir los nombres con las cosas. Las palabras son sólo signos convencionales para identificar objetos o hechos: son estos últimos los que cuentan. Hay personas que nos desprecian por ser negros; pero no van a despreciarnos menos por hacernos llamar ‘hombres de color’ o ‘afroamericanos’. No es el nombre… es el hecho”. En efecto, ni la discriminación, ni el racismo, ni cualquier otro problema, se resuelven por cambiar los nombres. Como mucho, se logra tranquilizar la mala conciencia de algunos.    

Y el resultado es… Donald Trump

Hay mucha gente en el mundo, demasiada en España, que, al parecer, carece de la madurez emocional o de la capacidad intelectual para escuchar una opinión política que se aparte de sus convicciones sin considerarla un insulto personal. Al poner los sentimientos por encima de los hechos, de las razones, cualquier opinión válida puede ser desactivada tachándola de racista, sexista, discriminatoria. Puede que a estas personas la corrección política les haga sentirse más cómodos, pero a costa de instaurar la cultura del miedo en los demás. Clint Eastwood declaró: “Secretamente, todo el mundo se está hartando de la corrección política, del peloteo. Estamos en una generación de blandengues; todos se la cogen con papel de fumar”. Aun así no era plenamente consciente del peligro que se avecinaba: tarde o temprano el virulento efecto péndulo invierte las magnitudes, la gente acaba hastiada de tanta censura, y como reacción… vota a Donald Trump.
Renunciar al libre discurso, al libre pensamiento, para evitar herir la sensibilidad de algunos es peor que estúpido: es peligroso porque pone en cuestión los principios de la democracia. Debemos ser respetuosos con todo el mundo, por supuesto. Pero también expresar con libertad nuestras ideas y argumentos. Si alguien se molesta, se rasga las vestiduras, es muy probable que esté mostrando su talante inmaduro, su carácter infantil e intolerante. Lo advirtió George Orwell en su novela 1984: “La libertad es el derecho de decir a la gente aquello que no quiere oír”.

El ridículo de los “progres”

Por Jean Bricmont
Global Research, 13 de noviembre de 2016
CounterPunch, 11 de noviembre de 2016
Traducido por Mariola García Pedrajas
Hillary Clinton llamó a la mitad de los votantes de Trump “morralla”1. En todas las discusiones que he tenido con “liberales”2 estadounidenses, éstos me explicaron que los que apoyaban a Trump eran en su mayoría hombres blancos incultos.
Sin embargo, soy lo suficientemente viejo como para recordar una época en la que todos los partidos de izquierdas, socialistas o comunistas, e incluso el partido Demócrata estadounidense, tenían como base los trabajadores de la “clase trabajadora” o el “hombre corriente”. A nadie se le ocurría indagar si tenían títulos universitarios o investigar si sus opiniones eran o no políticamente correctas en temas de racismo, sexismo o homofobia.
Lo que definía a los trabajadores como sujetos progresistas era su condición de explotados económicamente y no algún tipo de ortodoxia ideológica o pureza moral.
A finales de los años 70 del pasado siglo un gran cambio tuvo lugar dentro de los partidos de izquierdas. Éstos fueron dominados cada vez más por miembros del mundo académico y su ideología cambio radicalmente de la de la izquierda clásica.
Muy lejos de tener como objetivo el establecer alguna forma de socialismo, o meramente de justicia social, la izquierda se convirtió en la campeona de la lucha por la igualdad de oportunidades, contra la discriminación y el prejuicio y – con el avance de la globalización – de la apertura de los mercados.
El más o menos mítico héroe de la izquierda ya no era el proletariado sino el marginal, el emigrante, el extranjero, el disidente o el rebelde – incluso si se trataba de fanáticos religiosos con los que ningún intelectual de izquierdas tendría nada que ver. Uno recuerda a Jean-Jacques Rousseau burlándose de aquellos que pretenden amar a los tártaros para evitar tener que amar a sus vecinos.
Poco a poco se forjó una nueva clase de alianza: el llamado uno por ciento, o de manera más realista el diez por ciento más rico que se beneficia de la globalización, se alía con la intelectualidad de clase media para vender la globalización en el nombre de la “apertura a los otros” y exhibe el espectro del racismo o el sexismo para atraer a minorías y a ciertas feministas (porque aunque las mujeres no son una minoría, ciertas reivindicaciones feministas son similares a las de las minorías).
Pero esta alianza era extremadamente antinatural en términos socioeconómicos, puesto que las principales víctimas de la globalización son los trabajadores menos cualificados, con frecuencia mujeres y miembros de las minorías.
El sesgo pro-globalización de la izquierda la llevó por mal camino paso a paso. Primero renunció a cualquier esfuerzo de regular la economía, contentándose con reclamar un reparto equitativo de los frutos del crecimiento asegurando la “igualdad de oportunidades”. Pero en el mundo real las desigualdades crecieron mucho más que la economía.
También imaginaron que se podían abolir las leyes internacionales y que una tal “comunidad internacional” – en la práctica los Estados Unidos y sus aliados – mantendría el orden mundial por medios militares. De nuevo, en el mundo real eso creo únicamente caos, refugiados y resistencia a ese orden estadounidense. De hecho, con el paso del tiempo, la propia población estadounidense fue víctima de un extraño desorden, “fatiga de guerra”. Excepto una minoría de ideólogos, apenas nadie en los Estados Unidos quiere soportar los costes de un imperio.
Había que lidiar con las protestas de las víctimas de la globalización. El truco fue usar la ideología de la tolerancia: cualquier objeción a la globalización se etiquetaba como racismo o xenofobia. Los intelectuales se involucraron en “la lucha contra el racismo” con entusiasmo, con un ojo puesto en la preservación de su propia posición social privilegiada, al abrigo de las tormentas económicas de las globalización.
En los Estados Unidos, era suficiente con estigmatizar las opiniones no deseables; en Europa, se las llevaba a los tribunales.
Todo eso tenía que explotar antes o después, lo mismo que el Muro de Berlín se vino abajo cuando la URSS colapsó, y por las mismas razones: una élite autocomplaciente pero bastante incompetente, aislada de las realidades sociales, que afirma hacer lo que es mejor para la gente pero sin consultarla, y la cual al final ni siquiera reparte los beneficios prometidos, acaba provocando una rebelión contra ella misma.
Primero el Brexit, después Trump. Sea lo que sea lo que uno piense de ese individuo, mientras peor sean las cosas que dijeron de él los “liberales” estadounidenses, más se pone de manifiesto la enormidad de la derrota de éstos. Después de años de corrección política y sermones sobre feminismo y antirracismo, ¿qué puede ser más humillante que la elección de alguien que ha sido demonizado por feministas y antirracistas como Trump?
Para los ardientes defensores de la Unión Europea, la globalización y las guerras humanitarias, la victoria de Trump tiene un efecto comparable al de las huelgas de los trabajadores polacos contra el Partido Comunista gobernante: sacaron a la luz el descontento incluso en el proletariado que teóricamente ejercía la dictadura. La elección de Trump muestra la revuelta de la población estadounidense en la ciudadela misma del libre mercado y el imperialismo.
Queda por ver si Trump llevará a cabo los aspectos progresistas de su programa; proteccionismo y paz con Rusia. Esos eran los aspectos que más enfurecieron a la oligarquía, mucho más que sus comentarios groseros y sus contradicciones. Esos son por lo tanto los aspectos que requerirán la mayor inteligencia y determinación para hacerse realidad.
Una izquierda que se atreva a examinar de cerca sus errores pasados debería hacer todo lo que pueda para empujar a Trump en esa dirección, más que alienar a la población aún más subiéndose una vez más a su caballo de superioridad moral y vendiendo su alma a los líderes del Partido Demócrata responsable de su propia derrota3.

Los partidos y políticos progresistas tienen una singular predilección por obcecarse en debatir temas secundarios totalmente periféricos al debate político

Fragmento del artículo…
Estas discusiones y proclamas serían más o menos inofensivas si el TTIP fuera la única obsesión quijotesca de la izquierda en España, pero no es el caso. Los partidos y políticos progresistas tienen una singular predilección por obcecarse en debatir temas secundarios totalmente periféricos al debate político o a las preocupaciones de los ciudadanos, y de hacerlo además abusando de una jerga inescrutable para los legos. Hablo de debates como el artículo 135 de la constitución, el canon digital, los CIE, la visita de Obama a España, las SICAV o la conspiración internacional contra Venezuela. Algunos de ellos son importantes (de esa lista, el canon digital y las SICAV lo son), otros no lo son tanto. Lo importante, sin embargo, es que cada vez que la izquierda dedica su tiempo, energía y entusiasmo a litigarlos electoralmente, muchos votantes dejan de prestarles atención.
El resultado es que tenemos políticos y partidos encantados de haberse conocido hablando entre ellos sobre cosas en las que están todos de acuerdo pero que apenas entiende nadie, mientras Mariano Rajoy hace campañas donde simplemente lee en voz alta la lista de las cinco principales preocupaciones del CIS en medio de un campo de lechugas y gana elecciones. La izquierda se empecina en hablar de temas que son más de identificación tribal propia que problemas ciudadanos concretos, y después se sorprende que nadie los acabe por tomar en serio.
Muchas de las obsesiones de la izquierda son temas importantes. Es necesario modernizar el absurdo sistema de propiedad intelectual en España. Es necesario eliminar agujeros fiscales. Debemos velar para que el TTIP no reduzca la capacidad europea de combatir el cambio climático o limite el uso de medicamentos genéricos. Lo que no es útil, y de forma más crucial, no sirve para ganar elecciones, es pasarse el día persiguiendo cosas brillantes, discutiendo qué significa ser de izquierdas y quejándose sobre la impureza del partido de al lado en su defensa del proletariado. Cuando el PSOE, Podemos e Izquierda Unida se dedican a hacer eso lo único que consiguen es que un señor con barbas les gane en las urnas diciendo cosas como que España tiene que ser un país serio.
Es hora de que la izquierda empiece a entender con qué armas va a la guerra. Todo lo que no sea hablar de las preocupaciones reales de los votantes es perder el tiempo.

20 enero 2017

Los Bildurris al viejo estilo SA atacan a criticos

Por medio de esta nota, el Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión quiere informar del ataque sufrido por varios militantes de nuestro movimiento el pasado sábado, 14      de enero, durante las fiestas del barrio donostiarra del Antiguo.

         Este ataque en contra de nuestros militantes, los cuales trabajan con ahínco a favor de la amnistía en Donostia, no ha venido por parte de la policía, ni tampoco por parte de un grupo de ultraderechistas. El ataque lo llevaron a cabo conocidos militantes de Sortu y Ernai del Antiguo, y no como consecuencia de una discusión provocada por el alcohol, sino como un intento de castigar la militancia de nuestros compañeros.

         Ha sido un ataque muy grave, y lo hace aún más grave el hecho de que haya sido perpetrado por militantes adultos de la Izquierda Abertzale oficial, algunos de unos 40 años, contra militantes del Movimiento Pro Amnistía de 15 y 17 años de edad. Realmente cobarde la actitud de estos oficialistas.

         Primero, rodearon entre diez personas a nuestro compañero de 15 años y, haciendo referencia a su militancia, le insultaron y le amenazaron, diciéndole que si volvía a hacer pintadas, le iban a “romper la cara”.

         Más tarde, un grupo de 20 personas también rodeó a nuestro compañero de 17 años, manteniendo en este caso una actitud aún más violenta que en el anterior. Los oficialistas pasaron pronto de las palabras a los hechos y comenzaron a propinar una paliza a este joven, causándole una herida en la ceja que requirió de tres puntos de sutura. A pesar de que el chico estaba herido, tuvo que salir corriendo de la zona de txosnas porque este grupo le perseguía, entre ellos una militante de Sortu que le amenazaba con una botella. También agredieron a los amigos del joven.

         Hay que destacar que durante el día, militantes de Sortu y Ernai estuvieron arrancando y rompiendo propaganda de nuestro movimiento, tanto en el recinto festivo como fuera de él. Destacar también que este joven ya fue objeto de una agresión por parte de un militante de Sortu el año pasado, como consecuencia del cual sufrió un hematoma en el ojo. Tampoco podemos dejar de mencionar que este joven ha sido amenazado a lo largo del último año, tanto por medio de pintadas en las que aparecía su nombre como de manera oral.

         El Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión llevará a cabo distintas iniciativas durante los próximos días para denunciar esta situación y para mostrar apoyo a nuestra militancia (pronto daremos noticia de ellas), entre las que se encuentra una rueda de prensa para dar más detalles sobre lo sucedido.

         Hasta entonces, nuestro movimiento quiere hacer saber dos cosas: por un lado, que estos jóvenes nos han hecho llegar que por encima de todos los ataques siguen dispuestos y con ganas de continuar luchando con firmeza a favor de la amnistía, y que están más convencidos que nunca de la necesidad de este proyecto.

         Por otro lado, que el Movimiento Pro Amnistía siente la necesidad de proteger a su militancia y que toma este ataque como una acción contra todo el movimiento. La agresión del Antiguo no es algo puntual y casual, sino consecuencia del clima creado durante los dos últimos años contra nuestro movimiento y nuestros militantes por las distintas organizaciones de la Izquierda Abertzale oficial. Ante la falta de argumentos para hacernos frente en lo político, se han empleado en una campaña de intoxicación plagada de mentiras, utilizando para ello todos los medios económicos y mediáticos necesarios, azuzando a sus militantes en nuestra contra, comportándose como palomas en la calle y como lobos en casa.

         Por ello y habiéndose rebasado todas las líneas admisibles, nuestro movimiento quiere dejar claro que no recibiremos ningún ataque que no tenga su correspondiente respuesta. No son tiempos fáciles para quienes trabajamos a favor de la amnistía, pero actuando unidos y con decisión, seguiremos avanzando por el camino hacia nuestros objetivos. Jo ta ke amnistia lortu arte!

En Euskal Herria, a 20 de enero de 2017.


Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión.

la vida oscura de Simone de Beauvoir

Entre 1943 y 1944, durante la ocupación de Francia por los nazis, Simone de Beauvoir trabajaba como directora de sonido de Radio Vichy1. Radio Vichy era la emisora de radio nacional de la llamada zona libre de Francia, tras la capitulación de la República francesa ante la Alemania nazi en 1940. Decimos “la llamada” porque el régimen de Vichy, aunque desde el punto de vista militar fuese en teoría neutral, en realidad colaboraba activamente con el régimen nazi2, y hoy en día todo el mundo reconoce como un hecho que la institución de Radio Vichy era la portavoz de facto de la propaganda nazi en las ondas de radio francesas
Los apologistas de De Beauvoir podrían decir que las circunstancias la obligaron a trabajar allí, igual que muchas otras personas que hoy afirman haber sido obligadas a colaborar con la Securitate durante el régimen comunista. Pero los manuscritos de De Beauvoir de esa época, que se revelaron más tarde, dicen otra cosa.
Incluso autores feministas, como la Dra. Ingrid Galster, que ha dedicado años de su vida a estudiar a Simone de Beauvoir, han tenido que admitir, aunque a regañadientes, que la actitud de De Beauvoir como directora de sonido en la máquina de propaganda nazi era, como mínimo, de colaboracionismo sutil3, y que las circunstancias por las que terminó trabajando allí no se debieron a la coacción, sino que fue una decisión perfectamente consciente. De Beauvoir ya era miembro del sindicato de funcionarios públicos, y podría haber escogido trabajar en un ayuntamiento, por ejemplo. Pero tuvo que elegir un empleo distinto a la enseñanza, porque su carrera como profesora estaba acabada (pese a que poseía la cualificación y el prestigio necesarios para enseñar, ya que había sido la segunda mejor estudiante doctoral de su generación, solo por detrás de su amante Jean-Paul Sartre4).

Los motivos por los que ya no podía dar clase estaban relacionados con la pedofilia y con Jean-Paul Sartre. En 1943, Simone de Beauvoir fue despedida por comportamientos conducentes a la corrupción de un menor5.
Una vez más, los apologistas de De Beauvoir se apresurarán a decir que el incidente de 1943 fue un hecho aislado, o que, como me llegaron a decir una vez, fue un hecho inventado por la persecución nazi, que no podía soportar que fuese una mujer marxista, independiente y empoderada. Pero nada más lejos de la realidad.
El interés sexual de De Beauvoir por los niños es un tema recurrente en su vida. Estuvo entre los primeros filósofos que intentaron unificar el género literario que había comenzado en la década de 1930 (y que perduró hasta la década de 1980 en la Europa occidental), de la pedofilia pedagógica femenina6. Intentó llevar a cabo esta unificación en su ensayo “Brigitte Bardot y el síndrome de Lolita”, publicado por primer vez en la revista Esquire en 1959, y republicado en multitud de ocasiones hasta mediados de la década de 1970. En dicho ensayo, De Beauvoir glorifica el aspecto físico infantil de Brigitte Bardot, que retiene la inocencia perfecta inherente al mito de la infancia, y después la presenta como un Houdini para las niñas, que las empoderará y liberará de las cadena con las que estaban subyugadas7,8.
El ensayo de 1959 no fue más que el principio. En 1977, De Beauvoir, junto con la mayor parte de la intelectualidad marxista francesa, firmó una petición exigiendo nada más y nada menos que la legalización de la pedofilia, y la puesta en libertad inmediata de tres individuos que cumplían largas sentencias de prisión por abusar sexualmente de varios niños y niñas de entre 11 y 14 años. La petición, firmada entre otros por De Beauvoir y Sartre, se publicó en Le Monde, y entre otras cosas, decía lo siguiente9:
Tanto tiempo en prisión para investigar un simple asunto de “vicio”, en el que los niños no han sido víctimas de ningún tipo de violencia, sino que, por el contrario, han testificado ante los magistrados que dieron su consentimiento, aunque la ley actual les niegue el derecho a consentir; tanto tiempo en prisión es algo que consideremos escandaloso de por sí. Hoy, el riesgo de ser condenado largas penas de prisión por haber tenido relaciones sexuales con menores, tanto niños como niñas, o por haber fomentado y fotografiado sus juegos sexuales. Creemos que existe una incongruencia entre la designación de “delito”, que sirve para legitimar semejante severidad, y los hechos en sí; y otra todavía mayor entre la ley anticuada y la realidad del día a día de una sociedad que tiende a conocer la sexualidad de los niños y adolescentes
[…]
Así que, en opinión de De Beauvoir, los niños de 11 años de la Francia de finales de la década de 1970 eran seres sexuales. Dado que a esa edad la pubertad no se producía ni se produce en la mayoría de niños, nos parece justo considerar que De Beavoir estaba haciendo un alegato en favor de pedofilia, independientemente de la definición de la palabra que se elija.
La petición de 1977 desencadenó un gran debate a nivel social en Francia sobre la edad legal de consentimiento sexual; un debate que los abolicionistas (del que formaban parte De Beauvoir y su amante) consolidaron en el Front de libération des Pédophiles (FLIP, Frente de liberación de los pedófilos), y cuyos propios miembros explicaron claramente sus intenciones en un debate por radio en abril de 1978, en Radio France Culture10. El FLIP sería recordado como pionero en las filas del movimiento pedófilo francés, aunque la propia organización no durase mucho por desavenencias internas11.
Aparte de De Beauvoir y Sartre, hubo otras personas involucradas en la defensa de la pedofilia en esa época, incluidas personas que terminaron gobernando los destinos de Francia: por ejemplo, Bernard Kouchner y Jack Lang, que fueron respectivamente ministro de Sanidad y de Educación (!) a principios de la década de 2000, en la primera legislatura de Jacques Chirac12.
Todos estos hechos convierten a De Beauvoir, ya no en una apologista de la pedofilia, sino en una defensora activa. Sin embargo, lo que la convierte en corruptora fue su actividad, durante la cual reclutaba alumnas, abusaba de ellas y se las pasaba a Jean-Paul Sartre, a veces por separado y a veces en un ménage à trois integrado. El Telegraph escribió lo siguiente en una reseña del libro de Carole Seymour-Jones Simone de Beauvoir? Meet Jean-Paul Sartre, un libro que analiza la relación de De Beauvoir con Sartre13:
Durante largos períodos, la pareja se convertía en un “trío”, aunque ese acuerdo rara vez le iba bien a la tercera parte: al menos dos de las antiguas alumnas de De Beauvoir acabaron siendo amantes suyas, después de Sartre, para que después la pareja cerrase filas una vez desaparecía la diversión […]
Para Seymour-Jones, los romances de De Beauvoir con sus alumnas no eran de origen lésbico, sino pedofílico: las estaba “preparando” para Sartre, una forma de “abuso infantil”.
Para De Beauvoir (al igual que para Sartre) la edad daba igual, siempre que las compañeras fuesen más jóvenes que ella y que Sartre14. A la eminente feminista ni siquiera se le pasó por la cabeza la posibilidad de estar haciendo daño o abusando sexualmente de otros, porque pensaba que “preparar” a las niñas para que Sartre les arrebatara su virginidad (en palabras de Sartre, no mías) era en sí un acto de empoderamiento sexual para esas niñas.
Pero por si los flirteos con el nazismo y la pedofilia no bastan para convenceros del carácter cuestionable de De Beauvoir, echemos una ojeada a sus escritos feministas, que están tan llenos de misoginia que resulta difícil encontrar un equivalente en otros sectores de la sociedad. Este hecho no nos sorprende, si consideramos que el feminismo es en sí una ideología misógina. Pero no divaguemos.
El libro de cabecera de De Beauvoir, El segundo sexo, considerado por las feministas contemporáneas como “notablemente fresco”, decía lo siguiente sobre las mujeres casadas15:
La esposa se alimenta de él como un parásito; pero un parásito no es un maestro triunfante.
Más de 25 años después, en 1975, en un diálogo con otra feminista, Betty Friedan, De Beauvoir aclararía su posición más allá de toda duda. En un debate sobre la manera de compensar a las madres que se quedan en casa y cuidan de los hijos, De Beauvoir respondió de manera inequívoca16:
No, no creemos que ninguna mujer deba tener esa opción. Ninguna mujer debería estar autorizada a quedarse en casa y criar a los hijos. La sociedad debería ser completamente diferente. Las mujeres no deberían tener esa opción, precisamente porque si existiese, demasiadas mujeres la elegirían. Es una manera de obligar a las mujeres a ir en una dirección concreta.
¿Entendido? A ojos de esta eminente feminista, las mujeres son criaturas inertes, incapaces de decidir lo que les conviene como adultos responsables. De hecho, únicamente Simone de Beauvoir y su ideología marxista feminista saben lo que es mejor para ellas. Por lo tanto, ninguna mujer debería estar autorizada a elegir nada que contradiga a De Beauvoir.
Durante el mismo diálogo, dice algo todavía más claro17:
En mi opinión, mientras la familia, el mito de la familia, el mito de la maternidad y el instinto maternal no sean destruidos, la mujer seguirá estando oprimida.
De hecho, el odio de De Beauvoir hacia la maternidad y las madres en general es muy evidente a lo largo de todo el libro. Veamos algunos ejemplos:
La maternidad relega a la mujer a una existencia sedentaria; es natural que ella se quede en casa mientras los hombres cazan, pescan y van a la guera18.
[La madre] es planta y animal, un conjunto de coloides, una incubadora, un huevo; asusta a los niños a quienes les preocupan sus cuerpos, y provoca la risa contenida en los hombres jóvenes porque ella es un ser humano, conciencia y libertad, que se ha convertido en un instrumento pasivo de la vida19.
Y cuando esta eminente feminista empezaba a criticar el cuerpo de la mujer, nadie podía pararla:
La actitud psíquica evocada por la esclavitud menstrual constituye un gran obstáculo.
[…] el cuerpo de la mujer, y especialmente el de la niña, es un cuerpo “histérico” en el sentido de que, por decirlo así, no hay distancia entre la vida psíquica y su realización fisiológica. La confusión que desencadena el descubrimiento de los problemas de la pubertad, por parte de la niña, los empeora. Debido a que su cuerpo le resulta sospechoso, lo examina con ansiedad y lo considera enfermo20.
Las glándulas mamarias que se desarrollan en la pubertad no tienen función alguna en la economía individual de la mujer: pueden eliminarse en cualquier momento de su vida21.
De Beauvoir explica a continuación en su libro lo maligna y opresora que es la familia para el desarrollo de una niña. Si el padre tiene la osadía de mostrarse orgulloso y apreciar los éxitos de su hija, no es más que otra muestra de opresión e imposición de vasallaje de la hija hacia el padre22. Pero,si bien el padre escapa relativamente indemne, la madre que se atreve a castigar a su hija recibe una reprimenda todavía peor de la eminente feminista:
Las madres, ya lo veremos, son ciegamente hostiles a la liberación de sus hijas y, más o menos deliberadamente, se esfuerzan por atemorizarlas todavía más; para el niño adolescente, los esfuerzos por volverse hombre se respetan, y se le dan ya mayores libertades. A la niña se la obliga a quedarse en casa; sus actividades externas son supervisadas.
¿Entendido? El hecho de que algunos padres no permitiesen que sus hijas salieran después de cierta hora, en la Francia ocupada por los nazis, en medio de la segunda guerra mundial, constituye opresión. Y recordemos que De Beauvoir se queja de esto (y existen serias dudas de que fuese algo generalizado) mientras niños de 13 y 14 años luchaban en la guerra24, entre otras cosas, para que ella estuviese a salvo y pudiera escribir “filosofía” basura, y propaganda para el régimen nazi, un régimen que también tenía a niños de 14 y 15 años en sus filas25. Me siento tentado a decir que debería haber revisado sus privilegios. Pero no lo voy a decir.
Queridas feministas de cafetería: si nos recomendáis leer a Simone de Beauvoir como ejemplo de “buena” feminista, solo hay dos explicaciones: o bien no la habéis leído vosotras mismas y la mencionáis solo para parecer cultas o, por el contrario, la habéis leído y estáis de acuerdo con lo que representa, en cuyo caso cualquier persona normal no feminista tendría que estar loco (como mínimo) para pensar que tenéis buenas intenciones.
La temeridad con la que De Beauvoir propone nada menos que la prohibición de ciertas opciones para la mujer, porque dichas opciones no se amoldan a su ideología, es un ejemplo perfecto de utópica trastornada para la que el planeta gira en torno a sí misma. Y si no lo hace, la culpa es del planeta, y hay que prohibirlo. La verdad debe ser prohibida, si es “incorrecta”.
Si las feministas fuesen realmente sinceras al afirmar que pretenden combatir la misoginia y aumentar el espectro de opciones para la mujer, entonces empezarían por desterrar todo el arsenal ideológico de Simone de Beauvoir al basurero de la Historia. Pero no lo hacen, y no lo harán jamás, porque el feminismo, si tiene un buen día, es hipócrita; y en días normales es totalitario por naturaleza y en la práctica; y si tiene un mal día, exige el exterminio del hombre.
Queridas feministas, vuestra declaración pública de aprecio por Simone de Beauvoir dice más sobre vosotras que cualquier cosa que pueda decir nadie del sector no feminista de la sociedad. Una vez más, habéis demostrado que el mejor argumento anti feminista proviene directamente de las propias feministas. Y por ello, queremos daros las gracias.
Referencias:
Un agradecimiento especial a Marian Atodiresei, que ayudó con la documentación.
1 http://my.telegraph.co.uk/expat/stephenclarke/10151800/10151800/ – Stephen Clarke – The women that France needs to remember – or forget; The Telegraph, published at September 5, 2013
2 https://www.jewishvirtuallibrary.org/jsource/Holocaust/VichyRegime.html – The Holocaust: The French Vichy Regime
3 http://www.lexpress.fr/culture/livre/ce-qu-on-n-ose-pas-voir-sur-beauvoir_822547.html – Dupuis Jérôme – Ce qu’on n’ose pas voir sur Beauvoir; L’Express, published at January 3, 2008
4 http://www.telegraph.co.uk/culture/books/non_fictionreviews/3672534/Simone-de-Beauvoir-Meet-Jean-Paul-Sartre.html – Tim Martin – Simone de Beauvoir? Meet Jean-Paul Sartre; The Telegraph, published at April 12, 2008
5 http://opinionator.blogs.nytimes.com/2013/05/19/savile-beauvoir-and-the-charms-of-the-nymph/ – Andy Martin – The Persistence of the ‘Lolita Syndrome’; The New York Times, published at May 19, 2013
6 ibidem
7 ibidem
8 Simone de Beauvoir – Brigitte Bardot and the Lolita Syndrome (with many half-tone illustrations) p.10; 14 – First Four Square Edition – The New English Library LTD., 1962
9 We received the following communication: Le Monde, January 26, 1977 – https://www.ipce.info/ipceweb/Library/00aug29b1_from_1977.htm
10 Sexual Morality and the Law, Chapter 16 of Politics, Philosophy, Culture –Interviews and Other Writings 1977-1984, p.275
11 Le Mouvement Pédophile en France – http://archive.wikiwix.com/cache/?url=http://bibliobleue.fpc.li/Revues/Gredin/N0/MvtFrance.htm
12 http://www.theguardian.com/world/2001/feb/24/jonhenley – Jon Henley – Calls for legal child sex rebound on luminaries of May 68; The Guardian, published at February 24, 2001
13 Ibidem 4
14 http://www.biographile.com/6-degrees-of-infatuation-an-ode-to-frisky-french-writers/28496/ – Kelsey Osgood – 6 Degrees of Infatuation: An Ode to Frisky French Writers; Biographile, published at February 11, 2014
15 Simone de Beauvoir – El Segundo sexo, p. 378 – traducido por Constance Borde y Sheila Malovany-Chevallier; Vintage Books – Random House Inc., New York, 2009
16 Sexo, sociedad y el dilema femenino – un diálogo entre Simone de Beauvoir y Betty Friedan; Saturday Review, publicat la 14 Iunie 1975 – p. 18 http://64.62.200.70/PERIODICAL/PDF/SaturdayRev-1975jun14/14-24/
17 El dilema femenino, op. cit. p.20
18 El segundo sexo, op. cit. p.70
19 Ibidem p.392-393
20 Ibidem p.257-258
21 Ibidem p.43
22 Ibidem p.255
23 Ibidem p. 258-259
24 Segunda guerra mundial: Reclutamiento y la edad de los soldados – http://histclo.com/essay/war/ww2/age/ww2-age.html
25 Los niños soldado de Hitler – http://www.historyplace.com/worldwar2/hitleryouth/hj-boy-soldiers.htm

27 El segundo sexo, op. cit. p.60