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10 febrero 2017

El acusado pluralismo político de la sociedad vasca de preguerra

En la República, ninguna fuerza logró hacerse con la hegemonía en el conjunto de Vasconia, aunque los principales partidos eran hegemónicos en ciertas partes de su territorio: el carlismo en Navarra (salvo la Ribera), el nacionalismo en la Vizcaya rural y el socialismo en las zonas fabril y minera cercanas a Bilbao.
 Es cierto que el nacionalismo vasco, gracias al enorme auge del PNV como movimiento de masas en
los años republicanos, se convirtió entonces en la primera fuerza política y social de Euskadi, pero se hallaba lejos de alcanzar la hegemonía política a causa de su debilidad en Álava y, sobre todo, en Navarra, su auténtico talón de Aquiles, y de la fortaleza de las izquierdas en las aglomeraciones industriales vizcaínas y guipuzcoanas. A lo sumo, un tercio del electorado vasco votaba a los partidos nacionalistas. Igualmente, en el campo sindical y en el terreno de la cultura, tampoco era hegemónico el nacionalismo y también predominaba el pluralismo antes de la Guerra Civil. Según Julio Caro Baroja, el polimorfismo cultural, social y político define el ciclo de la historia vasca que se extiende
entre 1876 y 1936.
Estos factores muestran la heterogeneidad y la falta de cohesión interna, características del País Vasco en la República, que permiten hablar —parafraseando a José Ortega y Gasset— de la Euskadi invertebrada de los años treinta. Como escribió acertadamente el profesor Fusi, no existió unanimidad sobre la identidad vasca, pues la misma idea de Euskadi (patria vasca) no era asumida por gran parte de los vascos, tanto de derechas como de izquierdas. El desacuerdo se extendía hasta las cosas más elementales de un país: el nombre, los símbolos, las festividades... En efecto, el término «Euzkadi» o «Euskadi», neologismo inventado por Sabino Arana, tan sólo era empleado por los nacionalistas y algunos izquierdistas; la ikurriña o bicrucífera, diseñada por los hermanos Arana Goiri, era la bandera del PNV (ANV tenía su propia bandera), el cual pasó a considerarla en su Reglamento de 1933 «la bandera nacional de Euzkadi», en contra de la opinión del entonces presidente del EBB, Luis Arana, para quien era únicamente la bandera de Vizcaya; el «Día de la Patria Vasca» (Aberri Eguna) comenzó a celebrarse en 1932 como fiesta político-religiosa del PNV, ni siquiera de todo el nacionalismo...

Tampoco había acuerdo sobre la territorialidad del País Vasco, cuestión fundamental que se planteó a la hora de la elaboración del Estatuto, pues Navarra lo rechazó y se retiró del proceso autonómico en 1932, mientras que Álava lo aprobó pero sin el entusiasmo y la casi total unanimidad de Vizcaya y Guipúzcoa, dando lugar a la cuestión alavesa en 1934.
 No era casualidad que el nacionalismo vasco, el principal interesado en la autonomía, fuese débil en aquellas provincias y, en cambio, mayoritario en estas últimas. Pero por sí solo el nacionalismo, al no ser hegemónico en toda Euskadi, era incapaz de sacar adelante el Estatuto sin contar con la ayuda de otras fuerzas importantes, ayuda que le faltó en Navarra.

Así pues, en la década de 1930 los vascos discrepaban sobre qué era el País Vasco (¿una región?, ¿una nacionalidad?, ¿una nación?) y cuáles eran sus límites geográficos. En estas condiciones no resulta extraña la extrema dificultad existente para constituir una autonomía a través de un largo y tortuoso proceso de cinco años y medio, que tuvo que superar arduos requisitos jurídico constitucionales, los obstáculos puestos por sus enemigos de fuera de Euskadi y, sobre todo, graves
conflictos entre las fuerzas políticas vascas.

Por último, si tuviese que extraer una enseñanza clara de la historia de Euskadi en la II República, sería ésta: el mayor problema que tuvo el pueblo vasco para conseguir su autonomía fue su propia división interna, la falta de acuerdo sobre temas básicos entre sus principales partidos. Ello confirma que, históricamente, el llamado «problema vasco» es no sólo un problema externo, de malas relaciones y enfrentamientos entre el País Vasco y el Estado español a lo largo de la Edad Contemporánea, sino también un problema interno, de falta de concordia y de convivencia entre los ciudadanos vascos.

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