23 febrero 2017

PCE vs PSUS I

El panorama político catalán era substancialmente diferente del resto del estado español por diferentes motivos. En primer lugar, las organizaciones marxistas se caracterizaban por su fragmentación y su reducido número de militantes, a diferencia de lo que sucedía en el resto de España con el PCE y, especialmente, con el PSOE. En segundo lugar, las organizaciones marxistas
habían integrado mayoritariamente la cuestión nacional catalana. En tercer lugar, Cataluña disponía de un sistema de partidos específico, con la hegemonía de Izquierda Republicana de Cataluña (ERC), un partido liberal de izquierdas, que tenía la colaboración de la socialista Unión Socialista de
Cataluña (USC) en las tareas del Gobierno autonómico catalán. Y, en cuarto lugar, Cataluña era el único escenario europeo con hegemonía anarquista en las filas del movimiento obrero, a través de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y la Federación Anarquista Ibérica (FAI).

Esta especificidad explicaba que en Cataluña existiesen cinco formaciones políticas marxistas en mayo de 1936, tres en el ámbito comunista y dos en el socialista. El POUM era el primero de ellos. Se trataba de una formación surgida como resultado de la fusión del Bloque Obrero y Campesino (BOC) e Izquierda Comunista en septiembre de 1935, cuya apuesta era la creación de un partido comunista leninista de ámbito estatal, distanciado del socialismo reformista y del comunismo estalinista. El espacio comunista se completaba con otras dos formaciones. El PCC era la filial catalana del PCE, aunque sus relaciones no habían sido especialmente fluidas, se identificaba con la URSS y apostaba por el modelo estalinista. El Partido Catalán Proletario (PCP) era la última formación comunista. Había nacido con la denominación de Partido Proletario en 1932, adoptó su
denominación actual en 1934, se identificaba con la URSS como patria del socialismo y defendía posturas catalanistas. Mientras tanto, el espacio socialista contaba con dos partidos. La USC había sido fundada en 1923, se había erigido en la formación marxista con mayor número de militantes en
Cataluña, vivía una cierta radicalización ideológica y apostaba por un discurso fuertemente nacionalista. Mientras tanto, la Federación Catalana del PSOE (FC del PSOE) era la filial catalana del PSOE, tenía entre sus filas una importante presencia del sector largocaballerista y manifestaba escasas simpatías por la cuestión nacional catalana.

Sin embargo, a pesar de la fragmentación del espacio político marxista catalán y las incompatibilidades personales y políticas de una buena parte de sus dirigentes, existía una dinámica favorable a la unificación marxista en Cataluña. El nacimiento del POUM había sido una buena muestra de ello. Las cuatro organizaciones restantes percibían la creación del partido unificado
como la mejor apuesta para crear una alternativa auténtica a la hegemonía anarcosindicalista en el movimiento obrero y para combatir sólidamente el avance del fascismo, especialmente tras la fracasada revolución de octubre de 1934 y sus negativas consecuencias para la izquierda catalana. Pero también como una necesidad para no quedar aisladas en el ámbito marxista tras el nacimiento del POUM. Éste último se disputaba la esfera del movimiento comunista en el conjunto de España, se autocalificaba como legítimo heredero del movimiento comunista leninista y como una fuerza
antiestalinista1.

 La IC, y por derivación el PCE, no había detectado que su existencia dejaba la familia marxista catalana con cuatro formaciones que estaban condenadas a fusionarse si no querían acabar en el más duro y negro ostracismo político. El marco creado con el VII Congreso de la IC acababa de conferir inevitabilidad y legitimidad al proceso de fusión catalán, ya que le otorgaba la legitimidad del referente internacional.
En conclusión, el proceso de unificación marxista en Cataluña se encontraba en un estadio más avanzado que en el resto del estado español cuando Hernández se entrevistó con Dimitrov y Losovsky. No obstante, la organización internacionalista no era consciente de la especificidad que se
vivía en Cataluña respecto a esta cuestión y, por ello, no ejercía un control directo sobre esta dinámica. Los miembros del PCC no dejaban de ser percibidos como un pequeño reducto de militantes, filial regional de su único y legítimo interlocutor en el estado español, el PCE. En otras palabras, la situación catalana era considerada una cuestión totalmente regional. El organismo internacional no concebía ningún operativo en Cataluña al margen del control del PCE o que no formase parte del proceso global español de creación del Partido Único del Proletariado. Y Hernández acababa de afirmar que el proceso general español estaba relativamente estancado.
Pero si la IC y su sección española hubiesen tenido presentes todos esos factores, la evolución de los sucesos posteriores en Cataluña les hubiera resultado previsible y nada sorprendente. Los contactos entre los cuatro partidos marxistas catalanes se habían acelerado. El Comité de Enlace formado por la USC, la FC del PSOE, el PCP y el PCC se constituía en marzo de 1936. El Congreso de la USC y la Conferencia Nacional del PCC ratificaban el proceso de unificación de las cuatro formaciones. Dos meses después el secretario general de la FC del PSOE, Rafael Vidiella, apostaba públicamente por la unificación. El 23 de junio de 1936 el Comité de Enlace de los cuatro partidos llegaba a un acuerdo completo sobre las bases del nuevo partido y redactaba el documento fundacional del Partido Único del Proletariado. El 3 de julio se publicaba el primer número del órgano de prensa del citado comité, Justícia Social-Octubre.

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