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30 marzo 2017

El euskera se prohibió con Franco?? FALSO.

“…Madariaga –el muy eminente dirigente republicano gallego, activo antifranquista hasta su muerte poco tiempo después de poder regresar a España tras cuarenta años– recordó en varias ocasiones a sus compañeros de exilio que esas acusaciones se fundaban en las mentiras más desvergonzadas. En numerosas ocasiones contrarrestó los esfuerzos que los nacionalistas vascos y catalanes realizaron ante diversas potencias en busca de apoyo para sus pretensiones. Por ejemplo, con motivo de una carta que dirigió Aguirre al presidente americano Eisenhower con ocasión de su visita a España en 1959, en la que reiteraba todos los tópicos posibles, Madariaga le contestó con una carta en la que, entre otras muchas cosas, le dijo:
"Y vengo ahora al régimen. Con frecuencia se presenta al régimen como un opresor de las libertades de Euskadi y de Cataluña, y se atribuye esta opresión a España; o a Madrid. Este modo de hablar y de escribir y de pensar es una tremenda injusticia a los españoles no-vascos y no-catalanes, y sobre todo a Madrid. Eso que nos oprime a todos es un aspecto de España, intolerante, reaccionario, antiliberal, pero no situable en ningún lugar de nuestra geografía. Y aún diré más. Si se va a intentar un mapa de España coloreando aproximadamente la densidad de eso que nos oprime a todos, no serían ni Cataluña ni Euskadi las regiones más blancas. Y aún diré más: este régimen vino con la ayuda fervorosa y aun heroica de los navarros; lo manda un gallego; lo apoyan los banqueros vascos y catalanes; y en su alto personal político y diplomático predominan vascos y catalanes. En su advenimiento cooperaron todos los pueblos españoles activa y pasivamente sin que ni uno solo pueda decir ni 'yo no tomé parte' ni 'yo no tengo la culpa'" (Carta a José Antonio Aguirre, 5 de marzo de 1960. Memorias de un federalista, Ed. Sudamericana, Buenos Aires 1967, pp. 140-148).
Madariaga subraya que esta carta no tuvo contestación. Aguirre murió al poco tiempo, y su sucesor tampoco se dio por enterado. Escribió Madariaga al respecto:
"Cuando es reiterado, el silencio adquiere caracteres de argumento".
Al año siguiente constestaba Madariaga a otro artículo de un nacionalista vasco aparecido en la prensa venezolana:
"Habrá pues que examinar algunos de los asertos que este separatista vasco hace en 'El Nacional'. Primero. Que los españoles son los opresores y los vascos los oprimidos. Todo el mundo sabe que el régimen actual franquista que padece España es más vasco que castellano. Comenzó con una entrevista con Mussolini que cuenta el señor Lizarza Iribarren, entrevista preparada por don Rafael Olazábal y de que formaba parte don Antonio Goicoechea. Vascos son los más de sus figurones como Bilbao, Areilza, Aznar, Iturmendi, todos los Urquijos, Lojendios y demás ministros, embajadores, banqueros que pululan en la plana mayor del régimen. Todo el mundo sabe que la banca vasca, que se enriquece a costa del pueblo español, todo él, incluso desde luego el vasco, apoya y sirve al régimen. De modo que pintar el régimen actual como una opresión del país vasco por los españoles es burlarse de la gente" (Memorias..., p. 346).
(…)
Efectivamente, hubo infinidad de vascos y catalanes en las altas esferas del franquismo. En cuanto a los vascos, se podría mencionar a Antonio Iturmendi, ministro de Justicia de 1951 a 1965, presidente de las Cortes y del Consejo del Reino; José Luis Arrese, principal ideólogo del régimen, secretario general del Movimiento, ministro y miembro del Consejo del Reino; Rafael Sánchez Mazas, ministro y uno de los principales dirigentes de la Falange; Tomás Domínguez Arévalo, ministro de Justicia en el primer gobierno franquista; José Félix Lequerica y Erquiza, embajador, ministro de Asuntos Exteriores, vicepresidente de las Cortes, embajador permanente ante las Naciones Unidas; José Antonio Sangróniz, jefe del Gabinete Diplomático y de Protocolo de Franco durante la guerra; Esteban Bilbao y Eguía, ministro de Justicia y presidente de las Cortes de 1943 a 1965, entre otros muchos altos cargos; el general Orgaz, que preparara el alzamiento con Franco, capitán general de Cataluña en la inmediata postguerra y jefe del Alto Estado Mayor del Ejército; Felipe Abárzuza, gaditano de evidente estirpe vascongada, jefe del Estado Mayor de la Armada franquista durante la guerra, comandante general de la flota y ministro de Marina; José María de Areilza, conde de Motrico, embajador, director general y ministro; Fernando María Castiella, ministro de Asuntos Exteriores; el embajador que protagonizó el famoso suceso interrumpiendo a Fidel Castro en directo en la televisión cubana a causa de sus ataques al gobierno español, fue el donostiarra Juan Pablo Lojendio. Significativamente, el ministro de Asuntos Exteriores bajo cuya autoridad se encontraba el vasco Lojendio era el vasco Fernando María Castiella, y su jefe de Gabinete, el vasco Marcelino Oreja Aguirre; la dinastía de los Churruca, embajadores en varios países y jefes de protocolo de las Naciones Unidas; Antonio Ibáñez Freire, director general de la Guardia Civil y ministro del Interior; Antonio María de Oriol y Urquijo, ministro y presidente del Consejo de Estado, etc. Para poner fin a esta relación, no exhaustiva, el abad de un lugar tan emblemático para el régimen franquista como el Valle de los Caídos fue el donostiarra Luis María de Lojendio. Y ya que hablamos de símbolos, el autor de la música del Cara al Sol y del himno de la División Azul fue el falangista guipuzcoano Juan Tellería.
(…)
El franquismo se dedicó, fundamentalmente en los primeros y más exaltados años del régimen, a llevar a efecto una política de represión lingüística que en unos casos provoca la indignación y en otros la risa. Se prohibieron en la Universidad las asignaturas sobre lengua, literatura e historia de Cataluña; se cancelaron las actividades del Institut d'Estudis Catalans; se prohibió a los funcionarios hablar en otras lenguas en el ejercicio de sus funciones; la predicación en las iglesias debía ser en castellano; se estableció la obligatoriedad en las regiones bilingües de poner los rótulos comerciales en castellano. La preocupación por evitar la extranjerización de las costumbres y la polución de lo español mediante usos lingüísticos no estrictamente castellanos, suscitó medidas como la prohibición de la nomenclatura sabiniana para bautizar a los niños (por sabiniana, es decir, por separatista, no por vasca, pues de vasca no tenía nada).
(…)
Sin embargo, a esta primera época de irracionalidad, que podríamos extender hasta 1945, sucedió una paulatina apertura para la utilización pública de las lenguas regionales –porque la privada, obviamente, nunca sufrió prohibición alguna, a pesar de que corra por ahí una dolosa propaganda nacionalista (dirigida sobre todo al extranjero, donde es más fácil sostener cualquier mentira) que difunde la falsedad de que hablar catalán o vasco estaba incluso penado con la muerte–.
(…)
Las ediciones de literatura en vascuence se cuentas por miles, y desde fechas tan tempranas como 1941. Por ejemplo, en 1952 se fundó la editorial Kuliska Sarta de Itzaropena, dedicada a libros en vascuence. En 1961 se fundó la editorial Auspoa, dedicada asimismo a revitalizar la lengua. En vascuence se publicaron durante el régimen franquista multitud de cancioneros, recopilaciones de leyendas, cuentos y novelas. Se editaron tebeos en vascuence en los que se enseñaba a los niños vascos la gramática, geografía e historia vascas. Desde 1961 existió un curso de vascuence por correspondencia, en discos, de la CCC. Desde los años 60 se celebra la Feria del Libro y Disco Vascos. También en pleno franquismo (desde 1948) editaba la Diputación guipuzcoana la revista literaria en vascuence Egan,que sería utilizada por numerosos escritores nacionalistas. El Consejo Provincial del Movimiento de Vizcaya publicaba su propia revista en vascuence. Y la editorial Lur, dedicada a promover la literatura moderna en vascuence, empezó a funcionar a finales de los 60. El mencionado Estornés Lasa fundó la Editorial Auñamendi a su regreso a España en 1958. En 1968 publicó el primer volumen de su monumental Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco, que lleva ya publicados más de 60 volúmenes. La editorial Auñamendi está dedicada a la publicación y difusión de obras de tema vasco, escritas en castellano, en eusquera o en ambas lenguas. En 1968 nació en Vizcaya Euskerazaldeak, grupo en el que participaban personas de ideología varia en apoyo del vascuence. Se cuentan por cientos los estudios de lingüística vasca, de ortografía y sintaxis del vascuence, de historia de la literatura en vascuence, de orígenes y geografía histórica del vascuence, de toponimia, diccionarios, etc. Las ikastolas estaban subvencionadas por el Ministerio de Educación Nacional desde finales de los 60.
Mención aparte merece la Euzkaltzaindia, Academia de la Lengua Vasca, la cual, tras los primeros años de la postguerra, reanudó su actividad a partir de comienzos de la década de los 50, trabajando a partir de entonces con normalidad e incluso celebrando con fastos su cincuenta aniversario en 1968. Convocó anualmente premios literarios de novela, poesía, teatro y bersolaris en vascuence y editó decenas de miles de ejemplares de un método de aprendizaje de la lengua, método que se impartía por la radio y a través de la prensa del Movimiento.
"Se reformaron los Estatutos (1954) y se eligieron nuevos académicos de número, y a partir de 1956, Euskaltzaindia tuvo una vida más normalizada, tanto en sus actividades internas, como en la celebración de encuentros o congresos de carácter público y abierto (primer congreso de la postguerra: Arantzazu, 1956). La década que siguió (1956-1968) corresponde a una nueva generación de colaboradores, a la introducción creciente del euskera en los centros escolares bilingües de iniciativa social no-pública (ikastolak), la renovación de la prensa euskérica, los primeros intentos de alfabetización en euskera, etc. Todo ello subraya la urgencia de una normativa académica única para las manifestaciones escritas de la lengua. Esta demanda social culmina en el Congreso de 1968 (Arantzazu), que establecerá, de forma ya más sistemática, las pautas básicas para lograr tal objetivo (léxico y morfología: declinación, ortografía), lo que se completará poco después con una propuesta sobre la conjugación (1973)".
Podría pensarse que se trata de un panfleto de propaganda franquista destinado a mostrar una imagen de normalidad del eusquera durante el régimen. Sin embargo, el párrafo anterior es un fragmento de la información que la propia Euskaltzaindia da hoy sobre su historia en su página web (http://www.euskaltzaindia.net/Inicio_c.htm, 7-04-2003).
Efectivamente, el batúa comenzó a forjarse en pleno franquismo. Para amoldar el vascuence a las necesidades lingüísticas de las sociedades actuales y para evitar que la incomprensibilidad entre los dialectos del vascuence obstaculizasen aún más su supervivencia, en la segunda mitad del siglo XX se desarrolla desde la Academia de la Lengua Vasca la unificación de aquéllos en una lengua nueva: el eusquera batúa (unificado).
El batúa siempre ha tenido una importante oposición por parte de muchos vascófonos, nacionalistas o no, que le reprochan su alejamiento del verdadero vascuence y opinan que con ello se ha matado una lengua que, aunque sumamente dialectalizada, estaba viva, a cambio de la fijación de una cosa que no se sabe si acabará arraigando. En todo caso, es curiosa la dedicación del nacionalismo –en teoría defensor de las tradiciones vascas– al batúa, al fin y al cabo una adulteración de la verdadera tradición lingüística vascófona. Y como consecuencia de la creación de esta neolengua, muchos son los hijos escolarizados en batúa que tienen dificultad para entenderse con sus padres y abuelos vascófonos, por lo que se ven forzados a entenderse con ellos en castellano.
Así lo explica el autor y sacerdote nacionalista Anastasio Arrinda:
"La rotura con la tradición se ha efectuado al imponer un modelo de Batua, inspirado en el dialecto labortano y con muchas dificultades añadidas. La rotura con la tradición ha sido total. Euskeras milenarios sacrificados ante el nuevo ídolo aséptico y electrónico. Lo llaman exigencias del progreso. Las viejas generaciones no se entienden con las nuevas educadas en este Batua y recurren para entenderse, al castellano".
Respecto a Navarra, la Diputación Foral publicó desde 1966 un suplemento mensual de la revista Príncipe de Viana en vascuence. En 1973 dicha diputación aprobó las bases para la enseñanza y fomento del vascuence. En 1969 apareció el primer número de la revista Fontes Linguae vasconum. Studia et documenta. El Diario de Navarra tenía una página quincenal escrita íntegramente en vascuence. Numerosas revistas laicas y religiosas fueron publicadas en vascuence”.

29 marzo 2017

Hosbawm sobre nacionalismo vasco y catalan

Sin embargo, mientras que antes de 1914 el movimiento nacional característico había ido dirigido contra estados o aglomeraciones políticas a las que se veía como multinacionales o supranacionales, por ejemplo los imperios Habsburgo y otomano, a partir de 1919, fue dirigido, en general y en Europa, contra estados nacionales. Era, pues, casi por definición separatista en vez de unificador, si bien las aspiraciones separatistas podían verse mitigadas por el realismo político o, como en el caso de los unionistas del Ulster, esconderse detrás del apego a algún otro país. Pero esto ocurría desde hacía tiempo. Lo nuevo era la aparición de tales aspiraciones en estados nominalmente nacionales pero en realidad plurinacionales de la Europa occidental bajo una forma política en vez de cultural, aunque uno o dos de estos nuevos grupos nacionalistas, como, por ejemplo, los partidos nacionalistas galés y escocés que nacieron entre las dos guerras, todavía carecían del apoyo de las masas, pues acababan de entrar en la «fase B» de su evolución. De hecho, dejando aparte a los irlandeses, los nacionalismos menores de la Europa occidental habían tenido una actuación más bien discreta antes de 1914.

 El Partido Nacionalista Vasco, que se granjeó cierto apoyo de las masas después de 1905 y virtualmente barrió a los demás en las elecciones locales del período 1917-1919 (exceptuando los votantes obreros de Bilbao), fue un poco excepcional. Sus militantes jóvenes se inspiraban directamente en el nacionalismo revolucionario de los irlandeses en el período 1916-1922, y su base popular se vio reforzada por y bajo la dictadura centralizadora de Primo de Rivera y, más adelante, por la represión más despiadada y centralizadora del general Franco. El catalanismo seguía perteneciendo principalmente a las clases medias locales, a próceres de provincias y a intelectuales, pues la clase trabajadora militante y predominantemente anarquista, tanto la catalana como la formada por inmigrantes, seguía mirando el nacionalismo con suspicacia por motivos clasistas. La literatura del movimiento anarquista se publicaba consciente y deliberadamente en castellano. Una vez más, la izquierda y la derecha regionales sólo se juntaron bajo Primo de Rivera, mediante una especie de frente popular contra la monarquía de Madrid que se basaba en la autonomía para Cataluña. La república y la dictadura de Franco reforzarían el catalanismo de masas, que, en los últimos años de dictadura y desde la muerte de Franco, puede que realmente condujera a un desplazamiento lingüístico de las masas hacia lo que ahora es no sólo un idioma hablado, sino la lengua de cultura establecida e institucionalizada, aun cuando en 1980 las publicaciones catalanas de mayor circulación eran revistas intelectuales y de clase media, género que registraba un notable florecimiento. En aquel año sólo el 6,5 por 100 de los diarios que circulaban por Barcelona estaban escritos en catalán. No obstante, si bien el 80 por 100 de todos los habitantes de Cataluña hablaban la lengua y el 91 por 100 de los habitantes de Galicia (que tiene un movimiento regional mucho menos activo) hablan gallego, sólo el 30 por 100 de los habitantes del País Vasco hablaban la lengua en 1977 —las cifras más recientes no parecen haber cambiado—, hecho que quizá esté relacionado con el mayor entusiasmo de los nacionalistas vascos por la independencia total en contraposición a la autonomía.

 La divergencia entre el nacionalismo vasco y el catalán, uno de cuyos indicios es lo que acabamos de señalar, probablemente ha aumentado con el tiempo, en gran parte porque el catalanismo se convirtió y podía convertirse en una fuerza de masas únicamente desplazándose hacia la izquierda con el fin de que se integrara en él un movimiento obrero poderoso e independiente, mientras que el nacionalismo vasco conseguía aislar y, andando el tiempo, prácticamente eliminar los tradicionales movimientos socialistas de la clase trabajadora, hecho que no puede ocultar la fraseología marxista revolucionaria de la separatista ETA. Quizá no sea extraño que el catalanismo se haya apuntado un éxito más espectacular en lo que se refiere a asimilar a los inmigrantes (principalmente de clase trabajadora) que viven en Cataluña en comparación con el movimiento vasco, que en gran parte se mantiene unido gracias a la xenofobia. Mientras que en 1977 el 54 por 100 de los habitantes de Cataluña nacidos fuera de ella hablaban el catalán, sólo el 8 por 100 de los que vivían en el País Vasco pero habían nacido fuera de él hablaban el vascuence, aunque hay que tener en cuenta que esta segunda lengua es mucho más difícil.

En cuanto al otro nacionalismo de la Europa occidental que se estaba transformando en una fuerza política seria, el movimiento flamenco, entró en una fase nueva y más peligrosa en 1914, cuando parte de él colaboró con los alemanes, que habían conquistado y ocupado casi toda Bélgica. Colaboró de forma todavía más sorprendente en la segunda guerra mundial. Sin embargo, hasta cierto tiempo después de 1945 no pareció que el nacionalismo flamenco ponía la unidad belga en grave peligro. Los demás nacionalismos pequeños de la Europa occidental siguieron siendo insignificantes. Partidos nacionalistas escoceses y galeses asomaron apenas a la superficie durante los años de depresión de entreguerras, pero permanecieron en los márgenes exteriores de la política de sus países, como atestigua el hecho de que el fundador del Plaid Cymru era por afinidad un reaccionario continental del tipo de Charles Maurras, y católico por añadidura. Ninguno de los dos partidos obtuvo apoyo electoral hasta la segunda posguerra. La mayoría de los otros movimientos de esta índole apenas fueron más allá del tradicionalismo folclórico y el resentimiento provincial. Con todo, hay que hacer una observación más acerca del nacionalismo de después de 1918, lo cual nos lleva — y lo lleva— fuera de los campos tradicionales de las disputas fronterizas, las elecciones y plebiscitos y las exigencias lingüísticas. La identificación nacional en esta era adquirió nuevos medios de expresarse en las sociedades modernas urbanizadas, de alta tecnología.

Los heroes de la Union Soviética

A medida que pasan los años los Héroes de la Unión Soviética que brillaron con luz propia en los campos de batalla europeos durante la 2ª Guerra Mundial fueron apagándose, hasta que finalmente fueron prácticamente olvidados con la caída del Comunismo.  Muchas de las repúblicas independientes no reconocieron los derechos de los veteranos para separarse completamente del régimen anterior.

Afortunadamente para estos veteranos, la Federación Rusa sí que los reconoció, cambiando la denominación por la de Héroe de  la Federación Rusa, y la Estrella de Oro sigue existiendo en las fuerzas armadas rusas, y de hecho, los últimos ganadores combatieron en los recientes conflictos contra Chechenya. Aún hoy en día en el Día de la Victoria (el fin de la 2ª Guerra Mundial) aún se entregan condecoraciones póstumas a héroes que lucharon y murieron en el más sangriento conflicto de la humanidad.minorías en el ejército rojo

El mayor número de los héroes de la Unión Soviética eran, obviamente, de origen ruso y ucranianos.  Hay que tener en cuenta que la Unión Soviética estaba compuesta por más de 100 grupos étnicos diferentes, y curiosamente los judíos no formaban parte de estos grupos étnicos sino que se les consideraba directamente de otra nacionalidad distinta a la rusa… ¿racismo?.
Por poner un ejemplo, durante la Guerra de Invierno llevada a cabo contra Finlandia, el ejército soviético utilizó a miembros de los pueblos saami, komi y nenets, miembros de los pueblos que vivían en la Península de Kola, es decir, tierras árticas. La guerra de Invierno sobrecogió a los oficiales del Ejército Rojo, tanto que miles de muertos comenzaron a acumularse en el bando soviético.
Se envió a la guerra a estos soldados de esas étnicas por su dureza, su costumbre a las bajas temperaturas y a cazar entre la nieve. Muchos de ellos desconocían el ruso, y por supuesto no comprendían nada de la guerra moderna y mucho menos la situación política del mundo exterior fuera de los hielos de su tierra natal, por lo que causaron graves problemas y auténticos quebraderos de cabeza a sus oficiales.
Estos soldados de esas etnias fueron usados en la lucha contra los fineses y luego contra los alemanes. Estuvieron en los combates más crudos y duros. El estado mayor soviético ordenó no volver a usar tropas de estas etnias a partir de 1944. Las unidades que aún estaban en servicio fueron abandonadas a su suerte en el campo de batalla y se les ordenó regresar a casa por sus propios medios. Algunos, después de estas ordenes, decidieron continuar la lucha, y en ese momento es cuando 10 miembros del pueblo komi fueron nombrados Héroes de la Unión Soviética.
Una gran cantidad de hombres se perdieron durante el primer año de guerra contra los alemanes, pues fueron llamados a filas numerosos ciudadanos del centro de Asía y del Caucaso. 
número de condecorados

Como siempre, los datos no son exactos y varios historiadores discrepan sobre estos números. En teoría, los números aquí presentados son la cantidad correcta de Condecoraciones otorgadas de HUS durante la 2ª Guerra Mundial, recogidos por el Departamento de Condecoraciones de la Extinta Unión Soviética:


Nº de HUS otorgados:  11.633
Infantería:   8.447 (44 soldados condecorados en 2 ocasiones).
Aviación:  2.332 (61 soldados condecorados en 2 ocasiones).
Marina:  513 (7 soldados condecorados en 2 ocasiones).
Defensa Anti-aérea: 92 (1 soldado condecorado en 2 ocasiones).
Partisanos, espías, y resistencia: 249 (2 personas condecoradas en 2 ocasiones).
De esos condecorados hubo condecorados de varias nacionalidades: ucranianos, judíos, lituanos, polacos, estonios, checos, alemanes, franceses, búlgaros, españoles, fineses, españoles, coreanos e incluso un gitanos.  El mayor número de HUS fue concedida a ciudadanos rusos, consiguiendo un total de 8.182 condecoraciones.

28 marzo 2017

El PKK-PYD quiere anexionar la ciudad árabe de Raqqa a Kurdistán

Aliados de los kurdos en Karamah (Raqqa), liberada la semana pasada por las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF).
En unas declaraciones a la agencia Reuters, ayer el máximo dirigente del partido kurdo PKK-PYD, Saleh Muslim, confesó que la aspiración de sus milicias es apoderarse de la ciudad árabe de Raqqa con ayuda de las tropas del Pentágono para anexionarla a Kurdistán.

Actualmente Raqqa es uno de los bastiones más importantes que tiene el Califato Islámico en Siria, un lugar al que convergen dos ofensivas distintas, tanto del ejército regular como de la alianza formada por Estados Unidos y sus socios de las FDS-YPG con propósitos diametralmente opuestos.

En Siria los kurdos siguen el modelo impuesto por los imperialistas en Irak. Bajo calificativos tales como “descentralización”“federalismo” e incluso “democracia” tratan de lograr varios objetivos simultáneamente:

- dividir a un país que no han logrado derrotar
- expandirse, apoderándose por la fuerza de ciudades y regiones que no son kurdas
- asegurar la presencia permanente de tropas del imperialismo en la región

Las milicias kurdas de PYG ya controlan importantes territorios adyacentes con la frontera turca, donde disfrutan de una autonomía de hecho que Estados Unidos se encarga de garantizar frente a los intereses opuestos de Turquía, que el verano pasado invadió Siria para tratar de impedirlo.

Rojava amenaza con ejercer de cuña entre Siria e Irak, por un lado, y Siria y Turquía, por el otro. Según Muslim, tras su liberación, los habitantes de Raqqa deberán pronunciarse sobre su futuro, aunque él está convencido de que elegirán el sistema “democrático federal” que les ofrecen los kurdos.

“Nosotros lo pensamos porque nuestro proyecto es para toda Siria y Raqqa puede formar parte de él”, añadió Muslim. Raqqa debe encontrarse entre “manos amigas”, sin las cuales la ciudad podría ser un peligro para toda Siria, sobre todo para el norte, el sistema federal y las regiones autónomas, explicó.

Muslim se expresaba en la alambicada verborrea inaugurada a principios de los noventa por el dirigente del PKK turco Abdullah Öçalan en su libro “Confederalismo democrático”. Tras la caída del Telón de Acero, en su VI Congreso celebrado en 1998 el PKK recorrió el camino que va de un “socialismo científico” impostado a las viejas recetas del socialismo utópico y la autogestión.

Tanto el PKK como el PYD también se olvidaron de la independencia de Kurdistán para poner la atención en los kurdos de la diáspora, lo cual refleja un cambio sociológico: las ciudades más importantes, tanto de Turquía como de Siria, tienen una enorme población kurda. Aunque los pies de esos emigrantes están en otro lugar, su cabeza sigue en Kurdistán y forman parte de organizaciones kurdas.
visto en 
https://movimientopoliticoderesistencia.blogspot.com.es/

EKB-GKB abandonan la comisión K17

Desde las organizaciones comunistas Herri Gorri, Euskal Herriko Komunisten Batasuna y Gazte Komunisten Batasuna, hemos examinado con gran atención las decisiones adoptadas en K17 en relación a la negativa a que las organizaciones y colectivos comunistas participantes en la comisión del centenario sean mencionadas y participen como tal junto a las individualidades igualmente colaboradoras. La petición hecha al respecto, acompañada de argumentos fáciles de comprender, ha sido definitivamente ignorada.
Para los comunistas la forma natural de intervención política reside en la organización. Solamente en situaciones excepcionales es concebible la participación política individual. Entendemos que para un cierto número de comunistas que no han encontrado su ubicación adecuada no exista otra alternativa que la participación a título personal. No solo no nos oponemos a que se pueda dar esa situación, sino que consideramos que puede ser una aportación valiosa.
Por eso nos parece inadmisible la decisión de invisibilizar a las organizaciones y colectivos comunistas participantes mediante sus militantes, que tienen una trayectoria de participación política en diversos frentes tanto teórica como de práctica política. Así como no querer su participación como organizaciones comunistas que son pero si el aporte militante y material de las mismas. El "sinbanderismo" y el "sinpartidismo" de algunos sectores niega la existencia de la organización comunista y ello es negar la propia Revolución de Octubre. Es ponerse, en definitiva del lado de los adalides del fin de la historia.
La persistente actitud en negar en la práctica la necesidad de avanzar en la reconstitución de la conciencia organizada de la clase obrera (el partido comunista) nos coloca en una posición ideológica y política muy alejada de la que objetivamente se expresa con posicionamientos como el decidido en el K17.
Para nosotros el centenario de la Revolución de Octubre no es una conmemoración histórica, ni siquiera un ajuste de cuentas con el proceso revolucionario, aunque lo sea desde posiciones laudatorias. Es la oportunidad de poner en primer plano la necesidad ineludible desde el punto de vista teórico y práctico del partido de clase, independiente de formaciones, u organizaciones interclasistas o representativas de fracciones de clase de la burguesía, sea abertzale o "españolista".
Entendemos que haya comunistas que sigan aferrados a la V asamblea de ETA como elemento de referencia de la estrategia revolucionaria, pero no es nuestro caso. Tendremos ocasión de llevar a cabo los debates políticos necesarios desde las respectivas posiciones para poder establecer elementos de cooperación en cuestiones concretas.
Estas reflexiones nos colocan en la posición de tener que renunciar a nuestra participación en K17. Deseamos que la iniciativa resultante sea un éxito. Nosotros enfocaremos el centenario, quizá de forma más modesta, pero desde posiciones que consideramos irrenunciables para la conquista de la independencia de clase como factor central y determinante.

27 marzo 2017

La falsa teoria de EH como colonia en la V asamblea de ETA

La adscripción de ETA a las tesis colonialistas, adscripción que comienza prácticamente a partir de 1962, no puede resultar sorprendente en absoluto. Muy al contrario, constituye una derivación lógica, y ello por varios motivos, entre los cuales cabe destacar:
a) la existencia de un precedente anticolonialista en el nacionalismo vasco, y más concretamente en el nacionalismo radical, principal fuente ideológica de ETA;
b) el hecho de que en el momento del nacimiento de ETA, y salvo en el caso de Irlanda -fácilmente encuadrable, asimismo, en el ámbito del nacionalismo tercermundista, en lo que a sus métodos hace referencia-, no existe en la Europa occidental un movimiento nacionalista radical con la suficiente entidad como para aportar experiencias de lucha de liberación nacional;
c) el hecho de que el proceso de descolonización se halla, en el momento del nacimiento de ETA, en su fase más álgida, existiendo, asimismo, un sentimiento generalizado en todo el mundo en favor de una rápida descolonización de los países del Tercer Mundo;
d) la aparente coincidencia entre la idea de ETA (Euskadi, país ocupado) con la realidad ofrecida por el franquismo, que mantiene una política de opresión y ocupación real y efectiva del País Vasco desde el final de la contienda civil. La inclinación de ETA hacia métodos de lucha armada no resulta gratuita, sino que responde a una represión ciega y brutal aplicada de forma sistemática por el régimen franquista. El proceso de radicalización de ETA se halla en estricta conexión y correspondencia con las sucesivas provocaciones del régimen franquista.

El bagaje ideológico de ETA es inicialmente muy elemental, constituyendo la ideología del nacionalismo vasco histórico su única fuente de referencia en la práctica. Por ello, tras la celebración de la Primera Asamblea, cuando ETA se ve precisada a ampliar sus bases ideológicas, con el fin de dar respuesta a la problemática de la moderna sociedad vasca de la postguerra, se encuentra de bruces con el fenómeno de la descolonización y las luchas de liberación de los países tercermundistas.

Se origina una inmediata corriente de simpatía hacia esos países tercermundistas, que no tarda en convertirse en proceso de identificación de la situación objetiva de esos pueblos colonizados y Euskadi. Esta identificación de situaciones no hace referencia tanto a la realidad objetiva interna (social, económica, política) de cada pueblo, sino a la relación de ocupación, opresión o dependencia que los mismos sufren por parte de las potencias colonizadoras.

De esta identificación de situación se deriva inmediatamente una identificación de métodos de lucha. Argelia, Vietnam, etc., son países ocupados por potencias extranjeras. Euskadi, también. Argelia, Vietnam, etc., han iniciado una guerra de liberación nacional. Euskadi debe, asimismo, iniciar su guerra de liberación nacional.(todavia hoy Herritaren Batasuna y otros abusan de estas comparaciones no cientificas).

En consecuencia, el análisis gira en torno a este eje elemental y un tanto simple de «situación objetiva de ocupación/respuesta a esa ocupación». Para ETA, Euskadi es un país ocupado; tal afirmación no presenta duda alguna. Si otros países ocupados, para llevar a cabo su liberación nacional, utilizan la guerra revolucionaria corno método adecuado, ¿por qué ETA no?

Se produce, pues, en primer lugar, una identificación que hace referencia única y estrictamente a los métodos de lucha, y cuya expresión concreta, por parte de ETA, viene reflejada en La insurreccción en Euzkadi.

 Esta identificación de métodos de lucha deriva en una segunda fase en la que las similitudes se establecen no sólo en el aspecto de los citados métodos, sino también en una identificación de la realidad objetiva de Euskadi con la de los países tercermundistas. En función de ella, la situación de Euskadi es asimilable a la de los países tercermundistas. La expresión más clara de esta nueva identificación se halla en la «Carta a los intelectuales».

Tras la escisión de ETA Berri y la dimisión de Branka( los txillardegianos), ETA, en su V Asamblea, no va a hacer otra cosa que ratificar y confirmar el sentido tercermundista, tanto en sus métodos de lucha como en su estrategia en general.

Será Federico Krutvig quien aporte las bases teóricas para esa visión anticolonialista y tercermundista de la realidad vasca, confirmando de este modo la tendencia determinada por la IV Asamblea a través de la «Carta a los intelectuales» (1).

En estos trabajos, Krutvig va a afirmar de modo expreso que Euskadi constituye una colonia, y no un mero país dependiente:

En el caso vasco no solo se trata de un pueblo dependiente, sino que el calificativo de pueblo sometido al colonialismo le cuadra por completo. La riqueza producida por Vasconia va a engrosar las arcas de los explotadores en Madrid. Sólo una pequeña casta nacional de traidores vendidos de cuerpo y alma al extranjero se ha unido a la expoliación de las riquezas nacionales y se reparte con ellos el fruto del robo perpetrado en Vasconia (2).

Sin embargo, y a pesar de esta afirmación rotunda por su parte, Krutvig no va a elaborar una teoría estrictamente colonialista, ya que va a identificar de modo constante los conceptos de tercermundismo, colonialismo, imperialismo, etc.(3), hasta el punto de que considera como típicamente colonialistas las relaciones existentes entre las minorías étnicas de Europa con relación a los Estados-nación constituidos:

En Europa misma, los pueblos sometidos al colonialismo de las etnias dominantes de los Estados creados para la explotación capitalista, comprenden enteramente el problema de los pueblos expoliados por el imperialismo. Su situación es parecida y su combate idéntico (4).

ETA, siguiendo el esquema ideológico de Krutvig, no va a realizar una distinción entre los conceptos de colonialismo, imperialismo, tercermundismo, etcétera.

El fenómeno del colonialismo es ciertamente complejo e implica, en términos generales, un vínculo de subordinación o sujeción de un determinado territorio por parte de un Estado. Este vínculo de subordinación no es sólo de tipo económico y cultural, sino también de tipo político, administrativo y militar. Sin embargo, la característica básica del colonialismo, entendido en un sentido genérico, radica precisamente en esa situación de dependencia institucional, política y administrativa, es decir, no solamente económica, que hace que el territorio dependiente no tenga soberanía propia en el concierto internacional de las naciones. A ello se suele añadir una circunstancia específica que consiste, en general, en que el dominio colonial se ejerce sobre territorios situados geográficamente fuera de los límites territoriales del Estado.

Ligado de forma directa a la idea del colonialismo aparece el concepto de imperialismo, que pudiera calificarse, en una primera aproximación, como el movimiento expansionista de una potencia, impulsado por la voluntad de poder y la convicción de superioridad (5).

Si bien los objetivos del imperialismo suelen centrarse en un propósito preponderantemente político o económico, no es menos cierto que son los motivos económicos los que con más frecuencia impulsan el imperialismo. Por ello, no es tanto el control político, cuando menos el control político directo que supone el establecimiento de una dependencia institucional, política y administrativa sobre el territorio dependiente, sino el control económico de ese territorio lo que interesa, en definitiva, al imperialismo.

Este nexo de unión entre el imperialismo y la idea de control económico es recogida fundamentalmente por autores marxistas tales como Conat, Hobson, Hilferding, Bujarin, Kautsky, Rosa Luxemburgo y, sobre todo, Lenin (6), quien, en su fundamental trabajo El Imperialismo, fase superior del capitalismo, dice:

Si fuera necesario dar una definición lo más breve posible del imperialismo, debería decirse que el imperialismo es la fase monopolista del capitalismo.
 Esa definición comprendería lo  principal, pues, por una parte, el capital financiero es el capital bancario de algunos grandes bancos monopolistas. fundido con el capital de los grupos monopolistas industriales, y por otra, el reparto del mundo es el tránsito de la política colonial, que se extiende sin obstáculos a las regiones todavía no apropiadas por ninguna potencia capitalista, a la política de dominación monopolista de los territorios del globo enteramente repartidos (7).

En consecuencia, y siguiendo esta línea de análisis elemental y básico, cabría destacar a priori una diferencia evidente entre el colonialismo clásico y el imperialismo. Esta diferencia radica. en la idea de que una relación colonial supone una dependencia Político administrativa institucional, con respecto a la potencia dominante, mientras que la relación de subordinación imperialista incide fundamentalmente en el control económico por parte de la potencia dominante, si bien no negando la existencia de un control político, que, en la mayor parte de los casos, se ejerce de modo indirecto.  

Entre los conceptos de imperialismo y colonialismo surge mas recientemente la idea del «neocolonialismo», concepto que si bien se mantiene a caballo entre aquellos dos, sin embargo, en la realidad, aparece más vinculado a la idea de opresión económica del imperialismo que al colonialismo político como tal, ya que en el mismo la asignación de recursos económicos, los esfuerzos de inversion, las estructuras ideológicas y legales y otros rasgos de la antigua Sociedad  permanecen invariables, con la sola excepción de la transferencia del poder a las clases dominantes domesticas por los antiguos amos coloniales (8).

Avanzando en esta delimitación de conceptos hay que indicar que asimismo y en oposición al colonialismo puro o político que hace referencia al dominio sobre los pueblos extranjero de ultramar, el profesor Lafont ha aplicado el concepto de «colonialismo interior» a ciertas regiones subdesarrolladas de Europa Occidental, definiendo como tal a un cierto número de procesos económicos cuya envoltura perceptible es el subdesarrollo regional (9).

Por ultimo, cabe destacar un concepto que recientemente aparece con cierta intensidad, sobre todo en el ámbito de las minorías nacionales de Europa occidental. Se trata del concepto de «dependencia», y que denota una situación de subordinación a otro Estado o nación y, consecuentemente, la existencia de una relación de dominio . u opresión. La dependencia es al mismo tiempo nacional y colectiva cuando una nación depende de otra, o de unas estructuras políticas y jurídicas que no corresponden a la propia nación organizada sobre la base de la soberanía popular (10).

ETA no establece distinciones entre este conjunto de situaciones diferentes, y otorga al concepto de colonialismo un significado amplio en el que se acogen tanto la opresión cultural como la política, la institucional, la administrativa y la militar como asimismo la opresión o dependencia económica; pero, además, identifica esta situación con la que padecen los países tercermundistas. En consecuencia, Euskadi queda equiparada, en su situación, a los países tercermundistas:

Esta realidad concreta del doble (o triple) polo de la contradicción fundamental en que una parte (sic) se sitúa la burguesía de la nación opresora (que oprime al pueblo colonizado nacional y socialmente, como en nuestro caso), es Justamente una coyuntura histórica que da al pueblo vasco una gran fuerza revolucionaria al identificar el problema vasco con los del Tercer Mundo (11).

ETA incide, sin embargo, de forma especial en el aspecto político institucional más que en el económico, y ello es lógico habida cuenta de que la idea de ocupación late de forma permanente en sus planteamientos. A cualquier tipo de relación de dependencia se antepone la consideración previa de Euskadi como país ocupado por una potencia extranjera:  

El concepto España está hoy en nuestra tierra representando la opresión nacional y social (12).

De ello se deriva, como prioritaria, la necesidad de expulsar a la potencia colonizadora, de obtener la independencia política:

El revolucionario español lucha contra un enemigo interno dentro de su pueblo, mientras que en la lucha del pueblo vasco por alcanzar la revolución socialista, el enemigo reviste, en primer lugar, el carácter de expoliador extranjero. El enemigo del pueblo vasco en esta lucha lleva un nombre muy simple. Se llama España (y en su caso Francia). Todo cuanto estos pueblo: representan es enemigo del pueblo vasco (13).


(1) La aportación de Krutvig a la V Asamblea se produce fundamentalmente a través de sus obras o folletos: La cuestión vasca, Nacionalismo revolucionaria, editado en 1966, Branka, núm. 1, pp. 23 ss., reeditado posteriormente en 1974. Véase Nacianalismo revolucianario, Lauburu 1, Editions Hordago, Ciboure, 1974; y por último, «Estrategia guerrillera», editado por Branka, núm. 2, pp. 20 ss., y Branka núms. 3-4, pp. 53 ss.

(2) F. Sarrailh de Ihartza, Nacionalismo revolucionario, p. 34. Todas las citas de este folleto hacen referencia a su segunda edición de 1974.
(3) Jokin Apalategi y Paulo Iztueta, El marxismo y la cuestión nacional vasca, Zarauz, 1977, p. 196, libro inicialmente publicado en euskera con el título de Marxismo eta nacional arazoa Euskal Herrian, Editions Elkar, Bayona, 1974.
(4) F. Sarrailh, Nacionalismo revolucionario, p. 15.
 (5) Diccionario de ciencias sociales, cit. tomo I, p. 1054.
(6) Para un conocimiento básico de la teoría marxista sobre el imperialismo, véase Paolo Santi y otros, Teoría marxista del imperialismo, Cuadernos de Pasado y Presente, núms. 10 y 12, México, 1977, 5. edición.
(7) Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo, Obras escogidas, tomo I, p. 764, Akal Editor, Madrid, 
(8) James O'Connor, «El significado del imperialismo  economico», en James O'Connor y otros, Imperialismo, hoy, Ediciones Periferia, Buenos Aires, p. 34. 
(9) Robert Lafont, La revolución regionalista, Ediciones Ariel , Barcelona, pp. 119 ss.
(10) Inma Tubella i Eduard Vinyamata, Diccionari del nacionalisme, Edicions de la Magrana, Barcelona, 1978, p. 6l.
(11) F. Sarrailh, Nacionalismo revolucionario, p. 31.
(12) Ibidem, p. 23.
(13) Ibidem, p. 17

ETA va a mantener inalterada, hasta finales de 1968, su posición de Euskadi como colonia. En diciembre de este año hará su aparición un pequeño libro titulado Hacia una estrategia revolucionaria vasca escrito desde la cárcel por José Luis Zalbide (despues de muchos años en la cárcel pasaría de mili a euskadiko y luego asesor de Belloch), con el seudónimo de K. de Zunbeltz (1).

Si bien no hay una afirmación expresa en tal sentido a lo largo de todo el libro, se da, sin embargo, un abandono implícito por parte de Zunbeltz de la idea colonialista, apareciendo reflejada, con evidente nitidez, en su lugar una nueva concepción del sentido de la lucha de Euskadi por su liberación claramente antiimperialista.

El «Iraultza» va a ser objeto de duras críticas, incluso por parte de algunos de los dirigentes de ETA, destacando entre las mismas la de López Adán (Beltza), que critica los aspectos ideológicos del mismo (2), y la de Federico Krutvig, quien critica sus aspectos estratégicos (3).

Como consecuencia de estas críticas, K. de Zunbeltz va a dar marcha atrás en sus posiciones antiimperialistas mediante un nuevo trabajo, escrito en 1970, con el título de «Fines y medios en la lucha de liberación nacional» (4), en el cual realiza una autocrítica de su primer libro:

No sólo se expresó de manera confusa y equívoca el carácter principal de la lucha revolucionaria vasca (contradicción nacional entre el pueblo trabajador vasco y el imperialismo español-francés), sino que ya dentro de la estrategia se vertieron graves errores (6).

A pesar de esta marcha atrás, las posiciones estrictamente anticolonialistas van a ir dejando paso a esta nueva dirección en el sentido de la lucha, de modo que puede afirmarse que tras la debacle provocada por las diversas escisiones de la VI Asamblea, en 1970, la nueva ETA que se afiance a partir de 1971 partirá de posiciones claramente antiimperialistas.

El progresivo afianzamiento de las posiciones antimperialistas en detrimento de las tesis estrictamente colonialistas queda perfectamente reflejado en el hecho de que, paulatinamente, va a configurarse en el seno de la propia ETA una tendencia claramente defensora de la tesis colonialista, cuyo principal ideólogo será Beltza, quien, continuando con las posiciones expresadas en su crítica del «Iraultza» de Zunbeltz, presentará dos ponencias a la VI Asambleacon los  títulos de «Notas para una teoría del nacionalismo revolucionario» y «A los revolucionarios vascos».

Beltza mantendrá en sus escritos que, tanto a lo largo de la historia como en la actualidad, la contradicción principal en la que se halla inmerso el pueblo vasco es la de «pueblo vasco-opresión extranjera» (7), y que esta contradicción aparece de forma permanente en la historia vasca:
 Si el fuerismo tuvo tal arraigo en Euskadi, no fue por las contradicciones entre burguesía comercial y burguesía industrial (contradicción principal en la época para Zunbeltz), sino porque las masas populares vascas intentaron resistir a la colonización (8).

Estas posiciones anticolonialistas seguirán manteniendo una cierta vigencia todavía en ciertos sectores de ETA, Y a ello va a colaborar la inesperada defensa de sus tesis por el estructuralista Jean Paul Sartre, en su «Prólogo» al libro de Giséle Halimi, Le proces de Burgos (9).


1) F. Sarrailh, Nacionalismo revolucionario p. 17.
2) K. de Zunbeltz, Hacia una estrategia revolucionaria vasca Iraultza, núm. 1, diciembre, 1968. Posteriormente se publicó una segunda edición, en la cual viene recogido el trabajo de K. de Zunbeltz, diversas críticas realizadas al mismo, y una segunda parte del propio autor, titulada «Fines y medios en la lucha de liberación nacional», véase Hacia una estrategia revolucionaria vasca, Cuadernos Lauburu, núm. 2, Editions Hordago, Ciboure, 1975. La primera edición causó un gran impacto entre los militantes y simpatizantes de ETA, por lo que el libro en cuestión fue más conocido en los medios clandestinos con el nombre de «lraultza» -título de la colección en que apareció, que con su título original.
3) Beltza, «Sobre la ideología de "Iraultza"», Cuadernos Lauburu, núm. 2, pp. 123 ss., año 1969.
4) Orti, «Sobre la estrategia del Iraultza», ob. cit. pp. 155 ss.
5) K. de Zunbeltz, «Fines y medios en la lucha de liberación nacional», Cuadernos Lauburu, núm. 2, pp. 171 ss.
6) K. de Zunbeltz, ob. cit., p. 312.
7) Beltza, «Sobre la ideología del "Iraultza", p. 140.
8) Ibidem, p. 141. Tras la celebración de la VI Asamblea, Beltza va a abandonar ETA y comienza a dedicar sus esfuerzos a la investigación de la historia vasca. Sus posiciones ideológicas han evolucionado notablemente, y actualmente sus posiciones anticolonialistas aparecen muy matizadas. En uno de sus siguientes libros, explica así la idea de «colonización», para determinar las relaciones entre el País Vasco y España: «Se puede afirmar que la explotación de las riquezas del País y de la fuerza de trabajo de los explotados vascos, se hace y se ha hecho fundamentalmente al servicio de las clases dominantes que dirigen una nación-Estado diferente a la vasca, clases que son nacionalmente no-vascas, extranjeras. Este es el contenido del término "colonización" y no hay que pretender hacerle decir lo que no dice.» Beltza, Nacionalismo vasco y clases sociales, p. 85.

9) Giséle Halimi, Le proces de Burgos, pp. VII ss. El historiador Carlos Seco Serrano realiza una crítica, muy certera, en nuestra opinión, a la ligereza con la que Jean Paul Sartre desvirtúa una serie de hechos históricos relacionados con el País Vasco. 

La cuestión colonial en la V Asamblea 3ª parte:


b) El espejismo colonialista

Se ha indicado ya con anterioridad que el anticolonialismo de ETA no supone una identificación estricta de situaciones entre las colonias tercermundistas y Euskadi. Esta identificación hace referencia expresa y concreta a la estrategia revolucionaria y guerrillera adoptada por aquellas colonias y, asimismo, al contenido y esencia de la relación de dependencia colonial de las mismas con respecto a sus metrópolis.

Por ello, antes de establecer análisis comparativos entre ambos tipos de situaciones, conviene recordar que los mismos no pueden ni deben hacer referencia a la realidad objetiva de los países colonizados, sino exclusivamente al contenido de su relación con la metrópoli. Es indudable que toda estrategia revolucionaria, sea política o sea militar, debe basarse previamente en un análisis de la realidad social, económica, política, cultural, histórica, etc., del país donde se pretende llevar a cabo. Toda importación de modelos revolucionarios que no tenga en cuenta la realidad tanto del país donde la misma se ha aplicado con éxito como la del país donde se pretende aplicar, se halla irremisiblemente condenada al fracaso.

En tal sentido, cabe anticipar que la situación de los países del Tercer Mundo y la del País Vasco son total y absolutamente diferentes. No resulta preciso insistir sobre tal afirmación, y ello por dos motivos: 1) por su evidencia, y 2) porque su análisis desborda el marco estricto de este trabajo. Los países del Tercer Mundo presentan una serie de problemas específicos, en todos los órdenes, que impiden el más mínimo análisis comparativo con los de los países desarrollados. En tal sentido cabe destacar, en el aspecto social, el grave problema del dualismo social de los países tercermundistas, consistente en la existencia de dos sociedades humanas: una moderna, o modernizante, y la otra tradicional; el dualismo ciudad-campo; el dualismo entre las instituciones estatales y las tradicionales, pequeñas comunidades, tribus, etc., así como el pluralismo étnico y lingüístico.

Este mismo dualismo se da en el campo económico, representado por la existencia de un sistema precapitalista de economía junto al sistema oficial implantado por el Estado. A lo que hay que añadir los graves problemas de la infrautilización del sector agrícola, la falta de tecnología, etcétera (1).

Soslayando estas cuestiones, conviene centramos de forma concreta en aquellos aspectos en los que ETA establece una identificación entre la situación de los países colonizados y la de Euskadi, identificación que, como ya se ha dicho, hace referencia a dos aspectos concretos: el sentido de la ocupación o explotación colonial y la estrategia guerrillera tercermundista.

En torno a estos dos aspectos, los movimientos de liberación nacional de los países tercermundistas se han planteado, entre otras, cinco cuestiones muy importantes: a) el carácter ocupacionista y represor de las potencias colonialistas; b) el sentido de ruptura total que el colonizado otorga a su lucha de liberación; e) el problema de la opresión lingüística y cultural; d) la actitud de los partidos de izquierda de las metrópolis ante el problema colonial, y e) la conexión entre la lucha contra el colonizador y la lucha de clases.

Tras un somero análisis a estas cinco cuestiones se podrá comprobar, no sin cierta sorpresa, que, habida cuenta las circunstancias históricas en que se desenvuelve ETA y las características peculiares del régimen franquista(no entramos en el democratico-burgués), la adscripción de ETA a las tesis colonialistas se sitúa dentro de unas coordenadas no exentas de cierta lógica.

La primera cuestión -y, asimismo, la principal de las que se plantean los movimientos de liberación nacional de los países colonizados- concierne a la ocupación por parte de la potencia colonizadora, la determinación de sus características, el ámbito o extensión de la ocupación (cultural, política, económica, etcétera).

Quizás el autor que más brillantemente ha analizado, desde una perspectiva anticolonialista, el sentido de esta ocupación y de la represión por parte de las potencias colonizadoras es Frantz Fanon (no es de extrañar que Boltxe haya publicado su libro y es que los nacionalistas hacen muy bien sus deberes), de quien Roberto Mesa afirma que constituye la mente más preclara y más aguda puesta al servicio de los nuevos países en trance de realización por la vía tercermundista (2).

Para Fanon, la situación colonial adquiere un carácter diferenciado que viene determinado, sobre todo, por el hecho de la dominación extranjera. La situación colonial es el producto de una conquista militar que posteriormente se consolida mediante una administración civil y policial. Analizando la situación de Argelia, Fanon considera que el límite de la dignidad de los argelinos viene determinado por la propia presencia del opresor extranjero, que niega la existencia de la nación argelina.

Por ello, la situación de un francés en Argelia es la situación de un conquistador, de un opresor, ya que el ciudadano francés no puede ser en Argelia ni neutro ni inocente:

La nación francesa se sitúa contra la existencia de la nación argelina, por mediación de sus ciudadanos (3).

Cuando en una colonia existen solamente soldados, policías y técnicos, el pueblo colonizador, haciendo valer su ignorancia, puede alegar que él no tiene la culpa de esa colonización. Ahora bien, cuando en esa colonia se sitúa una parte del pueblo colonizador ya no es posible establecer esta autojustificación, ya que, en este caso, toda la nación francesa se encuentra implicada en ese crimen contra el pueblo colonizado. Como dice André Gorz  (influencia primordial en Txabi), los franceses, como por sorpresa, se encuentran instalados en una guerra en regla que compromete a la nación entera: no son ya algunos miles de colonos y de gendarmes, sino la persona colectiva de Francia la que reprime, extermina, impone el terror y tortura. La indiferencia y la inocencia se hacen imposibles: ser francés significa la obligación de asumir esa guerra. Continuarla es, necesariamente, encontrarle un significado aceptable. Y como compromete a toda Francia y le cuesta duros sacrificios, no puede justificarse una guerra semejante sino afirmando que «el destino» de Francia está en juego (4).

Para Fanon, a veces la ocupación colonial adopta una forma que establece una especie de relación de afinidad: se considera a la colonia como una prolongación de la metrópoli, con lo cual se produce una mixtificación, sobre todo en los partidos de izquierda de la metrópoli, que oculta el verdadero sentido de la explotación a la que se ve sometida la colonia. Esta afinidad, esta relación de «prolongación de la metrópoli», se establece cara a los propios habitantes de esta última, pues en las regiones coloniales, por el contrario, el gendarme y el soldado, por su presencia inmediata, sus intervenciones directas y frecuentes, mantienen el contacto con el colonizado y le aconsejan, a golpes de culata o incendiando sus poblados, que no se mueva. El intermediario del poder utiliza un lenguaje de pura violencia. El intermediario no aligera la opresión, no hace más velado el dominio. Los expone, los manifiesta con la buena conciencia de las fuerzas del orden. El intermediario lleva la violencia a la casa y al cerebro del colonizado (5).

La ocupación ejercida por el Estado colonialista sobre el pueblo colonizado adquiere un carácter globalizador y totalizador que se expresa en tres niveles distintos: la ocupación militar, la opresión económica y la negación cultural.
A la vista de la extensión e intensidad de esta ocupación, al colonizado no le cabe otra solución que o renunciar a su propia identidad o bien iniciar una lucha frontal contra el colonizador.
He aquí la segunda cuestión a analizar: la relación colonizador/ colonizado, relación que aparece determinada por un sentimiento de ruptura total por parte del colonizado y de lucha a muerte contra el colonizador.

Dado el carácter absoluto de la ocupación por la potencia colonizadora, el colonizado se ve obligado necesariamente a establecer una estrategia de ruptura. Al colonizado no le cabe la posibilidad de salir de su condición de tal con el asentimiento y la complicidad del colonizador. Por ello intenta liberarse y, para ello, se rebela.
La rebeldía constituye la única salida a la situación colonial que no sea un engaño. La solución adoptada por el colonizado se halla en función de la intensidad de la opresión. Su sujeción es absoluta y, en consecuencia, exige una solución absoluta, es decir, una ruptura, y no un compromiso:

La descolonización es simplemente la sustitución de una «especie» de hombres, por otra «especie» de hombres (6).

El colonizado
ha sido arrancado a su pasado y paralizado en su porvenir, sus tradiciones agonizan mientras él pierde la esperanza de adquirir una nueva cultura; carece de lengua, de bandera, de técnica, de existencia nacional o internacional, de derechos y deberes; ya no posee nada, no es nada, ni espera nada (7).

Ante esta triple opresión, no cabe una actitud consistente en la petición de una serie de reformas; lo único que cabe es una guerra de liberación, capaz de lograr la recuperación de la identidad de un pueblo que se halla momificado, capaz de recuperar su propia historia y de volver a ser dueño de sus propios destinos:

Lo que el FLN persigue no es descolonizar Argelia o suavizar la estructura opresora del ocupante. Lo que el FLN exige es la libertad de Argelia. Una libertad que permita al pueblo argelino ser completamente dueño de sus propios destinos. Nuestra táctica, nuestra actividad y nuestro propio nivel de lucha vienen determinados por ese objetivo, por esa estrategia (8).

Además, esta lucha adquiere un carácter cada vez más radical, puesto que la solución es cada día más urgente. El proceso de desnaturalización del colonizado por parte del opresor es tan efectivo que reduce al colonizado de tal forma que apenas resulta ser una persona humana; es casi un objeto. Si no se pone límite a este proceso de desnaturalización, el colonizador habrá hecho posible su máxima ambición: que el colonizado no exista sino en función
de las necesidades del colonizador; es decir, debería haberse transformado en un colonizado puro (9).

Además, a ello hay que añadir el hecho de que, en la medida en que aumenta la opresión del colonizador, más necesidad tiene de una justificación, más tiene que envilecer al colonizado, más culpable se siente, más tiene que justificarse.

La situación colonial, por su propia fatalidad interior, provoca la rebelión. Porque la condición colonial no es susceptible de arreglo; como una cadena, sólo puede ser rota (10).

El proceso de colonización de un pueblo viene determinado por la imposición, por parte del colonizador, de una lengua, una cultura y unas costumbres ajenas y extrañas al pueblo colonizado. Son múltiples las manifestaciones a través de las cuales se produce una total eliminación del más mínimo vestigio de identidad propia del pueblo colonizado (11).

En el ámbito de la educación, por ejemplo, a los niños se les forja una memoria que no es ciertamente la de su pueblo, sino la del colonizador. Conocerán a la perfección los nombres de los grandes héroes del pueblo colonizador, pero desconocen hasta el más mínimo vestigio de la historia de su propio pueblo. Su país carece de existencia real; no tiene identidad propia de la historia que se le enseña; todo parece haber sucedido fuera de su tierra. El choque entre el mundo familiar del niño colonizado y el mundo de la escuela deja en el niño una huella imborrable. El maestro y la escuela representan un universo demasiado distinto del universo familiar.

Una situación similar se da en el campo de la lengua. La lengua materna queda reducida al estricto campo familiar, estrangulando de esta forma toda posibilidad de desarrollo y adaptación de la misma a la vida cotidiana y a la sociedad en que se desenvuelve el colonizado.

El habla materna deja de tener eficacia en la vida social, ya que es incapaz de atravesar las ventanillas de la administración, de la burocracia. La administración, los técnicos, los jueces, los indicadores de carreteras, los nombres de las calles, la vida mercantil, todo, absolutamente todo, se desenvuelve en la lengua extranjera. El colonizado, aun armado de su propia lengua, es un extranjero en su propio país.


Todos los signos de identidad cultural del pueblo colonizado son sustituidos paulatinamente. Las fiestas populares y religiosas languidecen para ser sustituidas por otra serie de manifestaciones importadas de la metrópoli, manifestaciones que no dicen nada a la conciencia colectiva del pueblo colonizado. Los propios edificios construidos por el colonizador van adoptando una forma muy concreta, dando una fisonomía totalmente diferente al entorno urbano de las ciudades y pueblos. Los nombres de las nuevas calles no recuerdan ya hechos ligados al pueblo colonizado, sino a la historia del colonizador.

Las grandes fiestas civiles y militares son las del colonizador, y en ellas desfilan las autoridades y las tropas que precisamente mantienen la opresión colonial.
A la vista de todo ello, la única alternativa que le queda al colonizado es la asimilación o la petrificación. Como la asimilación no le es permitida, no le queda otra alternativa que vivir fuera del tiempo. El colonizado carece de futuro, pues el colonizador se lo niega; su pasado se reduce progresivamente, por lo que no tiene otro remedio que vivir el presente, un presente abstracto y absolutamente mutilado. Como muy bien indica Memmi:

El colonizado parece condenado a perder progresivamente la memoria (12).

Para evitar esta petrificación, para evitar esta progresiva anulación de su personalidad individual y colectiva, al colonizado no le queda otro remedio que la ruptura con el colonizador, y el establecimiento dentro de su programa, como reivindicación básica, de la recuperación lingüística y cultural de su pueblo.

La situación conflictiva provocada por el bilingüismo: una lengua, la materna, para el amor, la familia y la amistad, y la otra, la del dominador, para los usos administrativos, y, lo que es más grave aún, para hacer entender al mundo entero el grito de su protesta, puede hacer comprensible uno de los objetivos inmediatos de casi todos los movimientos independentistas: la liberación y la restauración de su propia lengua (13).

La radicalización de la lucha del colonizado encuentra otro factor de justificación en la absoluta incomprensión, por parte de los partidos de la izquierda metropolitana, al problema colonialista (14). Existe una incontestable incomunidad de la izquierda europea frente al nacionalismo. Hay un cierto embarazo en la actitud socialista frente al nacionalismo, una incertidumbre en la ideología de los partidos obreros. La reserva en este sentido de los periodistas y ensayistas de la izquierda es muy significativa. Se lo plantean lo menos posible; ni lo aprueban ni lo condenan; no saben si quieren integrarlo en su comprensión del futuro histórico ni cómo. En una palabra, la izquierda actual está desorientada frente al nacionalismo (15).

Por numerosas causas históricas, sociológicas y psicológicas, la lucha de los colonizados por su liberación toma unos acusados rasgos nacionales y nacionalistas. El hombre de izquierda no siempre se da perfecta cuenta del contenido social inmediato de la lucha de los colonizados nacionalistas, y rechaza el carácter de liberación nacional de la lucha de los colonizados.

Si se analiza la actuación de los partidos de izquierda franceses con respecto a nuestra lucha, se ve claramente que ninguno de ellos quiere admitir en realidad nuestra liberación nacional (16).

Esta desorientación e incomunicación del hombre de izquierda se ve particularmente agravada en el caso del colonizador de izquierda, del hombre de izquierda que vive en la colonia y está en contacto cotidiano con ese nacionalismo. Puede que ese colonizador de izquierda rechace la colonización y se rechace como colonizador, todo ello en la medida en que toda izquierda verdadera debe desear la promoción nacional de los pueblos, pero descubre que no hay relación entre la liberación de los colonizados y la aplicación de un programa de izquierdas. En otras palabras: que está ayudando a la implantación de un orden social en el que no hay lugar para un hombre de izquierda en cuanto tal, al menos en un futuro inmediato (17). De ahí que el hombre de izquierda se encuentre prácticamente excluido del movimiento de liberación colonial.

1) Para un análisis de la problemática de los países tercermundistas, puede verse: Maurice Pierre Roy, Les régimes politiques du Tiers Monde, Librairie Générale de Droit et de Jurisprudence, París, 1977, particularmente, pp. 135 ss. Igualmente, y desde el punto de vista de la aplicación a estos países de las estructuras políticas vigentes en los países desarrollados, puede verse: André Hauriou, Derecho constitucional e instituciones políticas, en especial, pp. 811 ss.
2) Roberto Mesa, Las revoluciones del Tercer Mundo, p. 28. No hay que olvidar, además, la clara influencia de Fanon en ETA, según se ha comprobado ya anteriormente. 
3) Frantz Fanon, Afrikar iraultzaren alde, pp. 86-87.
4) André Gorz, Historia y enajenación, p. 146.
5) Frantz Fanon, Los condenados de la tierra, Fondo de Cultura Economica, México, 2." reimpresión, 1971, p. 33.
6) F. Fanon, Los condenados de la tierra, p. 30.
7) Albert Memmi, ob. cit., p. 194.
8) Franz Fanon, Afrikar iraultzaren alde, p. 1Ol.
9) Memmi, ob. cit., p. 146.
10) Ibidem, p. 194.
11) Seguimos aquí la interesante exposición de Memmi, al respecto. Véase Alberto Memmi, ob. cit., pp. 165 ss.
12) Memmi, ob. Cit., p.166
13) Roberto Mesa, en el prologo a Albert Memmi, ob, cit., p.19
14) Albert Memmi realiza un análisis enormemente sugestivo y clarividente de esta cuestión, en su Retrato del colonizado, pp. 82 ss. Nuestra exposición no hace sino reflejar algunos de los aspectos más destacados de ese análisis.
15) Albert Memmi, ob. cit., p. 84.
16) Frantz Fanon, Afrikar iraultzaren alde, p. 92.
17) Albert Memmi, ob. cit.) p. 89. 


La izquierda metropolitana no llega a comprender que en la colonia no se establece una relación burguesía-proletariado, sino una relación colonizado-colonizador. Establecer en un pueblo colonizado el antagonismo entre proletariado-burguesía constituye un ejercicio incomprendido. Hay una contradicción principal, representada por la metrópoli opresora, que constituye en sí un grupo absolutamente impermeable frente al colonizado, y éste. En la colonia, todas las barreras interiores deben desaparecer; la impotencia burguesa de los negociantes y los compradores, el proletariado urbano, el lumpen-proletariado de los barrios miserables, todos deben alinearse en la misma posición de las masas rurales, verdadera fuente del ejército nacional  y revolucionario(1).

¿ En qué medida estas características específicas de los países colonizados se reproducen en la relación de dependencia Euskadi-Estado español?

En una primera aproximación, parece deducirse que existen evidentes signos de identificación entre la situación de los países colonizados Y la de Euskadi. En efecto, de las cinco cuestiones que se han analizado, vemos que todas ellas se reproducen de una forma u otra en la relación Euskadi-España, en lo que hace referencia a la época histórica concreta que estamos analizando (la V asamblea de ETA).
En tal sentido, existe una aparente similitud de situaciones entre la conquista militar de Francia sobre Argelia, consolidada posteriormente mediante una administración civil y policial, y la opresión que en todos los órdenes ejerce el franquismo con respecto al pueblo vasco. Si a ello añadimos los criterios interpretativos históricos utilizados por ETA, en el sentido de considerar las guerras carlistas como guerra de conquista por parte del Estado español (algo muy confuso), la identificación se hace casi absoluta, pues no hay que olvidar que, durante el franquismo, el Estado va a ejercer su control absoluto en todos los órdenes de la vida (cultural, político, administrativo, económico, etcétera).

Esa violencia que las fuerzas de ocupación francesas ejercen sobre el colonizado también la ejercen, en numerosas ocasiones, las fuerzas de orden público al servicio del régimen franquista, con mayor o menor intensidad y con una mayor o menor extensión en la población(una violencia injusta y sin ningún mínimo refrendo ni siquiera electoral burgués).

 Ahora bien, a poco que se profundice en el verdadero carácter de la relación Euskadi-España, comienzan de modo inmediato a aparecer las primeras fisuras en el edificio ideológico asentado en torno a la teoría colonial. Para el FNL argelino, la situación de un francés cualquiera en Argelia es la de un conquistador, la de un opresor. ¿Se da esta misma situación en Euskadi con respecto a los ciudadanos «españoles»?

Para ETA, aparentemente, sí, y ello en la medida en que establece una primera y nítida separación entre la comunidad nacional vasca y la comunidad española. En tal sentido, en la V Asamblea se dice que
 Euzkadi Sur es una zona de conflicto y lucha de nacionalidades en la que intervienen todas las clases de ambas naciones, opresora y oprimida (2).

para señalar a continuación cuál es el papel que cumple a cada una de las clases sociales de «la nación opresora»:

A) La oligarquía financiera-terrateniente española, base de clase del sistema fascista y artífice principal de la opresión política del conjunto del Estado español y del pillaje económico en el País Vasco y Cataluña.
B) La pequeña burguesía española, puntal del nacionalismo español en Euskadi, que opera sobre dos frentes:
1. En el seno mismo de la estructura fascista de opresión, policía, ejército, hacienda, sanidad, INP, enseñanza, órdenes religiosas, periodistas, profesores, universitarios, etcétera.
2. Como creadora y sostenedora de ideologías nacionalistas españolas que abarcan sectores a los que el carácter, necesariamente limitado, de la represión fascista no llega. Este segundo grupo engloba una enorme gama de matices, desde la bilbaína «Sociedad de Amigos de Mussolini» hasta los grupos  social colonialistas (PSOE - FLP - pc - uso, etcétera).
C) El proletariado español inmigrante, en proceso de adaptación al país  pero constituyendo una clase perfectamente delimitada en razón de su origen  nacional, por una presencia en Euzkadi debida a un desarrollo de la industria  vasca impuesto en 1936 por las armas de la burguesía nacional, por las circunstancias político-económicas vigentes en el Estado español... (3).

A tenor de lo expresado por este párrafo, parece no existir al nativa alguna que no sea la de establecer una lucha frontal entre «pueblo vasco oprimido» y «pueblo español opresor». Dejando al margen lo que ETA denomina «oligarquía financiera-terrateniente», e incluso eludiendo, asimismo, la llamada «pequeña burguesía española» (4) ,conviene centrar la cuestión en torno al «proletariado español
inmigrante» .

En una justa aplicación de las tesis anticolonialistas, el proletariado inmigrante constituye parte integrante del aparato opresor y, en consecuencia, debe ser considerado como enemigo declarado del «pueblo vasco colonizado». De hecho, la enemistad de ETA hacia este sector resulta manifiesta en la medida en que, para considerarlo como parte del pueblo vasco, se exige su «integración», es decir, la asunción por su parte de los fines nacionalistas perseguidos por ETA:
 Por España no entendemos éste o aquél español de más allá. Y si en muchos casos se trata de un español explotado innoblemente por la clase feudal y burguesa, este español merece toda nuestra simpatía y calor humano ( ... ) Evidentemente que si los proletarios españoles (como por desgracia sucede muchas veces) se ponen al servicio de la idea encarnada por el Estado opresor, serán nuestros enemigos, no por proletarios, sino por agentes de la burguesía hispana. En tal sentido forman tales proletarios parte del aparato de opresión hispana, al igual que la policía, que también suele salir del pueblo .(5)

Sin embargo, el tratamiento otorgado por ETA a este proletariado y el otorgado por los frentes de liberación anticoloniales tiene un importante matiz diferenciador, ya que estos últimos ni tan siquiera dan a ese proletariado la oportunidad de integrarse en la lucha contra el colonizador. ETA, sin embargo, sí. Y es en este aspecto donde se quiebra el armazón anticolonialista de ETA.

Si existe un antagonismo, una contradicción principal entre pueblo opresor/pueblo oprimido, no hay razón alguna para dar oportunidades de integración al proletariado no vasco. Esa no integración viene dada por la propia lógica de la contradicción opresor-oprimido. En una palabra, la mano abierta a los inmigrantes constituye un gesto ilógico en una situación colonial. Las fuerzas de liberación del pueblo colonizado deben dirigir su lucha contra el opresor, sin distinción de clases o situaciones en él. ETA, sin embargo, limita su acción a las «fuerzas de ocupación».

Esta contradicción viene gráficamente expresada por Zunbeltz:

La afirmación de que la confrontación debe expresar la contradicción nacional, es un paso en el curso del reconocimiento. Un paso crucial, si se quiere, pero solamente un paso. Sin embargo, alguien podría sentir la tentación de aislar esa afirmación de su contexto, y trastocar su verdadera significación ( ... ) La contradicción nacional se expresaría perfectamente mediante un ataque con bombas de mano al centro gallego de Baracaldo. Si alguien entre los patriotas vascos razonase así, diríamos que ha caído en plena esquizofrenia (6).

Si bien, como indica Zunbeltz, la afirmación de la contradicción nacional constituye tan sólo una parte de la contradicción general, sin embargo, en una estricta aplicación de esa contradicción nacional, es decir, en una estricta aplicación de las tesis colonialistas, el ataque al centro de Baracaldo resultaría lógico y coherente.

No obstante, no lo es, y ello fundamentalmente, entre otras razones, porque el rol del proletariado inmigrante y el del colono no son identificables. El colono, cualquiera que sea su status social, mantiene una situación de privilegio, no sólo cultural, sino incluso económico y social, con respecto a la pequeña burguesía colonizada. La situación del colono aparece directamente ligada a la explotación de los colonizados y de sus riquezas.

En el País Vasco, el proletariado inmigrante no acude a explotar las riquezas ni a explotar a los vascos; bien al contrario, en muchas ocasiones, constituirán objeto de la opresión por parte del capitalismo, que en no pocas ocasiones aparece dirigido por vascos, e incluso por nacionalistas vascos. 


1) Jean Paul Sartre en el «Prologo» a Frantz Fanon, Los condenados de la tierra, p. 10. 
2) «Análisis de la llamada línea ETA», p. 4. Este folleto constituye análisis crítico de las posiciones ideológicas de ETA Berri.
3) Ibidem, p. 4.
4)Eludimos el temla de la «pequeña burguesía» en pro de una mayor simplificación del análisis
5) F. Sarrailh, Nacionalismo revolucionario, p. 22.
6) K. de Zunbeltz, «Fines y medios en la lucha de liberación nacional»,