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15 marzo 2017

El Tratado de Blois

Fernando, temiendo la intervención francesa en Navarra, convocó a las Cortes aragonesas, que se reunieron en Monzón en mayo de 1512, a fin de solicitar un subsidio con el que financiar armas y jinetes para las campañas en el Norte peninsular. Las Cortes aragonesas, si bien con manifiesta reticencia, terminaron por acceder a la petición del rey . A los ojos de Fernando, la situación geopolítica dejaba a los reyes de Navarra tres vías aceptables para los intereses de la Monarquía Hispánica:
neutralidad absoluta, garantizada por la entrega de igual número de fortalezas a él y a Francia; solución de compromiso, de forma que Navarra apoyara a España y el Bearne a Francia, permitiendo a los reyes de Navarra salvar sus compromisos y obligaciones con ambas partes;
 y, por último, apoyo incondicional a la Monarquía Hispánica, en cuyo caso Castilla devolvería a Navarra las fortalezas de Los Arcos, Laguardia, San Vicente y los demás lugares ocupados por fuerzas castellanas en virtud de los tratados anteriores entre ambos reinos.

   Los Albret no aceptaron ninguna de las tres posibilidades, que percibían como irrealizables, y, mientras negociaban con Francia, trataron de lograr también un acuerdo con Castilla. Sin embargo, no estaban en condiciones de dar las seguridades que Fernando exigía:
 “El entrar en Francia por Bayona sería de gran peligro si el rey de Navarra quisiera jugar alguna mala pasada. Y aunque el rey de Navarra ha hecho saber al rey católico que quiere permanecer neutral este no parece estar muy seguro de su palabra, siendo como es aquel rey francés y teniendo padre y estados en Francia. Le ha contestado que está muy contento de que permanezca neutral, pero que quiere, para seguridad, algunas fortalezas en mano, con la condición de no poder colocar dentro otra gente que Navarros (…) Si el rey de Navarra se resuelve a dar estas seguridades, la guerra será por el sector de Bayona, pero se atacaría también a través de Navarra, lo que sería de gran beneficio para el rey, porque el primer fuego se encendería en casa ajena y además podría valerse de los navarros que son considerados muy buenos infantes”.

 El empecinamiento de Fernando en llevar adelante la campaña de Guyena ha sido visto como una muestra de su concepción de este proyecto como una provocación deliberada contra Navarra, que le permitiera volver a poner este reino bajo su tutela. Sin embargo, no se puede descartar que el rey Católico lo viera como una operación militar necesaria u oportuna para recuperar la iniciativa en la guerra contra Francia, algo respaldado por la cronología, ya que la invasión de Guyena cobra fuerza en la planificación de Fernando en la primavera de 1512, justo después de que la victoria francesa en Rávena arrebatara la iniciativa militar a la Santa Liga en los campos de Italia y, con la muerte de Gastón de Foix, cambiara el equilibrio estratégico de intereses en torno a Navarra. Parece posible que,maltrechas las armas coaligadas en Italia y temiendo una inclinación navarra del lado francés, Fernando concibiera la expedición de Guyena como una demostración de fuerza frente a la Corte de Pamplona y un modo de aliviar la presión militar sobre los vitales dominios italianos, al tiempo que se daba satisfacción a los intereses del aliado inglés, que albergaba esperanzas de recuperar parte de lo perdido con el final de la guerra de los Cien Años .

 En julio de 1512, en Burgos, Fernando hizo público lo que, según él, eran los contenidos del Tratado de Blois, que navarros y franceses se encontraban negociando desde el mes de abril:
  "Que han acordado casamiento de la hija menor del rey de Francia con el príncipe de Navarra.
 Ítem amistad y liga perpetua de amigo de amigo y enemigo de enemigo.
 Ítem. Que los dichos rey y reina de navarra ayudarán con todas sus fuerzas y estado al rey de Francia contra los ingleses y españoles y contra todos los otros que con ellos se juntasen.
 Ítem. Que el rey de Francia ayudará a los dichos rey y reina de navarra para que conquisten para sí ciertas tierras de Castilla y de Aragón que pretenden que antiguamente eran de los reyes de navarra, de las cuales de fijo se hará invención. Ítem, que el rey y la reina de Navarra han de enviar al príncipe de Navarra para que esté en poder del rey de Francia por seguridad al tiempo contenido en la capitulación.
Ítem, el rey de Francia ha dado al rey y la reina de Navarra el ducado de Nemours y al ex prometido el Condado de Armañac. 
 Ítem hales dado ocho mil francos de pensión.
 Ítem, 300 lanzas francesas, 100 para el rey de Navarra, 100 para el príncipe y 100 para Monseñor de Labrit.
 Ítem, háse obligado el rey de Francia a pagar al rey de Navarra 4.000 peones, tanto cuanto empezase la guerra. 
 Ítem, que les ayudará con 1.000 lanzas gruesas pagadas y con toda la otra privanza suya para que los dichos rey y reina de Navarra conquisten Guipúzcua, y los Arcos y la Guardia y otras cosas de Castilla y Balaguer y Ribagorza y otras cosas de Aragón, que pretenden que antiguamente fueron de los reyes que reinaban en Navarra.
 Ítem, el rey de Francia además de lo susodicho da al rey y a la reina de Navarra 100.000 escudos de oro por una vez pagados en ciertos pagos para que hagan gente así para ayudar al rey de Francia como para las otras cosas susodichas. 
 Ítem, el rey de Francia ha tornado a Monseñor de Labrit las tenencias y oficios y pensión que solía tener, las cuales el rey de Francia le tenía quitadas. 
 Ítem, de todo lo susodicho llevó Monseñor de Orbal capitulaciones y escrituras firmadas y juradas por los dichos rey y reina de Navarra y por el dicho Monseñor de Orbal como procurador y embajador del dicho rey de Francia.
 Ítem, para ejecución de lo susodicho el rey y la reina de Navarra han mandado a todos sus súbditos de los señoríos de Bearne y Foix y a los del reino de Navarra que están en tierra de Labrit que es en San Juan  del Pie del Puerto y en aquellas faldas de Navarra que hagan y cumplan todo lo que el capitán general del rey de Francia que está en Guyena les mandase en servicio y ayuda del rey de Francia. Y de la misma manera el dicho rey de Francia ha mandado al dicho capitán General que para ejercicio de las cosas susodichas tocantes a los dichos rey y reina de Navarra haga con todas las gentes en poder del rey de Francia todo lo que el rey y la reina de Navarra le escribiese, y que entren en España y trabajen de tomar todo lo que pudiesen.
 Ítem, se tiene por cierto que el rey de Francia cumpliendo el dicho asiento ha enviado ya a los dichos rey y reina de Navarra dinero para la paga de la gente"  .

 El rey presentó el hipotético contenido del tratado como una grave amenaza para la seguridad de la Monarquía. La publicación de Burgos ha sido objeto de encendidas polémicas entre los historiadores, ya que se acusa al rey de haber hecho pública una mera invención, de acuerdo a sus intereses. Para esta afirmación, el motivo fundamental esgrimido es el hecho de que, en el momento de la publicación de Burgos, el Tratado de Blois no se había firmado aún. Esta parece una justificación endeble, dado que el Tratado llevaba semanas negociándose entre representantes de los reyes de Navarra y de Francia, y no es improbable que Fernando tuviera conocimiento de lo que allí se trataba a través de su servicio de información, uno de los  más efectivos de la época.

El hecho es que lo publicado por Fernando y la letra del tratado no son coincidentes, cosa lógica en tanto en cuanto el Rey Católico no pretendió estar haciendo público el texto del tratado, sino el sentido de su contenido; el cual, eso sí, presenta de la manera más adecuada a sus propios intereses.

 La firma del Tratado de Blois entre Navarra y Francia el 18 de julio de 1512, demostró ser un error de cálculo de catastróficas consecuencias para Navarra. 

El tratado, entre otras cuestiones, garantizaba que Navarra no dejaría atravesar sus dominios a ningún ejército cuya intención fuera atacar a Francia, pero también asumía Francia el compromiso de no utilizar suelo navarro para atacar a sus enemigos castellanos y aragoneses. Por ello, en la Corte de Pamplona, el tratado era presentado como una reafirmación de la neutralidad Navarra. Sin embargo, dio a Fernando el Católico la excusa que estaba esperando para iniciar acciones ofensivas contra Navarra. Según el planteamiento del Rey Católico, firmar un tratado con Francia era colaborar con ella, con independencia de cuál fuera el contenido concreto de dicho tratado. Así pues, al firmar el Tratado de Blois, se habían convertido en enemigos del papa y, por tanto, era legítimo atacarles en sus territorios. La denominada "política del balancín", cuidadosamente construida por los reyes de Navarra durante décadas, quebró definitivamente con la firma de los acuerdos de Blois

Sobre dicho Tratado, su interpretación y la amenaza real o fingida que Fernando percibió en él, se han escrito ríos de tinta:

 “El tratado de Blois pecó de graves defectos por parte Navarra, principalmente de incoherencia e inoportunidad: lo primero porque, bajo la forma de un tratado de neutralidad, alineaba a Navarra con Francia, inoportuno porque precisamente las tropas inglesas y castellanas estaban en la frontera, mientras que cualquier socorro francés, comprometido en Italia, tardaría en llegar. Navarra se comprometía a facilitar tropas a Francia si esta lo requería, a su propio coste, lo cual era claramente no neutral. El respeto a los acuerdos con Castilla no era sino una formalidad que, de fondo, no salvaba la neutralidad. El hecho de que los reyes de Navarra pretendieran mantener el acuerdo en secreto mientras no estuviera en condiciones la ayuda francesa demuestra que eran conscientes del significado real del tratado. Fernando, gracias a sus espías publicó en Burgos un resumen de los acuerdos a que habían llegado navarros y franceses, que recogía el espíritu pero no la letra del acuerdo, y lo presentaba como más amenazador" .

 El hecho de que la cesión por parte del rey de Francia a los reyes de Navarra de plazas en las tierras de la Casa de Foix, que los reyes de Navarra pasarían a cobrar una pensión del rey de Francia de ocho mil ducados anuales -y otras de cuatro mil ducados para sus hijos- o el compromiso de Francia de pagar una compañía de cien hombres de armas para el servicio de los reyes de Navarra, figuren en protocolos aparte del texto publicado del tratado, indica que los propios firmantes eran conscientes de que dichas cláusulas eran susceptibles de perjudicar la imagen de neutralidad que interesaba dar a los Albret. Quizá la interpretación de Víctor Pradera sea un tanto excesiva -“El tratado de Blois fue la causa de la conquista de Navarra por el rey Católico; ratificado por don Juan y doña Catalina, estos se convertían en el acto, en enemigos de su antiguo protector [Fernando el Católico]"-, pero tampoco se debería pecar de ingenuidad y suponer que las cláusulas anteriores dejaban a los reyes de Navarra en una situación de plena neutralidad, cuando les colocaba a sueldo de un monarca que también pagaba a parte de sus tropas. No parece que esté desencaminado Luis Suárez cuando hace hincapié en que el Tratado de Blois ha de interpretarse también con la clave de los intereses franceses de la Casa de Albret:

  "Quienes consideran Blois un error se olvidan de que los reyes eran bearneses y que el tratado les daba todo lo que habían pedido desde 1479: la plena soberanía de Bearne, la herencia completa de Foix, la retrocesión del ducado de Nemours, rentas y tropas (…). Los Albret supieron muy bien lo que hacían. Tomaron con una mano el paquete de las ofertas que les consolidaba definitivamente en Francia y pusieron en la otra la Corona de Navarra, que se arriesgaban a perder. Y escogieron lo que para ellos tenía más valor. Que no era Navarra, precisamente. Y no se equivocaron. Sus descendientes fueron reyes de Francia"  .

 Fernando, a finales de junio, había dado órdenes al duque de Alba de que sus tropas estuvieran listas para intervenir en Navarra, en vista de la inminencia de un acuerdo entre este reino y Francia, instrucciones que el duque comentó al comandante de las fuerzas expedicionarias inglesas, lord Dorset. La firma del Tratado no hizo sino convencerle de lo oportuno de intervenir en Navarra.

3 comentarios:

Wasconiae Eterna dijo...

A mi modo de interpretar los acontecimientos fue un chantaje en toda regla.
o como mínimo un abuso de poder por parte de las potencias imperiales de la época para conseguir el mayor botín de guerra posible.

De todas formas no hay que darle muchas más vueltas a estos "detalles" precursores de la definitiva invasión que sufrió Navarra. se pongan los historiadores como se pongan Castilla llevaba décadas, por no decir tres siglos concretamente,planeando como hacerse con el Reino de Navarra.

Hasta 1200 le arrebataron toda la salida al mar cantábrico, luego vendría el sobrarbe y el pirineo,hoy te quito un poco de aquí, mañana mis descendientes ya te robaran otro poco de allá....

Y así como las termitas, por la noche y en silencio...


Utrimque roditur, Navarra por todos lados te roen.

Que Castilla o Francia o Inglaterra o el Papado o la China Mandarina se adueñaran de Navarra, solo era cuestión de tiempo, todos le habían echado el ojo como perros sarnosos.

Anónimo dijo...

los reyes de navarra tampoco se interesaron mucho por navarra, andaban mas preocupados por sus posesiones en Francia, y de hecho pidieron permiso a Fernando para venir a coronarse a Pamplona, de donde huyeron a toda pastilla el dia siguiente porque ellos donde vivian era en Francia.

Wasconiae Eterna dijo...

No dices nada nuevo,tampoco.

Era la "tendencia" de la época entre las élites. aunque hoy día tampoco es que sean más patriotas y se queden aquí a perder sus ahorros, prefieren ser españoles pero con el colchón de jubilación en Suiza, Andorra, Panamá....
Que son españoles (o vascos) pero no gilipollas.

Lo que hay que resaltar de la defensa del Reino es el carácter casi-casi popular, en los distintos alzamientos e intentos de reconquista que hubo.

Cuenta un cronista castellano, soldado del Duque de Alba (creo que fue Luis Correa ) que los asaltantes nabarros que asediaban las plazas caídas en manos castellanas arremetían en el ataque "dando vivas a Nabarra" ....

Supongo que alguno también daría vivas a Dios o al Rey. pero esa frase de "vivas a Nabarra" me llamó la atención pues a lo mejor los legitimistas y beaumontese habían perdido ya la confianza en los Reyes de Nabarra "exiliados" en Francia.

Como dices,Los Albret y Foix se interesaron poco por el Reino de esta parte de los pirineos. Quizás por que sabían que era una guerra que no podían ganar, o que les iba ha salir muy cara.

Más razón todavía para sentirme orgulloso de los nabarros legitimistas, que defendieron sus hogares, sus tierras y sus familias enfrentándose a Goliath, no por el honor de su Majestad (como era propio en aquella época feudal) sino por su patria o por su terruño de tierra. como quieras llamarlo.

Para mí es como un sentimiento PRE-republicano. (por llamarlo de alguna manera,vamos) en una época donde no existían las palabras: Socialista, Comunista, Ateo, Nacionalista o Izquierdista ni por casualidad.

saludos.