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21 marzo 2017

Euskera si, ridiculo no!

El Gobierno de Navarra, por acuerdo del 19 de enero, determinó las denominaciones oficiales de dieciséis municipios y dos concejos, entre ellos, Peralta. A instancia de este ayuntamiento, el Gobierno ha oficializado su nombre vasco, o el que, al menos, la corporación ha tenido por tal. Desde el más absoluto respeto a nuestras instituciones, incluidas las académicas, y a la autonomía municipal, como no podía ser menos, quisiera realizar unos comentarios que tal vez sean útiles para este caso y otros que pudieran plantearse en el futuro.
            La vigente Ley del Vascuence establece en su artículo 8.1.b:
 “En las zonas mixta y no vascófona, la denominación oficial será la actualmente existente, salvo que, para las expresadas en castellano, exista una denominación distinta, originaria y tradicional en vascuence, en cuyo caso se utilizarán ambas”. Que es “distinta” es evidente. Ahora bien, ¿es ‘Azkoien’ la denominación “originaria y tradicional” de Peralta? Eso es lo que se va a tratar de discernir a continuación.
            Contra lo que se suele creer en ciertos ámbitos, ‘Azkoien’ (‘haitz goien’, “piedra alta” en castellano, como ‘pera alta’ en romance navarro) no es una denominación popular en absoluto, ni tampoco culta, sino de un neologismo inventado por un curioso personaje llamado Julio Altadill (1858-1935). Militar vasquista (y eso que había nacido en Toledo), vicepresidente de la Comisión de Monumentos y uno de los diseñadores de la moderna bandera de Navarra, Altadill es hoy recordado sobre todo por haber publicado a principios del siglo pasado una Geografía general del Reino de Navarra. En ese exitoso libro, Altadill cita un ‘Aezkoyen’ para sustentar su “descubrimiento”, pero, como él sabía perfectamente, ese Aezcoyen no es Peralta, sino un lugar de Abárzuza, al que ya se refiere Joseph Moret en sus Anales, de donde sin duda tomó el dato (tampoco el ‘Ayzcum’ o ‘Ayzquoain’ que cita Pedro de Agramont en su crónica manuscrita de 1632 es Peralta, sino una errata por ‘Ayzoain’, esto es, Aizóain). En 1919, el capuchino Celestino Peralta, de Caparroso, publicó una gramática vasca con el pseudónimo de B. de Arrigarai (que significa también “piedra alta”), lo que parece indicar que por esas fechas ‘Azkoien’ no se había difundido todavía como equivalente de ‘Peralta’. Pero todavía más significativo es que el guipuzcoano Mikolas Ormaetxea ‘Orixe’ en su poema épico en euskara Euskaldunak, terminado para 1935 pero que no pudo ser publicado hasta 1950, no denomine ‘Azkoien’ a la localidad ribera, sino ‘Peralta’. Ormaetxea conocía perfectamente Navarra pues había vivido diecisiete años en Uitzi, Larraun, y también en Javier, en Tudela y en Pamplona, preso en San Cristóbal. Si ‘Azkoien’ hubiera sido el nombre euskérico de Peralta, ‘Orixe’ lo habría utilizado, de la misma manera que emplea ‘Iruña’ y ‘Sakana’, por ejemplo.
            En Navarra tendemos a concebir  las relaciones entre nuestras dos lenguas en términos de conflicto. El euskera tiene que ser algo opuesto al castellano y viceversa. Sin embargo, muy a menudo esa apreciación se demuestra errónea. El nombre castellano de Mendigorría es ‘Mendigorría’. Que sepa, a nadie se le ha ocurrido oficializar como equivalente romance un fantasioso ‘Monterrojo’ o, mejor, ‘Montepelado’. De la misma manera, el nombre vasco de Peralta es ‘Peralta’, no ‘Azkoien’ ni ‘Arrigarai’. A decir verdad, ‘Azkoien’, más que en vascuence se emplea en castellano, como denominación folclórica y “antigua” de la población ribera y marca de una conocida empresa de máquinas expendedoras, fundada en 1945 (la verdadera responsable del éxito del falso topónimo), así como, hasta hace poco, del club deportivo local.
            Si se confirma la oficialidad de ‘Azkoien’, se sentará un precedente y no habría argumentos para evitar el reconocimiento oficial de ‘Urantzia’, ‘Karakarre’, ‘Alesbes’, ‘Ilurzis’ y ‘Muskaria’, los supuestos nombres “vascos” de Los Arcos, Cárcar, Villafranca, Castejón y Tudela. Y así sucesivamente. Durante la Transición se inventaron otras ocurrencias aún más dignas de Txomin del Regato para designar en pseudoeuskara a pueblos de la Ribera, que, menos mal, no llegaron a cuajar. Se acababa de salir de la dictadura y ese vasquismo reactivo y exagerado hay que colocarlo en ese contexto. El caso es que, a la vez que, con muy buen criterio, se han rechazado esos engendros, se han dejado en el limbo legal varias denominaciones euskéricas de la zona no vascófona, como ‘Tutera’ (documentado desde 1614, sino antes) y ‘Zarrakaztelu’ e ‘Irunberri’ (utilizados ambos por vascófonos aezcoanos y salacencos incluso en nuestros días). No deberían existir trabas para el reconocimiento administrativo de los genuinos nombres euskéricos de Tudela, Carcastillo y Lumbier, por ejemplo, porque, ésos sí, cumplen escrupulosamente con la Ley del Vascuence, al ser “distintos, originarios y tradicionales”.
            Los ciudadanos podemos cambiar los nombres de nuestros pueblos, por supuesto, siempre que sigamos el trámite establecido para ello, respetando, en la medida de lo posible, la tradición. En nuestro caso no hay duda: ‘Peralta’ es una denominación milenaria; ‘Azkoien’ apenas tiene unas décadas. Si no actuamos de modo reglamentario, corremos el riesgo de caer en excesos, como en algunas poblaciones de las zonas castellanohablantes de Álava y Vizcaya, donde han pretendido oficializar topónimos inventados antesdeayer (como ‘Eskuernaga’ o ‘Garape’, cuyos nombres vascos auténticos son ‘Villabuena’ y ‘Sopuerta’, respectivamente). Para poder decidir en libertad, hace falta un mínimo conocimiento histórico y lingüístico y no dejarse llevar por prejuicios ideológicos de uno u otro signo. Si este artículo ha contribuido a aumentar siquiera un poco ese conocimiento, el esfuerzo habrá valido la pena. La convivencia entre las dos lenguas de Navarra lo merece.
Xabier Zabaltza

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