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29 marzo 2017

Hosbawm sobre nacionalismo vasco y catalan

Sin embargo, mientras que antes de 1914 el movimiento nacional característico había ido dirigido contra estados o aglomeraciones políticas a las que se veía como multinacionales o supranacionales, por ejemplo los imperios Habsburgo y otomano, a partir de 1919, fue dirigido, en general y en Europa, contra estados nacionales. Era, pues, casi por definición separatista en vez de unificador, si bien las aspiraciones separatistas podían verse mitigadas por el realismo político o, como en el caso de los unionistas del Ulster, esconderse detrás del apego a algún otro país. Pero esto ocurría desde hacía tiempo. Lo nuevo era la aparición de tales aspiraciones en estados nominalmente nacionales pero en realidad plurinacionales de la Europa occidental bajo una forma política en vez de cultural, aunque uno o dos de estos nuevos grupos nacionalistas, como, por ejemplo, los partidos nacionalistas galés y escocés que nacieron entre las dos guerras, todavía carecían del apoyo de las masas, pues acababan de entrar en la «fase B» de su evolución. De hecho, dejando aparte a los irlandeses, los nacionalismos menores de la Europa occidental habían tenido una actuación más bien discreta antes de 1914.

 El Partido Nacionalista Vasco, que se granjeó cierto apoyo de las masas después de 1905 y virtualmente barrió a los demás en las elecciones locales del período 1917-1919 (exceptuando los votantes obreros de Bilbao), fue un poco excepcional. Sus militantes jóvenes se inspiraban directamente en el nacionalismo revolucionario de los irlandeses en el período 1916-1922, y su base popular se vio reforzada por y bajo la dictadura centralizadora de Primo de Rivera y, más adelante, por la represión más despiadada y centralizadora del general Franco. El catalanismo seguía perteneciendo principalmente a las clases medias locales, a próceres de provincias y a intelectuales, pues la clase trabajadora militante y predominantemente anarquista, tanto la catalana como la formada por inmigrantes, seguía mirando el nacionalismo con suspicacia por motivos clasistas. La literatura del movimiento anarquista se publicaba consciente y deliberadamente en castellano. Una vez más, la izquierda y la derecha regionales sólo se juntaron bajo Primo de Rivera, mediante una especie de frente popular contra la monarquía de Madrid que se basaba en la autonomía para Cataluña. La república y la dictadura de Franco reforzarían el catalanismo de masas, que, en los últimos años de dictadura y desde la muerte de Franco, puede que realmente condujera a un desplazamiento lingüístico de las masas hacia lo que ahora es no sólo un idioma hablado, sino la lengua de cultura establecida e institucionalizada, aun cuando en 1980 las publicaciones catalanas de mayor circulación eran revistas intelectuales y de clase media, género que registraba un notable florecimiento. En aquel año sólo el 6,5 por 100 de los diarios que circulaban por Barcelona estaban escritos en catalán. No obstante, si bien el 80 por 100 de todos los habitantes de Cataluña hablaban la lengua y el 91 por 100 de los habitantes de Galicia (que tiene un movimiento regional mucho menos activo) hablan gallego, sólo el 30 por 100 de los habitantes del País Vasco hablaban la lengua en 1977 —las cifras más recientes no parecen haber cambiado—, hecho que quizá esté relacionado con el mayor entusiasmo de los nacionalistas vascos por la independencia total en contraposición a la autonomía.

 La divergencia entre el nacionalismo vasco y el catalán, uno de cuyos indicios es lo que acabamos de señalar, probablemente ha aumentado con el tiempo, en gran parte porque el catalanismo se convirtió y podía convertirse en una fuerza de masas únicamente desplazándose hacia la izquierda con el fin de que se integrara en él un movimiento obrero poderoso e independiente, mientras que el nacionalismo vasco conseguía aislar y, andando el tiempo, prácticamente eliminar los tradicionales movimientos socialistas de la clase trabajadora, hecho que no puede ocultar la fraseología marxista revolucionaria de la separatista ETA. Quizá no sea extraño que el catalanismo se haya apuntado un éxito más espectacular en lo que se refiere a asimilar a los inmigrantes (principalmente de clase trabajadora) que viven en Cataluña en comparación con el movimiento vasco, que en gran parte se mantiene unido gracias a la xenofobia. Mientras que en 1977 el 54 por 100 de los habitantes de Cataluña nacidos fuera de ella hablaban el catalán, sólo el 8 por 100 de los que vivían en el País Vasco pero habían nacido fuera de él hablaban el vascuence, aunque hay que tener en cuenta que esta segunda lengua es mucho más difícil.

En cuanto al otro nacionalismo de la Europa occidental que se estaba transformando en una fuerza política seria, el movimiento flamenco, entró en una fase nueva y más peligrosa en 1914, cuando parte de él colaboró con los alemanes, que habían conquistado y ocupado casi toda Bélgica. Colaboró de forma todavía más sorprendente en la segunda guerra mundial. Sin embargo, hasta cierto tiempo después de 1945 no pareció que el nacionalismo flamenco ponía la unidad belga en grave peligro. Los demás nacionalismos pequeños de la Europa occidental siguieron siendo insignificantes. Partidos nacionalistas escoceses y galeses asomaron apenas a la superficie durante los años de depresión de entreguerras, pero permanecieron en los márgenes exteriores de la política de sus países, como atestigua el hecho de que el fundador del Plaid Cymru era por afinidad un reaccionario continental del tipo de Charles Maurras, y católico por añadidura. Ninguno de los dos partidos obtuvo apoyo electoral hasta la segunda posguerra. La mayoría de los otros movimientos de esta índole apenas fueron más allá del tradicionalismo folclórico y el resentimiento provincial. Con todo, hay que hacer una observación más acerca del nacionalismo de después de 1918, lo cual nos lleva — y lo lleva— fuera de los campos tradicionales de las disputas fronterizas, las elecciones y plebiscitos y las exigencias lingüísticas. La identificación nacional en esta era adquirió nuevos medios de expresarse en las sociedades modernas urbanizadas, de alta tecnología.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

El articulo obvia que en Euskal Herria el movimiento obrero ha estado ligado, en mayor o menor medida, a la izquierda abertzale.

Anónimo dijo...

depende donde y cuando, tambien obvias que el movimiento abertzale es nacionalista, SIEMPRE coloca por encima de cuasquier interes la patria.

Anónimo dijo...

En Euskal Herria durante los ultimos 50 años. El termino abertzale esta asociado a patria no ha nacion. Cuando los revolucionarios cubanos gritan eso de patria o muerte, venceremos...Son nacionalistas??

Anónimo dijo...

En Euskal Herria durante los ultimos 50 años. El termino abertzale esta asociado a patria no ha nacion. Cuando los revolucionarios cubanos gritan eso de patria o muerte, venceremos...Son nacionalistas??

Anónimo dijo...

He copiado mi comentario como respuesta al anterior, quien gestione la pagina tiene todo mi permiso.para eliminarlo. Eskerrik asko.