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15 marzo 2017

La Santa Liga y la invasión de Navarra

Fue la guerra de la Santa Liga en Italia, promovida por el papa Julio II  y apoyada por Enrique VIII de Inglaterra lo que desencadenó la invasión por parte de los castellanos, tal y como señala Doussinague:

 "Suele decirse que aquella operación estaba decidida desde muchos años antes, lo que es inexacto, y puede afirmarse que en junio de 1511, al terminarse los preparativos del rey para pasar en persona a África con todo su ejército, en nada pensaba menos que ocupar Navarra. Solo la guerra causada por el cisma de Pisa planteó el problema de Navarra (…) Ver en aquel hecho una simple pugna entre el Rey Católico y Juan de Albret, reducir el horizonte a la visión puramente local de los hechos ocurrido en Navarra, aislándolos del resto de los sucesos de aquella guerra, o disminuir estos hasta considerarlos como el lejano fondo de aquel cuadro sin influencia decisiva sobre la acción en primer plano es cometer un error de perspectiva. No se pude desconocer que el problema fundamental, el que dominaba completamente a los demás, el que determinaba y decidía todos los actos del Rey Católico, era el del cisma de Pisa: a este subordinaba todo y en función de este deben estudiarse y comprenderse los demás" .

 A lo largo de los últimos meses de 1510 y la mayor parte del año 1511, Fernando el Católico trató de evitar involucrarse en la guerra de la Santa Liga. El cisma de Pisa decidió a Fernando a apoyar al papa, de forma que el rey de Aragón entró en la Liga el 4 de octubre de 1511, coalición de la que también formaban parte Enrique VIII de Inglaterra, la república de Venecia, el papado y a la que se uniría, posteriormente, el Emperador Maximiliano.

 El papel de Fernando en esta pugna consistía en atacar los intereses franceses en territorio italiano, lo cual llevó a cabo hasta que sus tropas fueron derrotadas en la batalla de Rávena, en 1512, combate que tuvo consecuencias e implicaciones políticas decisivas para los asuntos de Navarra: Gastón de Foix, hermano de la esposa de Fernando, murió en la batalla, liderando a las tropas francesas. Este hecho cambió la situación navarra. Gastón de Foix había reclamado para sí parte de la herencia de su hermana, la reina Leonor de Navarra. El argumento jurídico en que se basaba no carecía de peso en el derecho de la época: alegaba de que el derecho de representación -muerto un heredero, sus derechos pasaban a sus descendientes-, no era válido en los estados independientes, consideración que tenían tanto Navarra como el Bearne; según esto, ambos Estados hubieran debido ser heredados por Gastón de Foix y no por la línea sucesoria que ocupaba entonces el trono navarro. Esta reclamación había sido respaldada por el rey de Francia. Cuando la hermana de Gastón se casó con Fernando el Católico, se rumoreó con insistencia que el rey aragonés iba a poner a disposición de su cuñado las fortalezas navarras controladas por Castilla para que se adueñara del reino por la fuerza . Sin embargo, la muerte del noble en el campo de Rávena supuso que los derechos de la Casa de Foix recaían en la esposa de Fernando el Católico, Germana, por lo que el rey de Francia ya no tenía interés en apoyar sus reivindicaciones contra los Albret; más aún, los intereses franceses sufrieron con la muerte de Gastón un giro copernicano, siendo poco menos que imprescindible para Francia apoyar a los entonces reyes de Navarra. Nuevamente, los sucesos de una guerra iban a tener consecuencias jurídicas e institucionales del máximo alcance.

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