Buscar este blog

27 mayo 2017

¿Cúal es la actitud de los comunistas ante el amor libre?

En primer lugar, hay que aclarar qué entendemos por amor libre.
Antes de la Revolución de Octubre, en 1915, Inessa Armand, destacada figura del movimiento feminista internacional, se propuso escribir un folleto popular sobre los problemas sociales de las trabajadoras. Decidió aconsejarse con Lenin y le envió el plan del folleto, en el que figuraba, entre otras, la cuestión sobre el amor libre.
“En efecto, ¿qué entiende usted por eso? ¿Qué puede entender por eso?”, preguntó Lenin.
Y a continuación precisó su pregunta:
1) “¿El amor liberado de los cálculos materiales (financieros)?
2) ¿El amor liberado también de preocupaciones materiales?
3) ¿De prejuicios religiosos?
4) ¿De la prohibición del papaíto, etc.?
5) ¿De los prejuicios de la “sociedad”?
6) ¿Del ambiente estrecho (campesino, pequeño-burgués o intelectual-burgués)?
7) ¿De las ataduras de la ley, de los tribunales y de la policía?
8) ¿De la seriedad en el amor?
9) ¿De la procreación?
10) ¿Libertad de adulterio?”.
Debido a la falta de claridad, respondió Lenin, los lectores del folleto pueden comprender fácilmente por “amor libre” los tres últimos puntos. Ese enfoque no tiene nada en común con la visión comunista.
Los comunistas entienden que el verdadero amor significa unas relaciones entre el hombre y la mujer exentas de todo lo que no tiene relación directa con el amor. Al entender de los comunistas, la libertad de amar es aquella que es libre de los cálculos materiales, del afán de lucro, de todo género de prejuicios, de la hipocresía, del arbitrio de los padres y de las leyes injustas. Dicho en otros términos, la completa libertad de amar es la libertad de elección de los cónyuges, de contraer matrimonio sólo por amor.
Polemizando con Lenin, Inessa Armand aseveraba que incluso la pasión momentánea es más poética y pura que los besos conyugales sin amor. Es una contraposición ilógica, le respondió Lenin. El beso sin amor entre cónyuges infieles es, en efecto, una inmoralidad. Sin embargo, ¿por qué hay que contraponerle no el beso con amor, sino unas relaciones casuales? Pues ¡todo lo “efímero” de hecho tampoco es amor!
Estas observaciones de Lenin explican en gran medida el concepto que los comunistas tienen del amor y de las relaciones matrimoniales y familiares.
En la Rusia zarista imperaban leyes y costumbres que con frecuencia entorpecían el enlace de los enamorados. Los lazos matrimoniales se rompían debido, por ejemplo, a que ella era rica y él pobre; él era noble y ella campesina, él musulmán y ella pertenecía a la religión ortodoxa, etc. Los padres casaban con frecuencia a sus hijas contra la voluntad de éstas, por la conveniencia de un matrimonio “ventajoso” con un individuo no amado pero sí rico. Era dificilísimo divorciarse. En las relaciones matrimoniales había hipocresía, falsedad, despotismo e injusticia.
En el régimen socialista se han asentado unas nuevas relaciones humanas, lo cual no ha podido por menos de reflejarse también en las relaciones entre el hombre y la mujer, que ha obtenido la completa igualdad, y en la estructura familiar.
En los primeros años que siguieron a la Revolución de Octubre, en el difícil período de transición, hubo quienes rechazaban la vieja y monstruosa moral, pero caían en otro extremo y errores. Fueron, por ejemplo, los partidarios de la teoría anarquista del “vaso de agua”. Decían que en la sociedad comunista el satisfacer la necesidad sexual sería tan sencillo e insignificante como beberse un vaso de agua.
Los comunistas rechazaron categóricamente esa concepción. El verdadero amor requiere siempre una peculiar pureza, atención mutua, porque en el amor participan dos y puede surgir una tercera vida. Entraña una gran responsabilidad, se contraen deberes para con la persona amada y con los descendientes y, por consiguiente, con la sociedad.
Las declaraciones seudorrevolucionarias de los propagadores de la teoría del “vaso de agua” no tuvieron respaldo alguno en la sociedad socialista. Pero eso, claro está, no significa que ahora en nuestro pais hayan desaparecido del todo los aficionados a los lazos “efímeros” y no haya matrimonios que no duran toda la vida.
Los comunistas no proclaman el ascetismo ni simplifican el problema de las relaciones entre el hombre y la mujer. A los individuos de la nueva sociedad les es propio la plena relación con el mundo que les rodea y muy entrañables las alegrías de la vida. Pero, por lo general, les son ajenos los excesos, las deformaciones, el enfoque frívolo del amor y del matrimonio.
Los comunistas se pronuncian en pro de que el amor sea libre. Pero libre no de sus cimientos humanos, sino de todo lo que pueda tergiversarlo y entorpecer que se manifiesta plenamente. En esto consiste la auténtica libertad de amar, conforme a nuestra comprensión.

No hay comentarios: