11 mayo 2017

Sobre el desarme de ETA: El proceso de paz vasco y los artesanos de la paz

*Este artículo no se centrará en analizar el recorrido del grupo armado ETA ni del Movimiento de Liberación Nacional Vasco, con sus aciertos y sus desviaciones ideólogicas y errores tácticos. El objetivo de este artículo es analizar el desarme de ETA desde un punto de vista de clase, así como desmontar toda la terminología burguesa de “paz” y “convivencia” que envuelve a este hecho.
Tras más de 50 años de recorrido, el pasado 8 de abril se concluía el desarme de Euskadi Ta Askatasuna (ETA) en la localidad de Baiona. Un desarme que se encuentra enmarcado dentro de la nueva estrategia de la izquierda abertzale oficial de proceso de paz y “convivencia para la ciudadanía”; una estrategia de claudicación y sumisión ante el imperialismo que, pese a venir de años atrás, fue consumada en su programa Zutik Euskal Herria y posteriormente en la Conferencia de Aiete en 2010, y que parece estar encauzado. Un desarme diseñado por la Comisión Internacional de Verificación (CIV), agentes del imperialismo occidental dedicados a participar en desarmes de otros grupos armados y de asegurar así la paz para los estados burgueses, que como ellos mismos dicen “tiene el objetivo de facilitar diálogos políticos para reducir conflictos violentos.”
Dentro de esta comisión destacan miembros como Ronnie Kasrils (ex Ministro de Inteligencia y Viceministro de Defensa de Sudáfrica), Chris Maccabe (ex Director político de la Oficina de Irlanda del Norte del Reino Unido y ex jefe de Regímenes Penitenciarios de Irlanda del Norte), Ram Manikkalingam (director del Dialogue Advisory Group y Profesor en la universidad de Amsterdam y ex asesor del Presidente de Sri Lanka para las negociaciones con los Tigres tamiles), Satish Nambiar (ex Vicejefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas de la India y ex Comandante y Jefe de Misión de la Fuerza de protección de las Naciones Unidas en la ex Yugoslavia en 1992 y 1993) o Aracelly Santana (ex Representante Adjunta del Secretario General de las Naciones Unidas y Jefa Adjunta de Misión de las Naciones Unidas en Nepal (UNMIN) y ex Directora de la Oficina de las Ámericas, Departamento de Asuntos Políticos de las Naciones Unidas) entre otros.[i] Es evidente de qué bando son estos representantes, del imperialismo, y que si son estos los que dirigen el desarme, ¿hacia dónde irá encaminado este? Pues a reforzar sus intereses de clase. Querer vender a las masas que es un desarme promovido por la sociedad vasca es ocultar el verdadero carácter de clase y los intereses de estos agentes, es engañar y presentar como algo en favor de toda la sociedad cuando lo único que favorece y refuerza son las fuerzas del imperialismo; tras conseguir la claudicación ideológica de un movimiento de liberación nacional consiguen ahora también su claudicación militar.
El único objetivo de estos agentes no es otro que el de evitar conflictos violentos que se den con el imperialismo, pues no exigen ningún desarme al estado español y francés y por lo tanto refuerzan el monopolio de la violencia por parte de estos. Fiel a sus intereses de clase, el imperialismo utiliza a sus agentes que, en nombre de los derechos humanos, pretenden desarmar a cualquier grupo que ponga en peligro la supuesta armonía que reina en la sociedad, que no es más que la armonía para la burguesía que ellos mismos vienen a reforzar.
Nosotros no negamos que en ciertos casos se pueda negociar con el imperialismo por cuestiones tácticas que no hacen variar la estrategia; no negamos que estas negociaciones puedan ser favorables a las posiciones revolucionarias. Pero estas pueden suponer un avance para la revolución (que no es este el caso de la izquierda abertzale) si se hace de tú a tú, si la fuerza que negocia con el imperialismo lo hace desde una posición de poder. En el caso contrario sucede que estos acuerdos se convierten en órdenes del imperialismo, pues él está negociando desde el poder absoluto mientras que la otra parte no posee nada con el que ganar algo. Y eso es lo que ha ocurrido en los acuerdos de la Izquierda Abertzale con el imperialismo, que han ACATADO la hoja de ruta del proceso de paz que estos les han ordenado, pues la izquierda abertzale parte estas negociaciones desde una posición de debilidad, ya que se encuentra derrotada tanto a nivel represivo como a nivel ideológico.
Que este desarme no significa un avance revolucionario ni progresista es más que evidente. Lo único que se ha conseguido es reafirmar el poder del estado y asegurar su paz. Pero además de eso, es de remarcar que ni siquiera se han conseguido los objetivos que tenían, que no han conseguido ni negociar con el Estado, pues este proceso de paz se ha realizado unilateralmente, es decir, ya no solo es una derrota ideológica de principios y de claudicación ante el imperialismo, sino que entendiéndolo desde el reformismo armado también se puede considerar como un absoluto fracaso, ya que ni han logrado ni van camino de lograr sus mínimos objetivos que se encontraban dentro del marco imperialista, así como el acercamiento de los presos o el denominado derecho a decidir. El estado español y francés no se ven obligados ni presionados a mover ni un ápice ante un movimiento que ha sido derrotado tanto ideológicamente como militarmente.
Entendiéndolo desde una posición marxista-leninista, es muy preocupante también la terminología que se ha usado al envolver este desarme, basada sobre todo en términos como “paz” y “convivencia” de la sociedad, haciendo creer a las masas populares la armonía que reina y que debe reinar en esta sociedad, ocultando la existencia de clases sociales antagónicas y el carácter de clase del estado, en defensa siempre de la clase de los explotadores. Los que analizamos el desarrollo de la sociedad a través del materialismo dialéctico y no nos dejamos llevar por el idealismo ni las ideas abstractas sobre la paz y el estado, sabemos bien que en el momento en el que dentro de una sociedad existe la propiedad privada sobre los medios de producción, esa sociedad se divide en clases sociales antagónicas, entre explotadores y explotados y que por lo tanto no puede existir una convivencia entre toda la sociedad, pues esta la componen clases sociales antagónicas en lucha. También es necesario analizar el carácter de clase del estado, herramienta de las clases explotadoras para reprimir a las clases explotadas y así asegurar el poder de los primeros. Los que hablan de la paz en abstracto sin tener en cuenta que en una sociedad de clases el monopolio de la violencia queda en manos del estado como representante de las clases explotadoras, y los que al apostar por esa paz abogan por desarmar a cualquier miembro no perteneciente al estado, lo único que buscan es reafirmar el poder de la burguesía a través del estado y fortalecer el poder estatal, que el monopolio de la violencia quede en sus manos. Como curiosidad y como prueba también de lo que entiende esta gente por “convivencia de la sociedad”, ETA en su comunicado de desarme dice que deja las armas en manos de la sociedad civil y de Euskal Herria[ii], mientras que es la policía francesa la que incauta todas las armas. Una prueba más de cómo nos quieren vender algo como la paz para el pueblo mientras que lo único en lo que se ha convertido es en el fortalecimiento de la paz para el estado y para el imperialismo.
“Los sociólogos y juristas burgueses presentan al Estado capitalista como una institución situada por encima de las clases y al margen de ellas; situada, a su modo de ver, por encima de la sociedad. Algunos de ellos sostienen que el Estado es una organización destinada a “mantener el orden” que, a la manera del guardián nocturno, vela por el descanso de todos los ciudadanos. Unos definen el Estado como el vínculo que mantiene unida a la sociedad y le impide desintegrarse, otros afirman que la misión del Estado consiste en mitigar las contradicciones de clase, en conciliar entre sí a las clases enemigas y así sucesivamente. Todas estas “teorías” coinciden en una cosa: en negar la naturaleza de clase del Estado.”[iii]

“Las falaces invenciones acerca del Estado que se nos dice situado por encima de las clases se encarga de refutarlas toda la realidad efectiva y cotidiana de los Estados burgueses y en particular su actividad en los momentos de los choques de clases entre el proletariado y la burguesía, en que todas las armas del poder del Estado: la policía, el ejército, los tribunales de justicia, etc., se ponen abiertamente en acción para aplastar a los obreros.
En realidad, el Estado es la organización política de la clase económicamente dominante. El Estado es la organización puesta en manos de la clase dominante como arma para aplastar a las otras clases.”[iv]

Además de esto se ha podido ver cómo este desarme, controlado por los agentes del imperialismo de arriba abajo, se ha realizado a través de los llamados Artesanos de la Paz, supuestos voluntarios de la sociedad civil para llevar a cabo el desarme “ante la pasividad de los gobiernos español y francés.” La imagen de la implicación del pueblo en este desarme es un argumento al que intentan recurrir una y otra vez para conseguir legitimidad a ojos del pueblo, para que no se desenmascare del todo su falaz imperialista. Pero el día del desarme también se ve que es este grupo de la “sociedad civil” el que pasa la información sobre los depósitos de las armas a la Comisión Internacional de Verificación para que después estos lo pasen a las autoridades francesas. Con esto queda en evidencia que este grupo civil que supuestamente brota mágicamente de los deseos de paz de la población no tiene independencia alguna, y que todos sus movimientos son en base a estos agentes del imperialismo antes mencionados, que no se salen ni un punto de los esquemas impuestos por estos. Que la sociedad vasca ha tenido peso en este desarme es un engaño; la hoja de ruta del desarme y del denominado proceso de paz se diseñó desde el imperialismo y comenzó a aplicarse tras la Conferencia de Aiete, en reuniones entre los agentes del imperialismo y la camarilla de burócratas de ciertos partidos y sindicatos de Euskal Herria. El pueblo vasco no ha diseñado ni ha sido partícipe del desarme, ni siquiera ha tenido la oportunidad de elegir cómo tendría que ser ese supuesto proceso de paz. Al pueblo se le ha presentado una hoja de ruta ESTABLECIDA en la que se le hace ver que es ese el único camino, la única vía posible, y que no puede realizarse nada al margen de eso. Y así ha sido, un proceso de desarme diseñado por agentes del imperialismo expertos en desarmar grupos armados y fortalecer el poder de la clase al que defienden, en el que se lo han impuesto al pueblo y no le han dejado elegir las variantes que pudieran tomarse, dándole la única opción de o colaborar o dejar de molestar y convertirse en “enemigo de la paz y la convivencia.”
Además, estas armas no solo han quedado en manos del imperialismo sino que han acabado en manos del estado francés, ese enemigo del MLNV contra el que ha luchado durante años. A pesar de que han intentado ocultar la entrega de armas que han hecho a este estado a través de mediadores de la sociedad civil y agentes del imperialismo, es evidente que las armas que supuestamente han dejado en manos de Euskal Herria han ido a servir al estado francés, estado que ha oprimido durante siglos la parte norte de Euskal Herria y no ha dudado en reprimir a los militantes del MLNV, además de ser un instrumento de la burguesía para afianzar su poder y reprimir a la clase obrera, como cualquier otro estado burgués. Ese estado al que ellos mismos denominaban como “entorpecedor de la paz” y que ahora les entregan las armas a cambio de nada, legitimándoles completamente como únicos valedores del uso de la violencia.
Como hemos mencionado al comienzo del artículo, no entraremos a valorar ni a hacer balance de las acciones de ETA. Lo que sí valoramos y de forma muy negativa para la lucha revolucionaria que inevitablemente tendrá que librar la clase obrera tarde o temprano, es la forma de claudicación en la que se hace este desarme: a órdenes del imperialismo y sus agentes y por si fuera poco sin conseguir ni siquiera los mínimos puntos reformistas, además de estar rodeado de una parafernalia burguesa en la que el imperialismo quiere imponer su ideología dominante de rechazo de cualquier violencia que no venga del estado y la apuesta de una supuesta sociedad de paz y convivencia, ocultando así la explotación que sufre la clase obrera y negando la lucha de clases. Está más que comprobado a través de las diversas experiencias de desarmes de grupos armados que estos hechos manejados por el imperialismo sirven para reforzar el poder estatal y las fuerzas del imperialismo, además de hacer hincapié en la reconciliación nacional, en lo que ellos denominan “paz y convivencia entre toda la sociedad.” Si el actual gobierno español no es favorable a este desarme no es por los intereses de la clase a la que defiende, sino por su carácter reaccionario y sus ansias de venganza, además de que al estar ETA y el MLNV derrotados tanto militar como ideológicamente el gobierno no se ve obligado a mover ni un ápice. Los intereses de clase que esconde este desarme no hay que buscarlos en si lo apoya un partido político concreto, sino en qué circunstancias se da, qué consecuencias tiene y adónde está dirigido, que como ya hemos mencionado anteriormente lo está a reforzar el aparato estatal burgués y el monopolio de la violencia por parte de este.
Como marxistas-leninistas rechazamos este denominado proceso de paz que no es más que el desarme de un grupo que ha confrontado de forma armada con el Estado, y el fortalecimiento de la paz para los sectores más reaccionarios de la burguesía y para el Estado, para el imperialismo. Somos conscientes, como hemos explicado anteriormente, que mientras la sociedad esté dividida entre clases antagónicas, es decir, entre burgueses y proletarios, no habrá paz y convivencia para toda la sociedad y que tarde o temprano la clase obrera tendrá que hacer uso de la violencia, esa que tanto se desprestigia desde el entorno de este desarme para derrocar el poder de la burguesía e instaurar el socialismo. También tenemos claro que la lucha armada debe de practicarse cuando las condiciones materiales así lo exijan, es decir, cuando el movimiento revolucionario esté en auge y sea inevitable la revolución, y que esa lucha armada debe de encaminarse a que la clase obrera tome el poder e instaure el socialismo. Obviar esta ley general de la revolución y practicar el reformismo armado lleva a tener como objetivo lograr concesiones del estado y negociar con él, y no la toma de poder; el reformismo armado busca las migajas del estado mientras que la lucha revolucionaria plantea acabar con su poder, derrotarlo. Es de reseñar que esta práctica del reformismo armado no siempre asegura esas migajas para el grupo armado negociante, y que a veces estos ni siquiera consiguen sus objetivos reformistas. Es lo que ha sucedido con ETA, un grupo que ha emprendido las negociaciones de su cese armado cuando estaba derrotada, que ha confiado sus migajas en los agentes del imperialismo pero que no ha tenido en cuenta que el estado no tiene ningún interés en negociar con un grupo derrotado, pues este no se guía por lo moral o la “convivencia para la sociedad”, sino por sus intereses de clase.
[i] De Acero, número 7. Informe sobre la situación del Movimiento de Liberación Nacional Vasco y el llamado “proceso de paz” vasco: Enero de 2016
[ii] Comunicado de ETA. 7 de abril de 2017.
[iii] Manual de Materialismo Histórico. Academia de ciencias de la URSS, instituto de filosofía; F.V. Konstantinov; Editorial Grijalbo, 1957
[iv] Manual de Materialismo Histórico. Academia de ciencias de la URSS, instituto de filosofía; F.V. Konstantinov; Editorial Grijalbo, 1957

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