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20 junio 2017

Breve borrador para el debate sobre el derecho de autodeterminación

Introducción:
Existe una imperante necesidad en el movimiento popular en general y en el Movimiento Comunista en particular de abordar esta cuestión ya tan trabajada. Esta necesidad está determinada por dos cuestiones fundamentalmente: 1era, el abandono o vago desarrollo de esta cuestión por parte de algunos sectores del Movimiento Comunista; y 2do, una situación coyuntural en la que el campo independentista hegemónico en el Estado Español se está reelaborando en base a premisas cada vez más supeditadas al imperialismo, de índole menos popular y en la que la cuestión nacional se está convirtiendo en la cuestión fundamental a cualquier precio (en ocasiones y paradójicamente el precio a pagar es la misma nación). Por tanto, hemos visto de vital necesidad reavivar este debate con la seriedad merecida, más allá de una declaración de principios o limitado artículo de opinión sobre simplistas formulas ante una realidad tan compleja como esta.
Es importante establecer, en primer lugar, un matiz muy importante y básico sobre el concepto de autodeterminación y el trato que se le da actualmente, ya que es problemático en tanto que los conceptos, construidos y dotados de sentido de tal o cual manera, pierden efectividad a la hora de comunicar esta o aquella idea sobre la realidad a la que se refieren.
Se está dando énfasis a la idea de autodeterminación de pueblos o naciones como simple referéndum, como hecho puntual dentro de un proceso y no como un proceso en su totalidad. Es decir, el mismo poder político no es conquistado en el marco de lucha en el que se da el proceso de autodeterminación, si no que se hace una concesión puntual de poder político mediante plebiscito. Y aquí, como tal, la autodeterminación no se da en tanto no se conquista el poder político, no se varía la correlación de fuerzas en el campo de batalla. Solo mediante un proceso de conquistas políticas puede darse la autodeterminación; un referéndum es un representante formal de un salto cualitativo dado en este campo.
Intentaremos poner sobre la mesa ciertas problemáticas que aparecen durante la reflexión de este tema.
La nación:
Tal vez este sea uno de los temas más difíciles conceptualmente hablando al que nos podamos enfrentar en este escrito. Preguntarse qué es la nación es algo muy complejo que no se puede resolver sin situarla históricamente. De hecho, la nación en Europa se desarrolla como tal durante el desarrollo del capitalismo. ¿Quiere decir esto que previo al capitalismo no existieran agrupaciones humanas integradas? No, lo que quiere decir es que la forma particular que toma ese grupo étnicamente homogéneo, aunque con amplias variaciones regionales, durante el capitalismo es lo que actualmente conocemos como nación.
La creciente acumulación económica y de poder político por parte de la burguesía (y la formación del Estado burgués) dan lugar a un creciente comercio dentro de su marco de lucha de clases, lo que afianza unas relaciones económicas integradas entre las diversas regiones que el Estado reclama para sí. Así mismo, los intelectuales afines a la burguesía comienzan a desarrollar no solo la ideología jurídica del Estado burgués, sino que también desarrollan su ideología nacional, la cual está estrechamente relacionada con el interés de la burguesía de homogeneizar un marco de relaciones económicas internas en base a una identidad única de las distintas regiones del territorio reclamado, que si bien pueden ser parte del mismo grupo étnico existen variaciones regionales. Por tanto, los intelectuales burgueses empiezan a establecer qué es ser español, francés, vasco y un amplio etc. Una tipología ideal generalmente establecida en base a unos criterios étnico-identitarios sesgados que la burguesía asume y extiende a la población que se encuentra en su marco de influencia. Por tanto, es esta intelligentsia la que determina lo que es la identidad nacional, cuáles son sus particularidades, y por tanto, quien, oficialmente, pertenece a la nación. Siendo lo oficial un elemento coercitivo de gran poder, se asumen las características identitarias esbozadas por los intelectuales nacionalistas como referencia de la construcción identitaria de la nación en cuestión y de una reorganización de la cultura nacional oficial, cuando es posible que de facto las costumbres cotidianas de amplia parte de la población no coincidan estrictamente con lo oficialmente estipulado. Es preciso recalcar que si bien la construcción de la identidad nacional toma elementos propios de las clases populares, estas no están inmersas en el proceso constructivo de la identidad nacional oficial en tanto que no participan ni en el Estado ni en otras estructuras políticas que son las encargadas mediante los medios ideológicos a su alcance en trasladar la idea de identidad nacional homogénea a su población. Uno de los elementos fundamentales de la autodeterminación, tanto en su concepción socialista como popular, necesita de asumir que la cultura y la identidad, aun por suponerlos como elementos sustanciales más allá de la influencia racional y científica, necesita dotarse en esta época de dura agresión ideológica y cultural del imperialismo de herramientas para su propiocepción y auto-conciencia como elemento fundamental en la que se puedan identificar los elementos genuinamente populares de la cultura y desechar aquellos elementos alienantes propios de la cultura de masas capitalista cada vez más arraigada (lo más temible de todo esto es que ocasionalmente se confunde la cultura de masas o degradaciones de la misma con cultura popular y se le da un valor subalterno cuando es propiamente producto mismo del capitalismo).
Debemos asumir que la nación solo toma forma como tal cuando existe una clase social dominante económica y políticamente con la pretensión de unificar a las regiones que comparten lazos histórico-culturales bajo una misma identidad nacional, que además de identificarse culturalmente, es capaz de identificarse jurídica y políticamente. Cabe destacar que la integridad de la misma nación o regiones que la conforman se establece mediante lazos económicos, relaciones comerciales y de producción, puesto que sin estas relaciones materiales dos territorios étnicamente homogéneos se irán diferenciando por la carencia de unas relaciones que afiancen la reproducción de sus particularidades culturales y el intercambio de símbolos y costumbres que los asemejan. Los casos más perfectos son los de los llamados Estados-nacionales, puesto que conforman una idea jurídica de derechos y deberes (generalmente mitológico e idealista) en los que su población se reconoce como ciudadanos de los mismos (la pepa, la constitución del 78 etc…). Sin embargo, la construcción de la nación no se da exclusivamente mediante Estados que asumen como oficial una nacionalidad y la pretenden extender a todo el territorio Estatal, puesto que la influencia de las clases dominantes es variable en distintos territorios del mismo Estado dependiendo de diversas variables histórico-políticas.
Conciencia nacional y ¿de clase?
Hay que destacar que en todo proceso político aparece la ideología y la lucha de clases, de manera más o menos evidente, como elemento fundamental y constitutivo de este proceso, y negarlo supone alienación de la realidad concreta, la no-conciencia. En tanto que todo proceso político está dividido por fuerzas políticas está dividido por clases sociales o posiciones inherentes a las mismas o a otras variables sistémicas. Y esto no es menos en relación al tema de la autodeterminación. ¿Quién dirige el proceso de autodeterminación? No todos los posibles procesos de autodeterminación en una misma nación o pueblo llevan al mismo lugar… Asumir que el proceso de autodeterminación lo reclama una nación como tal en contra de un(os) Estado(s) opresor(es) es simplismo del más interesado, pues como ya hemos dicho, la nación como formación económico-social puede tomar diversas formas particulares dependiendo de qué clase social sea la dominante. Se dice, por ejemplo, que “España nos hunde” por economía del lenguaje, cuando es simplismo del mensaje, ya que decir que “la burguesía del Estado español (y más que esta) nos hunde a los trabajadores vascos, catalanes, gallegos, canarios, castellanos… y de los países periféricos y otros continentes no quedaba tan pomposo. Y es que, todo proceso de autodeterminación, nacionalismo o idea de patria, lleva una ideología de clase claramente impregnada, puesto que esa idea de patria o nación, de Estado particular o carencia del mismo, esa comunidad imaginada del futuro al que queremos pertenecer corresponde a una formación económico-social particular, donde existen clases sociales que ejercen un poder político, son explotados o explotadores, o que están en vías de desaparecer.
Sin menospreciar la profundidad conceptual que pueda llegar a tener la “conciencia nacional”, en la mayoría de los casos supone hablar de hegemonía de la burguesía en tanto no exista conciencia de clase por parte del proletariado, puesto que la idea abstracta de nación y patria es lo más alienante en esta materia. Con una idea alienada de la nación o de la patria no puede darse conciencia de la realidad material, no puede darse conciencia de clase, y por ende, no puede darse conciencia nacional en tanto no se comprenda a la misma como un campo de lucha de clases y no un lugar de armonioso reencuentro fraternal. Sin un proyecto político para la clase obrera vasca no existirá Republica Socialista Vasca. Si nos dejamos llevar por las ensoñaciones que la burguesía ha elaborado para nosotros lo único que conseguiremos es afianzar su poder político.
La construcción de la Republica Socialista Vasca pasa por la construcción del Partido Comunista de Euskal Herria
En tanto que hemos afirmado la existencia inapelable del carácter de clase existente en el proceso de autodeterminación, en Euskal Herria ese proceso pasa por la construcción del Partido Comunista, puesto que ya no hablamos de la autodeterminación de una nación en abstracto, si no de la autodeterminación de la clase obrera vasca hacia el socialismo, pasando inevitablemente por la independencia de clase, por la conciencia organizada como premisa fundamental para el cumplimiento del objetivo estratégico que es la Republica Socialista Vasca. Otra fórmula organizativa es equivoca, es dejar en manos de la burguesía la liberación nacional (si realmente la hubiera) y no asumir que solo la acción revolucionaria de los trabajadores puede liberarnos del yugo imperialista.

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