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06 junio 2017

Experto Marxista en Islam: no hay intelectuales musulmanes que conozcan el islám


Entrevista a: Maxime Rodinson
Pedro Brieger*
* Lic. en Sociología. Profesor de Historia Política y Económica en el Medio Oriente UBA y del
Seminario: El Islam en el mundo contemporáneo de la Maestría en Relaciones Internacionales de la
UNLP
Resulta casi imposible realizar un estudio sociológico sobre la religión, y el Islám en particular, sin apelar a los textos de Maxime Rodinson, tal vez la autoridad máxima sobre el tema en Europa Occidental. Sus libros Mahoma, El nacimiento del mundo islámico, Islám y capitalismo, Los árabes, Islám y política y La fascinación del Islám son algunas de las fuentes indispensables para comprender la evolución de toda una civilización que hoy abarca a más de mil millones de personas, la quinta parte de la humanidad .
Rodinson hace gala de conocer al mundo árabe e islámico a la perfección apoyado siempre por sus
experiencias vividas en los países que visitó y por miles de libros -entre ellos diccionarios de varios idiomas- que rodeándolo pueblan la biblioteca de su casa en el centro de París. Una de sus características es la meticulosidad y rigurosidad en cada una de las palabras que pronuncia; por eso critica el uso y abuso de frases convencionales que le quitan su verdadero sentido a los términos. "Yo advertí contra la utilización de la denominación islamismo que lleva a confusiones horribles -dice criticando a los jóvenes estudiosos del Islám-: nombrar a los movimientos islámicos no debería significar o mismo que islamistas".
Rodinson se interna en la relación dialéctica que se construye entre Occidente y el Islám. Mientras no deja de alertar contra la imagen deformada que los medios de comunicación brindan del Islám o su simplificación y asociación a una horda de fanáticos, tampoco se olvida de señalar que algunos musulmanes contribuyen a que ésta visión crezca en Occidente.
Su trayectoria y autoridad también le permiten criticar a dirigentes e intelectuales islámicos sin necesidad de recurrir a frases "diplomáticas" o de compromiso; lisa y llanamente considera que no hay intelectuales islámicos que conozcan el islám. Por esta razón no parece tan preocupado por la práctica política que ellos puedan tener, le inquieta más su desconocimiento del Islám. Por esta razón no parece tan preocupado por la práctica política que ellos puedan tener, le inquieta más su desconocimiento del Islám, en nombre del cual hablan, construyen teorías y movimientos políticos.
Da la impresión que para Maxime Rodinson "el estudio del Islám y todo lo relacionado con la religión forma parte de un desafío intelectual" cuya matriz es el espíritu crítico y una línea de conducta de la cual no está dispuesto a renegar. "Todo fenómeno debe poder ser objeto de un examen científico. Ningún tabú es admisible, toda concepción debe poder ser estudiada desde un punto de vista crítico."

PB: Su trayectoria académica y de investigación sobre temas referentes al islám tienen una particularidad, usted es de origen judío, fue durante muchos años miembro del Partido Comunista Francés, reivindica el marxismo y - por el otro lado- es uno de los estudiosos occidentales más importantes del islám. ¿Usted cree que sus orígenes e ideología tuvieron algo que ver en la búsqueda por desentrañar los misterios del islám?

MR: Mis padres eran comunistas y yo formé parte de !as filas del Partido Comunista desde mi juventud. Tal vez justamente por eso me sentí atraído por la historia de la religión y leí mucho sobre el tema. Siempre me pareció que había un parentesco entre el comunismo y el islám; pensaba que se podían encontrar los mismos fenómenos. Esto fue así muy especialmente cuando escribí mi libro sobre Mahoma1; pensé mucho en Stalin aunque -por supuesto- no fueron lo mismo. Yo tenía que enfrentar siempre el mismo problema de configuración transhistórica, eterna: esto es, cuando una escuela de pensamiento busca una escuela, el líder de esa escuela se convierte en un poder temporal sobre la tierra. Esto siempre me fascinó. Si bien es cierto que soy marxista. lo soy en cierto sentido, pero no en otro. No creo más en la unidad de "el marxismo" tal cual lo plantean algunos marxistas como Samir Amin.

PB: Usted mencionó su estudio sobre Mahoma aclarando que había pensado en Stalin. ¿Considera que es posible encontrar trazos comunes entre ambas personalidades?
MR: Ambos eran hombres sinceros. Contra lo que dicen muchos pienso que Stalin era sincero y que tenía un cierto sentido de la justicia. Mahoma, bajo el manto de la Shahada, la unidad de Dios, quería construir una sociedad justa; después llegó al poder. Pero cuando se llega al poder hay problemas que no se pueden resolver simplemente con el rezo o la confianza, o el pensamiento en Dios. Una vez en el poder los problemas hay que resolverlos como hombres políticos -porque los problemas son netamente políticos- incluso haciendo concesiones. Aunque Mahoma no lo haya entendido inmediatamente él era un hombre político, pero también comprendió que era un genio de la política, pero también comprendió que era un genio religioso cuando era necesario serlo.

PB: Todos los dirigentes de los movimientos islámicos de la actualidad consideran que retoman las enseñanzas teóricas y prácticas del Profeta Mahoma. ¿En su opinión, cuáles de ellos son los que tienen mayor formación teórica para comprender su legado?
MR: La verdad, no los hay. Michel Chodkiewicz, un musulmán con una visión mística del islám -a la cual adhirió mucho antes de la ola de simpatía de estos últimos tiempos- y que fuera director de la editorial Seuil (hoy dirige la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales) me dijo una vez al retornar de un viaje por el Medio Oriente que ni siquiera allí conocía a alguien con formación teórica...

PB: ¿No considera que Ali Shariati, el sociólogo iraní que sus cátedras universitarias para combatir al Sha Reza Palevi, fue un intelectual conocedor del islám?
MR: Como muchos otros jóvenes era un ignorante del islám clásico. Shariati hizo una síntesis de lo que aprendió en París con Michel Foucault y otros pensadores de moda; con todo eso hizo una ensalada. Por lo general la mayoría de los pensadores están encerrados en el viejo islám, tienen razonamientos típicos del Medioevo y estudian bien algunos temas del islám clásico -como el derecho musulmán- sobre los cuales pueden hacer muy buenos trabajos.

PB: De sus palabras se desprende que no hay intelectuales musulmanes que conozcan el islám; eso es muy extraño...
MR: No lo conocen históricamente. Lo conocen de la misma manera que algunos teólogos del catolicismo conocían su religión en el siglo XIX y XX. A los que tenían una idea de cómo concebir el catolicismo pero no tenían ningún tipo de audiencia, estaban relegados por la jerarquía. En el protestantismo pasó algo similar aunque había una tradición que permitía mayores innovaciones. Pero también allí había decenas de sectas que buscaban encontrar una construcción intelectual -aunque a veces muy abstracta e inteligente- que las satisfaciera manteniendo lo esencial del dogma cristiano. Los intelectuales musulmanes están más atados, por la presión social que les impide tomar una actitud histórica y crítica frente a su propia religión, algo que tenemos en Europa desde el siglo XVI. La presión es muy importante porque hay una especie de "patriotismo" -tal cual sucedió con
el comunismo- que evita acusar o romper por miedo a ser considerado un traidor. Lo que atemoriza a todo el mundo. Como en los países musulmanes el Estado no se anima a enfrentar esta presión social, se conforma con una imagen del islám donde nada se mueve. Una vez conocí un iraquí que estuvo trabajando sobre la vida de Mahoma, pero como tenía que reconocer que el Corán tiene diferentes facetas, y que el propio Mahoma había cambiado, terminó haciendo algo sobre la propiedad de la tierra en el siglo I de la Hégira. Esto refleja el hecho de que los ideólogos tradicionales dominan a los otros.

PB: En el islám hay una obra clave que da pie a todas las interpretaciones, el Corán. En Irán hubo una
revolución liderada por teólogos islámicos que dicen seguir las enseñanzas del Profeta Mahoma y del Corán;¿usted cree que los intelectuales iraníes siguen el Corán?
MR: Lo siguen, pero los textos del Corán no sirven para nada sin las interpretaciones. Hay que saber lo que se quiere decir en cada una de ellas y por o general no son para nada claras. Algunas frases son claras pero... hay que interpretarlas; y sabemos que la interpretación tradicional del shiismo no es la misma que la del sunnismo o de otras vertientes. Lógicamente ellos se esfuerzan para encontrar el verdadero sentido del Corán, pero por supuesto no pueden. Yo no creo que el Corán sea el libro de Alá, pues si así fuera, yo seria musulmán, pero existe y es necesario comprenderlo. El Corán transmitía el mensaje de un hombre oprimido que, en determinado momento, se había indignado contra la injusticia y la opresión, desafiando a los poderosos y llamando a la equidad y la igualdad de los hombres. Por otra parte, la prosa del Corán es muy especial y entre los musulmanes se enseña que nadie puede hacer nada semejante, aunque no faltaron en el pasado los que dudaran de que fuera incomparable. No hay porqué asombrarse de que los musulmanes estén convencidos de su perfección y que se indignen cuando se lo cuestione; al fin y al cabo, es texto que recitan con fervor desde la infancia, lo estudian y están impregnados por él. Pero lo mismo sienten católicos o protestantes con ciertos textos sagrados; el problema es para los que, desde afuera, no ven nada que les parezca justificar ese deslumbramiento. De todas maneras, hay que aclarar que la situación cambió tanto desde la época de Mahoma, que nadie sabe que quizo decir el Profeta, o el mismo Alá. La prueba es que hay volúmenes y volúmenes que se escribieron durante la Edad Media, comentarios y explicaciones, todos discuten. Y se excomulgan.
Hay muchas interpretaciones sobre cada cosa y diversas escuelas sobre la fiq, las leyes.6
Los teólogos iraníes tienen sus ideas y tratan de aplicarlas aunque también se dividen en varias tendencias, de eso no hay duda y cada uno puede citar el Corán o no importa que texto. William Shakespeare decía que "sólo el diablo puede citar no importa cuál de las escrituras para apoyar sus teorías" o que es absolutamente cierto.
Los intelectuales por lo general son inteligentes y utilizan su inteligencia para interpretar los textos a su manera, incluso para hacerles decir lo contrario de lo que dicen. Pascal contaba que en una oportunidad alguien le objetó a un jesuita algunos puntos de la doctrina cristiana. El jesuita no podía responder, en realidad no sabía que responder: entonces dijo que iba a hablar de otro tema. ¿Cuál es el verdadero marxismo? ¿El verdadero cristianismo? ¿El verdadero islám?

PB: ¿Usted piensa que los movimientos islámicos también están en la búsqueda de la palabra de Mahoma?
MR: Evidentemente. Cada vez que uno hace un análisis histórico se da cuenta de que no hay una vuelta a Jesús, Mahoma o Lenín. La búsqueda del retorno es sincera, pero no es tan fácil porque uno está influenciado por las ideas de este siglo. Estos movimientos creen que retoman las ideas de Mahoma, pero no pueden hacerlo porque en realidad las ideas de Mahoma se las conocen muy poco. La gente que conoció al Profeta es mínima, todo lo que se conoce proviene de libros escritos un siglo después de su muerte y por la gente que no lo conoció. Los continuadores suelen seguir muy mal las reglas, y después vienen otros que las cambian y hacen nuevas reglas mucho más severas.
Existe una tendencia que se manifiesta en todos los movimientos ideológicos -en el amplio sentido de la palabra en cada época: volver a los orígenes. Esto a veces le molesta a alguna gente, pero no debería serlo. Tomemos ejemplos de la historia, ¿qué quería Calvino en el siglo XVI, o en que creía? que volvía al tiempo de los evangelios de Jesús. En la historia siempre es así; la gente piensa y se separa del movimiento original. El cristianismo del siglo I ya estaba bastante alejado de lo que predicaba Jesús. Hay diferencias que provocan rupturas tanto en los grupos religiosos como en los laicos- y que llevan a la formación de tendencias o sectas. Siempre se puede afirmar que algo está mal; entonces, ¿cuál es el remedio que se plantea?, volver a la pureza de los orígenes. También en el marxismo se intenta volver a Marx. Si bien el marxismo no es tan viejo, ya hubo varios movimientos que hablaron del retorno a Marx. Con los protestantes pasó lo mismo, Lutero y Calvino retornaban a Jesús. Pero rápidamente hubo divisiones, rupturas y la creación de muchas sectas que declaraban
que las otras habían traicionado el pensamiento original. En el islám pasó exactamente lo mismo.

PB: Uno de los temas más conflictivos al analizar a los movimientos islámicos es su interpretación histórica -aplicada también a la realidad histórica actual- de la Jihad, comúnmente entendida como Guerra Santa.Algunos, como Abdala Nimer Darwish, el líder más importante del movimiento islámico en el Estado de Israel, niegan que el islám propague la guerra y que la doctrina de Mahoma se haya expandido por la guerra.
MR: Hay un hecho que es histórico, y es que el islám se expandió a través de la guerra, esto es una realidad histórica imposible de negar. Basta con tomar el Corán y fijarse por el índice cuándo se menciona la guerra y se verá que Mahoma hizo la guerra, que era un jefe de guerra. Cada tanto salen libros en el mundo musulmán donde se dice que esto es falso. Conozco un libro de un general egipcio titulado "Mohamed Kakaid" (Mahoma como general) donde muestra que era un genio en lo estratégico, lo que seguramente es cierto. Roger Garaudy me explicó que el Jihad no necesariamente es sinónimo de guerra santa, sino, que son las fuerzas en sí mismas. Obviamente se pueden encontrar textos en ese sentido, pero esta postura apologética es bastante común hoy en día. Se pueden agarrar los fiq, las teorías de jurisprudencia de la Edad Media, la jihad era la guerra, por supuesto que no solamente la guerra. Pero en todos los tratados del Medioevo hay un capítulo sobre la "Jihad" y
en esos capítulos se tratan cuestiones de las guerras. Para la mayoría dentro del islám la Jihad quiere decir la guerra santa, la guerra para expandir la religión. Es absolutamente evidente, no importa que libro analicemos y desde que punto de vista, desde el siglo XIV de la historia musulmana esto se reitera una y otra vez.

PB: Otro tema polémico al momento de analizar a los movimientos islámicos es la actitud del islám hacia los judíos. Algunos sostienen que el islám predica el enfrentamiento con los judíos mientras que otros sostienen que esto es falso. ¿Cuál es su opinión?
MR: Como con el cristianismo la postura es ambigua. Mahoma, cuando estuvo en La Meca creyó entender que la doctrina esencial tomaba como base al monoteísmo, esto es al judaísmo y al cristianismo. Los judíos que estaban en La Meca representaban la civilización avanzada. Mahoma creyó sinceramente que le daba a los árabes el mismo mensaje esencial que Dios le había aportado a Ibrahim (Abrahán), luego a Musa (Moisés) y a Isa (Jesús). En el año 622 de la Hégira llega a Medina y se encuentra con los judíos organizados pensando que lo van a recibir con los brazos abiertos, lo que efectivamente sucede durante el primer año.
Los judíos eran numerosos y estaban bien organizados en toda Arabia, pero sus comunidades eran compactas y cerradas. Judíos y cristianos despreciaban a los árabes, los consideraban salvajes que ni siquiera tenían una iglesia organizada como los pueblos civilizados. Al principio, Mujamad había sido conciliador con los judíos porque sentía respeto por la antiguedad de la revelación por ellos recibida y pretendía que lo reconocieron como un Profeta más, como Moisés o Jesús. Mahoma adopta como fiesta el día del perdón y se corta el pelo como los judíos, pero después se da cuenta de que los judíos son demasiado intelectuales; como tantas otras veces en la historia...
En Medina los judíos le cuestionan la historia del Corán porque plantean que hay muchos errores respecto a su propia historia, hecho que lo deprime mucho. Mahoma no pensaba que le iba a pasar eso. Allí considera que los judíos no reconocen al verdadero Profeta y al tanzil , la verdadera revelación. Lentamente comienza a tener una mala relación con ellos aunque en Medina -un Estado donde convivían judíos, paganos y musulmanes- todos estaban de acuerdo en que la comunidad fuera única y en su defensa basada en la solidaridad. En esta comunidad se regían por la solidaridad y la venganza realizada por un precio determinado. En la época de la Hégira la venganza era un símbolo de solidaridad, cuando alguien de una familia es asesinado hay que matar a
alguien de la familia del asesino. Esto funcionaba como un principio para toda la comunidad; si un judío era asesinado, entonces los musulmanes debían vengar al judío.

PB: Esto quiere decir que el concepto de venganza es parte del islám.
MR: El concepto existe, seguro, pero no en el islám, en realidad el islám trata de arreglarlo un poco pero esto no impide que exista demasiada venganza. El mismo Mahoma dice "una vez vengarse está bien, pero dos veces no porque el otro sino recomienza. Nosotros mismos fuimos víctimas de los vengadores pero si se sigue esto es infinito". Después, cuando los estados musulmanes estuvieron constituidos como verdaderos estados no podían aceptarlo, y el tema se llevaba a sumisión del Cadi.


PB: Si hay que analizar la tolerancia, comparando la experiencia del Islám y del Occidente cristiano, ¿es posible determinar cuál de las dos civilizaciones es más tolerante hacia las comunidades minoritarias?
MR: El Occidente capitalista predica la tolerancia del individuo, más que la tolerancia de las comunidades. No sé si podemos hablar de tolerancia que es un concepto nacido en el siglo XVII, y se aplicaba a la iglesia católica en el momento de aceptar a los protestantes. Pero era una coexistencia que aceptaba la libertad de conciencia, de culto y de organización para todo el mundo. Era una tolerancia de los individuos, siendo que en el Islám era la tolerancia de las comunidades. En principio esto existe hoy y podemos decir que hasta hace poco existía en la práctica, pero que está desapareciendo. Cada vez más se convierte en desafiante respecto de las comunidades minoritarias como las judías y cristianas que estuvieron sostenidas por los extranjeros, por el extranjero dominador, el imperialismo, o los que hablaban su mismo lenguaje, el marxismo. Se convirtieron más y más intolerantes respecto de estas comunidades, lo contrario de las reglas aplicadas por el Islám clásico.

PB: Cuando se trata de analizar a los movimientos islámicos uno se encuentra con un primer escollo, la terminología que utilizan los medios de comunicación y los estudiosos occidentales; en Francia suele utilizarse islamismo e integrismo. ¿Cuál es su opinión al respecto?
MR: No me gustan los términos con el sufijo "ismo", menos que menos islamismo, porque es un movimiento que ha nacido hace unos veinte años. En cualquier diccionario francés anterior a 1960 podemos encontrar que islamismo es sinónimo de islám; ahora se lo utiliza con un sentido político, como la voluntad de hacer de la religión musulmana una guía política. Todas las palabras tienen varios significados, para algunos el término integrismo está ligado históricamente al partido integrista en España en 1930; después se lo aplicó mucho en los países de origen hispánico. La otra expresión que también se utiliza mucho es fundamentalismo. Si uno se pregunta cómo llamar a los movimientos islámicos que adhieren al islám, habría que decir -en primer lugar- que todos los musulmanes adhieren al islám. El problema no es cómo definirlos sino el significado, porque se puede
usar cualquier palabra.
Es interesante notar que debido a la influencia europea en árabe los movimientos islámicos se denominan islamiyya, pero esto es nuevo. Hay un libro del cuarto siglo de la Hégira que se llama Razali, baklat il islamiin "Los musulmanes piadosos". La agrupación de los Hermanos Musulmanes utilizaba la palabra musulmán como adjetivo, porque no había duda de que eran musulmanes. No hay una expresión perfecta, pero cuando hay un fenómeno nuevo en la historia de alguna manera hay que llamarlo. El mismo problema existió con las expresiones socialismo, comunismo, nacionalismo. De todas maneras sigo pensando que hay que precisar las denominaciones que se utilizan. En Francia, antes no se utilizaba la denominación islamismo que lleva a confusiones horribles; yo advertí contra la utilización de esa palabra, pero Gilles Kepel, fue quien más hizo por difundir esa denominación que me parece incorrecta. Kepel estaba interesado en utilizar esa denominación para dejar una marca, la marca de un joven que se quiere diferenciar de los viejos. Los jóvenes sabios siempre se
quieren diferenciar, quieren crear una teoría que sea propia, esto brinda dinero y permite formar parte del Centre National de Recherche Scientifique; ser originales ayuda mucho. Hoy cuando se dice islamismo ya no se entiende de que se está hablando, nombrar a los movimientos islámicos no debiera significar lo mismo que islamistas. Los jóvenes especialistas del islám como Kepel quieren encontrar una palabra de cualquier manera y, aunque Kepel ya sea una autoridad, es muy ambicioso, lo mismo que provoca las rupturas en las religiones: las ambiciones, las coyunturas y una capacidad teórica original.

PB: ¿Usted piensa que Mahoma era un hombre ambicioso?
MR: Seguro, pero eso es normal. Sino, se hubiera quedado en la Meca y se hubiera dedicado al comercio con su familia, eso no quiere decir que no haya sido sincero. Cuando está en Medina se limita a ser el intermediario de Alá para eliminar conflictos entre los miembros de la comunidad. El no tiene poder propio, el hecho singular que lo rodea es haber captado la voz de Alá. Usando su habilidad e inteligencia logra que su autoridad moral se convierta en autoridad efectiva.

PB: ¿Entonces por qué en Occidente existe tanto temor frente a los movimientos islámicos? Es como si encabezaran una lucha contra Occidente...
MR: En este punto hay dos hechos importantes. Aunque los musulmanes digan que siempre los atacan, que es un fantasma de los occidentales, se colocan en víctimas. En parte hay algo de eso, pero sin dudas ellos también contribuyen a que ésta visión crezca en Occidente. Los atentados terroristas existen, no los inventamos nosotros los occidentales, hay gente que muere todos los días. Las declaraciones sangrientas también existen. En un proceso judicial un iraní -o iraquí- detenido, al preguntársele su nombre en el proceso judicial, dijo "mi nombre es muerte a Occidente". Naturalmente que la opinión pública en Occidente se equivoca cuando generaliza éste caso, pero la tendencia a generalizar es inevitable. La idea de la conspiración universal contra el Islám tiene antecedentes desde el medioevo; naturalmente, toda oposición real, todo ataque la refuerzan. Más aún si se trata de dos o más ataques que provienen de horizontes diferentes que parecen converger. El fantasma de la conspiración universal y permanente -que tiene sus raíces únicamente en el odio perverso concebido por el otro contra uno mismo- llevó incluso a gente de espítiru inteligente e informada a concepciones excesivas. Es una forma colectiva de la paranoia que lleva a defender su
existencia y valores, a combatir los enemigos múltiples y a ver detrás de ellos un mecanismo maléfico.
Por esta razón, todo estudio sobre el integrismo o islamismo se convirtió en sospechoso para algunos. Sin embargo, todo fenómeno debe poder ser objeto de un examen científico. Cuando uno lo menciona, se responde que existe defectos -muchas veces reales- de los estudios en cuestión, pero ningún estudio está exento de defectos o del beneficio que se puede lograr cuando median las malas intenciones, contra las cuáles el autor no está suficientemente prevenido. Pero estos son procedimientos universales para desalentar toda crítica y constituir tabúes hacia una colectividad o doctrina. Ningún tabú es admisible, toda concepción debe poder ser estudiada desde un punto de vista crítico.
Desde hace unos quince años hay una abundancia de estudios sobre el integrismo musulmán, tal vez incluso una sobreabundancia. Seguramente muchos de ellos estuvieron caracterizados por la polarización en el análisis y algunos también utilizados con el objetivo interesado de destilar odio. Pero el integrismo musulmán impuso la atención por proclamas legítimamente odiosas que no tienen nada de místico. Ahora bien todo peligro necesita y provoca resistencia. Si un peligro está exagerado, manipulado y utilizado para objetivos loables o condenables, no alcanza para demostrar que no exista en la realidad. Lo que hay que cuidar es que la reacción, sea menos peligrosa que la acción. Hay que recordar a cada instante que los musulmanes no son todos integristas, que muchos sufren -en primer lugar- las actitudes intolerantes y crueles del integrismo y que si muchos no se distancian de manera más clara y masiva -es para lamentarlo- tiene que ver con que no quieren aparecer como
traidores entre sus pares.
También hay que tomar en cuenta el factor histórico. La decadencia de las potencias musulmanas después del siglo XVI, en rivalidad directa con los estados occidentales tuvo efectos muy importantes. La admiración que existía en el Medioevo hacia el islám dejó paso a una actitud de desdén y hostilidad. El sentimiento de poder incitó a pasar a la ofensiva ideológica y militar con las misiones cristianas que terminó por colonizar vastas regiones. El triunfo del Occidente cristiano y poscristiano provocó a su vez una reacción aguda en el seno del mundo árabe, entre sus gobernantes. intelectuales y las masas. Las explosiones de cólera brutal de las masas orientales, humilladas y reducidas a la miseria por el efecto indirecto de la hegemonía económica occidental,
asustaron a Occidente que no quería conocer las causas de esa explosión. En este marco toma forma la forma moderna de la estructura de pensamiento que denuncia y le teme al "peligro bárbaro".


PB: Según lo que usted plantea la amenaza no es una construcción imaginaria, es real.
MR: Una amenaza siempre le viene bien a los hombres políticos para producir miedo y lograr que la gente se encolumne detrás de ellos; eso es normal. Pero objetivamente existe una amenaza islamista, de eso, no hay dudas. Hay mil millones de musulmanes, todo el mundo puede acceder a la propaganda islamista porque -a veces- está bien hecha y todos los musulmanes pueden ser muy sensibles a esa doctrina. No hay que olvidar que existe una especie de paranoia musulmana -justificada en gran parte como todas las paranoias- de una población que estuvo injustamente maltratada, despreciada, olvidada. Por esta razón muchos musulmanes están a la expectativa de que surjan ideas que representen un futuro ligado al Islám. Hace muchos años dicté una conferencia en Túnez, en la que fui bastante moderado en mis expresiones; a la salida algunos comenzaron a
gritarme "el islám vencerá". Por supuesto tienen ganas de que efectivamente gane, es totalmente normal.
Entonces, si mil millones de personas adhieren a una tendencia que implica que todo el mundo se convierta al islám o sea musulmán del tipo de ellos, esto es peligroso.

PB: Usted no piensa que los movimiento islámicos puedan ser una barrera frente a la hegemonía de los Estados Unidos en esta nueva configuración mundial posterior a la desaparición de la Unión Soviética?
MR: Efectivamente, porque en el mundo musulmán está la idea de igualdad, el rechazo a ser serviles. Los movimientos islamistas son movimientos en los cuáles se ubican las tendencias revolucionarias que protestan contra la situación de miseria y dependencia. Al no saber de qué manera protestar, toman el ropaje de los movimientos islámicos. De la misma manera que en otros momentos para luchar contra la miseria y la dependencia miles de personas se incorporaban a los movimientos nacionalistas árabes al nasserismo, a los grupos militares opositores o a los movimientos socialistas. Pero todo esto ha desaparecido. Nasser no pudo vencer al pequeño Estado de Israel y la gente no cree en los socialistas; entonces, la gente busca otra panacea.
Ahora es el islám, una nueva mercancía. Por otra parte, vale la pena recordar que en el pasado hubo acuerdos entre algunas agencias de los Estados Unidos y movimientos islamistas; el caso más claro es Afganistán donde no cabe la menor duda de que la CIA intervino. En 1950, estando en el Partido Comunista escribí en "Verdadera Democracia" -la revista de política internacional del partido- un artículo titulado "¿Alá es norteamericano?". Eran los tiempos en que los norteamericanos intentaban tejer una alianza con el islam en contra de Nasser. En esa época en las calles del Cairo se escribían consignas del estilo "el bloque del islám es el bloque de capitulación" porque el nasserismo
tenía posturas revolucionarias -o por lo menos contestarias- respecto a los Estados Unidos. Desde Washington se había trazado un eje que, en nombre del Islám, unía al Sha de Irán, al rey Hassan de Marruecos y a Habib Bourguiba en Túnez. Desde el punto de vista del Islám era completamente ridículo porque el Sha no tenía nada que ver con el islám y Bourguiba era ateo.
Los movimientos islamistas tienen una respuesta militante y mobilizadora, pueden convocar a participar de ciertos organismos que tienen algo de éxito. Además, en el oriente musulmán las reacciones de protesta contra la hegemonía occidental apelan al recurso ideológico de lo que se podría denominar "historia santa" del islám, que consiste en una narración simplificada, a veces deformada del islám. Esta visión ideológica exalta al máximo las proezas militares políticas y culturales de los ancestros y llevan a una visión de un mundo encantado, de un pasado radiante, glorioso, exitoso, cuyo mérito es atribuido a la ideología que dominaba entonces, la religión, la doctrina y su fundador.
El islám puede ser una respuesta para movilizar a la gente por un tiempo, tomando objetivos concretos y logros en algunos aspectos limitados, pero los movimientos islamistas no tienen un programa social o político que represente una verdadera respuesta a los problemas de hoy en día. No es para nada verdad que tengan una respuesta social, es lo que ellos hacen creer. pero no es cierto. Roger Garaudy también dice que el islám tiene una respuesta desde lo social, "que hay que ser justo y equitativo". Es cierto, pero con eso no está resuelto el problema; si todo el mundo fuera justo y equitativo -sea con el islám, con el cristianismo o con lo que fuera- no habría problemas.



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